Un 8 de Marzo de nuevo apremiante

Hace hoy justo un año que los medios se hacían eco de las palabras  en el Congreso del ministro de justicia de un casi recién estrenado gobierno, Alberto Ruíz Gallardón. Denunciaba lo que el considera una “violencia estructural” contra la mujer que obliga a abortar. Y, por ello, se comprometía “a defender el derecho reproductivo por excelencia de la mujer, que es el de la maternidad”. Ya avanzaba que iba a primar “los derechos” del feto, sin decir aún que incluso con graves malformaciones. Fue su homenaje a las mujeres en el día Internacional que se nos dedica. Para que nadie se llamara a engaño. Este señor aún pasaba por “centrista”.

 De alguna manera, los 8 de Marzo de los últimos años habían adquirido un carácter festivo. Quedaba mucho por hacer. No solo en España, sino en un mundo donde ser mujer suele acarrear diversas condenas. Pero aquí parecía a comenzar dar frutos la larga lucha de 40 años que protagonizamos las mujeres españolas apenas se alumbró la Transición. Incluso antes. Hoy el retroceso camina al galope.

 Prácticamente todas las “reformas” de ese ciclón devastador que ha supuesto para la sociedad el PP, poco más un año de PP aún, van encaminadas a mermar el Estado del Bienestar y a devolver a la mujer a “su sagrado papel en la familia”, como sin duda tienen en mente. La crisis ha restado servicios que puede suplir perfectamente la persona que “de natural” tiene esa “obligación”. Cuidar niños, ancianos, dependientes. En familia. A su costa.

 Pepa Bueno, la directora de Hoy por Hoy en la SER, abría hoy a las 8 con aterradoras cifras y reflexiones. algunas de las cuales recojo y hago mías:

 “Sólo el 53% de las mujeres españolas está en el mercado laboral. Forman parte de la población activa y de ellas, un 26,5% está en el paro. Una tasa que se ha disparado, subió más de tres puntos en el último año. De los casi 700.000 empleos que se destruyeron en los últimos 12 meses en nuestro país, más de la mitad eran femeninos. La crisis las golpea especialmente a ellas que han acusado en primera fila los recortes en Sanidad, Educación y Dependencia: 150.000 cuidadoras se han quedado sin seguridad social y se les ha reducido la paga. Se eliminó el plan para crear nuevas escuelas infantiles y, a día de hoy, 400.000 españolas trabajan a tiempo parcial para poder cuidar de su familia, frente a sólo 15.000 hombres. Es decir, los minijobs ya están aquí y, de momento, feminizados: jornada laboral más corta, pero también salario más pequeño y por lo tanto menor cotización y peores prestaciones a futuro, por ejemplo, el paro en la vejez, menos pensión”.

  Y, por otro lado, abierta la veda para imponer de nuevo esa ideología franquista que nos lastró durante décadas, renace el machismo. Ese actor, metido a político, Toni Cantó, que desde las filas de UPyD cuestiona el maltrato a la mujer. Y que es defendido, expresamente, por dos mujeres de su partido: la jefa Rosa Díez y la también diputada, Irene Lozano. Quien dice que rectificar es de sabios, mientras Cantó, ataca de nuevo para asegurar que “no se puede construir la igualdad a costa de los hombres”. Y el PSOE de Ponferrada (León) no tiene empacho en apoyarse en un condenado por acoso sexual para lograr la alcaldía de la ciudad. Dando ejemplo.

 Mientras se cercenan de nuevo los derechos de las mujeres, sus posibilidades de desarrollo, asistimos a ese despliegue de “féminas” –odiosa palabra que en este caso cuadra a la perfección- que ven machista establecer cuotas, como Cospedal y que, desde los más altos estamentos, vuelven a enlutarse en el falso recato, el incienso y la sacristía en pleitesía vaticana.

cospedal.soraya.mantilla

  El Periódico dedica hoy toda su edición a las mujeres. El gratuito 20 minutos, llena la portada. Todos volvemos a hablar hoy de una reivindicación que se creía ya al menos encauzada.   Y resulta que vuelve a ser necesaria y apremiante. Entretanto, la Comunidad de Madrid ha organizado un sarao estupendo con galletas, bombones, mascarillas capilares, un ‘personal shopper’ o una clase de aerobic ‘Zumba’ para celebrar el día de la Mujer Trabajadora.  Interesante el asesor para comprar cuando se conoce que las rebajas han registrado un histórico descenso del 20% porque ya no llega para eso. No hay nada de lo que hoy felicitarse. No, mientras esto no cambie.

