Vive como quieras

No deja de sorprenderme el alborozo con el que es recibido cada nuevo año. Si buscara ahora mismo imágenes de la nochevieja de 2008, veríamos que el 2009 -despedido como un apestado-, suscitó las mismas esperanzas que el que ahora amanece. Y es que nuestra capacidad de olvido es infinita, lo mismo que un optimismo innato que nos lleva a hacer borrón y cuenta nueva cada día, o al menos cada 31 de Diciembre.

Conviene quizás recordar, por fijar los hechos simplemente, que nos regimos por una convención cronológica –acordada en despachos- del cómputo cristiano. Y que además existen –más o menos minoritarios- el primitivo calendario romano, el babilónico, el calendario solar egipcio –que ya anda por el año seis mil y pico-, el judío –con más de cinco mil años-, el chino, o los islámico, persa, copto o budista, como mínimo.

En casa, tras uvas, brindis e interiores rojos –que no hay que dejar resquicios para conjurar a la suerte por si acaso- decidimos empezar el año con una película cuidadosamente seleccionada: “Vive como quieras” de Frank Capra. Todo un acierto. Corría el año 1938, cuando se rodó, en blanco y negro. Una curiosa familia, aglutinada por el abuelo que un día decidió bajar en el ascensor de su gran empresa y no volver a subir, desarrolla su existencia como desea, sin prestar atención a ningún convencionalismo. La hija pergeña novelas porque un día tuvo acceso a una máquina de escribir, un repartidor de hielo llegó 9 años atrás y se quedó, o el propio abuelo rescata y acoge a un frustrado oficinista que en realidad quiere “hacer cosas”, como un huevo del que sale un polluelo que pía. Y ya hablan -1938- del excesivo consumo que ata.

Por supuesto, esta familia entra en conflicto, o es objeto de intento de avasallaje, por otra instalada en el sistema. Con historia amorosa de por medio, con cenicienta –resoluta e independiente- de un príncipe más inclinado a seguir sus sueños que aquellos que le son impuestos.

Un tanto ingenua, “Vive como quieras” plantea dilemas rabiosamente actuales: el consumismo, la ecología, la soledad, la compra del tiempo para disfrutar… o de los objetos que paga el dinero. E invita a romper moldes y ataduras. Con optimismo, con ganas de vivir, precisamente.

Nada ha cambiado en la actualidad, en lo que sucede en el mundo, porque nos haya cambiado el dígito en el calendario. Quizás que un nuevo y paupérrimo país, Yemen, se ha puesto en el punto de mira de las bombas, porque sigue sin entenderse que el terrorismo no se combate masacrando indiscriminadamente poblaciones de origen o cobijo. O dando muestras de la pertinaz superchería que combate la aún más obstinada realidad: el ayuntamiento de Río de Janeiro contrató a una maga espiritista para que ahuyentara la lluvia de las celebraciones de fin de año… y hubo 80 muertos por las fuertes tormentas.

Me siento muy cómoda sin embargo en este 2010 redondo y de matrícula de honor. Porque desde su primer día somos un poco más europeos. Presidimos esa UE anquilosada a la que, a pesar de todo, amo, quizás porque sus más antiguos ciudadanos viven mucho mejor que nosotros y respiran otros aires de cultura y progreso. En el deseo de que Europa persevere en su viejo camino, contra el viento y marea del inmovilismo que le traza la política, y todos quienes se arriman a su calor para sacar provecho de ella.

Gran parte de la Europa arraigada y de la recién incorporada, la que evidencia el freno al desarrollo que le impuso una equivocada historia, transcurren por el Danubio Azul. Este deleite que, un año más, nos ha brindado Viena.

 

El prestigio internacional de España

Anda muy preocupado el PP -y todos aquellos que les escuchan sin cuestionar sus opiniones- por la pérdida de prestigio internacional de España. La nueva tanda de lamentaciones ha llegado en la voz de las dos damas fuertes del partido: Cospedal y Aguirre. Ambas aseguran, con una u otra formulación verbal, que fuera nos toman por el pito del sereno. Las dos son personas instruidas, o deberían serlo a tenor de su cuna y posibilidades de acceso a la educación. No creo que hagan estas aseveraciones convencidas de su veracidad, sino para minar la credibilidad del Estado en un ejercicio más de patriotismo.

