Mujer, un paso atrás de 40 años

El principal peligro de no actuar cuando caes por un precipicio es que… continuas rodando hacia abajo. Y que darse la vuelta y remontar es mucho más costoso que frenar el despeñe. Hace un año, en un día como hoy, escribí esto:

“De alguna manera, los 8 de Marzo de los últimos años habían adquirido un carácter festivo. Quedaba mucho por hacer. No solo en España, sino en un mundo donde ser mujer suele acarrear diversas condenas. Pero aquí parecía a comenzar dar frutos la larga lucha de 40 años que protagonizamos las mujeres españolas apenas se alumbró la Transición. Incluso antes. Hoy el retroceso camina al galope.

Prácticamente todas las “reformas” de ese ciclón devastador que ha supuesto para la sociedad el PP, poco más un año de PP aún, van encaminadas a mermar el Estado del Bienestar y a devolver a la mujer a “su sagrado papel en la familia”, como sin duda tienen en mente. La crisis ha restado servicios que puede suplir perfectamente la persona que “de natural” tiene esa “obligación”. Cuidar niños, ancianos, dependientes. En familia. A su costa.”

Los negros augurios se han cumplido con creces. Hoy mismo publica el diario.es que un estudio ya certifica la vuelta de las “amas de casa“, la cuidadora, la que se ocupa de los demás sin remuneración y no dispone de otro trabajo.

Anoche Ángels Barceló hizo un especial mujeres en el que participé junto a tres grandes: María Blasco, María Izquierdo, y Gracia Querejeta: lo que hemos perdido, lo que queda por perder o por recuperar… o por ganar de una vez. El título de este artículo fue el que le dimos al 8 de Marzo actual en Hora 25. Puede cambiar, ha de cambiar.

Tres apuntes más festivos para el día…

Forges

forges.diamujer

Elrich

elrich.diamujer

Bryan Adams ¿Has amado realmente a una mujer? Hay algunas reglas básicas, y basta quizás atender a qué es lo que ella desea…

De todos modos…

8M-derechosnoflores

La economía de la sumisión femenina y los fetos deformes

Por fin conocemos el proyecto de país que tiene en mente el PP. Si las sociedades civilizadas y prósperas apuestan por la investigación y la ciencia, el Gobierno ha destrozado ese futuro con los drásticos recortes aplicados a cuanto huela a conocimiento. Eurovegas se les ha hundido, y por más que insisten en inflar de nuevo la burbuja inmobiliaria –madre de nuestros quebrantos–, la sociedad exhausta no da más de sí.

Los fondos buitre y las familias china, rusa y venezolana a las que están vendiendo los inmuebles, empresas y espacios públicos son armas de doble filo, y toda subasta tiene un final. Nos preguntábamos sin cesar –dado que la esclavitud laboral no es fuente de auténtica prosperidad– en qué basaba el Partido Popular la pretendida recuperación de España. Ya lo sabemos: el PP apuesta por la economía de la sumisión femenina y los fetos deformes.

El Ministerio de Justicia ha redactado una memoria de impactos de la ley del aborto, según informala Cadena SER. Dos aspectos fundamentales destacan en ella: vuelve a considerar a la mujer un envase o útero para desarrollar embarazos –propio del franquismo– y aporta la gran novedad de asegurar que la reforma del aborto tendrá un efecto positivo en la economía –el enganche neoliberal–. De este modo, Alberto Ruiz-Gallardón resume lo que es toda la ideología del PP.

Muy flagrante es obligar a la mujer a un vía crucis de médicos para decidir qué quiere hacer con su vida –ha motivado hasta protestas internacionales–, pero es imprescindible atender también a la otra vertiente del gancho: traer al mundo niños, incluso con graves malformaciones, da dinero. Y, junto al dios castrador de los beatos de esta cuerda, el dinero lo es todo. El dinero sentado a la derecha del Padre. Todo vale, someter a las mujeres, recortar derechos, causar sufrimientos innecesarios, condenar para siempre a seres humanos a una infravida, si la economía prospera.

