La enfermedad griega… que se extiende

“Svetla espera su turno para tomar declaración en un juzgado griego. La policía la encontró ejerciendo la prostitución en la calle, aunque la razón por la que se encuentra ante un tribunal es por un delito contra la higiene pública. Svetla presenta un cuadro médico con diversas enfermedades venéreas y dermatológicas. Aún no ha cumplido los 40 años y es ingeniera nuclear. Trabajaba en una central de energía atómica en Bulgaria pero cuando cerró, pensó que quizás tendría más posibilidades, acordes con su preparación, en el país vecino.

Al cruzar la frontera, pronto tuvo que comenzar a trabajar realizando servicios domésticos para salir adelante, pero en el camino se encontró con el que sería su proxeneta, un hombre que bajo presiones y amenazas supo tocar el botón personal que la empujó hacia la prostitución”.

Así comienza Sofía de Roa -una de las coautoras de Actúa- un reportaje realizado sobre el terreno en la depauperada Grecia. El fascismo crece en la pobreza y… en la incultura. El error inducido -cuando se siembra en mentes obtusas y antidemócraticas- de que el igual es el culpable y no quiénes se lucran a costa de todos. Se paga caro.

La enfermedad griega, publicada en eldiario.es, aquí.

Más paro, menos futuro

Amanece la semana con un nuevo descalabro en las cifras del paro: 5.040.222 personas en el INEM, casi 60.000  más que en el mes anterior. Las registradas, la EPA, trimestral ya nos dejó en enero al borde de los 6 millones. Es el dato real, dado que ya ni merece la pena ir a anotarse a las oficinas de empleo. Hecho alarmante es que ha caído la afiliación a la Seguridad Social en casi 30.000 personas, dejando la masa laboral en 16.150.747 de ocupados. No veíamos algo igual desde 2002.

 El programa Salvados, que dirige en La Sexta el periodista Jordi Évole, nos mostró anoche una reveladora entrevista con el jefe de la patronal, Juan Rosell. Dijo, por ejemplo, que Alemania hizo cuatro “Reformas laborales” hasta que funcionó. Funcionó… para mermar las condiciones de los asalariados y crear por ejemplo los “minijobs” de 400 euros. Vemos que en España han subido los contratos a tiempo parcial también, con menos sueldo y garantías, ya son casi la mitad de los que suscriben. Los autónomos también han descendido.

 Muy tibio con la corrupción, muy entusiasta del hecho de evadir impuestos “si lo permite la ley es lógico aprovecharse”, Rosell llegó a decir: “Al director financiero que no aproveche las leyes que permiten tributar en paraísos fiscales habría que despedirlo”. Y admitió a preguntas de Èvole que hay gente que lo está pasando muy mal mientras otros redoblan sus beneficios. “Es así”, dijo. La vida “es así”… fundamentalmente porque las víctimas lo consienten.

 El PP, al igual que veíamos a los conservadores portugueses en el gobierno, dicen que esto marcha porque “hemos recuperado la confianza de los mercados”. Gente inestable los “mercados”, la podemos “perder” en cualquier momento. Máxime cuando los datos de España son aterradores: la deuda pública sube estratósfericamente por la bajada del consumo y de la economía. Y también aumenta el déficit. Dice el equipo de Rajoy que ya no habrá más ajustes. Es mentira. Una mentira más. “España negocia nuevas medidas de ajuste con Bruselas”, ante la previsible desviación del déficit este año también. Lo dice María Fernández Curras, secretaria de Estado de Presupuestos, pero esto no saldrá en los telediarios. 

 Por dos vías me ha llegado a temprana hora del lunes un artículo demoledor sobre “El saqueo de Grecia”, nuestro futuro. Àngels Martínez Castells es una de ellas.

 “Grecia se encuentra actualmente en medio de una crisis humanitaria… Una gran parte de los hogares griegos viven actualmente en condiciones de pobreza. Más del 11% viven realmente en “condiciones de pobreza extrema”, lo que significa sin calefacción, electricidad y sin poder usar el coche o teléfono… Se ha producido un crecimiento explosivo de comedores de caridad y de distribución general de alimentos…la Iglesia de Grecia distribuye aproximadamente 250.000 raciones diarias. Por orden del gobierno, el número de raciones municipales será aumentado por causa de los crecientes incidentes de niños que se desmayan en las escuelas por la baja tasa de calorías que ingieren”, podemos leer para abrir boca.

 Enfangado hasta más arriba de la coronilla de sospechas de corrupción, ineficacia, nepotismo y prepotencia, el PP español camina en esa dirección. Hoy casi 60.000 personas más han comprobado en sus carnes que Mariano Rajoy les mintió y, lejos de ver la recuperación prometida de España, ellos mismos han perdido su trabajo. “Las reformas están dando frutos ya”, dicen. “Se verá a largo plazo”.  Es mentira, también. Ya sabemos -espero- que en el caso de que algún día lleguen a cuadrar las cifras macroecómicas, lejos de revertir en mejoras para los ciudadanos son y serán a su costa. A corto plazo, incluso a largo, muy largo, se ve la gran imbecilidad, cobardía, desidia o lo que sea, de este pueblo que aguanta esta insostenible situación.