Me pregunto respecto a cuándo ha mermado España su prestigio internacional. El precedente más cercano es José María Aznar. El día en el que nuestro entonces presidente decidió apoyar la invasión de Irak en contra de las resoluciones de la ONU, el día de la famosa foto de las Azores, busqué preocupada cómo mostraban la escena más allá de nuestras fronteras. Tanto en la CNN norteamericana como en la BBC británica y ambas emitiendo para medio mundo, suprimieron la imagen de Aznar. Al priorizar la presencia de Bush y Blair, no contaron con lo accesorio: el presidente español, que apenas se vio en algún plano de refilón. No cuenta ya que una mayoría abrumadora de ciudadanos se opusiera aquí a la guerra, pero sí, quizás, lo que dicen los expertos en terrorismo: Afganistán fue la escuela del fanatismo islamista para cometer atentados, Irak se ha convertido desde la invasión, en la Universidad del terrorismo internacional.

Aznar sintonizó ideológica y mentalmente con Bush, el peor presidente en la historia de EEUU, fue a su rancho y habló en tejano, pero el poderoso mandatario no invitó a España a las reuniones del G8, por ejemplo. Aznar trabajaba para sí, para esas conferencias que imparte por los centros ultraconservadores de la galaxia –si le dejan, hasta ahí llegará-, cobradas a precio de oro, que defienden el liberalismo neocon generador de la crisis económica -que todos, salvo ellos padecemos-, y combaten el cambio climático con gran visión de futuro. Más cerca, Aznar se alineó con los EEUU de Bush para mermar a Europa. A la UE a la que pertenecemos. Como cuenta Javier Valenzuela en su libro “Viajando con ZP”, ni sus homólogos europeos tragaban a Aznar, sobre todo los franceses y en particular Chirac.

¿Nos remontamos al prestigio español durante los cuarenta años de franquismo? Llegamos a padecer –con razón- hasta un bloqueo internacional, que empezó a suavizarse cuando Eisenhower hizo acto de presencia a cambio de instalar bases extranjeras, de su país EEUU, en nuestro suelo. Pero reiteradamente nos negaron el acceso a Europa. Adolfo Suárez, tan boicoteado por todos los flancos, empezó a lavar la cara de España y Felipe González consiguió, por fin, que España entrase a formar parte de las Instituciones europeas en 1986. Época de los grandes pesos pesados en política, González sí fue “uno de ellos”. Aunque el país se subiera al tren en los últimos vagones. Europa nos dio dinero para desarrollarnos, nos cubrió de carreteras, pero no por eso nuestros sueldos y gasto social dejaron de estar a la cola de lo que disfrutaban –y aún disfrutan- los ciudadanos europeos. Pese al esfuerzo hecho, estábamos lastrados por siglos de atraso.

Ya, el Imperio. España fue el primer Imperio global, por así llamarlo. Es eso lo que añoramos. Durante siglos en nuestras posesiones “no se ponía el sol”. He leído algo de nuestra Historia con ojos nuevos. Por cierto, nos quejamos ahora pero aquello sí que era un sin vivir. Nuestro imperio y todos los demás se construyeron a base de guerras y ocupaciones, de robar a manos llenas a los vencidos, por alianzas de matrimonios entre monarquías, es decir pagando en la cama real las conquistas. Reyes autoritarios los españoles, casi absolutistas, los califica la Historia. Y entre ellos un Felipe III a quien se define como hombre de inteligencia limitada que cedió su poder a los validos. O Carlos II que tenía 4 años cuando accedió al trono, su madre y más validos rigieron a nuestros antepasados. Por religión en gran medida también se construyeron los Imperios, sobre todo en nuestro país. En los litigios, quien mediaba era el Papa católico, qué curioso.

Siempre me he preguntado por qué los museos británicos, franceses y demás, atesoran lo saqueado en sus guerras imperiales y aquí apenas tenemos nada de lo confiscado en aquel territorio de 20 millones de kilómetros cuadrados. Existen referencias de astronómicas cantidades de oro y piedras preciosas llegadas en los barcos de ultramar ¿adónde fueron a parar? Amén de lo que se llevaran las arcas privadas, respuesta que no parece nada descabellada, las crónicas hablan de una mala gestión, de que la guerra es muy cara, de la piratería que nos asolaba -qué casualidad-, de revueltas locales de ciudadanos hartos. Por cierto, descubro que Cataluña se rebeló en 1640 en el reinado de Felipe IV, vamos, que el estatut no nació ayer. Podemos presumir, eso sí, de dos grandes inventos: la picaresca –robar en plan simpático- y la guerrilla.Y por las eternas luchas de ideologías en nuestro suelo. Siempre, o casi siempre, ganaron… los castizos.

Poco nos cuentan de si calaron en la sociedad las venturas culturales del Siglo de Oro de este país que pervive en su prestigio por individualidades esforzadas que han de luchar contra el viento y la marea del involucionismo. Una frase de Lope de Vega me impactó en su día, y mi memoria la recuerda así: “Si al pueblo le das paja come paja, pero si le das grano come grano”. Sólo sé que arrumbamos analfabetos al siglo XX, y que hoy… apenas sólo servimos paja.

