Por qué son los jóvenes tan pasivos

Rita, una estudiante de sociología y ciencias políticas, aceptó sentarse en la mesa del CSIC en el debate “Críticos y ciudadanos” –del que ni un solo medio se hace hoy eco- y que se celebró con menos de “media entrada“. Le habían precedido hablando 5 profesores universitarios y un joven investigador que, por cierto, trazó un sombrío y angustioso panorama de su especialidad en España. Hipoteca, dijo, su carrera y sus vidas. “No nos vamos, nos echan”. Rita, venía baqueteada por la lucha antibolonia en la que se implicó, y planteó un discurso bien elaborado y enormemente pragmático, tanto, que me heló la sangre. A su juicio, las razones de la pasividad de los estudiantes universitarios se basa en estos puntos:

1) El fracaso de su batalla contra el plan Bolonia. La protesta era fundada: se consolida la dependencia del conocimiento a “la empresa” y sus sacrosantos beneficios. Aquí apuntó que sabía era un planteamiento corporativo, como el siguiente punto.

2) No hay reforma universitaria.

3) La relación de los jóvenes con la crisis es distinta a la de los más adultos. No se identifican con la figura del trabajador que se reivindica. Parece que tampoco en modo alguno con la del empresario o quien quiera que decida. Saben que “no tendrán trabajo fijo, ni subsidios, ni ayudas sociales, ni pensiones” y que “tendrán que residir con los padres mientras puedan”. Vivirán peor que sus padres. Y lo han asumido.

Rita alberga cierta esperanza en las movilizaciones de los universitarios europeos, especialmente de los italianos que, según nos dijo, piden una renta básica, acceso a la vivienda y alguna cosa más.

Contó también que los jóvenes con inquietudes en la Universidad española proceden de muy diferentes ideologías que dificultan ponerse de acuerdo.

-Todos estamos muy deprimidos y nos sentimos muy solos ¿no vamos a poder contar con vosotros? ¿Puedes explicarme entonces, sencillamente, qué esperas que sea tu vida?- le pregunté desde el público.

-Tendré una vida, claro, pero distinta. Tratando de sacar partido a lo que nos brinde el sistema, esa renta básica, la vivienda… -, vino a decir.

Hace tiempo que lo vengo viendo: están derrotados de antemano, aspirando a vivir con las migajas que les deje… un sistema que no aspiran a cambiar. Adaptados a lo que les echen. Y Rita se implica y explica, otros ni eso. Con todas las excepciones que se quiera, pero ésta parece ser la tendencia. Ni siquiera una inmensa mayoría de los periodistas jóvenes se apartan del carril y el sometimiento. Salvar la parcelita y punto. Aún con la inyección de fuerza de wikileaks.

 

La concentración contra la detención de Assange me resultó, el otro día, igualmente demoledora. O más. Caretas –bebidas en la cultura audiovisual, me explican- para jugar a protestar. En el debate de El País del martes, otro joven –menos que todos estos- me abordó, sin presentarse, para decirme que no espere gente en la calle (que no la espero, lo he dicho muchas veces, hay que buscar otras formas), “la batalla se da en Internet”, dijo, “¿a golpe de clic?”y, él respondió ofendido:  esto termina por llevar, con la amplificación del mensaje, a acciones como las de los hackers. En ese debate sí había jóvenes, eran mayoría de hecho. Desorientados y rabiosos algunos de los que hablaron.

El 40% están sin trabajo, y es cierto que, si algo no cambia, no lo tendrán. Y que no les dará de sí el tiempo para cobrar pensión alguna, dado que nuestros políticos están poniendo ya el límite en 35 años trabajados para recibir el subsidio completo. ¿Y no piensan hacer nada más?

Educados en casa, con la tele y el ordenador, en el consumo y las marcas, a tiro de teléfono móvil para consultar a los papás qué han preferido la “seguridad” de sus hijos a verles tomar decisiones que puedan suponer riesgo, apagando sus iniciativas,  sus caídas y sus incorporaciones,  multiregalados, solos en ausencia de padres ocupados en ganar dinero para hipotecarse. ¿Tampoco les han hablado sus profesores?

Todos sabemos de la mala educación, inenarrable cómo fue la nuestra y puede que la que hayamos dado. Pero llega un momento en la vida el que se crece, se tiene criterio, y uno se convierte en responsable de su propia trayectoria y de sus errores. A cierta edad, muy pronto, ya nada es culpa de otros.

Muy cerca me dicen que es imposible que el sistema que están imponiendo los mercados llegue a triunfar plenamente. Y el revulsivo puede ser terrible. Y se está empezando a ver.

Decía el otro día el filósofo Manuel Cruz en La Ventana de la SER: “En Argentina, en Roma, en GB hay vandalismo. De los Gobiernos. Esta gente,estos chavales están luchando por la civilización”.