Quienes proponen y quienes aceptan este planteamiento muestran su calaña. Es estar dispuestos a originar cualquier daño con tal de lucrarse. No dejamos de insistir: destruir para luego construir genera actividad económica, pero las sociedades humanas –incluso muchas animales– se rigen por otros valores. Suelo citar el artículo que en 1729 escribió Jonathan Swift, titulado “Una modesta proposición”, para acabar con el hambre en Irlanda. Ésta era la base de su argumentación:

“Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres que un tierno niño sano y bien criado [por supuesto pobre, hijo de mendigos] constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo de que servirá igualmente en un fricasé o un ragout”.

El artículo fue un auténtico revulsivo en su época, operó cambios. Ahora habría quien incluso dudaría de la bondad de la “modesta proposición”.

No es cierto que la reforma del aborto mejore la economía. ¿Cómo? De seguir el Gobierno del PP o similares en el poder, al bebé con malformaciones congénitas lo dejarían tirado en cuando ya fuese realmente un ser humano que abre los ojos al mundo. ¿Cómo, entonces? ¿Creando puestos de trabajo como cuidadores de dependientes? Si también han dado el tajo a ese subsidio que implantó Zapatero y nunca quisieron. Cómo gustan en la vieja derecha española las dependientes niñas chicas de Los Santos Inocentes.

En toda transacción entre poder y subordinados hay que estar atento a sus fundamentos: prohibir cosas a A beneficia a la economía de B. Nunca son los mismos A y B. El PP vela por los intereses de B.

El Gobierno, en su borrachera de poder, está dando muestras de algo que se parece a la enajenación mental. Una de sus ministras confía la política de empleo a la Virgen del Rocío; otro, la recuperación económica a Santa Teresa. Los insultos de su plana mayor a la inteligencia y a la decencia han asistido a una aceleración. El presidente de Madrid, Ignacio González, ante su derrota frente a la #mareablanca, afirmando sin pudor que él ha cosechado un éxito porque así los ciudadanos nos hemos concienciado de la importancia de la sanidad pública. Y el inefable Gallardón, con una ley que costará entre en vigor tal como está (por puro interés electoral, podrían modificarla), contando que la degradación de la mujer y el sufrimiento de muchas personas es bueno para la economía.

Hay otra pregunta clave: ¿planifica el PP todas sus actuaciones económicas con el mismo rigor que ha exhibido en su memoria de los impactos de la reforma del aborto? No falta, pues, un detalle para explicar este caos.

Hoy, la #mareablanca, precisamente, al parar la privatización de nuestros hospitales en Madrid, ha demostrado que #sísepuede y que el empeño y la valentía logran cambios. En ese pulso estamos.

*Publicado en eldiario.es

Hablar de maltratadas es hablar de maltratadores

¿Qué pasaría si, como sucede aproximadamente cada año con las mujeres en España, hubieran sido asesinados 60 políticos, 60 taxistas o 60 fontaneros? ¿Qué pasaría si en la última década hubieran sido 703 políticos, 703 taxistas o 703 los fontaneros, muertos a manos de sus parejas?  Una sociedad acostumbrada a la información-espectáculo se aburre si no hay novedades y las mujeres asesinadas por quienes un día dijeron amarlas se repiten demasiado. A algunos, no a todos por fortuna, les cansa.

En el Día Mundial para la prevención de la Violencia de Género, Ana Requena, nos llama a fijarnos en los maltratadores (palabra, por cierto, que aún no reconoce la corrección ortográfica automática). Para que haya víctimas tiene que haber quienes las ejecutan.

“El dato no es nuevo: 703 mujeres han sido asesinadas en España desde 2003 por sus parejas o exparejas. Sin embargo, detrás de esa cifra hay otro dato obvio que, sin embargo, no suele señalarse: 703 hombres asesinaron a sus compañeras sentimentales en los últimos diez años. La última, este fin de semana en Madrid. “Los hombres quedan muy ocultos detrás de las circunstancias, es una forma de esconder la incomodidad que supone ser responsables de esta situación. La ausencia de los hombres es parte del entramado que hace que parezca que este es un problema de algunos hombres, no de todos los hombres”, explica Miguel Lorente, forense y exdelegado del Gobierno para la Violencia de Género.