Dejémonos pues de glorias chauvinistas. Somos un país del primer mundo, bien situado en la escena internacional pero sin alharacas, con muchas cosas por mejorar. Sobre todo el decidido propósito común de emprender esa tarea. Con pasados tan poco edificantes como el nuestro –o casi, a nuestro extremo pocos llegan-, otros países lo consiguieron y sospecho que ha sido por eso, por quererlo y poner los medios, desde la sociedad y para la sociedad.

Cataluña es… un pueblo libre

Los nacionalismos preocupan a un 0,4% de los españoles, y el Estatut de Cataluña, al 0,1%, según el último barómetro del CIS. Se refieren al nacionalismo de los distintos pueblos de España. A mí me preocupa mucho el nacionalismo español y me atrevo a asegurar que también les ocurre a muchos ciudadanos, pero sobre ése no nos suelen preguntar. De hecho, me resbala cualquier nacionalismo. Hay algo en la tierra en la que uno nace que atrapa pero se han hecho demasiadas tropelías en nombre de sentimiento tan primario.

Decía George Bernard Shaw: “Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él”. No parece razón muy objetiva, razonada y fundamentada. Casi todos los pueblos creen tener un dios dentro, en realidad. Algunos griegos estaban convencidos de que la luna de Atenas era más hermosa que la de Éfeso. El chauvinismo –creencia de que el país al que uno pertenece es el mejor en todos y cada uno de los aspectos- nació, no por casualidad, en Francia. Suele coincidir plenamente con el nacionalismo, al que descoloca que los límites de la Nación y el Estado no se superpongan sin que sobre o falte un milímetro. Erich Fromm, entre otros, asoció estos conceptos –chauvinismo y nacionalismo- a regímenes totalitarios, racistas y xenófobos.

Tomando fragmentos de mi último libro, citaré que España o las Españas existen a pesar de los Reyes Católicos –que forzaron una unidad ficticia, provisional y, además, por puros intereses personales y monárquicos-. Los defensores de la España unificada, una y sin par que, según ellos, formaron Isabel y Fernando, ésa que les llena la boca, la paz maravillosa de5 siglos que tuvimos –dicen- cuando toda la historia posterior nos indica que nos liamos –con perdón- a gorrazos a la mínima oportunidad, no recuerdan -o desconocen- que cada territorio conservó sus leyes, lenguas, instituciones políticas, banderas y costumbres. Incluso sus fronteras.

 El cantautor, político y –no lo olvidemos- profesor de historia, José Antonio Labordeta me contó en una entrevista lo que todos parecemos ignorar:

“Cuando muere Isabel la Católica, lo primero que hace Fernando de Aragón es casarse con una Navarra. En Castilla decían: “vale mas un mal francés que un buen aragonés”. Fue Felipe V, nieto de Luís XIV, un Borbón, el que estableció la unidad a semejanza del Estado francés. Y no podía ser. Hubo un periodo que vamos a llamar de Reconquista, para entendernos, en el cual todos los territorios habían ido cobrando una gran personalidad. Para avanzar en la Reconquista había que dar fueros, había que dar privilegios a los territorios, había que dar derechos. Y en 1714, hace trescientos años ¡viene un señor y se carga todo lo que había habido durante siglos! Naturalmente, cada vez que hay un periodo de libertad, un periodo democrático, vuelve otra vez el sentimiento federal de la verdadera historia de España”.

¿Qué Cataluña quiere llamarse nación y seguir aportándonos su clase, su dinero y su modernidad? ¿Qué problema hay? Un zapping nocturno me ha deparado escuchar que Cataluña es la Hungría que acogotó a no sé quién en el pasado, y a un presentador de TVE (24 horas) llamar a su gobierno la Generalidad, con “ghhhhe”, casi “yehhhh” en un ejercicio imposible que le torcía la lengua. Pero ¿a qué estamos jugando? ¿La derecha no preconiza la libertad sin límites?

La caverna induce a boicotear sus productos, hay un rechazo latente y de mayor amplitud social al diferente, envidia quizás, pero de verdad, como decía al principio, casi nadie pierde el sueño porque se llamen de una forma u otra. Pero los catalanes sí sienten el agravio. Les preocupa porque no dejan de nombrarlo. Casi nadie mienta lo que no le duele, y a ellos les duele, y se rebelan. Si se consuma la invalidación del Estatut, que por cierto obedece al recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP salvador de todas las Españas, va a haber una reacción seria. Verán que no juegan en la tabla de la demagogia sino en la realidad. Mira que si ahora sí se rompe España que no llevaba ninguna intención. Los políticos catalanes son antes catalanes que políticos y harán frente común. Y la sociedad catalana está hasta el moño de los españoles que les vilipendian. Y, en mi opinión, les asiste todo el derecho. ¿Cómo llamar a quien obliga a permanecer en el hogar con las reglas del patriarca y sin una sola concesión a la lógica? ¿Dónde, repito, está la libertad sin demagogia?