De lo que no parecen ser conscientes los jóvenes es de que en España todo es mucho peor. Que los derechos que roban a los europeos de más arriba les dejan en una situación idílica respecto a los que en España hemos tenido nunca. Estamos en multitud de cosas… “a la cola de Europa”. En el pesebre que nos preparan -que ya empiezan a conocer irlandeses y griegos, por ejemplo-, los mejores bocados del pienso que nos suministren se los llevarán ellos, alemanes, británicos, nórdicos, centroeuropeos, franceses. Hasta en eso nos quedarán solo las sobras. Porque nuestros políticos no luchan por nosotros, ninguno lo ha hecho hasta equipararnos, cómplices o vencidos por nuestra pesada carga, a la que ahora se añade la losa aplastante de la UE azul.

Realmente, bajo los adoquines no había arena de playa, pero aquella lucha de mi propia juventud por ejemplo, sirvió para que Rita y todas las Ritas pudieran ir a la Universidad. Eso al menos, nadie puede negarlo. Pero, por encima de todo, es que perseguir un objetivo de altura, hasta con ingenuas flores, llena la vida y la dota de satisfacciones. Aguardar las migajas no puede ser lo mismo.

Con 93 años, José Luis Sampedro, sigue llamando a la acción,  contrATTACacando. Tenemos muchas cosas por hacer. Concretas. No nos dejéis solos. Empezamos a ser unos cuantos muy mayores. Y a todo esto, no sé por qué los jóvenes son tan pasivos. Rita no me lo explicó.

José Luis Sampedro, un premio al Humanismo

  Actualmente uno apenas puede entenderse más que con quienes emiten en la misma onda. Getafe Negro (ese magnífico ciclo sobre la novela negra) ha instituido un premio nuevo: El José Luis Sampedro de Humanismo. Ninguna definición le cuadra mejor, pocos pueden hacer honor a esa idea con tal precisión.  

  El escritor Lorenzo Silva lo propuso y en Getafe (Madrid) se ha creado eso que llaman un “microclima” para hablar y premiar nada menos que al Humanismo. Hoy, en este mundo del egoísmo y la codicia económica.  

Cualquier disciplina se puede ejercer pensando en el ser humano y atendiendo a su mejora y estímulo. Sampedro lo viene haciendo desde la literatura, la economía, el sillón F de la Academia de la Lengua, el pensamiento y, por encima de todo, como un hombre excepcional en numerosos aspectos.

    

   Como en casa. Olga Lucas, su mujer, sostiene y absorbe cada una de sus palabras. Se apoyan el uno en el otro en un proyecto colectivo, en el entendimiento y el amor. Todo eso se respiraba hoy en Getafe.  

 Cómodos, en sintonía, cuantos intervenían iban destacando lo que atesora Sampedro: su compromiso y su luz, su sabiduría y su espíritu crítico, su trabajo y su sacrificio, su honestidad.   

 Carlos Berzosa, el rector, fue alumno suyo. En los años 60 ya les hablaba de la pobreza y el hambre. Era muy provocador, ha dicho. Estimulante. Acudían a oírle alumnos de otras materias aunque no estudiaran economía. Sampedro mantenía que ésta es estructural:  sus elementos son interdependientes y no aislados, cualitativos, y es una ciencia humanista y social. Los modelos de hoy, dice Berzosa, son abstractos y alejados de la realidad. Casi en mayúsculas el rector ha agradecido que Sampedro les enseñó a pensar, a amar la libertad y luchar contra las dictaduras.  En la España franquista, de la que se autoexilió desde 1968 a 1976. 

 A eso ha vuelto a aplicarse hoy José Luis Sampedro. Emocionado por ver en la sala a tantos jóvenes (y no sólo jóvenes), ha llegado a pedirles por favor –y varias veces- que sean factores de cambio. Reivindicando como toda su vida el pensamiento libre, el que rechazan los absolutismos por todos los medios a su alcance. “Con pensamiento libre habría ciudanía y con ella no se producirían las crisis“, decía.    

Dolido esta Sampedro por la Europa que “ha perdido toda su grandeza”, “ejemplo de lo que es ir hacia abajo” cuando antaño fue paradigma de los valores humanistas. “Hoy Europa es la de los intereses”. “Por favor, luchemos contra eso”. 

 ¿Tenemos tiempo para pensar? ¿Tenemos tiempo para vivirnos y que no nos vivan?

  

 El microclima, una onda humanista, estar allí porque se quería estar. Lo que más aprecio de José Luis, además de su enorme talento, es una suerte de ingenuidad, de limpieza, que me inspira una enorme ternura. Creo que nos ocurre a muchos. Huyen los grandes premios para el escritor crítico y comprometido, aunque tenga 93 años… peleones e irreductibles. Por eso, desde rincones y alturas salimos a decirle, simplemente, que le queremos y que es un privilegio tenerle entre nosotros.