(…)

La última macroencuesta sobre violencia de género, hecha en 2011 por el entonces Ministerio de Igualdad y el CIS, puso de manifiesto que 600.000 mujeres la sufrían. “Eso quiere decir que 600.000 hombres ejercen violencia contra las mujeres, o quizá algo menos, porque hay hombres que la han ejercido sobre varias, aunque en cualquier caso sería una cifra muy parecida”, dice Lorente. En la anterior macroencuesta, elaborada seis años antes, en 2006, el número era significativamente menor: 400.000 mujeres eran víctimas de violencia machista.

Para el exdelegado de Violencia Género, este aumento se debe a un cambio de actitud por parte de las mujeres y a la reacción machista que eso genera: “La gran transformación social se está produciendo en base a las mujeres. Cuando llegan a relaciones en las que los hombres siguen teniendo ideas tradicionales cuestionan ese orden. La violencia de género se produce porque los hombres intentan controlar a las mujeres, someterlas, que sepan lo que es bueno”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió hace solo unos meses de que la violencia hacia las mujeres ha adquirido proporciones de pandemia. De las 2.630 millones de mujeres mayores de 15 años que hay en el planeta, el 35% ha sufrido alguna vez violencia física de su pareja o una agresión sexual por parte de otra persona,  alrededor de 920 millones de mujeres. Es decir, cientos de millones de hombres ejercen o han ejercido violencia contra las mujeres”.

Añadiría como causas la crisis que se hace pagar siempre a los más débiles y la ola de grave involución que nos aqueja.

Un hombre -lo cual es bien poco frecuente-, un médico, Miguel Lorente también repara en la invisibilidad social de los verdugos:

“En cambio nada se dice de los hombres en general ni de los maltratadores en particular. No hay un cuestionamiento claro y rotundo frente a los maltratadores, siempre y cuando que “no se pasen” con sus golpes, y tampoco lo hay ante los que se esconden detrás de un silencio liberador.

Los hombres y la cultura que han construido a su imagen y semejanza son los responsables de la desigualdad y de la violencia que se ejerce contra las mujeres en su nombre. Son los hombres violentos y los pasivos quienes están en el origen del problema, y deben ser los hombres quienes también estén en la solución.

La invisibilidad de los hombres sólo es factible por el camuflaje de la cultura. Una cultura y unos hombres violentos que utilizan al resto de los hombres para mezclarse entre ellos, y aparentar una normalidad de puertas afuera que los hace invisibles en el interior de las relaciones”.

Ángels Martínez Castells busca un enfoque más positivo. Citando a Lakshmi Puri, Jefa interina de ONU Mujeres y Subsecretaria General de las Naciones Unidas, constata:

“Hay abundantes pruebas de que los países donde las mujeres tienen una condición más elevada también disfrutan de mejores niveles de desempeño social y económico. También hay pruebas que pueden orientar a los países sobre lo que en efecto funciona, desde las políticas equitativas en el mercado laboral, hasta la eliminación de leyes y políticas discriminatorias, la universalidad de los servicios de protección social y los servicios sociales, así como las reformas de los sistemas de seguridad y justicia para poner fin a la impunidad de la violencia contra mujeres y niñas. El activismo de los movimientos de mujeres en todo el mundo ha sido fundamental para exigir e impulsar los cambios en todas estas áreas”.

Un 8 de Marzo de nuevo apremiante

Hace hoy justo un año que los medios se hacían eco de las palabras  en el Congreso del ministro de justicia de un casi recién estrenado gobierno, Alberto Ruíz Gallardón. Denunciaba lo que el considera una “violencia estructural” contra la mujer que obliga a abortar. Y, por ello, se comprometía “a defender el derecho reproductivo por excelencia de la mujer, que es el de la maternidad”. Ya avanzaba que iba a primar “los derechos” del feto, sin decir aún que incluso con graves malformaciones. Fue su homenaje a las mujeres en el día Internacional que se nos dedica. Para que nadie se llamara a engaño. Este señor aún pasaba por “centrista”.