 

Un salto al vacío

Los ciudadanos están desbaratando el tinglado. Pocos lo han definido mejor que el ministro García Margallo al comentar lo ocurrido en las elecciones italianas: “Es un salto al vacío”. Más prudente, incluso, que su colega alemán Schäuble que lo ve “grave, contagioso, infeccioso para Europa”. Bruselas envía mensajes apremiantes, y los mercados apenas controlan su desasosiego. Los votantes están locos. Es intolerable, eligen a quién quieren o pueden, y no se corresponde con el plan trazado.

Esto ya lo han arreglado un par de veces. Propuso Papandreu  hacer un referéndum para consultar a los griegos sobre los recortes y las políticas de la Troika y lo quitaron de un plumazo. En Italia, precisamente, llegó un día en el que el corrupto Berlusconi ya no era útil, y lo sustituyeron por Mario Monti. Y van los ingratos ciudadanos ¡Y lo mandan a las catacumbas en el escrutinio! Y osan más: recuperan a Il Cavaliere mascherato (a nivel de muñeco de cera) y encumbran a un cómico “antisistema” cargado de sombras. Doble salto mortal. En un circo, desde luego.

Estábamos divinamente. Pagando una crisis que la mayoría de nosotros no ha provocado. Viendo reducidos servicios esenciales y derechos. Contemplando un gobierno -en el caso de España- al que le sale hasta por las orejas la (presunta) corrupción y la desfachatez para intentar disfrazarla. Las continuas ofensas a la ética y a la inteligencia de los ciudadanos. Hartos andamos del “y tú más”, de las pocas expectativas que ofrece buena parte de la oposición. Con el PSOE en caída libre en su interior y en sus resultados. Pero nadie se aparta del guión que se han trazado. Creen que todo sigue igual y que los ciudadanos retornarán a la “cordura” de mantener todo como dispongan.

No hay que espantarse, pues, de lo que han hecho los italianos, aunque parezca incongruente. Aquí también contamos con numerosos berlusconis. En la política nacional y en la autonómica. Algunos con trazas que se asemejan a la Camorra. No nos faltaba más que otro cómico. Prosistema –en su caso- aunque de varias décadas o centurias atrás, alardeando de añejo machismo. Y también han sido elegidos, y es posible que vuelvan a ser votados. Una sociedad educada como la nuestra o la italiana, tiene estas cosas.  O como  la griega que, en su desesperación, ha terminado optando –en parte-  por el fascismo. Se afianza de tal manera, que los conservadores de Nueva Democracia han puesto a votación tomar medidas para lograr la “pureza de raza” griega en el ejército y la policía y así arañar votos a los nazis de Amanecer Dorado. Y el PASOK aún no ha retirado su apoyo de gobierno al presidente Samaras, líder del partido que ha tenido semejante iniciativa. Los diputados socialistas se han exasperado, eso sí. ¿Hay quien dé más? Ése es el momento actual. La cumbre de ese paraíso perfecto desde el que salirse en un brinco implica “un salto al vacío”. ¿Queda muy lejos el vacío de la ciénaga donde vivimos?

Lo tenían bien planeado. Creían que pueden empobrecer a los ciudadanos hasta la extenuación con el fin de enriquecer sin freno a la minoría para la que gobiernan sin que nadie, salvo cuatro locos controlables, protestara. Ellos son la ley y el orden. Son ellos o el caos. Pero ya ni sus medios afines logran endosar la patraña. Al menos a una parte sustancial que les abofetea con los votos. Y siguen sin enterarse. La socialdemocracia europea dice por boca de Bersani en su pírrico triunfo: “la campana que ha sonado en Italia, también suena en Europa”. Sí, acompañada de una orquesta circense y de la banda sonora de El Padrino.  Son estos políticos los que han degradado la democracia, no los votantes, con la gravísima responsabilidad democrática que acarrea. Y siguen viéndose como la solución. Tal como están, no lo son. Cada vez menos. No todos, ya sabemos, pero sí un porcentaje decisivo.

¿Cómo reaccionará esta vez Merkel tras perder las elecciones italianas? Ni siquiera ha comparecido para aceptar su derrota y, por el contrario, manda hablar de “infecciones” ciudadanas sin la menor autocrítica. O la Comisión Europea que vive al pairo de lo que ella diga porque comparte su ideología y sus métodos. ¿Y los mercados? ¿Moverán enérgicamente su batuta? ¿Quitarán todos ellos otra vez al presidente italiano si no les gusta? ¿Mandarán finalmente a los tanques?

 ¿Y qué planes tienen para España? ¿Vale todo, corrupción, mentir hasta el ridículo, acallar a palos las protestas, con tal de rendir culto a la sagrada “austeridad”, eufemismo de lucro para unos pocos y dolor para la mayoría?

 Al borde del abismo están ellos sobre todo. Y la sociedad también porque todavía hay quien gira y gira en su desconcierto y arroja el voto como una bofetada… en su propia cara. Protestan por la corrupción y votan a Berlusconi. Protestan por la incongruencia y votan a Beppe Grillo. Lo que más claro tienen es que votan contra la política tradicional. Todavía muchos temen a lo desconocido: ese otro salto a una política limpia y participativa hecha para los ciudadanos. En éste creemos unos cuantos.

 *Publicado en eldiario.es

¿Tiene remedio este país?