 Detesto escribir en “los días de” y, sin embargo, hoy lo hago voluntariamente,  con preocupación y rabia. Lo peor es que hoy no es solo el Día de la Mujer trabajadora. Es también el día de la sanidad pública en cuya destrucción esta gente ha puesto el turbo. Con una obstinanción que hasta al más simple debería llamarle la atención. El de la educación. Toda. Tenemos ya hasta planes para cercenar la Universidad base del progreso de un país. Esto es un festín en el que solo vemos prosperar a las familias de quienes han tomado las riendas en asesorías y negocios. En el que la corrupción pudre las estructuras del Estado.

Sobre todo, es el día de la sociedad maltratada, si bien vuelvo a insistir que con la entusiasta colaboración de sectores de ella que no sé dónde tienen la cabeza… y la dignidad, y la empatía con sus semejantes. “Las obras de la libertad se construyen con mucha dificultad contra la historia, pero se derrumban con suma facilidad”, escribía en su último libro  el filósofo Carlos Fernández de Liria. Para añadir: “La historia no devolverá jamás la razón que hoy se nos lleva. Cada milímetro que el mercado y el capital ganen a la razón hará falta luego reconquistarlo, contra la historia, con los mismos esfuerzos con los que en su día se le arrancaron”. El capital, el mercado, la involución ideológica.

*Publicado en eldiario.es

¿Cómo lograr una “mujer auténtica”?

  El objetivo es el planteado por Gallardón, una mujer auténtica es la que tiene hijos. Contra viento y marea, aunque luego nadie le ayude a darles de comer. No importa lo que quiera u opine, la misión de la mujer en la vida es procrear. Y las grandes tareas ideológicas (como las que tiene en marcha este gobierno) se empiezan desde la infancia.

   El titular de un ministerio que aún se llama educación, José Ignacio Wert, acaba de mostrarse contrario a  dos pronunciamientos del Tribunal Supremo  rechazando que los colegios que segregan a niños y niñas por su sexo sean financiados con fondos públicos. No hay dinero para comedores, ni para que gire dos minutos el microondas y caliente la que se trae de casa, pero es prioritario “educar” a los niños con los niños y a las niñas con las niñas. A costa de los impuestos de todos, además. ¿La causa última? que se evitan “peligros” y que suponen más fácil el adoctrinamiento.

En 2008 escribí mis argumentos sobre Las raíces de la desigualdad entre mujeres y hombres, las razones de la violencia machista, también, en una Tribuna de El País. Y quiero destacar estos párrafos.

“El problema está en el fondo, y hay que cambiar los esquemas. En el colegio, en casa, en la sociedad que a veces presta un tácito apoyo «comprendiendo» estas situaciones, en las doctrinas morales que, sin sonrojo, califican a los malos tratos como «fruto amargo de la revolución sexual». Así lo hicieron los obispos españoles.

La educación es clave porque aún sigue siendo el escollo. Habría que aclarar en los libros de texto que las mujeres han sido en la Historia algo más que Reinas. Los colegios que separan a niños y niñas asisten a un sordo auge. Argumentan que cerebros, maduración y actitud son distintos en uno y otro sexo. Cierto. No existe la uniformidad (ni entre los miembros del mismo). Pero dejemos que unos y otras asuman sus hormonas porque el premio no tiene precio: conocerse, saber que la niña que alborota las entrañas, ríe, llora, se empeña y se preocupa… como él.”