 De alguna manera, los 8 de Marzo de los últimos años habían adquirido un carácter festivo. Quedaba mucho por hacer. No solo en España, sino en un mundo donde ser mujer suele acarrear diversas condenas. Pero aquí parecía a comenzar dar frutos la larga lucha de 40 años que protagonizamos las mujeres españolas apenas se alumbró la Transición. Incluso antes. Hoy el retroceso camina al galope.

 Prácticamente todas las “reformas” de ese ciclón devastador que ha supuesto para la sociedad el PP, poco más un año de PP aún, van encaminadas a mermar el Estado del Bienestar y a devolver a la mujer a “su sagrado papel en la familia”, como sin duda tienen en mente. La crisis ha restado servicios que puede suplir perfectamente la persona que “de natural” tiene esa “obligación”. Cuidar niños, ancianos, dependientes. En familia. A su costa.

 Pepa Bueno, la directora de Hoy por Hoy en la SER, abría hoy a las 8 con aterradoras cifras y reflexiones. algunas de las cuales recojo y hago mías:

 “Sólo el 53% de las mujeres españolas está en el mercado laboral. Forman parte de la población activa y de ellas, un 26,5% está en el paro. Una tasa que se ha disparado, subió más de tres puntos en el último año. De los casi 700.000 empleos que se destruyeron en los últimos 12 meses en nuestro país, más de la mitad eran femeninos. La crisis las golpea especialmente a ellas que han acusado en primera fila los recortes en Sanidad, Educación y Dependencia: 150.000 cuidadoras se han quedado sin seguridad social y se les ha reducido la paga. Se eliminó el plan para crear nuevas escuelas infantiles y, a día de hoy, 400.000 españolas trabajan a tiempo parcial para poder cuidar de su familia, frente a sólo 15.000 hombres. Es decir, los minijobs ya están aquí y, de momento, feminizados: jornada laboral más corta, pero también salario más pequeño y por lo tanto menor cotización y peores prestaciones a futuro, por ejemplo, el paro en la vejez, menos pensión”.

  Y, por otro lado, abierta la veda para imponer de nuevo esa ideología franquista que nos lastró durante décadas, renace el machismo. Ese actor, metido a político, Toni Cantó, que desde las filas de UPyD cuestiona el maltrato a la mujer. Y que es defendido, expresamente, por dos mujeres de su partido: la jefa Rosa Díez y la también diputada, Irene Lozano. Quien dice que rectificar es de sabios, mientras Cantó, ataca de nuevo para asegurar que “no se puede construir la igualdad a costa de los hombres”. Y el PSOE de Ponferrada (León) no tiene empacho en apoyarse en un condenado por acoso sexual para lograr la alcaldía de la ciudad. Dando ejemplo.

 Mientras se cercenan de nuevo los derechos de las mujeres, sus posibilidades de desarrollo, asistimos a ese despliegue de “féminas” –odiosa palabra que en este caso cuadra a la perfección- que ven machista establecer cuotas, como Cospedal y que, desde los más altos estamentos, vuelven a enlutarse en el falso recato, el incienso y la sacristía en pleitesía vaticana.

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  El Periódico dedica hoy toda su edición a las mujeres. El gratuito 20 minutos, llena la portada. Todos volvemos a hablar hoy de una reivindicación que se creía ya al menos encauzada.   Y resulta que vuelve a ser necesaria y apremiante. Entretanto, la Comunidad de Madrid ha organizado un sarao estupendo con galletas, bombones, mascarillas capilares, un ‘personal shopper’ o una clase de aerobic ‘Zumba’ para celebrar el día de la Mujer Trabajadora.  Interesante el asesor para comprar cuando se conoce que las rebajas han registrado un histórico descenso del 20% porque ya no llega para eso. No hay nada de lo que hoy felicitarse. No, mientras esto no cambie.