Hay un debate imprescindible y urgente a hacer cuando se pertenece a un país comandado por alguien que vive en la más absoluta irrealidad –como hemos visto en el Congreso– y que, por añadidura, se siente completa y exultantemente orgulloso de su nefasta gestión. ¿Existe una solución a esta debacle? Son serios nuestros condicionantes.

Toda persona madura y equilibrada prioriza la consecución de sus intereses a lo que le dictan sus pasiones. Por muy fuertes que éstas sean, sabe lidiar con ellas, convertirlas incluso en sus aliadas. A las sociedades les ocurre lo mismo: buscan lo que conviene a la mayoría. Comencemos con una anécdota… muy significativa: lo sucedido con Beatriz Talegón. Una joven socialista que obró con impericia al ignorar que España siente una profunda afición a cortar las cabezas de quienes destacan… entre sus iguales. Los franceses sacaron las guillotinas para acabar con la tiranía y en busca de otro sistema social más justo, aquí se gritó: “Vivan las caenas, muera la libertad”, mientras se bajaba la cerviz de nuevo ante el eterno enemigo.

Esta España que se cae a pedazos, con el mayor incremento de la deuda pública en la historia –completamente imputable a las políticas del PP–, que cercena derechos, que nos vende desde la sanidad pública a los montes, se distrae con encendidos ataques hacia alguien que no tiene la menor relevancia política. Es muy revelador el hecho, sin embargo. Todo sigue igual. El viejo camino inalterable. Aquí se piden líderes solo para tener a quién darle un tajo y derribarle, siempre que sean de tamaño accesible para el golpe. De poderosos, ni hablamos. Lo supo el 15M. Huyó de cabezas visibles como de la peste. Solo que el espíritu disgregador, cicatero, envidioso y cainita de buena parte de los españoles logró desanimar a muchas personas valiosas que terminaron por decir: Ahí os quedáis.

 Esa misma mezquindad también se apunta a acribillar a aquellos de sus iguales –repito que se permiten “ser de izquierdas” contando con medios para vivir. La derecha ha inducido que sea necesario estar prácticamente inmerso en la indigencia para mostrar un pensamiento crítico y de lucha por un mundo más justo. Los actores que osaron abrir la boca en la gala de los Goya –pese a la censura preventiva de su presidente– lo saben bien. Se les está linchando. Comprado sin pestañear por gran parte de la sociedad, el discurso tiene un objetivo claro: si no te mueres de hambre, has de ser “de derechas”. Y votar derechas, claro. Quienes especulan y se lucran del dolor ajeno, quedan fuera de la apreciación. Igualdad, igualdad, gritaba el jorobado de Notre Dame desde lo alto de una torre y le respondieron desde abajo ¿qué quieres? ¿Jorobarnos a todos?Evidentemente, no iba por ahí su justa petición. Lo paradójico es que esos mismos luego se asustan si piensan que alguien quiere quitarles “lo suyo”. Aunque lo estén haciendo ahora impunemente desde arriba.

Nos detallan los informes que los niños actuales no entienden lo que leen. Viene de atrás. Y no es cosa ni del sur, ni del sol.  Son cinco siglos de hegemonía conservadora, mojigata y fullera en los que jamás han pagado sus culpas. Dedicados a disuadir el pensamiento crítico, a educar en la sumisión, a destruir la dignidad. Una y otra vez tan solo les basta sentarse a esperar que sus víctimas se peleen entre sí y se destruyan. Mareadas, dan tumbos cobrando piezas del propio bando.

La derecha de la trampa y la caspa, la que impunemente sigue pagando sueldos a los corruptos,  comparte discurso con ciertos sectores de la izquierda. Obcecados, como un toro con el trapo, no ven cuando les llega el descabello. Protestando, eso sí. Se diría que el objetivo último es protestar. Es cierto que los partidos tienen muchos cadáveres en sus armarios. Todos. Al menos, los que llevan largo tiempo funcionando. IU no está recogiendo el descontento con el PP y el PSOE, lo hace mucho más el populismo de UPyD. Todo el centro izquierda debería hacérselo mirar. Igual el problema está dentro.  El PSOE sigue en su limbo e IU, a pesar de muchos intentos regeneradores que se advierten, no es la Syriza moderna y abierta que logró ilusionar a muchos votantes griegos. No los suficientes.

Ahí está el problema. Grecia terminó votando a los causantes de sus males. Y les nació el peligroso cáncer del fascismo que tan a gusto germina en las sociedades inmaduras y desequilibradas. Máxime cuando la crisis económica aprieta y, reiteradamente, no se tiene la claridad de distinguir las amenazas reales. Nosotros vamos por el mismo camino. Los errores no pueden acarrear pena de cadena perpetua, si hay voluntad de cambio. Esto es una emergencia y cada uno parece ir a lo suyo. Con violencia incluso, signo de un malestar real y preocupante que no sabe o quiere discernir quiénes le atenazan.

El cambio –si llega– vendrá fundamentalmente por la sociedad civil, menos contaminada. Lo peor es que vivimos en un bucle. Siglos de deseducación, infantilismo, sumisión, peleas callejeras a la sombra de los palacios de los poderosos. ¿Quién lo cambia? Se necesitarán generaciones y no vamos precisamente por ese camino.