Es una pena, porque Cataluña en los tiempos de la Transición era Europa y el nacionalismo reactivo quizás les ha aprovincionado un poco; limitar, reducir, siempre tiende al catetismo. Claro que la España nacionalista corre camino de regresar a las catacumbas. El futuro está en las fronteras abatidas, pero si Cataluña se harta, creo que yo me mudo. Espero que dejen entonces de lamentarse de lo poco que les quieren el resto de los españoles. Y es que en el fondo, pués sí, hay conceptos atávicos. España es la mejor porque yo nací en ella. Ni catalanes, ni vascos,ni segovianos, ni sorianos, ni nacionalistas españoles, ni el presentador de TVE, ni nadie… ¡ yo! Yo sola soy España. Bueno, y tú para ti, y el otro. Hasta los catalanes. No, la verdad es que el territorio mínimo para crecer es Europa. Y, mejor, el ancho y desgraciado mundo.

Cuando no se necesita pensar en Europa

Toca hablar de Europa. Sucede de vez en cuando para después sumirla en el olvido por largo tiempo. Los irlandeses han votado mayoritariamente el Tratado de Lisboa, después de haberlo rechazado en 2008. Cierto que Bruselas les ha hecho algunas concesiones para limar asperezas, pero en el ánimo de los ciudadanos ha pesado por encima de todo que, fuera de la UE y del euro, hace mucho frío. Aquellos que apuntalaron su desbordante milagro económico, pueden seguir ayudándoles a salir de la crisis. Implora Islandia su acceso por idénticas razones: su debacle financiera desde el Olimpo no se hubiera producido -o hubiera sido menor- de pertenecer a la Unión.

  Pero, en contra de todo camino de progreso, el Presidente checo –que presidió el primer semestre europeo para más escarnio,- el euroretrógrado Václav Klaus, retrasa la firma del acuerdo para irritación de su propio gobierno, y el polaco, uno de los pintorescos hermanos Kaczynski, también.  Aunque parece que éste será convencido antes.

  La vieja, sólida y democrática Europa decidió organizarse hace más de medio siglo para ahondar y mantener sus principios. Han pasado casi otras bodas de plata desde que, con nuestra entrada y la de Portugal, se formó la fructífera Europa de los Quince. Pues bien, las Instituciones comunes todavía no han logrado superar su “problema de comunicación con los ciudadanos”. Asociaciones de todo tipo, en ingente número, detallan ante reducidos y entregados auditorios lo mucho que Europa influye –que lo hace- en nuestras vidas y cuánto la necesitamos. Y sigue la incomunicación. ¿Por otro medio siglo más? ¿Uno completo?

   El Tratado de Lisboa fue la alternativa a la Constitución que no prosperó por el vetó francés y holandés. La consideraron demasiado conservadora. Un texto farragoso -como todo lo que menta, la UE-, nos hace sin embargo ver en él algunos avances operativos.

Se va a asemejar más al funcionamiento de un organismo compacto. Habrá un presidente fijo –durante dos años y medio prorrogables-, el Alto Representante para la Política Exterior –puesto que hoy ocupa el español Javier Solana- se ve reforzado, también el Parlamento al que se equipara en su poder decisorio al auténtico órgano fuerte de Europa: el Consejo, formado por los jefes de Estado y de gobierno nacionales. Más papel también para los Parlamentos nacionales, u otro sistema de voto.

   Promoví una asociación, Europa en Suma, de la que he sido también presidenta hasta hace unos días. Pretendía imbuir otra forma de abordar lo que casi es un problema: la unión  de los ciudadanos de este continente. Pero el “paquidermismo” contagia a lo europeo oficial. Y también le llegan sus vicios, sus juegos de intereses, incrementados algunas veces en nuestro país por nuestra rica idiosincrasia de envidias, protagonismos, manipulaciones, incluso atisbos de utilización personal consentida.