 

“Cambiar el mundo”

Ha muerto el escritor que quería cambiar el mundo, dice Cuarto Poder. Y recuerda la famosa frase de Saramago antes de recibir el Nobel:

Espero morir como he vivido, respetándome a mí mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame”.

 También quería hacerlo -con pasión ilusionante- José Vidal-Beneyto, desaparecido hace poco, constante azogue de conciencias:

Sólo una movilización popular e intelectual, insistida y de gran calado, podrá ayudarnos a acabar con tanta patraña y tantas desvergüenzas… (…) ¿Cuándo dejaremos de tolerar tanta ignominia, cuando pondremos fin a tanta abominación?”.

Aún tenemos a José Luís Sampedro alertando contra la “tecnobarbarie” y la degeneración del liberalismo,  allá donde se le requiera. O a Federico Mayor Zaragoza, llamando a reaccionar “porque estamos al borde de un precipicio”. Pero se van apagando voces.

Cambiar el mundo suele ser una labor solitaria y bastante ardua. Los destinatarios de las obras de estos y otros intelectuales, parecen tener asumida la separación entre unas páginas impresas y sus propias vidas. Incluso aman las tramas negras sin reparar en cómo tiznan sus pies y hasta sus conciencias cuando depositan un voto ciego. Las organizaciones progresistas realizan labores parciales, meritorias, pero temo que no tengan espíritu de equipo, de la gran colectividad, de la urgencia del momento, si es eso lo que detiene una reacción conjunta. Es decir, que “cambiar el mundo” es también mover la inmensa losa de los que permanecen quietos o desorientados.

Hay quien piensa que, por muy mal que vayan las cosas, siempre hay un cierto orden que regenera el caos. En la antigua civilización griega ya se planteaban que el mundo no seguiría en pie mucho más tiempo debido a sus errores. Y aquí estamos. La catarsis llega, ciertamente, en buena parte de los casos, con terribles guerras, y hasta plagas, que diezman la población y estimulan el propósito de enmienda.

Hace poco, cuando andábamos buscando “el pensamiento crítico” –no se si en juegos malabares-, Mayor Zaragoza, precisamente, recordó el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada en 1948, por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Salían de una guerra devastadora, de los fascismos, de una de tantas barbaries. Aquello había que pararlo y que nunca más se repitiera, había que “cambiar el mundo”. Este párrafo del preámbulo, resulta hoy muy significativo:

Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;”

Sí, los franceses desempolvaron en su día las guillotinas –para luego aclamar a Napoleón, bien es cierto-, las víctimas de la Segunda Guerra mundial –toda la población- quisieron sentar las bases de una nueva convivencia, con uno de los propósitos mas hermosos que se hayan intentado y ¿Hoy? ¿Qué vigencia tendría apelar a que el hombre “no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”? Atada a las hipotecas, al consumo, a la adocenadora neolengua que sirven todos los muchos portavoces del sistema, la sociedad en su conjunto parece que va a contentarse con las migajas que les echen, si les sobra, y si les parece a los mandamases del “sistema”.

Tras tantos siglos, han aprendido las técnicas más sutiles de dominación. Pero Saramago vive en sus libros para seguir abriendo ojos. Y Vidal-Beneyto. Y todos los demás. Y cada ser humano que en cualquier esquina anónima lucha por un mundo mejor. ¿Cambiarlo? El enemigo se ha perfeccionado y sofisticado. Nunca como ahora ha sido labor más apremiante.

José Luis Sampedro merece un gran premio literario

 

Un grupo de Facebook que –en este momento- reúne ya a 700 personas, quiere -queremos- lograr que a José Luis Sampedro le sea reconocida de alguna manera su labor literaria, en sí misma y como símbolo de lo mucho que ha hecho en otros terrenos. Lo argumento:

José Luis Sampedro acaba de cumplir 93 años. Catedrático de Estructura económica y escritor –brillante, erudito y popular-, aúna el conocimiento de la que se ha convertido en la ciencia de nuestro tiempo -que interpreta en un sentido humanista y no monetarista a diferencia de la mayoría-, y la creación literaria.”El río que nos lleva”,”Octubre, Octubre”,”La sonrisa etrusca”, “La vieja sirena”, “Real Sitio”, “Sobre política, mercado y convivencia” , “Escribir es vivir” (con su mujer, Olga Lucas)”, o “El mercado y la globalización”, avalan sobradamente su obra. Su coherencia y lucidez, tanto o más. Pues bien, a pesar de que al referirse a él se emplea el tópico de “el multipremiado escritor”, no ha obtenido ni uno sólo de los grandes premios literarios que se otorgan en nuestro país. Quizás es demasiado crítico. Quizás su sencillez, su humildad, no son monedas de cambio en el juego.

Cada uno puede tener una valoración distinta de la importancia de los premios, pero no dejan de ser un reconocimiento que otros sí reciben. Por tanto, si te parece que José Luis Sampedro merece el Príncipe de Asturias, el Cervantes, o el Nacional de Literatura –los dos segundos potestad del gobierno-, únete a la iniciativa y difúndela entre tus amigos. Deseamos tenerle mucho tiempo entre otros, pero, como digo, ha cumplido ya 93 años. Acredita sobrados méritos, y debemos intentarlo por justicia, por nosotros.