 Yo vi esa sociedad capaz, sin embargo, muchos la vimos. La que salió a las plazas el 15M y construyó. En un proyecto mucho más amplio del que se agrupaba en las siglas. La que trazó fines y medios. La que pensaba en el bien común, no en parcelas únicamente. La que aún se ve en la encomiable tarea de la PAH. Nos va la vida y el futuro en ello, pero aún la siguen espantando ¿Cuántos más dirán “ahí te quedas”? La peculiar derecha española seguirá frotándose, entretanto, las manos mientras conduce implacable la apisonadora. No son tantos. De alguien debe ser la culpa. ¿Tiene remedio España? Por este camino, no. ¿Volvemos al comienzo?… Toda persona madura y equilibrada prioriza la consecución de sus intereses a lo que le dictan sus pasiones. A las sociedades les ocurre lo mismo: buscan lo que conviene a la mayoría. No es imposible, sí difícil, pero hay que hacerlo.

*Publicado en eldiario.es en donde hay magníficos comentarios.

Tras el 25N

Pues sí, a Artur Mas le ha salido el envite al revés. Vio las calles de Barcelona llenas de gente el 11S y pensó que aquello iba por él, que Cataluña era él. Y, sin embargo, los ciudadanos –con un criterio inusual por estos lares- han rechazado su política de recortes, que eso en realidad se dilucidaba. No todos, claro, las inercias son difíciles de revertir pero Artur Mas ha perdido 12 escaños.

La subida espectacular de ERC o la irrupción de CUP con tres diputados indican que sí hay espíritu independentista en Cataluña (más o menos el mismo que hace dos años), pero sin recortes. Con políticas sociales, como también muestra otro ascenso importante, el de ICV-EUiA.

El PP suma apoyos y gana un escaño. Tiene que haber de todo al parecer. Y Ciutadans también, se queda con 9. Es decir que este triunfo apoteósico “de España” que festeja la carcundia, tiene una representación de 28 diputados. Solemne éxito. La sensatez catalana ha llevado a no tener siquiera en consideración a UPyD, la otra pata del nacionalismo español.

Lo del PSC ya es de traca. Se queda como tercera fuerza política, pierde 8 diputados, y sus mandos se felicitan de lo bien que lo han hecho. Preocupante en realidad, porque a este paso en el conjunto del Estado tenemos PP para rato.

Artur Mas tiene ahora una muy difícil papeleta. Para seguir con sus políticas de recortes y privatizaciones, para seguir favoreciendo a los colegas del empresariado privado, solo cuenta con el PP que es quien hace lo mismo. Su sonrisa campechana, de cemento, tras conocer los resultados, no hace descartable incluso esa opción. Pero no creo que los catalanes lo consientan y menos con el espíritu que reflejan los resultados del 25N. Habrá que ver.

Os confieso que me produce tedio hasta escribir de esto. Sé que es muy serio, pero no puedo evitar un cierto desapasionamiento. Porque hoy “la vida sigue igual” y continúan pasando cosas tanto o más trascendentales.

El marido de Cospedal anda metido en una inmobiliaria y la amiga Ana Botella, a la sazón alcaldesa de Madrid, les ha hecho el favor de echar a 100 familias de sus casas para que puedan vender los pisos. Ni desahucios, ni suidicios, ni mandangas, la pela para la casta es lo primero.

El Gobierno ha decidido por fin a la cifra que pide a Bruselas para “salvar” a los bancos. 42.500 milloncejos de nada. La conveniencia no se discute. Mientras,  la UE tienen mártir a Grecia porque no se deciden a desbloquear PRÉSTAMOS por valor de 31.500. Habrán de exprimir mucho más a la población, solo que apenas queda ya sangre de donde sacar. ¿A qué es raro este paralelismo?

Una noticia esperanzadora, sin embargo. La sanidad madrileña está de huelga por la salud de todos. Ante la decisión de privatizar hospitales y ambulatorios. Ante la decisión de que nuestra salud sea un negocio. Perdiendo sus sueldos de estos días no trabajados.  Por nuestro bien, no deberíamos dejarlos solos.

España no es Portugal

En nuestras retinas todavía la brutal carga policial que reprimió la protesta popular en Madrid el 25S en su intento de rodear el Congreso de los diputados pidiendo más democracia. Y, en el ánimo, el estupor por la violencia con la que se quiere castigarla. Pero también la vigilia portuguesa ante el Palacio presidencial de Belém en Portugal que, solo 4 días antes, culminó cantando, en paz absoluta, el Grándola vila morena, himno de la Revolución. La huelga general en Grecia.

“España, junto a Grecia y Portugal… a la cola de Europa”. La frase mil veces repetida nos persigue como un estigma. Y es que nuestras trayectorias se cruzan una y otra vez en la Historia. Los que menor salario cobramos de la UE15 (anterior a la ampliación al Este). Donde menos invierte el Estado en lo que llaman “gasto” social, bien patente en sus resultados. Tres países rescatados, acosados, por la crisis de la deuda especulativa. Tres sociedades recortadas hasta la extenuación que, lejos de ver el final del túnel, cada vez ahondan más su recesión.