  A pesar de la burocracia,  Europa es horizontes, pluralidad, diversidad, lenguas, criterios, avances, paz… y España se convierte en ejemplo paradigmático de por qué precisamos un vínculo fuerte y solidario. Ante todo, para ahuyentar inmovilismos, fanatismos, lo local que se pudre devorando sus propias entrañas. Los progresistas españoles siempre miraron a Europa como escapada. Proscritos “afrancesados” reclamaban más cultura e incluso más glamour, pero triunfaron los castizos. En España siempre triunfan los castizos. Saturno goyesco que se alimenta de sí mismo y no deja crecer ideas nuevas.

    “Si no existiera Europa, habría que inventarla para afrontar la crisis”  razonó el ex presidente español Felipe González, trabajador incansable por una UE mejor, en la presentación de Europa en Suma que organicé, y cuyas amplísimas referencias han desaparecido de la página web –imagino que por error, no podría ser de otra manera-.

   La única vía abierta a Europa pasa por vivirla, saber cómo respiran nuestros vecinos, qué les duele, por qué gozan y se afanan, adónde les ha llevado su historia y su desarrollo. Sepa un camarero malagueño que su colega danés gana 2.300 euros al mes por 37 horas de trabajo semanales. Sólo Grecia y Portugal (en la UE15), cobran menos que los españoles, y muchos países duplican nuestros ingresos. Coméntele a cualquier sueco que la mitad de los españoles reciben, como salario mensual, mil euros -o menos-  y contemplará una definitiva expresión de incredulidad. Charle un sindicalista español con un francés o un alemán, y aprenda a batallar por sus derechos y a poner coto a excesos empresariales y gubernamentales. Con horarios que lastran la productividad y la vida personal, hablen tenderos y consumidores sobre cómo España fue el país europeo en donde más creció la inflación con el euro. Atienda Vd. a los llantos de nórdicos y asimilados por sus elevados impuestos, pero descubra que, en algunos países, el Estado costea el dentista en todas sus prestaciones o las gafas. Añada un año de maternidad y paternidad subvencionado total o parcialmente al amparo de las leyes. Con un gasto social seis puntos inferior a la media europea (por debajo, de nuestro 20,9% del PIB, apenas encontramos, hoy, a Malta, Chipre y los países del Este), la cifra no avergüenza más gracias a que José Luís Rodríguez Zapatero presupuestó 60.001,27 millones de euros más, un 52,53% de incremento respecto al PP.

  Indague, pregunte, cuente, comparta. Entérese -desde nuestro secular fracaso escolar-, de por qué Finlandia encabeza la educación mundial. Comuníquense en inglés, o en cualquier otra lengua que conozca, como la han aprendido ellos. España, privilegiado destino turístico, no habla idiomas.  

Una sociedad educada e informada utiliza racionalmente sus recursos. No dedica más de un tercio de sus ingresos a financiar una vivienda, ni paga por ella más de su valor. Ni se hipoteca para viajar de vacaciones u operarse de estética. No tolera y anima las trampas. Incluso en la Europa azul, con brotes de gangrena ultraderechista, ¿Se hubieran producido, impunemente, las insidias sobre unos atentados tan atroces como los del 11M? ¿Y la utilización política del terrorismo? ¿Y la comprensión de la dictadura franquista? Numerosos ejemplos -desde el conflicto del IRA a la persecución del nazismo- demuestran que no.

    Consultemos a los europeos si se oponen a que sus hijos estudien “Educación para la ciudadanía”, tanto en colegios laicos como católicos. Si, salvo una minoría, cuestiona normativas europeas –como la píldora postcoital o el aborto-. Atendamos a qué lugar  ocupa en sus prioridades la búsqueda del bien común –esencia de la (buena) educación-. 

   Europa nos homologó en democracia cuando entramos en su seno en 1986.  Y los fondos estructurales y de cohesión construyeron carreteras y autovías, líneas ferroviarias, modelándonos como país desarrollado. Pero nos faltó inhalar a fondo los valores prometidos: tolerancia, respeto, pluralidad, educación, y convergencia equilibrada fuera de los datos macroeconómicos que exigía Bruselas. La integración real, la que hermana a los socios del mismo club en utopía que aspira a realizarse.  

       La caverna se prepara para aguar la presidencia de turno española. El Mundo cruza hoy los dedos para que el presidente checo firme antes del 31 de diciembre y “Zapatero pierda protagonismo” en la presidencia de turno.

    La UE se abrió a los países del este soviético, con un nivel de desarrollo y de educación que nos hacía profundamente extraños. Como si de otro continente se tratase. Sin hacer reforma alguna. Sin propiciar que quien no quiere estar en la Unión y obstaculiza su funcionamiento, sea expulsado. Los euroescépticos aún esperan que el Tratado de Lisboa llegue sin firmar a las elecciones británicas que, dando el triunfo a los conservadores, engrosarían también las filas de quienes no desean Europa. ¿No sería mejor que abandonaran el club?

