
Hugh Jackman
Hace unos cuantos años, una encuesta preguntó en Cataluña sobre los hombres más atractivos. Ya sabéis esas consultas cíclicas para entretener los días y que suele colocar a Brad Pitt o Huck Jackman en cabeza. En los primeros lugares figuraba Jordi Pujol. Los insondables misterios de la erótica del poder.

Jordi Pujol
Leídas las críticas reflexiones periodísticas e intelectuales del domingo sobre Mariano Rajoy -que hace una semana justa ganó los comicios para el gobierno del Estado y por la gracia divina de nuestra ley electoral con mayoría absoluta-, debo pensar que algunos díscolos hemos cometido una tremenda injusticia, nos ha aquejado una inaudita ceguera. Ese hombre prudente y ejemplar no ha abierto la boca en 7 días siguiendo su sempiterna costumbre, pero se intuyen sus profundas meditaciones para sacarnos de la crisis.
Ha hablado con banqueros “como dios manda”, recibe llamadas, telegramas y apremios de su correligionaria Angela Merkel para que nos fría, pero cavila en la soledad del vencedor en qué parrilla nos asará, y cuántos decilitros de aceite le pondrá; si nos sazonará con sal o con wasabi. “Prevé huelgas por sus medidas”, ay, todo sea por el bien de todos. Por el bien, en particular, de esas grandes fortunas a las que no se toca los impuestos, ni se persigue en sus evasiones fiscales, porque nosotros “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades…. de mantenerlos a todo trapo” y hay que tomar medidas a ese despropósito. Pero somos buenos, juiciosos y disciplinados y sabemos que esa es la labor del vasallo, en cuerpo y mente.¿Que hay que acabar con la sanidad, la educación y los derechos laborales? el bien supremo lo exige.
En “La energía liberada”, -libro plagado de datos que la justifican- expongo otra visión de este hoy “neocarismático” líder. Aún andaba descarriada. Comienza así:
“Lastrado el PSOE por sus múltiples fallos, el PP acapara cumbres abrumadoras de poder sin haberse regenerado en absoluto, como suele ocurrir en periodos de oposición. Las mismas ideas e iguales o similares caras. Un líder dubitativo e indolente —como se resalta incluso en las viñetas de humor—, el peor valorado en la historia de las encuestas antes de acceder a la presidencia del ejecutivo —incluso con un oponente absolutamente acabado, como es el caso de Zapatero— y presa fácil de los halcones de su propio partido.
Una carrera basada en el elogio de la mediocridad y en la tibieza. Ilustres precedentes lo revalidan, en especial aquel genial (aunque llevado a una caricatura extrema) Mr. Chance que inmortalizaron la literatura y el cine. El escritor Jerzy Kosinski acertó de pleno al apellidar “suerte” a un hombre que escala la más altas cotas de reconocimiento y poder por la simplicidad de sus mensajes, en los que otros quieren adivinar ideas profundas y renovadoras. Él habla sólo de plantas, los demás hurgan en la supuesta trascendencia de sus mensajes secretos. El siglo XXI alumbra un jardín todavía más proclive a esa siembra. Rajoy es un exponente. Hay muchos más, desde luego. Lo peor es que funciona”.
Y una, realmente, empieza a agotarse de predicar en el desierto, no es bueno nadar contracorriente como los salmones, agota. Por eso ando dudando si refugiarme en secano y habilitar un espacio en la terraza (no mucho podrá ser) para sembrar un huertecillo y esperar los frutos “como todo el mundo”. No vaya a ser que, sin la prudencia imperante, me arrase una tormenta, que eso siempre es un riesgo. “Como todo el mundo” y “como dios manda”, busco buenas cosechas.