Un destino paradójico hace que España y Portugal siempre muevan ficha al mismo tiempo. Los dos se aventuraron al mar en busca de Imperios que terminarían por perder casi simultáneamente, dejando su idioma en millones de ciudadanos. El siglo XX los unió en sendas dictaduras que se prolongaron cuatro décadas. Nuestros vecinos reventaron la suya, sin un solo tiro, con los claveles del 25 de Abril en 1974. Un año después España se abre a la democracia, tras la muerte de Franco, con una “Transición” negociada en precario bajo la bota de los vencedores. De la mano entramos en Europa, en la hoy UE, en 1986. Y, ahora, camino parejo de “reformas” neoliberales para alimentar los bolsillos de unos cuantos a costa de la población.

Grecia tuvo también su Golpe de Estado. Los Coroneles sujetaron al pueblo más tarde y menos tiempo (1967/74) pero dejaron su impronta. A los griegos nos une en particular la corrupción y la tolerancia social a la corrupción que siempre termina por ver emerger su caspa putrefacta, evidenciando cómo ésta pudre las raíces de cualquier Estado.

Los caminos entre España y Portugal son más parejos pero divergentes al mismo tiempo.  No mantienen monarquía para empezar (Grecia expulsó la suya por otro lado). Portugal rompió con el pasado en 1974, nosotros nos apañamos una democracia “ad hoc”, sin dirimir responsabilidad alguna por la dictadura. A Portugal, eso sí, la vendieron por parcelas los sucesivos gobiernos. Y hace muchos años que supieron de las “bondades” del FMI. En España todavía no se ha consumado absolutamente el expolio público, pero ya queda poco.

El premio Nobel de Literatura José Saramago aventuró en “La balsa de piedra” (1986) la posibilidad de una Iberia unida, más fuerte como interlocutor ante Europa y el mundo. En su metáfora, desgajaba del continente la península ibérica que, a manera de isla flotante y símbolo de valores, viajaba unida en dirección a América. Hace cinco años intentó revivir la idea de la unificación que nunca le abandonó. Ganaríamos mucho los españoles inyectándonos algo del carácter y educación portugueses.

Grecia es ya un despojo a manos del neoliberalismo. Empecinado en votar lo establecido, sucumbiendo al miedo, sin dejar de salir a la calle –ahogados- sus ciudadanos. Pero es de nuevo Portugal el espejo donde mirarnos. Su economía se hunde al 3,3% tras soportar, disciplinados, todos los recortes que la Troika ha tenido a bien ordenar. Y el gobierno conservador –también persistieron en el error- de Passos Coelho siguió apretando el cuello de sus ciudadanos muy obediente.

Los portugueses, sin embargo, pacientes y sosegados donde los haya, saben decir ¡basta! Y sus protestas han conseguido que el gobierno se replantee la nueva ocurrencia de rebajar los salarios un 7%. El primer ministro ha dado marcha atrás y empieza a buscar dinero donde sí lo hay pero ningún neoliberal hasta ahora quería tocar: en los impuestos que no pagan las grandes fortunas.

La diferencia fundamental entre las dos caras de Iberia es la actitud de sus “Fuerzas del orden”. La policía portuguesa avisó que no reprimiría la manifestación de Belém. Aunque al final lo hizo mínimamente. Más allá aún fue el ejército portugués, con una carta a la que se ha dado escasa difusión en España:

 “Las Fuerzas Armadas, desde aquí, reiteran su firme convicción de que los militares nunca pueden ser un instrumento de represión para sus conciudadanos, de acuerdo a la Constitución que juraron defender”, escriben. Tras expresar su solidaridad con todas las iniciativas abordadas por la ciudadanía afirman que lo que  “en realidad se está haciendo” es: “Engañar,  utilizando el miedo y haciendo promesas que no se cumplirán, sabiendo que la gente está indefensa ante ellas” o “insistir una y otra vez que debemos aceptar la imposición de sacrificios para alcanzar una supuesta solución que está a la vuelta de la esquina, un poco más allá. Volver a doblar la dosis de estos sacrificios sin llegar a esas soluciones, por lo que siempre pagan las consecuencias los mismos. Mientras que a la vez, tanto en Portugal como en otros lugares, se acumulan riquezas sin límite, evitando que otros puedan obtener los salarios justos que se merecen por su trabajo”.

En nuestra retina sí, la represión en España, la carcundia jaleando, la prensa internacional destacando la brutalidad de las fuerzas de la autoridad. Las felicitaciones cruzadas de la Delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, el Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz y la propia policía. O Mariano Rajoy en su estreno en la ONU ante un hemiciclo prácticamente vacío… hablando de Gibraltar y la antaño vituperada Alianza de Civilizaciones de Zapatero, mientras se le cae España a pedazos. Conflictos mal enfocados, más recesión y todas las cifras económicas en despeñe.

En el dolor de la caspa patria, aún se puede unir la voz a la de nuestros vecinos y corear lo que ellos cantan con sentido: “ el pueblo es quien más ordena”. ¿O no reside en él constitucionalmente la soberanía?

 *Publicado en eldiario.es

Permitídme que hoy lo dedique. A Zé Moreira y a Pilar del Río.

¿Qué futuro nos espera?

El 1 de Septiembre va a marcar un punto de inflexión en nuestro camino a la pobreza. Según el diseño del PP para, presuntamente “salir de la crisis”, pagaremos más por menos y mermará de nuevo nuestra calidad de vida. Sube el IVA con incrementos sin precedentes. En múltiples productos. Puede que entre lo más notable esté la elevación del precio de las proteínas: carne, pescado… Como en tiempos de la posguerra habrá que dosificarlas, tomarlas mucho más de tarde en tarde. Entretanto –y la verdad no es demagogia- os invito a daros una vuelta por el Club del Gourmet de El Corte Inglés por ejemplo. Un obsceno espectáculo de ostentación en donde vemos elevadísimos precios de alimentos por ser a veces tan solo más sofisticados y llamados a distinguirse de clases con menos recursos.