  Existe una privilegiada élite, los Erasmus, que viven Europa sin necesitar pensar en cómo la dinamizan o la dan a conocer. Porque sus amigos y su círculo son europeos, piensan y sienten en europeo. Y Europa llegará cuando sus ciudadanos se relacionen al mismo nivel, siquiera leyéndose. ¿Un siglo? ¿Con torpedos constantes?  Necesitamos Europa; cuando Europa se desdibuja, emerge la involución.

Sí, más impuestos para los ricos

El Gobierno avanza de nuevo su intención de elevar los impuestos a las rentas más altas. En Junio retiró el proyecto por desacuerdos de otra índole con IU. Representaría, previsiblemente, subir los impuestos 8 puntos, hasta el 50%,  a las rentas superiores a 60.000 euros anuales.

El PP y su prensa afín, incluso la supuesta prensa progresista (no olvidemos que todos los medios de comunicación tradicionales están en manos de ricos), braman contra esa subida que para Arenas Bocanegra, generará más paro. Acusan reiteradamente al Gobierno de despilfarro en el gasto público.

Este es un tema muy querido por mí, un auténtico caballo de batalla en el que está la clave de nuestro progreso y nuestra equiparación real con Europa. Por tanto voy a recordar algunos datos, recopilados en mi libro.

  • España está siete puntos por debajo de la media europea en gasto social. Dedicamos el 20,9% del PIB a ese fin, frente a más del 30% de Suecia o nuestra vecina –y conservadora en su gobierno- Francia. Por debajo de nosotros sólo encontramos a Malta, Eslovaquia, Irlanda, Lituania, Estonia, Letonia y Chipre. Nuestros tradicionales compañeros, Portugal y Grecia, ya nos han sobrepasado.
  • La inversión en gasto social implica que algunos países paguen a sus ciudadanos algo tan poco superfluo como las gafas, o el dentista en todas sus prestaciones –los caros implantes incluidos-. En España, la mayor partida del gasto social se la llevan las prestaciones por desempleo, en efecto, aún queda menos para las necesidades de la población.
  • En Dinamarca, Holanda o Suecia las rentas altas llegan a pagar el 60% de sus ingresos. En España, las rentas altas el 42%. Los ingresos de ambos pueden ser muy similares, no así los de los asalariados, en franca desventaja en España.
  • El 34% de tipo impositivo medio es similar al de Francia o Reino Unido.
  • En Grecia, el tramo más alto está a la par que el nuestro, pero los menos favorecidos no llegan a pagar el 10% de sus ingresos.
  • Nuestros sueldos son los más bajos de la Europa anterior a la ampliación al Este, excepto Grecia y Portugal. Los ejecutivos españoles, en cambio, son los quintos mejor remunerados de Europa.
  • Los empresarios y profesionales inscriben una renta anual de 9.400 euros como media, la mitad de la renta media declarada por los asalariados. Es decir, ganan menos que los empleados. Datos de la memoria de la Agencia Tributaria.
  • El 86% de las fortunas que superan los diez millones de euros elude sus obligaciones fiscales, según los propios técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda. Disponen de empresas interpuestas, y de excelentes y bien pagados abogados.

        Entonces qué ¿seguimos como estamos?

Actualización requerida por los comentarios:

Con datos de 2007, tengo que Europa ha ido suprimiendo el impuesto sobre el patrimonio y sólo lo mantendrían:

Luxemburgo 0,5%

Finlandia 0,9%

Suecia 1,5%

Francia 1,8%

La derecha alemana

La canciller alemana, Angela Merkel, -la mujer más influyente del mundo según la revista Forbes- ha dado muestras una vez más de su sensatez y de su escaso servilismo con los poderes fácticos. Ha hablado en Berlín para decir que observa con preocupación cómo la “vieja arrogancia” de los bancos ha vuelto a resurgir en medio de la crisis. Para ella, el objetivo es lograr que se creen nuevas normas internacionales que aseguren la liberación de la presión que ejercen los actores de los mercados financieros. ¿Hemos oído algo similar en España?

La líder conservadora de un país que ha crecido un 0,3% en el último trimestre, advirtió que los nuevos síntomas de mejoría económica son sólo pequeños “brotes de esperanza”, y que hay que moderar la euforia.

Una de las primeras acciones de Angela Merkel al llegar al poder fue pedir a George Bush que cerrara Guantánamo, mientras Aznar bajaba la cerviz ante el mandatario estadounidense, apoyando su escalada belicista. Merkel gobierna en coalición con los socialdemócratas, algo impensable en España. Y ni una sola voz se opone a los grandes asuntos de Estado, los políticos alemanes trabajan por Alemania.