“Todo él es un premio para mí después de haberlo conocido”, dice Valle Alcober. “Qué podemos decir de JL Sampedro quienes enseñamos en el “IES José Luis Sampedro” de Tres cantos sino que es un ejemplo: de vida y como escritor”, Juan Luis Requejo. “Quiero aprender a ser un entusiasta de la vida como él”, Nieve de Medina.

Carlos Dominguez Buron: “José Luis Sampedro es mi maestro. Me enseñó los fundamentos de la Economía, junto con Samuelson, pero me enseñó algo más importante, una Etica laica, un espíritu crítico y el ejercicio de la libertad de pensamiento. Nunca le agradeceré bastante su aporte a mi formación”.

Pilar Bardem:  ”Yo,simplemente le amo. por su sabiduría ejercida con humildad, por su coherencia ejercida sin radicalismos, por su sentido del humor y del amor ,por sus enseñanzas cuando escribe y cuando habla. y por tantas cosas que me ha dado con su ejemplo y cariño”.

Sí, con total naturalidad, por la página pasan a empujar la idea, personas conocidas y anónimas. He visto, por ejemplo, a las escritoras Espido Freire o Rosa Regás. La editora Silvia Querini, la actriz Concha Goyanes, numerosos periodistas, Javier Couso –a cuyo hermano tenemos en el recuerdo-, catedráticos como Fermín Bouza, una política tan honesta como Inés Sabanés, el magistrado Martín Pallín. Unos escriben, otros no. Todos igual de importantes, todos a una, simplemente.

Me han escrito apoyando la idea, entre otros, Carlos Berzosa, rector de la Universidad Complutense, el teólogo Juan José Tamayo, el director de “Le Monde Diplomatic”, Ignacio Ramonet, el escritor Ramón Chao, o la periodista Pilar del Río.

El Ayuntamiento de Aranjuez se adhiere también. En 2004, presentó candidatura para que le otorgaran el Príncipe de Asturias, apoyada por numerosas asociaciones –sin éxito para su empeño-. Del expediente recojo esta argumentación:

La figura y la obra de Don José Luis Sampedro, impregnadas ambas de constantes universales, destacan por su actualidad y, al mismo tiempo, su permanencia en el tiempo. Su preocupación constante por la búsqueda de la dualidad objetiva, convierten su obra en un referente para todas las generaciones y, al mismo tiempo, configuran un mensaje internacional que llega a todos los pueblos del mundo. Humanidad, sinceridad, tolerancia, solidaridad, libertad, son algunas de las características que empapan su producción literaria, emanadas de su personalidad abierta y cosmopolita , como símbolo de hombre polifacético e intelectual comprometido con su tiempo y preocupado por la sociedad que le rodea y el entorno en el que vive, aportando una visión optimista dentro de la cruda realidad, sin disimular su fe en la resolución de los problemas de la humanidad.

Pues eso, si quieres sumarte, en Facebook o como te parezca. Se trata de que cada uno lo difunda entre sus conocidos, tejer una red. Lo haremos llegar a quien tenga capacidad de conseguir que nuestra idea salga adelante.

Los islandeses dicen NO

Érase una vez un pequeño país nórdico en el que sus 300.000 ciudadanos gozaban del nivel de desarrollo y civilizada convivencia que suele caracterizar a la zona. Así es en la realidad a pesar de las diatribas con las que lo cuestiona el corazón –que no la razón- del ombligismo español. Ocupaban el undécimo lugar mundial en PIB per capita y, lo que es mucho más importante, el primero en el Índice de Desarrollo Humano, una clasificación muy rigurosa que establece la ONU, valorando otras variables además de las que  hablan, exclusivamente, de resultados macroeconómicos. Islandia era el país donde mejor se vivía del mundo. Y sus ciudadanos, los más felices.

En 1998 le sacudió al mundo desarrollado la fiebre privatizadora. Eran los tiempos de Áznar en España que se apuntó con fruición al empeño descapitalizando al Estado con la venta de las empresas que, privadas, son hoy punteras en beneficios. Islandia culminó la labor de desprenderse de su 3 bancos públicos en 2003. Como decía hace poco José Luís Sampedro, economista además de escritor, el libre mercado cumplió una función en el progreso que hoy se ha desvirtuado por sus excesos, al punto de ser inviable su continuidad. Los islandeses aumentaron su prosperidad con la gestión de su banca privada que daba unos créditos y pagaba unos intereses estupendos. Tanto que quebró (2008). No eran realistas.