A partir de ese 1 de Septiembre también pagaremos íntegramente medicinas de uso muy habitual como el Almax o el Fortasec, expectorantes o –con más consecuencia para quienes lo necesitan- vasodilatadores periféricos. En torno a 150.000 emigrantes se verán privados de la sanidad pública, salvo en urgencias, contraviniendo los derechos humanos.

Todo es para pagar un pufo de los poderes financieros que los ciudadanos de a pie no causamos. Espero que todo el mundo recuerde el inicio de la crisis mundial. Ésa que agravó en España la burbuja inmobiliaria –inflada por el PP y no desactivada por el PSOE de Zapatero- y nuestro endémico tejido productivo basado en el turismo y los servicios.

Toda Europa se encamina a la pobreza. Le Monde recoge las declaraciones de un responsable de Unilever, una potente industria de alimentos cosméticos anglo-holandesa, que así lo afirma textualmente. Y en ese conjunto hay sociedades destinadas a pasarlo peor. Muy prácticos los de Unilever, declaran que van a tratar al mercado español como a los países asiáticos en vías de desarrollo: venden productos en envases más pequeños para que sean más baratos. El gasto se nota menos, aunque sea el mismo.

Porque ¿Qué nos espera? Se puede firmar y rubricar que con estas medidas no “se sale de la crisis”, se ahonda. La subida del IVA en Portugal ha conseguido recaudar menos por ese impuesto: los ciudadanos reducen sus compras y no les salen las cuentas al gobierno conservador. Suele pasar con esta injusta tasa. Se fastidia al contribuyente y encima se obtienen menos ingresos. Ni a mala fe, sale peor.

Pero es a Grecia adonde debemos mirar con más atención aún. Tenemos en común con ese país la corrupción política y la tolerancia social a esa corrupción. Algo que siempre pasa una durísima factura. Y aunque en una economía aún más débil, los mismos fundamentos productivos: turismo y construcción inmobiliaria.

El escritor griego Petros Márkaris ha escrito un libro, Las luces se apagan, donde reseña el camino seguido tras 18 meses de “reformas” noeoliberales. Y es desolador. Entresaco algunos párrafos del artículo que Márkaris ha escrito en El País y que merece la pena leer completo:

“Mientras tanto, el conjunto de los ciudadanos sin recursos no deja de crecer. Muchos de ellos no pueden ni siquiera costearse sus medicamentos. ¿Qué hacen entonces? Recurren a la organización Médicos sin Fronteras, que proporciona de forma gratuita algunas medicinas. Las dos clínicas de Médicos sin Fronteras que existen en Atenas están pensadas para asistir a inmigrantes sin recursos, que llegan a Grecia desde África en barcas de remos. Pero cada vez son más los griegos que piden ayuda. Algunos días hay casi mil personas haciendo cola en Médicos sin Fronteras.

Entre ellos, por ejemplo, diabéticos que ya no pueden permitirse comprar insulina. La miseria de los inmigrantes se extiende a los griegos. Hasta hace apenas medio año, cuando me asomaba a la calle desde el balcón de mi casa, veía a inmigrantes que revolvían entre los cubos de basura, en busca de algo para comer. En las últimas semanas, se han unido a ellos cada vez más griegos. No quieren revelar su miseria, por eso hacen su ronda a primera hora de la mañana, cuando las calles están casi desiertas.

(…)

Lo peor para los miembros del partido de los mártires es el desánimo. Han perdido la esperanza. Para ellos, tras la crisis no se esconde perspectiva alguna de alcanzar un futuro mejor. Cuando uno habla con ellos, no es posible dejar de pensar que solo están esperando a que llegue el final. Cuando una gran parte de la sociedad no logra reunir el optimismo necesario, significa que la vida es en verdad agobiante. En muchos de los bloques de viviendas en los que viven ciudadanos con ingresos escasos o moderados ya no se enciende la calefacción. Las familias carecen de dinero para gasóleo, o prefieren utilizarlo para otras cosas.

(…)

La recesión no es la única preocupación de los mártires. A pesar de que sus negocios ya no rinden, están obligados a pagar sus tributos por partida triple: primero, el Impuesto sobre la Renta, después diferentes impuestos adicionales y, por último, un complemento de solidaridad. Un impuesto este, el de solidaridad, que el año próximo deberán abonar en dos ocasiones, mientras que otro impuesto indirecto, el IVA, se incrementó dos veces durante el año pasado. Mientras que los defraudadores no pagan nada o casi nada de estos impuestos adicionales o del complemento de solidaridad, porque muchos no presentan la declaración de Hacienda o disfrazan una gran parte de sus ingresos, los ciudadanos honrados no pueden casi ni respirar.