Aquí en cambio el PP amenaza con enturbiar la presidencia española de la UE que se inicia el 1 de Enero. Seguiría así la trayectoria de sus principales líderes que salen de nuestras fronteras para despellejar al Gobierno español y por tanto a España. Colocados en el escaparate de la presidencia, conocerán en Europa nuestra realidad: corral bananero que produce náuseas. Nada inocuo porque va en detrimento de nuestros intereses como país. Pero parece que a algunos partidos no les preocupa ni el bienestar de la sociedad, ni nuestro papel internacional, sino mostrar el culo sucio -de su propia mierda secular- para ahuyentar a testigos molestos. Mostrar miserias, cerrar fronteras, sólo para ostentar el poder y mangonear a su gusto.

La confrontación política es saludable para crecer y todas las ideas democráticas tienen cabida en el espacio político, pero cuando sigo la trayectoria de Angela Mekel lloro por carecer en España de una derecha como la suya. España sólo tendrá remedio cuando la bochornosa derecha española se regenere. Y no lleva camino alguno de hacerlo. Como en tantos problemas enquistados, es díficil erradicar errores cuando se tiene el apoyo sociológico de una parte de la población, trabajada para ello a conciencia. Ser conservador no es ser del PP, no en Europa, excepto en Italia. ”Escuela y despensa” decía el regeneracionista aragonés Joaquín Costa. En el siglo XIX. Con la despensa mejor provista, pero ahí seguimos.

Aires suecos en Europa

Suecia acaba de asumir la presidencia de la Unión Europea, con un cambio de aires respecto a la euroescéptica Chequia que permite respirar mejor. Con los liberales en el Gobierno del país, el conservador Fredrik Reinfeldt presenta un programa de actuaciones que, de nuevo, hace envidiar a ciertas derechas europeas. Quiere –lógicamente- abordar los retos de la crisis económica y, sobre todo, lograr un nuevo acuerdo internacional sobre el cambio climático. Desde el comienzo, la presidencia sueca ha dejado claro que su objetivo es reactivar la ampliación incluyendo a Croacia y Turquía, lo que levanta ampollas en muchos países y ha ocasionado, por ejemplo, el ascenso de la ultraderecha en Holanda. Y, con sentido práctico, también quiere olvidar lo que llama “pulsos estériles” sobre la reelección de Durao Barroso al frente de la Comisión.

El Embajador sueco en España reunió ayer a un grupo de personas para celebrar la presidencia de su país. “Directa, cercana, priorizando al máximo la lucha contra el cambio climático”, vino a decir que sería ésta, Anders Rönquist, y fue algo que se demostró incluso en la recepción. No más de cuarenta personas, quizás menos. Pocas autoridades españolas, la secretaria de Estado de Inmigración Consuelo Rumí, el nuevo europarlamentario socialista Diego López Garrido o el Director de la Comisión Europea en España, Francisco Fonseca. Muchos representantes del cuerpo diplomático acreditado en España y suecos de a pie. Un concierto. Vivo. Robert Wells triunfa en medio mundo con su piano trepidante. El embajador invita a quitarse las chaquetas que aprieta el calor, y tanto él como los demás siguen el ritmo con los pies. Exquisiteces suecas traídas del restaurante Aptit Stockholm, con sus chefs y todo, hielo de Laponia para construir vasos –gracias, todo ello, a la colaboración de empresas suecas que los nórdicos saben gestionar los gastos-. ¿Acto elitista? Para nada. Suecia ha abolido desde hace años las extremas diferencias sociales. Querían presentarse, llanos, discretos y dialogantes como son. “Hacerse el sueco” es odiar el conflicto, corroboran.

Toda la revista de presentación está dedicada al cambio climático. “La inteligencia ecológica es rentable”, “Objetivos claros para cuidar la tierra”, “El desarrollo urbano sostenible”, “Estocolmo, la primera capital verde de Europa” y todo ello plagado de datos.

Suecia ha llevado al Parlamento de Estrasburgo un Partido Pirata. Empresa de intercambios prohibidos, se constituye en formación política para luchar por sus derechos, iniciativas ciudadanas contra la política tradicional. Y el nuevo propietario de la compañía inicial marca nuevas pautas: pagará a quien comparte archivos de Internet y cobrará a las operadoras por aligerarles el tráfico.

Necesitamos Europa, España más que otros países. También necesitaría Europa Honduras. Seis meses suecos y llegará la Presidencia española. Quizás con unos y otros reavivemos el fósil.