El problema fue que esos inversores y clientes eran en su mayoría británicos y holandeses. Y querían cobrar. Así que las autoridades del Reino Unido aplicaron, como medida coercitiva, la legislación antiterrorista nada menos, a los inslandeses. No al Banco ICESAVE -la nueva entidad financiera privada-, ni siquiera a las autoridades políticas que propiciaron el fiasco, sino a toda la población de Islandia.

El antaño privilegiado país vive en la bancarrota. Añadamos que en octubre de 2008, el Banco Central de Islandia intentó fijar en 131 coronas cada euro, pero, más tarde cayó a 340. Todavía no se ha regularidado el intercambio internacional que llegó a estar suspendido. Es decir, el dinero de los islandeses no vale nada fuera. Las historias personales que se cuentan aterran y los ciudadanos ven cómo única salida la emigración, pero con el bolsillo vacío. Y encima han de hacer frente a la deuda, a las indemnizaciones, valoradas en unos 5.000 millones de dólares (unos 3.468 millones de euros), que incluyen intereses -no faltaba más- del 5,5%. Es decir, que ni para un apuro los prestamistas dejan de obtener beneficios. Para gestionar la crisis cambiaron de Gobierno y eligieron a la socialdemócrata Jóhanna Sigurdardóttir, de 66 años, exsindicalista y gay. Quién ha propiciado la consulta a los ciudadanos acerca de sí quieren pagar la deuda de sus bolsillos y que les supone unos 50.000 euros por cabeza. Han dicho que no. Masivamente, como en las dictaduras o el supremo hartazgo: un 98%, según las primeras estimaciones de voto.

El caso islandés –paradigma del sistema neoliberal en el que vivimos- es especialmente interesante de analizar. Se argumentó en su quiebra que otro gallo les hubiera cantado si hubieran pertenecido a la UE. Y tanto el gobierno local como Bruselas y los países miembros iniciaron gestiones urgentes para solventar el error: Islandia debía pertenecer a la UE.

Ahora bien, Grecia pertenece a la UE. Y, seriamente, nadie quiere asumir sus deudas. Ayer, Sarzoky llegó a decir que “Si Grecia falla, el euro no tiene sentido”. Pero a los islandeses se les empieza a sugerir hoy que son unos chicos muy malos y “peligra su inserción en la UE”.

La euroescéptica Gran Bretaña está en la UE, pero no en el euro. Y quiere cobrar de Islandia. Y cobrará así que tenga que enviar a la Armada. Pero la libra esterlina va casi en caída libre.

Las nuevas autoridades “fijas” de la UE gozan del mayor desprestigio posible. A Zapatero le zarandean no vaya a meterse donde no debe. Barroso sigue en su nube gris de autocomplacencia ineficaz. Quien manda en Europa es Francia y Alemania (al menos con derechas civilizadas en sus gobiernos), y en menor medida Gran Bretaña. La que no se apunta al euro, la que también roza la quiebra que, con seguridad, se solventará con ayudas europeas si llega a producirse, la que quiere cobrar de los islandeses.

Pero los ciudadanos de Islandia dicen NO, y los griegos se están echando a la calle. ¿Saben hacia donde canalizan su indignación? Porque, entretanto, el otro acreedor de Islandia, Holanda, y también país “de primera”, opta por el voto a la ultraderecha. Dice el editorial de El País: “Lo más grave, con todo, no reside en que las proclamas populistas estén ganando posiciones en toda Europa, sino en que los partidos más comprometidos con el sistema democrático parecen haberse resignado a competir en su terreno. En materia de inmigración, la mayoría de los Gobiernos europeos está empezando a adoptar de manera más o menos explícita recetas populistas que, en el fondo, hacen pasar por solución lo que sólo es apuntar en dirección a un chivo expiatorio. El resultado de las elecciones municipales ha colocado a Holanda ante una tesitura política en la que los principales partidos tendrán dificultades para resistir la tentación de seguir ese camino.

Si hace unos años la Unión Europea se planteaba sancionar a los Gobiernos que incorporasen a partidos xenófobos, hoy la única respuesta consiste en cerrar los ojos. Un país que, como Holanda, fue admirado por su tolerancia parece hoy a punto de precipitarse en el laberinto populista”.

España remoja sus barbas en el Monopoly europeo y mundial. Y los sondeos dicen hoy que el PP aventaja al PSOE en 6 puntos en intención de voto. El PP privatizador -precisamente-, el de la mano dura, el rechazo a la inmigración o el de la cadena perpetua para una sociedad decente.

  No es por nada, pero este clima recuerda bastante aquello de la crisis del 29 y todo lo que desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Pero igual es una falsa impresión y esto no es la realidad sino que adopta la forma de ese cuento infantil que hoy he contado. Igual  acaba con la llegada del hada buena y no con el lobo que nos come.  Habrá que preguntar a islandeses y griegos. Ellos ya son actores de esa historia. Y parece que ya ni siquiera los “circos” varios que les sirven les encandilan.