 Detesto escribir en “los días de” y, sin embargo, hoy lo hago voluntariamente,  con preocupación y rabia. Lo peor es que hoy no es solo el Día de la Mujer trabajadora. Es también el día de la sanidad pública en cuya destrucción esta gente ha puesto el turbo. Con una obstinanción que hasta al más simple debería llamarle la atención. El de la educación. Toda. Tenemos ya hasta planes para cercenar la Universidad base del progreso de un país. Esto es un festín en el que solo vemos prosperar a las familias de quienes han tomado las riendas en asesorías y negocios. En el que la corrupción pudre las estructuras del Estado.

Sobre todo, es el día de la sociedad maltratada, si bien vuelvo a insistir que con la entusiasta colaboración de sectores de ella que no sé dónde tienen la cabeza… y la dignidad, y la empatía con sus semejantes. “Las obras de la libertad se construyen con mucha dificultad contra la historia, pero se derrumban con suma facilidad”, escribía en su último libro  el filósofo Carlos Fernández de Liria. Para añadir: “La historia no devolverá jamás la razón que hoy se nos lleva. Cada milímetro que el mercado y el capital ganen a la razón hará falta luego reconquistarlo, contra la historia, con los mismos esfuerzos con los que en su día se le arrancaron”. El capital, el mercado, la involución ideológica.

*Publicado en eldiario.es

¿Cómo lograr una “mujer auténtica”?

  El objetivo es el planteado por Gallardón, una mujer auténtica es la que tiene hijos. Contra viento y marea, aunque luego nadie le ayude a darles de comer. No importa lo que quiera u opine, la misión de la mujer en la vida es procrear. Y las grandes tareas ideológicas (como las que tiene en marcha este gobierno) se empiezan desde la infancia.

   El titular de un ministerio que aún se llama educación, José Ignacio Wert, acaba de mostrarse contrario a  dos pronunciamientos del Tribunal Supremo  rechazando que los colegios que segregan a niños y niñas por su sexo sean financiados con fondos públicos. No hay dinero para comedores, ni para que gire dos minutos el microondas y caliente la que se trae de casa, pero es prioritario “educar” a los niños con los niños y a las niñas con las niñas. A costa de los impuestos de todos, además. ¿La causa última? que se evitan “peligros” y que suponen más fácil el adoctrinamiento.

En 2008 escribí mis argumentos sobre Las raíces de la desigualdad entre mujeres y hombres, las razones de la violencia machista, también, en una Tribuna de El País. Y quiero destacar estos párrafos.

“El problema está en el fondo, y hay que cambiar los esquemas. En el colegio, en casa, en la sociedad que a veces presta un tácito apoyo «comprendiendo» estas situaciones, en las doctrinas morales que, sin sonrojo, califican a los malos tratos como «fruto amargo de la revolución sexual». Así lo hicieron los obispos españoles.

La educación es clave porque aún sigue siendo el escollo. Habría que aclarar en los libros de texto que las mujeres han sido en la Historia algo más que Reinas. Los colegios que separan a niños y niñas asisten a un sordo auge. Argumentan que cerebros, maduración y actitud son distintos en uno y otro sexo. Cierto. No existe la uniformidad (ni entre los miembros del mismo). Pero dejemos que unos y otras asuman sus hormonas porque el premio no tiene precio: conocerse, saber que la niña que alborota las entrañas, ríe, llora, se empeña y se preocupa… como él.”

Hemos cambiado los esquemas, sí, pero al revés, hacia atrás. El problema -común a otras religiones muy atrasadas- está en el ojo que mira. El ojo sucio solo ve porquería allá donde lo dirija.

La cruzada reaccionaria

“Pienso en el miedo a perder el empleo por un embarazo”, dice el titular. Los lectores extranjeros podrían pensar que el ministro de justicia español conserva su piel de cordero centrista y va a proponer a su partido una serie de medidas. Derogar la reforma laboral del PP para que ningún empresario pueda despedir a una mujer por el hecho de estar encinta o ser madre. Establecer una justa retribución salarial y una buena red de guarderías públicas. Educar en civismo y en igualdad a la población. Dejar de tener el dinero y su rentabilidad como medida de todas las cosas (clave en este punto). Son muchas las acciones a acometer contra las que realmente arrojan violencia estructural sobre las mujeres. Pero no, coincidiendo en las portadas con el Imán integrista de Terrasa, Gallardón habla de presuntas moralidades cristianas. Las interesadas en arrojar niños a un mundo superpoblado para que después los maten o precaricen las desigualdades del neoliberalismo que en curiosa carambola también propugna su ultraconservador partido.