(…)

La contención del consumo y la falta de créditos ha frenado el crecimiento económico del país y, por este motivo, son muchas las pequeñas empresas que se hunden estos días. Desaparecen, pero no se llevan consigo las numerosas deudas contraídas. Mi cuñado, representante de moda infantil, me contaba entristecido que solo la pasada semana había vivido tres casos semejantes. Es desesperante. Ahora, delante de las oficinas de empleo, se ven largas colas de parados que cada mes aguardan pacientemente la orden de pago con la que el banco debe transferirles su subsidio. Sin embargo, nunca pueden tener la certeza de que el pago llegue a principios de mes. A veces, tienen que esperar algo más para cobrar sus 416,50 euros, pues el número de parados no deja de crecer y a las oficinas de empleo se les termina el dinero.

(…)

El cuarto y último partido de la sociedad griega es el que más me preocupa. Es el partido de los desesperanzados: los jóvenes griegos, sentados todo el día frente al ordenador, buscando en Internet, desesperados, un trabajo, sea donde sea. No son emigrantes como sus abuelos, que en los años sesenta llegaron a Alemania desde Macedonia y Tracia para buscar trabajo. Estos jóvenes han ido a la universidad, algunos incluso tienen un doctorado. Sin embargo, cuando terminan la carrera se van directos al paro. (…)

Ya sea a causa de la recesión, de las medidas de contención del gasto, del recorte de la deuda o de las reformas, el caso es que vamos a sacrificar a tres generaciones en nombre de la crisis. Hoy son los jóvenes los que más pierden; mañana lo seremos nosotros, porque en algunos años nos faltarán las fuerzas para seguir luchando. (…)”.

Pero no todos pierden en Grecia, tampoco en España, ni en el resto de Europa…

“Está claro que los beneficiarios y los defraudadores no tienen tales preocupaciones. Apenas sienten que el país está en crisis. Antes de que Grecia entrase en esta situación, ya habían trasladado su dinero al extranjero. Mientras que los bancos griegos han perdido en los últimos 18 meses alrededor de 6.000 millones de euros, los bancos extranjeros —especialmente los suizos— se frotan las manos”.

Añadamos que los griegos han cometido el error histórico de volver a entregar el poder a los causantes de sus males. Como en otros países, como en España, el miedo y la manipulación, el desinterés por la realidad, conduce a votar contra los propios intereses. Nada conseguiremos mirando para otro lado. Discutiendo si son galgos o podencos mientras nos engulle el lobo. Enchufándonos en vena fútbol, cualquier otra distracción, o diciéndonos que no queremos sufrir pensando estas cosas o que no sirve para nada lo que hagamos. Un negro futuro camina sin pausa, y es inexorable si no se cambia su trazado.

Grecia y España: señala las diferencias

Sintagma, crisis y catarsis. Excepcional reportaje de “En Portada” en TVE. Lo firman la periodista Yolanda Sobero y el gran Miguel Ángel Viñas, como realizador.

Los españoles sí somos griegos

Casi el 40% de los griegos con derecho a voto (algo más de 6 millones) no ha acudido a las urnas. Redondeando los porcentajes, el 30% de los que sí lo han hecho, se ha inclinado por los conservadores de Nueva Democracia. A pesar de un varapalo serio, el 12% ha seguido votando al PASOK. Y la izquierda de Syriza se ha quedado con el 27%. Las presiones de la UE, Merkel, y los medios informativos del mundo “importante” que no quieren nadie les desmonte el chiringuito –aunque se esté hundiendo- han sido de tal calibre que solo les ha faltado enviar tanques y aviones de combate. Los ciudadanos se han decantado pues o por la abstención o por lo que quería el poder dominante.

Nueva Democracia fue el partido que, con la ayuda de Goldman Sach, maquilló las cifras griegas para entrar en el euro. Corrupción, nepotismo y despilfarro jalonaron sus años de gobierno al igual que los de los socialdemócratas del PASOK. “El índice de desempleo rebasa el 22%, y el 50% entre los menores de 30 años, pese a la reducción de los salarios en un tercio; los únicos comercios todavía con clientes son los de alimentación; las multinacionales empiezan a marcharse; la Seguridad Social ha sido destruida; aumentan en paralelo la delincuencia y la xenofobia; el turismo, una de las grandes fuentes de riqueza, está huyendo”, escribía ayer Enric González. Bruselas, Merkel y las Biblias neoliberales varias, piden más ajustes a la población para entregar una nueva cuota de su “rescate” a cuentagotas que hasta ahora no ha dado más de 170.000 millones de euros, cuando los bancos de la UE recibieron 1,6 billones, más 1 billón en líneas de crédito al 1%. El pago de su rescate, de las mermas, del hambre, de los suicidios, de las vidas en su conjunto, es para los bancos deudores –en su mayoría alemanes-, ellos, los ciudadanos, no ven un céntimo. Por el contrario su deuda crece por los intereses de la especulación consentida y amparada por la UE, Merkel, FMI, BCE y toda la casta.

¿Cómo es posible que les dé más miedo que todo esto contradecir las órdenes? ¿Creen que sería peor? ¿Aún peor? ¿Qué esperan de los partidos que les mintieron, les robaron, les estafaron, les coaccionaron, les vendieron? ¿Una varita mágica?