Hemos cambiado los esquemas, sí, pero al revés, hacia atrás. El problema -común a otras religiones muy atrasadas- está en el ojo que mira. El ojo sucio solo ve porquería allá donde lo dirija.

La cruzada reaccionaria

“Pienso en el miedo a perder el empleo por un embarazo”, dice el titular. Los lectores extranjeros podrían pensar que el ministro de justicia español conserva su piel de cordero centrista y va a proponer a su partido una serie de medidas. Derogar la reforma laboral del PP para que ningún empresario pueda despedir a una mujer por el hecho de estar encinta o ser madre. Establecer una justa retribución salarial y una buena red de guarderías públicas. Educar en civismo y en igualdad a la población. Dejar de tener el dinero y su rentabilidad como medida de todas las cosas (clave en este punto). Son muchas las acciones a acometer contra las que realmente arrojan violencia estructural sobre las mujeres. Pero no, coincidiendo en las portadas con el Imán integrista de Terrasa, Gallardón habla de presuntas moralidades cristianas. Las interesadas en arrojar niños a un mundo superpoblado para que después los maten o precaricen las desigualdades del neoliberalismo que en curiosa carambola también propugna su ultraconservador partido.

Gallardón y la “violencia estructural“. La del “entorno familiar” de Mato, los cierres de centros para mujeres maltratadas, la cruzada de la aplastantemente masculina RAE, las alas a los machistas patrios, legitimados para volver a llamar feminazis a las mujeres que piensan, un presidente de periodistas que desenvaina el cinturón para amenazar a una mujer…No, en Europa pueden estar tranquilos, la España del PP es la añeja, la que enarbola con igual desparpajo el hacha del recorte económico con la caspa ideológica. No dejaré de advertir que la mayoría que posibilita nuestra ley electoral ha confundido al Partido Popular acerca de qué país gobierna, qué sociedad real vive aquí fuera de los 10 millones de electores que les otorgaron su confianza. La caída del guindo puede ser épica.

 Ved también:
 
 
 

Si el ministro de Justicia quiere apoyar la maternidad, que se olvide de la reforma de la ley del aborto. Las soluciones son otras: más guarderías públicas, horarios laborales razonables, multas más duras contra las empresas que discriminen a las embarazadas, permisos de maternidad y de paternidad como los de Escandinavia y viviendas subvencionadas en alquiler para las parejas jóvenes que se quieran emancipar…

 
 

La nueva Sección Femenina

Resulta casi inverosímil que una mujer pueda suprimir el gran avance que han supuesto los centros para mujeres maltratadas, vigentes desde hace décadas ya. Resultaría inverosímil, mejor dicho, de no ser porque la mujer machista y misógina dirigente en el franquismo (tipo Pilar Primo de Rivera) ya nos dio sobrados ejemplos de esa actitud desalmada. Hipócrita hasta la náusea.

Considerada eterna menor de edad, privada de la capacidad de abrir una cuenta bancaria o viajar al extranjero si no era autorizada por un varón –padre o marido-, la mujer española que empezaba a descollar antes del fatídico golpe de Estado y dictadura franquista se vio reducida a la nada. Las proclamas de la época le aconsejaban aguardar “como un pincel” al marido, prepararle sus platos favoritos, no mostrar jamás signos de cansancio y acceder siempre al “derecho marital”, “emitiendo un leve sonido de aprobación”. En caso de no comportarse así la esposa se arriesgaba a que su dueño y señor buscara satisfacciones fuera del lecho conyugal, lo que sin duda alguna sería culpa de ella. Si le pegaba, había de sufrirlo en silencio.

Cuarenta años de ser reprimidas y educadas así. Y, sin embargo, la mayor revolución que se dio en España en el Siglo XX, a partir de los setenta, fue la de la mujer. Y sola en gran medida: los derechos de la mujer siempre han sido “cosa de mujeres”. Cuando la democracia llegó, los parlamentos cuajados de hombres, no nos brindaron demasiadas oportunidades, pero luchamos por ellas, y las conseguimos.