Gallardón y la “violencia estructural“. La del “entorno familiar” de Mato, los cierres de centros para mujeres maltratadas, la cruzada de la aplastantemente masculina RAE, las alas a los machistas patrios, legitimados para volver a llamar feminazis a las mujeres que piensan, un presidente de periodistas que desenvaina el cinturón para amenazar a una mujer…No, en Europa pueden estar tranquilos, la España del PP es la añeja, la que enarbola con igual desparpajo el hacha del recorte económico con la caspa ideológica. No dejaré de advertir que la mayoría que posibilita nuestra ley electoral ha confundido al Partido Popular acerca de qué país gobierna, qué sociedad real vive aquí fuera de los 10 millones de electores que les otorgaron su confianza. La caída del guindo puede ser épica.

 Ved también:
 
 
 

Si el ministro de Justicia quiere apoyar la maternidad, que se olvide de la reforma de la ley del aborto. Las soluciones son otras: más guarderías públicas, horarios laborales razonables, multas más duras contra las empresas que discriminen a las embarazadas, permisos de maternidad y de paternidad como los de Escandinavia y viviendas subvencionadas en alquiler para las parejas jóvenes que se quieran emancipar…

 
 

La nueva Sección Femenina

Resulta casi inverosímil que una mujer pueda suprimir el gran avance que han supuesto los centros para mujeres maltratadas, vigentes desde hace décadas ya. Resultaría inverosímil, mejor dicho, de no ser porque la mujer machista y misógina dirigente en el franquismo (tipo Pilar Primo de Rivera) ya nos dio sobrados ejemplos de esa actitud desalmada. Hipócrita hasta la náusea.

Considerada eterna menor de edad, privada de la capacidad de abrir una cuenta bancaria o viajar al extranjero si no era autorizada por un varón –padre o marido-, la mujer española que empezaba a descollar antes del fatídico golpe de Estado y dictadura franquista se vio reducida a la nada. Las proclamas de la época le aconsejaban aguardar “como un pincel” al marido, prepararle sus platos favoritos, no mostrar jamás signos de cansancio y acceder siempre al “derecho marital”, “emitiendo un leve sonido de aprobación”. En caso de no comportarse así la esposa se arriesgaba a que su dueño y señor buscara satisfacciones fuera del lecho conyugal, lo que sin duda alguna sería culpa de ella. Si le pegaba, había de sufrirlo en silencio.

Cuarenta años de ser reprimidas y educadas así. Y, sin embargo, la mayor revolución que se dio en España en el Siglo XX, a partir de los setenta, fue la de la mujer. Y sola en gran medida: los derechos de la mujer siempre han sido “cosa de mujeres”. Cuando la democracia llegó, los parlamentos cuajados de hombres, no nos brindaron demasiadas oportunidades, pero luchamos por ellas, y las conseguimos.

Esa terrible herencia de la dictadura, la falta secular de una auténtica educación, hace que todavía algunos hombres maltraten –hasta la muerte en muchos casos- a sus mujeres a las que consideran su legítima posesión. La democracia ha ayudado a las víctimas. Sobre todo los últimos gobiernos socialistas.

Entretanto, la mujer conservadora –dura, inapelable- pare y sigue a lo suyo dejando a los hijos con las chachas. Como toda la vida. O busca, si es agraciada y puede, matrimonios “ventajosos”. Con un hombre que gane mil millones de euros al año, aunque sea veinte años mayor que ella. Un marido, al que previamente se enchufa en una Caja de Ahorros que deja un agujero de 9 mil millones de euros. El sexo de sufrido gemido o la cana al aire son alternativas.

Cospedal ha cancelado –para ahorrar- los convenios con las casas de acogida a mujeres maltratadas. Mientras, por ejemplo, paga sueldos millonarios a quien le canta sus grandezas.