Ah, que “todos lo hacen”, hasta el nuevo Syriza con un programa que no es el que esgrimían los dueños del cortijo mundial. Al menos cabía una duda, en Nueva Democracia y el PASOK es una certeza. ¿Qué pasa por la mente de un votante que elije a quien causa su desgracia para que se siga ensañando? Si aún come y es un “privilegiado” ¿no ha visto cómo sus conciudadanos han ido cayendo víctimas de la codicia que no provocaron? ¿No ha visto extenderse la mancha de la pobreza? Si mañana se intensifican los suicidios en Grecia ¿quiénes serán los culpables? Porque este resultado nada cambia la situación de los griegos sino a peor. Pero es “la grandeza de la democracia”… que se saltan con pértiga más de cuatro con poder.

Probablemente, la frustración de quienes han de pagar por el miedo o la sinrazón de los otros, el malestar que ya causó caídas de gobierno y que no hará otra cosa que aumentar, provocará el derrumbe de éste -que se presume de coalición entre los dos partidos tradicionales- a no mucho tardar. Y vuelta a empezar. Más pobres y más desesperados. La sociedad desinformada, distraída y amedrentada es un peligro público.

¿A qué viene el título de este artículo? España no es Grecia en tamaño y desarrollo, pero su sociedad se asemeja. Toda, con sus gobernantes a la cabeza. Pon en una coctelera la burbuja inmobiliaria, unas cuantas Cajas de Ahorros manejadas por poderes locales, los ERES y las Gürteles varias con destituciones fulminantes de las cúpulas fiscal, policial e inhabilitación de la judicial que las investigó –que poco he oído de eso en Grecia-, unos gramos de nepotismos en la colocación de parientes y amigos, un paro similar al de los griegos y mayor tasa de economía sumergida, un buen sazonado de involución ideológica, otros cuantos terrones de “oposición responsable” para no perder el cargo, “Amaneceres dorados” que brillan y mandan ya desde las costas catalanas al corazón y las extremidades del viejo Imperio, medios informativos manipuladores o también “responsables” (con los dueños del dinero y el poder)… por tener hasta corren por las venas de ambos países ciudadanos que luchan por su dignidad… y luego agita. Y a continuación trágatelo de un sorbo. Y al que no lo quiera le tapas la nariz y se lo haces beber a la fuerza. Ah, la grandeza de la democracia, del sistema que labra ciudadanos libres y responsables, informados, sujetos a derechos y obligaciones… la que piensa en el bien común.

Grecia vota

Bajo una intolerable presión. El conciliábulo mundial de acuerdo para decirles cuál debe ser el sentido de su voto, con serias amenazas si no obedecen. Recuerda hoy Soledad Gállego-Díaz: “los totalitarismos no se edifican sobre sus virtudes, sino sobre los errores de los demócratas, como explicó Camus y como se ha dejado escrito en miles de libros de historia europea”.

 Un país que apenas supone el 2% del PIB de la UE va a desestabilizar al parecer a toda Europa si elige a Syriza. Grecia lleva dos años y medio aplicando la durísima política de ajustes de la Troika (BCE, UE y FMI) y los resultados para la población –cuya máxima responsabilidad en la quiebra es haber votado apenas sin opciones- son catastróficos. ¿Qué puede darles –y darnos- más miedo? ¿La situación actual, la realidad de hoy y el futuro previsible, o un cambio? ¿Funciona bien –para la sociedad- el sistema que con tanto ahínco defienden políticos y la inmensa mayoría de los medios y hasta la sociedad con el cerebro y la dignidad cautivos?

Enric González, un periodista de enorme solvencia, define la situación sobre el terreno, como enviado especial de El País. “Europa pone una presión abrumadora a un país condenado a sufrir” titula su crónica -de imprescindible lectura completa- que comienza así:

 Grecia carece de arsenal nuclear. Pero dispone de algo que, al parecer, puede tener efectos igualmente devastadores: elecciones democráticas. La Unión Europea y sus gobiernos, empezando por el alemán, han advertido a los griegos de que si hoy venciera la izquierda podría romperse el euro y desatarse una crisis económica mundial. La presión sobre los votantes, que han comenzado a votar a las siete de la mañana (6.00 en España), es abrumadora. Y los sondeos predicen algo parecido a un empate.

Las consecuencias de la presión extranjera sólo se sabrán a partir de esta noche. En cualquier caso, las amenazas apocalípticas no pueden angustiar mucho más a un pueblo al límite de la ansiedad. No hay trabajo, ni dinero, ni futuro. El índice de desempleo rebasa el 22%, y el 50% entre los menores de 30 años, pese a la reducción de los salarios en un tercio; los únicos comercios todavía con clientes son los de alimentación; las multinacionales empiezan a marcharse; la Seguridad Social ha sido destruida; aumentan en paralelo la delincuencia y la xenofobia; el turismo, una de las grandes fuentes de riqueza, está huyendo.

El principal candidato de la izquierda, Alexis Tsipras, de la coalición Siryza, ha insistido hasta el final de la campaña en que no quiere dejar el euro, sino renegociar los acuerdos con los acreedores porque imponen una austeridad que, tras cinco años de recesión, resulta insoportable y contraproducente. “No se atreverán a expulsarnos del euro, eso es un farol”, proclama. El líder de la derecha, Antonis Samaras, se presenta como el defensor de la unión monetaria, pero también admite que las contrapartidas del rescate concedido a Grecia (170.000 millones de euros) están desangrando al país. Angela Merkel, la canciller alemana, es inflexible: “No renegociaremos los acuerdos”, declaró el viernes…

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