Actualización 14,00

Imprescindible artículo de Noam Chomsky, con cuyo análisis coincido plenamente: El poder que nadie ha elegido. Sugiero que lo guardéis y lo leáis con calma.  Ésta es su conclusión, tras aportar exhaustivos detalles:

“Así que tenemos otro cambio importante en el poder mundial, de la población general a los principales arquitectos del sistema global, proceso asistido por el socavamiento de la democracia funcional en los países más poderosos. El futuro depende de cuánto esté dispuesta a soportar la gran mayoría, y si se puede desarrollar una respuesta constructiva que confronte los problemas en el centro del sistema capitalista de estado de dominación y control. De lo contrario, los resultados podrían ser tétricos, como lo revela más que abundantemente la historia”.

Temario para el examen de economía a los ciudadanos

Llevamos ya dos años –algunos más por gajes del oficio y vocación quizás- haciendo un intenso master en economía: ha llegado la hora de acudir a examen para graduarnos. Cierto que los catedráticos que han de evaluar nuestros conocimientos no parecen muy capacitados. No han dado una en el clavo en todo este tiempo, aunque los vemos a diario pontificando sus teorías. Alguno sí, pero vivimos una época en la que hasta los datos son opinables, relativos por tantos, supuestamente inciertos en consecuencia -según dé el aire político-. Así que vamos a organizarnos un poco entre nosotros.

Temario:

1) Las ventas de coches han subido un 41% en la primera de febrero. Nos lo contaron muy contentos ayer los medios informativos. Pero sin relacionarlo, como es habitual, con otra noticia que se produjo de forma simultánea: El humo de los coches causa más muertes que los accidentes de tráfico. El 84% de los españoles respiran aire que excede los niveles de contaminantes recomendados por la OMS. Diagnóstico de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ).

  • Desarrollar esta aparente incongruencia. Análisis de qué debe primar, la industria y “el mercado” o la salud y un equilibrado ordenamiento social.

2) Los sueldos de los diputados se sitúan entre entre los más bajos de sus colegas europeos. También nos informaron ayer, igualmente encantados, con motivo de que el Congreso ha hecho públicos su vida y milagros.

  • Pregunta: ¿Por qué nadie ha relacionado que también los sueldos españoles “se sitúan entre los más bajos de sus colegas europeos”?
  • Análisis comparativo de sueldos.
  • Análisis del papel del periodismo en la información económica.

3) La principal causa de nuestra particular crisis económica se encuentra en el estallido de la burbuja inmobiliaria, que ha hipotecado a media España, y dejado sin trabajo a un alto porcentaje de la población.

4) El Financial Times y España. Lectura recomendada: “la crisis es federal”. En él, se referencia el nuevo artículo de FT diciendo que “los mercados se preparan para castigar a España“.

5) ¿Quién ha retraído el consumo de los españoles? ¿Necesitamos campañas de optimismo para consumir? Relación entre el consumo y el paro (que sigue aumentando).

6) Los periódicos reciben con pitos y aplausos la tímida proposición de arbitrar una suerte de banca pública para facilitar créditos a los PYMES.

  •  Análisis del “¿en qué quedamos?” ¿es saludable la competencia o no?

7) Para aspirantes a matrícula cum laude y doctorado:

“¿Qué es “el mercado”? Componentes. Estructura. Competencias. Responsabilidades.”

Pues nada, a hincar los codos, quien quiera, claro está. Los alumnos optarán por responder a todo el temario, o elegir un tema de desarrollo.

Actualización 19,00 horas:

La CEOE propone un nuevo contrato precario para jóvenes

La idea de la patronal es que tenga “una duración de entre seis meses y un año, sin protección por desempleo y con cuotas empresariales cero”. De la cuantía del sueldo que proponen -si es que la proponen- no hay información.

Las lecciones del Muro

Empiezo a pensar que nos aqueja una sobredosis de Muro. El histórico acontecimiento se ha convertido en un consumible más que en pocas horas regresará a la historia. No sé qué quedará de los sesudos análisis –los menos- que buscan conclusiones para sustentar cambios de presente y un mejor futuro. Sospecho que, en la dinámica actual, serán barridos por nuevos titulares del espectáculo. Sería deseable que no dejáramos la efeméride en el cajón cerrado de la nostalgia, porque somos hijos de nuestra trayectoria, todo parte de algo que explica sus porqués y anticipa el futuro.