 

Damas de hierro

Vuelve el modelo, que no tiene nada ni de progresista ni de igualitario, sino todo lo contrario. Porque es también la “mujer-mujer” que se abre paso a codazos -y alguna estrategia de las tradicionales “femeninas”- en un mundo aún predominantemente masculino copiando -y a veces superando- su arquetipo: el del “hombre-hombre”, enérgico y estricto. De hecho ese patrón que olvida valores como el diálogo o la conciliación se da con profusión en partidos conservadores. Con alguna excepciones.

En el PP hay varias, muchas. Pero es María Dolores Cospedal quien escala peldaños hacia esa cima. Ha presentado su -segundo ya- plan de “ajuste” para ahorrar en Castilla-La Mancha: privatizaciones (vender lo que hemos pagado con nuestros impuestos), los funcionarios trabajarán más horas por menos dinero (especial ensañamiento con los médicos de la sanidad pública). Recorta, para ser bien equitativa, algunas subvenciones a las rentas altas: habrán de pagar… los libros y el transporte de sus hijos. Dice la manida falsedad -engullida por muchos- de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”… igual es de las de costearle a ella varios sueldos.

La Dama de Hierro titular era Margareth Thatcher. La autora material (con Ronald Reagan) del asalto neoliberal.  Privatizó sin freno, recortó gasto público (nunca al ínfimo nivel de España), degradó la educación y la sanidad británica (modélica hasta entonces) y desactivó a los poderosos Trade Unions, los sindicatos.

Pero tenemos otra que nos está diseñando la UE a su gusto y con mano firme. Es que ya no es cuestión de dinero solo, es de disciplina.

Autor: Peter Schrank

La donna

Tenemos mejor conexión entre los hemisferios cerebrales, aunque las mujeres poseemos un 11% más de neuronas en la zona izquierda dedicada a las emociones y a la memoria, también más neuronas espejo que crean afinidades. La diferencia –incuestionable- enriquece a la especie. Diría que contamos también con más capacidad de amar. Y es un privilegio.

Dos protuberancias mamarias, nacidas de la sabia genética que conoce la necesidad de alimentar a las crías, o una cavidad que encaja con el apéndice exterior masculino, marcan nuestros signos, distintos, corporales. Muchos otros aspectos no son exactamente iguales en ambos sexos. ¡Vive la difference!, como dicen los franceses.

Otro privilegio impagable: somos las únicas capaces de desarrollar una vida en nuestro vientre, al menos hasta la extensión masiva de la fecundación in Vitro, si llega a darse. Nuestras hormonas se vuelcan para alimentar y cuidar al incipiente hijo, sensibilizándonos. Los nueve meses que el feto permanece en el interior y el espíritu maternal que nos ata en gozosa misión cuando, ya en este mundo, precisa nuestra atención para ayudarle a crecer física y mentalmente, en su entorno, y en su afectividad, nos han situado en una incomprensible inferioridad frente al hombre. Ellos, cazadores y dueños del universo exterior, la decretaron. Y, aun con el enorme esfuerzo que en las civilizaciones desarrolladas ha logrado cambiar algo la mentalidad, todavía la mujer es discriminada por las mínimas bajas laborales de su embarazo y parto.

No nos concedieron ni alma ni inteligencia durante centurias. Tuvimos que ser hermosas y utilizar artes sinuosas para conquistar al hombre. El macho posesivo todavía tortura y mata –y mucho- a la mujer que un día amó. Gran número de hombres ya saben querernos y respetarnos, sin embargo. Nosotras también hemos aprendido a hacerlo con nuestro propio ser.

El peligro número uno… porque la fascinación y la atracción turban. Turbadas, nosotras cargamos menos la culpa sobre el objeto de deseo.

Ah, las protuberancias femeninas, nuestras curvas, qué inquietantes… ¿tanto como todo el ser masculino para nosotras?  Y pasan los años, y aún a pie de tumba, laten corazones y deseos.

La Italia descarriada vive y exporta el modelo que de dia en dia se afianza y degrada en las pantallas de la televisión “berlusconiana”. Pero en todo el mundo proliferan ya las tetas globo, los –escuetos, bien es verdad- jamones al aire, labios de pato embuchado y estirados rostros de la secta de la cirugía estética y plástica (muy plástica).