Esa terrible herencia de la dictadura, la falta secular de una auténtica educación, hace que todavía algunos hombres maltraten –hasta la muerte en muchos casos- a sus mujeres a las que consideran su legítima posesión. La democracia ha ayudado a las víctimas. Sobre todo los últimos gobiernos socialistas.

Entretanto, la mujer conservadora –dura, inapelable- pare y sigue a lo suyo dejando a los hijos con las chachas. Como toda la vida. O busca, si es agraciada y puede, matrimonios “ventajosos”. Con un hombre que gane mil millones de euros al año, aunque sea veinte años mayor que ella. Un marido, al que previamente se enchufa en una Caja de Ahorros que deja un agujero de 9 mil millones de euros. El sexo de sufrido gemido o la cana al aire son alternativas.

Cospedal ha cancelado –para ahorrar- los convenios con las casas de acogida a mujeres maltratadas. Mientras, por ejemplo, paga sueldos millonarios a quien le canta sus grandezas.

 

Damas de hierro

Vuelve el modelo, que no tiene nada ni de progresista ni de igualitario, sino todo lo contrario. Porque es también la “mujer-mujer” que se abre paso a codazos -y alguna estrategia de las tradicionales ”femeninas”- en un mundo aún predominantemente masculino copiando -y a veces superando- su arquetipo: el del “hombre-hombre”, enérgico y estricto. De hecho ese patrón que olvida valores como el diálogo o la conciliación se da con profusión en partidos conservadores. Con alguna excepciones.

En el PP hay varias, muchas. Pero es María Dolores Cospedal quien escala peldaños hacia esa cima. Ha presentado su -segundo ya- plan de “ajuste” para ahorrar en Castilla-La Mancha: privatizaciones (vender lo que hemos pagado con nuestros impuestos), los funcionarios trabajarán más horas por menos dinero (especial ensañamiento con los médicos de la sanidad pública). Recorta, para ser bien equitativa, algunas subvenciones a las rentas altas: habrán de pagar… los libros y el transporte de sus hijos. Dice la manida falsedad -engullida por muchos- de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”… igual es de las de costearle a ella varios sueldos.

La Dama de Hierro titular era Margareth Thatcher. La autora material (con Ronald Reagan) del asalto neoliberal.  Privatizó sin freno, recortó gasto público (nunca al ínfimo nivel de España), degradó la educación y la sanidad británica (modélica hasta entonces) y desactivó a los poderosos Trade Unions, los sindicatos.

Pero tenemos otra que nos está diseñando la UE a su gusto y con mano firme. Es que ya no es cuestión de dinero solo, es de disciplina.

Autor: Peter Schrank

La donna

Tenemos mejor conexión entre los hemisferios cerebrales, aunque las mujeres poseemos un 11% más de neuronas en la zona izquierda dedicada a las emociones y a la memoria, también más neuronas espejo que crean afinidades. La diferencia –incuestionable- enriquece a la especie. Diría que contamos también con más capacidad de amar. Y es un privilegio.

Dos protuberancias mamarias, nacidas de la sabia genética que conoce la necesidad de alimentar a las crías, o una cavidad que encaja con el apéndice exterior masculino, marcan nuestros signos, distintos, corporales. Muchos otros aspectos no son exactamente iguales en ambos sexos. ¡Vive la difference!, como dicen los franceses.

Otro privilegio impagable: somos las únicas capaces de desarrollar una vida en nuestro vientre, al menos hasta la extensión masiva de la fecundación in Vitro, si llega a darse. Nuestras hormonas se vuelcan para alimentar y cuidar al incipiente hijo, sensibilizándonos. Los nueve meses que el feto permanece en el interior y el espíritu maternal que nos ata en gozosa misión cuando, ya en este mundo, precisa nuestra atención para ayudarle a crecer física y mentalmente, en su entorno, y en su afectividad, nos han situado en una incomprensible inferioridad frente al hombre. Ellos, cazadores y dueños del universo exterior, la decretaron. Y, aun con el enorme esfuerzo que en las civilizaciones desarrolladas ha logrado cambiar algo la mentalidad, todavía la mujer es discriminada por las mínimas bajas laborales de su embarazo y parto.