Como en los grandes hitos, todo el mundo tiene una historia que contar de aquella noche del 9 de Noviembre de hace 20 años, según he podido comprobar. La mía fue excepcional -y pocas veces se puede aplicar con más precisión ese calificativo-, pero intentaré resaltar sólo los matices significativos.

visado

Este visado nos habla de un Berlín cerrado, difícil de entender hoy. Llegamos en la noche del 8 de Noviembre. Al frente de un equipo de Informe Semanal, decidí residir en el lado Este del Muro para poder pulsar la vida de la ciudad, su rebeldía que nos había llevado allí, y contarlo aquel mismo sábado, día de emisión del programa. Un opíparo desayuno en el hotel –hasta con frutas tropicales- saludó la mañana. Era lo que se reservaba a los turistas. Por eso resultó tan contradictorio llegar a la calle y ver que todo lo que se ofrecía al ciudadano berlinés eran coles. Largas horas pateando las calles mostraban el mismo paisaje de carencias, y una sola queja en la población: la falta de libertad. Especialmente, para viajar. Las modélicas manifestaciones de protesta les habían dado fuerza. Alemanes y comunistas, no tenían inconveniente sin embargo en responder, más aún se agolpaban ante el micrófono abierto para iniciar nuevos debates en corrillos, casi olvidados ya de nuestra presencia. Muchos habían huido, pero los que se quedaron afirmaban que los cambios se producen desde dentro, y que el patriotismo es impulsarlos.

La suerte nos alumbró sin cesar. Tras la famosa rueda de prensa de Schabowski que, por error, anuncia la apertura de fronteras, y a la que llegamos, asombrosamente, por indicación del Presidente Egon Krentz, nos encontramos por pura casualidad en el Puente de Bornholmer, a la hora oportuna. No es cierto, como escucho en algunas crónicas, que allí hubiera centenares de personas presionando, estaban en otro paso fronterizo cerrado cuando ya había aabierto Bornholmer. La realidad a veces es menos brillante de lo quisieran algunos periodistas. Ni tampoco que hubiera cuatro equipos de TVE en Berlín. Al día siguiente no solo llegaron 3 más, puede que fueran 300.

Está probado que las autoridades de la RDA no tenían intención alguna de derribar el muro, sino de agilizar las normas, aligerar un poco la presión, y ni en sueños pensaban hacerlo aquella noche, nadie dio instrucciones a la cadena de mando. Medio centenar de pacíficos ciudadanos preguntando, una insólita cámara de televisión –la nuestra-, quizás el hartazgo de tanto caos, llevo al jefe del puesto a decir: abran la puerta. Y eso fue todo. La libertad, convertida ya en caudal incontenible, tumbó el muro.

Personalmente, sufrí, sufrimos varios miembros del equipo, a partir del día siguiente, una pesadilla que ha llegado la hora de olvidar. Al menos, y con veinte años de retraso, se ha reconocido que estuvimos allí, se ha contado la verdad, parte esencial como concepto para cimentar el futuro y asentar el pasado.

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Puente de Bornholmer, 20 años después. Foto: Patricia Sevilla

Este verano regresé al puente de Bornholmer, sin vestigio alguno del pasado. Sólo la placa que certifica que allí se abrió el Muro. Y me hubiera gustado volver ahora con un micrófono y una cámara para tejer una historia que partió de allí. Estos días he descubierto aún más compañeros que creo mantendrán vivo el periodismo imprescindible. No son la mayoría. Buena parte de ellos solo parecen preocupados por su estabilidad profesional. Tienen razón, no corren buenos tiempos. Pero, quizás, es que hay demasiados periodistas, demasiados medios, igual que existen demasiadas fábricas de coches, demasiadas inmobiliarias, demasiadas ofertas de consumo.

En un año Berlín oriental se llenó de tiendas y productos… que sus sueldos no podían pagar. El ansía de libertad se tornó en desesperada búsqueda de dinero. El comunismo era el reparto más o menos equitativo de la pobreza –con todas las necesidades básicas cubiertas-; el libre mercado, la distribución desigual de la injusticia, generando necesidades y frustración, con muertos – literales- de hambre.

Con el Muro cayó la izquierda europea, perdiendo votantes en cascada, aunque en modo alguno compartiera sus métodos. El capitalismo se engrosó sin freno, imantando a un socialismo acomplejado. El sistema da muestras evidentes de quiebra, pero ahí seguimos, sujetos al apetito cada vez más voraz de quienes rigen el mundo en Consejos de Administración privados. Se ha inventado una tercera vía: China, la dictadura capitalista… contra los trabajadores, que impregna las relaciones laborales en todo el mundo.

Todos nos unimos aquella noche de 1989 a los alemanes en las puertas abiertas de la libertad, sobre las ruinas de la vergüenza que, sin embargo, no iban a suponer lecciones aprendidas. Oportunidad despreciada para crear una nueva sociedad, tampoco sirvió para erradicar los Muros. Ninguno. Ni libertades, ni justicia, ni pensamiento, ni ansias de progreso social.

Cuando el ERE se anunció en RTVE, 2006, preparé otro reportaje sobre los Muros, los visibles, los de cemento y alambradas. Pidiendo imágenes e información a los corresponsales, entre ellos a Rosa Calaf. Con la impresionante búsqueda en el archivo de la realizadora Outi Sarineen. Por cierto, desde entonces Chipre lo ha derribado, pero surgieron otros nuevos.