Una mujer italiana realizó, hace al menos un año, un reportaje de 24 minutos sobre la utilización del cuerpo de la mujer en la televisión. En la televisión y fuera de ella, realmente, nos están venciendo por la espuma de la frivolidad.

Rostros de botox, cuerpos de anguila, tetas de silicona

Escribir de asuntos tangenciales o no escribir. Al menos, en tanto escampa. Miro en qué se enreda la sociedad: pinganillos, pelotas, humos, pulpos adivinatorios (en fugaz paso por la moda) debates para entretener sin llegar a puerto. Puede que seamos la sociedad con más necesidad de diversión de la historia. De sobrevolar la superficie evitando tocar fondo. El modelo estético femenino siempre ha sido un revelador escaparate. Lo pensaba el otro día viendo a Marylin Monroe a quien hubieran puesto a dieta rigurosa de haber vivido en esta época. Qué asco, qué gorda.

Escribí hace tiempo, justo antes de que la crisis irrumpiera en nuestras vidas (para tampoco inmutarnos) sobre ello:

Todo icono refleja a la sociedad que lo crea. Muchas buscaron -desde los griegos- armonía, equilibrio, perfección. El siglo XX se inicia con una explosión de creatividad y rebeldía. La misma que -algo más ingenua- impregnó los sesenta, exuberantes y coloridos. La mujer, entretanto, engordó y adelgazó al ritmo que le marcaban y siembre hubo de ser joven.

 

Contemplo las anguilitas que salen en la tele y leo que provocan concupiscencia. Apenas una mano serviría para cubrir sus brazos o piernas, dos para su cintura. La carne, las formas, ha sido desterrada desde que modistos misóginos descubrieron la utilidad de las perchas humanas para presentar sus prendas.

 

El modelo ha de ir forzosamente acompañado de tersura en la piel, y de globos inflados donde suele haber protuberancias mamarias. En la piscina de mi gimnasio he observado que flotan. Un canalillo antinatural marca la diferencia.

Y la cara, espejo del alma. El botox y la cirugía han desgraciado sin remisión a actrices como Nicole Kidman o Meg Ryan. Empiezan a rebelarse.

Adineradas maduras intentan atrapar el fantasma de la juventud perdida (¿por qué hay que llorar por su ausencia?) inflando su cara, que aparece más o menos lisa –y por una temporada- a cambio de simular ser un embutido. ¿De verdad este rostro es más hermoso que el de una mujer de su edad sin operar?

Presentadoras de informativos ofrecen también sus caras estereotipadas y una cejas que comienzan a elevarse hasta mitad de la frente lo que termina por obligar a depilarlas y sustituirlas por el “natural” trazo del lápiz. En el país que más operaciones de cirugía estética llegó a practicar, mujeres anónimas se endeudaban con créditos para intentar parecerse al modelo reinante. Hasta las políticas sucumben revelando -todas- su escala de valores.

Nuestra sociedad de hoy parece querer borrar surcos y matices, peso. Allanar también el pensamiento. Compartimentar, para aislarnos y enfrentarnos. Su imagen -enjuta, sintética, plastificada- podría simbolizar su inconsistencia en los frágiles hilillos que constituyen las piernas de las modelos. No es casual. Los mismos entes que producen niños planos, aspirantes a famosos, consumidores desde ahora y para siempre, cercan a las demás generaciones. Planchar rostros genera beneficios económicos, contratar en el trabajo a jóvenes inexpertos, menos costo. La insatisfacción permanente, vulnerable desasosiego, o rendición. ¿Dignificar la escala de valores imperante es tarea imposible?, escribí hace solo dos años y medio para terminar por ver en mi país un 40% de paro en la juventud. Y la escala de valores a ras de suelo y de cloaca. Ya se pide hasta legalizar la trampa. Encomiable ejemplo: fachada artificial y engaño para triunfar. Y lo peor es que ese otro “mercado” tampoco parece aceptar otra cosa.

Vaya, que no llevo buen camino para frivolizarme.

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