No nos concedieron ni alma ni inteligencia durante centurias. Tuvimos que ser hermosas y utilizar artes sinuosas para conquistar al hombre. El macho posesivo todavía tortura y mata –y mucho- a la mujer que un día amó. Gran número de hombres ya saben querernos y respetarnos, sin embargo. Nosotras también hemos aprendido a hacerlo con nuestro propio ser.

El peligro número uno… porque la fascinación y la atracción turban. Turbadas, nosotras cargamos menos la culpa sobre el objeto de deseo.

Ah, las protuberancias femeninas, nuestras curvas, qué inquietantes… ¿tanto como todo el ser masculino para nosotras?  Y pasan los años, y aún a pie de tumba, laten corazones y deseos.

La Italia descarriada vive y exporta el modelo que de dia en dia se afianza y degrada en las pantallas de la televisión “berlusconiana”. Pero en todo el mundo proliferan ya las tetas globo, los –escuetos, bien es verdad- jamones al aire, labios de pato embuchado y estirados rostros de la secta de la cirugía estética y plástica (muy plástica).

Una mujer italiana realizó, hace al menos un año, un reportaje de 24 minutos sobre la utilización del cuerpo de la mujer en la televisión. En la televisión y fuera de ella, realmente, nos están venciendo por la espuma de la frivolidad.

Rostros de botox, cuerpos de anguila, tetas de silicona

Escribir de asuntos tangenciales o no escribir. Al menos, en tanto escampa. Miro en qué se enreda la sociedad: pinganillos, pelotas, humos, pulpos adivinatorios (en fugaz paso por la moda) debates para entretener sin llegar a puerto. Puede que seamos la sociedad con más necesidad de diversión de la historia. De sobrevolar la superficie evitando tocar fondo. El modelo estético femenino siempre ha sido un revelador escaparate. Lo pensaba el otro día viendo a Marylin Monroe a quien hubieran puesto a dieta rigurosa de haber vivido en esta época. Qué asco, qué gorda.

Escribí hace tiempo, justo antes de que la crisis irrumpiera en nuestras vidas (para tampoco inmutarnos) sobre ello:

Todo icono refleja a la sociedad que lo crea. Muchas buscaron -desde los griegos- armonía, equilibrio, perfección. El siglo XX se inicia con una explosión de creatividad y rebeldía. La misma que -algo más ingenua- impregnó los sesenta, exuberantes y coloridos. La mujer, entretanto, engordó y adelgazó al ritmo que le marcaban y siembre hubo de ser joven.

 

Contemplo las anguilitas que salen en la tele y leo que provocan concupiscencia. Apenas una mano serviría para cubrir sus brazos o piernas, dos para su cintura. La carne, las formas, ha sido desterrada desde que modistos misóginos descubrieron la utilidad de las perchas humanas para presentar sus prendas.

 

El modelo ha de ir forzosamente acompañado de tersura en la piel, y de globos inflados donde suele haber protuberancias mamarias. En la piscina de mi gimnasio he observado que flotan. Un canalillo antinatural marca la diferencia.

Y la cara, espejo del alma. El botox y la cirugía han desgraciado sin remisión a actrices como Nicole Kidman o Meg Ryan. Empiezan a rebelarse.

Adineradas maduras intentan atrapar el fantasma de la juventud perdida (¿por qué hay que llorar por su ausencia?) inflando su cara, que aparece más o menos lisa –y por una temporada- a cambio de simular ser un embutido. ¿De verdad este rostro es más hermoso que el de una mujer de su edad sin operar?

Presentadoras de informativos ofrecen también sus caras estereotipadas y una cejas que comienzan a elevarse hasta mitad de la frente lo que termina por obligar a depilarlas y sustituirlas por el “natural” trazo del lápiz. En el país que más operaciones de cirugía estética llegó a practicar, mujeres anónimas se endeudaban con créditos para intentar parecerse al modelo reinante. Hasta las políticas sucumben revelando -todas- su escala de valores.