¿Es inevitable el futuro que nos han trazado? Hace 20 años tomamos Berlín, ahora hay que tomar Manhattan y todas las Manhattan del mundo, parafraseando a Leonard Cohen. José Luís Sampedro da la clave principal, al final del reportaje:

“Los muros caerán como lo hizo Berlín. La historia, a la larga, la construyen los pequeños. No ha habido imperio que haya subsistido”.

José Luís Sampedro cumple 92 años

José Luis Sampedro, Olga Lucas y Carmen Balcells

José Luís Sampedro, Olga Lucas y Carmen Balcells

Llovía intensamente en Málaga este 1 de Febrero, en el que el escritor y economista José Luis Sampedro cumplía 92 años. Desde la ventana de su apartamento alquilado en Cala de Mijas, el mar azul del día anterior se había trocado en turbio y amenazador chocolate. La Costa del Sol parecía el cantábrico.

Testigo de casi un siglo, José Luis Sampedro ha visto llover y escampar muchas veces. Y desde la serenidad con la que contempla hoy la vida, ve el cielo de nuestro sistema social plagado de nubarrones que terminarían por disiparse también si se aplicaran las fórmulas que pensaran en los individuos.

Conocí a José Luís hace más de una década a través de mi amiga Olga Lucas, aquella entrañable y entusiasta idealista que soñaba con encontrar un día al escritor, cosa que terminó sucediendo por azar. Habían nacido el uno para el otro: ambos han permanecido limpios, y poseedores de la denostada ingenuidad -que comparto con ellos- a pesar del sin fin de avatares sufridos. Ella le insufló vida y él el aliento de un objetivo práctico por el que merece la pena luchar: andar cada día haciendo algo útil por los demás.

Siempre digo que lo menos importante de José Luís Sampedro es que sea economista y escritor -profesiones y ambiciones nada desdeñables en los tiempos que corren-. Podría haberse dedicado a la biología y la arquitectura, y seguiría siendo igual de excepcional. Lúcido, apasionado, comprometido, creador de ideas que no impone aunque las exprese con vehemencia. Es capaz de pedir disculpas por su discurso temiendo que resulte pesado. O de levantarse a ayudar a colocar el abrigo a una dama, porque por algo nació casi en el XIX.

La comida de cumpleaños fue en uno de esos restaurantes de playa que parecen ir a buscar al mar el pescado en lugar de al frigorífico. Su agente, Carmen Balcells, había venido desde Barcelona para acompañarle. Le regaló una bata de casa, que José Luis se colocó para comer, dado el frío reinante. Carmen, otro personaje al que es un privilegio conocer, brillante, organizadora, personalidad aplastante. E Isabel Sampedro, hija del maestro, llegada desde Nueva York. Y el editor Ángel Lucía, y mi viejo amigo Juan José Mardones al que Sampedro adora. Y el taxista de Barcelona que trajo a la Balcells. Y Olga pendiente de cada detalle.

Bromas familiares en la comida. Una carrera al televisor para ver el triunfo de Nadal en el Open de Australia, “ese chico tan interesante, tan sencillo, que confiesa haber tenido miedo de pequeño en casa si se iban sus padres”, dicen José Luis y Olga. Y una vibrante conversación a los postres. El liberalismo se ha refundado varias veces en su historia, dice Sampedro. En el siglo XIX fue la explosión del individuo y la libertad. “Cada hombre, un voto. Hoy es, cada euro, un voto”. Ya no es liberalismo, es oligocracia, plutocracia. La globalización ha consistido en transferir al poder financiero, el poder político. ¿Hay que consumir como nos piden los políticos? “Primero, si se puede, dada la crisis. Segundo, si lo que compramos nos enriquece, pero como seres humanos. Fuera la llamada innovación que sólo busca cambiarnos el móvil por otro igual pero más caro. Abracemos a la que crea. “O la llamada investigación farmacéutica que buscar prolongar la enfermedad más que curarla, para seguir consumiendo”, apuntilla Balcells. Discrepamos o no, conversamos, sobre las causas y salidas a la crisis. Balcells llama la atención sobre ese 40% de capital que está metido en bolsas y cajas fuertes y de zapatos, el que ha creado unos nuevos ricos que trafican con armas, drogas y seres humanos en la prostitución.

José Luis Sampedro ha pasado un buen 92 cumpleaños. Agradece -con una efusión que inspira ternura- una compañía que algunos nos sentimos honrados -privilegiados- de poder prestar. Todo lo que hace es POR algo, no PARA algo -quizás por eso no le han concedido ninguno de los premios literarios más importantes de España-. Olga le ha dado fuerzas, el Sur le alimenta, está sereno y tranquilo, escribe cada día, pero si no puede acabar lo emprendido, ahí se quedará, no hay problema. “No me falta nada esencial”, concluye.

Le regalé un apenas útil calendario perpetuo, estético sin embargo. Me parecía un símbolo. Tiempo medido e imperturbable, caminando cada día y un hombre que ha sabido utilizarlo para dejar en muchos una huella indeleble.

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