Nuestra sociedad de hoy parece querer borrar surcos y matices, peso. Allanar también el pensamiento. Compartimentar, para aislarnos y enfrentarnos. Su imagen -enjuta, sintética, plastificada- podría simbolizar su inconsistencia en los frágiles hilillos que constituyen las piernas de las modelos. No es casual. Los mismos entes que producen niños planos, aspirantes a famosos, consumidores desde ahora y para siempre, cercan a las demás generaciones. Planchar rostros genera beneficios económicos, contratar en el trabajo a jóvenes inexpertos, menos costo. La insatisfacción permanente, vulnerable desasosiego, o rendición. ¿Dignificar la escala de valores imperante es tarea imposible?, escribí hace solo dos años y medio para terminar por ver en mi país un 40% de paro en la juventud. Y la escala de valores a ras de suelo y de cloaca. Ya se pide hasta legalizar la trampa. Encomiable ejemplo: fachada artificial y engaño para triunfar. Y lo peor es que ese otro “mercado” tampoco parece aceptar otra cosa.

Vaya, que no llevo buen camino para frivolizarme.

De la mujer-mujer a las feminazis y el maltrato

Han sido muchos años de ver mujeres acuchilladas, quemadas vivas o arrojadas por el balcón por quienes un día amaron. De asistir a sus entierros y ver las caras de sus familiares. Es un martilleante goteo que no cesa. El Informe Semanal de la televisión pública siempre les ha prestado atención. Antes de que llegara eso que eufemísticamente llamaron “pluralidad informativa”, o la carroña televisiva, podíamos entrar hasta en las cárceles a tratar seriamente el problema.

Hablé con un maltratador condenado tras probar el juicio que mantuvo atada a su mujer varias horas, le daba de beber agua del recipiente del perro y terminó por coger un objeto de hierro candente y quemarle la vagina.

El sujeto me dijo que “el perro era un animal limpio, tampoco es para ponerse así”, que “vio unos papeles, se les ocurrió encenderlos, y, sí, la quemó, fue un momento de ira, igual ahora no lo volvería a hacer”. ¿Qué delito había cometido ella? le pregunté. “Me había ofendido,  había besado a otro“. No se le aplicó la pena máxima que establecía la ley, la víctima no quiso hablar “avergonzada”, según dijo su abogada, y, descubrí que en la ley social carcelaria un maltratador no sufre rechazo alguno de sus compañeros como sí sucede cuando han cometido otros delitos.

En todos esos puntos citados está la clave de porqué sigue produciéndose la violencia machista. El maltratador tipo –y no podéis imaginar cuán de cerca conozco su actuación, aunque jamás lo he sufrido en mi propia carne, ni tampoco mis familiares- es básicamente un cobarde que se aprovecha de su fuerza o de la impunidad y que por lo general se justifica a sí mismo. La víctima se culpabiliza en buena parte de los casos y además dice “es que le quiero mucho“. La justicia, aunque las nuevas leyes son mucho más duras, no deja de ser impartida por miembros de una sociedad machista, y la sociedad… pasa, mira para otro lado –salvo excepciones que incluso se pagan- como siempre que se siente impotente. Y se puede asistir al duro contraste de bajar en el ascensor con el estómago revuelto por la visión de un maltratador que te amenazó por intervenir –por supuesto en llamada anónima cuyo origen descubrió la policía y el juez- y llegar al portal y ver sonreír al portero y al presidente de la comunidad que engullen el problema sin más complicaciones. Y hasta es lógico: no se consigue solucionarlo.

Dediqué un amplio apartado al maltrato en mi libro “Ellas según Ellos” (2004), donde entrevisté a hombres muy conocidos y admirados. Por aquellos días nuestros obispos acababan de decir que  la violencia de género era “fruto amargo de la revolución sexual”. Todos mis personajes lo condenaban. Ambas cosas, el maltrato y esa injerencia dañina de la iglesia. Pero, pasado el tiempo, veo que las mujeres admiradas que me citaron eran actrices, periodistas, y de la historia: Madame Curie fue recurrente, o la Madre Teresa de Calcuta. Tan solo el cirujano estético Enrique Monereo eligió a una escritora, y el astronauta Pedro Duque a Ada Augusta Byron, condesa de Lovelace, precursora de la programación informática por simple intuición (en la primera mitad del siglo XIX), dado que “desde niña, tenía una mente superdotada”.

Harían falta 255.000 policías para cubrir los tres turnos de vigilancia a las mujeres que han de moverse con protección policial, lo he escrito ya muchas veces. Solo acabaremos con esta lacra con un cambio de mentalidad y no van por ahí los tiros. Los logros de la mujer están en retroceso de nuevo. La educación diferenciada por sexos vuelve a abrirse paso, impulsada por el ultraconservadurismo político. Abdicado ya de tantos ideales, Zapatero convoca a 30 empresarios y todos son hombres. Aunque en realidad porque solo hombres mandan sobre el dinero en este pais. Esos jocosos escritores que nos llaman “feminazis” y todos los machistas que les siguen embelesados están haciendo un inmenso daño. Igual que las voces, pederastas incluso, que ampara Esperanza Aguirre en Telemadrid. Porque también hay muchas mujeres inmensamente machistas, las de la “mujer-mujer“, las (y los) del “algo habrá hecho”. Ella, por supuesto.

Un altísimo porcentaje de chicas jóvenes cree que los novios celosos que las llevan a raya es “porque las quieren”. Y la educación sexual y afectiva de los niños en los colegios sigue siendo presa de enormes tabúes.

Mi programa de Word no reconoce, marca en rojo de error, la palabra maltrador, tampoco, curiosamente, vagina. Y algo más. Os propongo un ejercicio: a ver qué porcentaje de hombres y qué porcentaje de mujeres hablan del maltrato o de cualquier problema femenino. Algún hombre sí lo hace, los que nunca defraudan. Y, más aún, de qué escriben las mujeres en los medios. En abrumadora mayoría las mujeres hemos de hablar “de cosas de mujeres” y apenas solo lo hacemos nosotras.  Por cierto, este artículo tendrá menos visitas de las habituales en el blog.  Esto no interesa, aburre. Así están las cosas. De momento.

Este es un hombre que apostó un millón al negro y salió…


Y salió rojo. En los años ochenta este anuncio inauguraba el uso del hombre como reclamo sexual y publicitario. Maruja Torres llegó a escribir una columna en nombre de todas las asombradas del mundo. Hasta entonces sólo la mujer era utilizada como imagen para vender lo que fuera. Durante mucho tiempo, antes y después, se observó que aunque se tratase de promocionar lavadoras –uno de los artefactos correspondientes al acervo femenino por la gracia de Dios, menos mal que algo ha cambiado- la mujer contaba su experiencia con el jabón y la ropa, pero la sabia voz que daba el consejo en off, era masculina. También sigue ocurriendo en gran medida.

Por eso este holandés nos dejó perplejas. La sociedad empezaba a igualar… a la baja (en lo que sería ya un despeñe imparable), nada de hombres y mujeres dando útiles instrucciones, sino cuerpos (de unos y otras) como señuelo. Ni que decir tiene que media humanidad femenina se enamoró de este señor, a pesar de lo poco serio y cauto que se presentaba, que no daba una en el clavo. A quién se le ocurre apostar todo el dinero en el casino, con un 50% de posibilidades de perderlo. No tenía tampoco buenos contactos con asesores financieros, porque vender todas las acciones la víspera de que subieran, indica una gran falta de previsión. Ambas situaciones muestran un comportamiento alocado. Amén de ser un manirroto: 6.000 euros a una ficha ¡qué locura! Por todo ello, probablemente, le dejó la mujer de sus sueños, quien ¡para colmo! le fue infiel con su mejor amigo. Doble pérdida. Pero salir de tan elegante casino y bien vestido –aunque desaliñado por el dolor-, auguraba una previsible recuperación económica. Era guapo hasta decir basta, ni metrosexual, ni macho-Axel. ¡Y se le veía tan desvalido y, a pesar de ello, conservando su sonrisa encantadora! El colmo de la filigrana era que necesitaba “algo en qué confiar” ¡Qué bonito! El anuncio inaugural de la utilización del hombre, lo presentaba vulnerable, tierno y sensible y, a pesar del arraigado modelo del varón protector, una legión de mujeres quiso ser la única que le consolara.

Dicen los publicistas que ellos no innovan sino que siguen a la sociedad. Apenas se había enterado –la sociedad- de que una mayor emancipación femenina alteraba los roles tradicionales y su forma de relacionarse, desorientando un tanto al hombre. No a todos, porque nadie conoce a todos de todos los grupos, pero sí de una mayoría suficiente como para sustentar teorías. Al eterno desencuentro se le añadían factores desestabilizadores, en busca de estabilidad, mucho mejor.

Alfonsina Storni le escribió a un “Hombre pequeñito” antes de beberse por él medio océano muriendo claro está en el intento, lo que es una gran paradoja. Gioconda Belli se quejó de la ceguera de otro, aunque para concluir en el más hermoso alegato feminista que he leído, el que solo entiende de mutua necesidad y cooperación. Complicadas las relaciones humanas, la desazón gozosa solo merece la pena si se sacia, si no se convierte en un molesto incordio.

El hombre del casino no era perfecto, en absoluto, pero sí tiernamente humano. Y ¡cómo nos gusto! Un feo irresistible, fuera de todo tiempo y lugar para el encuentro real, fue también para mí Yves Montand. Como le contó Janis Joplin a Leonard Cohen en el Chelsea Hotel, a veces se hacen excepciones. Antonio Gasset, un genio, le despidió a su muerte en todos sus matices. Tampoco Yves era perfecto, casi extremo en defectos y virtudes. Es tan difícil apostar al negro y ganar…que casi parece mejor meter los ahorros a plazo fijo en un banco.

El “neomachismo” que nos invade

Ser consideradas la costilla de Adán nos hizo mucho daño. No tuvimos oficialmente alma hasta el Concilio de Trento en 1545, según algunos autores. Y se descubrió antes América que la existencia del clítoris. La maternidad como flaqueza y no como grandiosa contribución a la perpetuación de la especie, late en el fondo dando causa a esta realidad.

Mientras millones de mujeres continúan siendo ciudadanas de segunda, o de tercera, o ni siquiera ciudadanas, las privilegiadas del mundo desarrollado asistimos a un implacable resurgimiento del “neomachismo”. Todo se reviste de “neo” en estos tiempos. Y ya es de uso común el término “feminazi” para calificar a quien ose siquiera poner de relieve la oleada que nos sacude.

El portavoz adjunto del PP en la Asamblea de Madrid Juan Soler considera que Trinidad Jiménez, es una “candidata floja” para la región, ya que le falta “fondo y cuajo madrileño” y su acento la hace “más apta para Dos Hermanas o Velez-Málaga“. Al margen del sectarismo regional ¿Lo diría igual si hablara de un hombre?

Bibiana Aído produce urticaria sólo con mentar su nombre, incluso en los sectores autodenominados de (extremo) centro y apolítico. Nadie da un euro por su ministerio y cada medida suya se critica con virulencia, ella misma como persona es vapuleada de forma implacable. Es la “feminazi” perfecta. No tardará en llegar el día en el que invalidar a Bibiana Aído sea condición indispensable para obtener la ciudadanía española. Nuestro país aún no ha llevado la igualdad, el respeto y la justicia al corazón de los hogares.

No corren mejores tiempos en la otra orilla del océano. La derecha mas retrógrada del mundo –junto a la española- ha lanzado una “divertida” campaña en Minnesota en la que presume de que las políticas republicanas “están más buenas” y son “más calientes” que las demócratas. Ante las quejas, los republicanos aseguran que es lamentable que falte el sentido del humor.

 La mujer como objeto. La falacia continuada. El tópico que hace mito. La mujer como florero.

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