Las debilidades del mito

berlin 473

No había planeado visitar esta ciudad que, según me dijeron, se llamaba Aachen y siempre me ha producido una sensación de aventura y suspense encontrarme en un lugar donde, si la lógica funcionase, no debería estar. El tema lo trató Tom Wolfe en “La hoguera de las vanidades”, en este caso como origen de un cúmulo de tragedias.

Tren Colonia-París. 10,45 de la mañana, llegaré a comer a la capital francesa y dispondré de tiempo para dar una vuelta por el barrio latino e insuflarme una vez más la belleza de Notre Dame. El convoy, de la compañía Thalys, tiene sus años. Transcurrida media hora, el jefe de tren dice en cuatro idiomas –ninguno de ellos el español- que se ha producido una interrupción de la vía poco más allá y nos van a llevar en autobuses a otra estación para salvar el obstáculo.

berlin 467

Un autobús urbano aguarda nuestra llegada. Urbano, tal y como suena. Igual que los que conducen de Goya a la Puerta del Sol en Madrid pongamos por caso, y vamos a viajar por carretera. Las maletas colapsan enseguida el espacio y la mitad de los pasajeros nos quedamos en tierra. Inicio conversación con una pareja que resulta ser de Colonia y, poco a poco, se van haciendo animados corrillos, salvo unos pocos que permanecen aislados de todo contacto con los demás. Me explican que “no es inusual” que sucedan fallos en los trenes alemano-belga-franceses. Y que el principal problema es que siguen sin estar preparados para eventualidades. “En Londres hubiéramos tenido aquí 6 autobuses al momento, aquí vamos a tener que esperar que el autobús que se ha ido, regrese”, dice la mujer, Clara. Pienso que en España también tendríamos, probablemente, 6 autobuses, somos los reyes de resolver conflictos imprevistos por la facilidad en la improvisación.

En efecto, el vehículo tarda algo más de una hora en volver y nadie nos ha avisado. Estamos atados a la maleta y a la posibilidad de que alguien subsane el problema, mande otro autobús, que podría marcharse sin alguno de nosotros. No se puede ni ir al baño, ni a tomar nada, tampoco. Hago fotos desde el mismo lugar donde me encuentro, pegada a la estación.

Hoy sé que Aachen es Aquisgrán, el corazón de Europa, y que Carlos El Grande del que me hablaban, era Carlomagno, y que su Universidad es una de las más punteras de Alemania.. Vaya oportunidad perdida. ¿La torre sería un extremo de la Catedral?

Por un precioso sendero verde nos llevan finalmente a Bélgica. Pero no es una estación convencional, sino un apeadero. No hay servicio alguno, ni ascensor. El error de una señora con gorro ferroviario nos hace transitar a varios por empinadas escaleras, acarreando la maleta, de ida y de vuelta a la vía donde finalmente saldrá un tren para París. Varios caballeros me ayudan con el bulto a su iniciativa, pero no en todas las ocasiones.

Amarrado el tren adecuado, nos ubicamos donde nos parece, todos en el mismo vagón –dado que los viajeros del primer autobús no están allí-. Vamos a tardar otros tres cuartos de hora en arrancar. Hay un cierto revuelo. Un “enterado” de manual –que ha pasado el tiempo de espera trayendo “noticias”- dice que nos devolverán el importe del billete. Bajo a fumar y, con un par de alemanes, conversamos con el nuevo jefe de tren, un belga, que se bajaría con su equipaje en Bruselas. Le comentamos el asunto de la compensación económica con toda corrección. Pero él repara en mi acento y me pregunta de dónde soy. Me pide el billete. Sólo a mí. Sin saber dónde me he sentado, me dice que tengo que ir al último vagón, que me asigna el asiento 28. Le pregunto que por qué sólo a mí y que quién me va a llevar la maleta hasta allí. Lo piensa mejor y me envía al vagón cafetería adyacente, donde han instalado dos filas de asientos. Mi asombro crece cuando sube al vagón y envía conmigo a una familia de raza negra, compuesta por el padre, cuatro mujeres jóvenes, un chico adolescente y un bebé. De todo el tren, separa a una española y a una familia negra. Un nazi.

Son casi las dos de la tarde. Ni soñar en comer en París. Tengo hambre y se me está terminando el agua. Preguntó al nazi si dispone de comida y bebida. Responde: “Sí, pero es para los pasajeros de primera, vd. viaja en turista”. La cafetería abre a las 3 de la tarde en Bruselas, acumulando una disuasoria fila de viajeros.

Antes ha aclarado que la interrupción de la vía –el incendio de una conducción eléctrica- se ha producido en Alemania, y Thalys no se hace responsable de nada. Habremos de reclamar al Deutsche Bank, que, casualmente, es propietario de ese servicio. ¿Juegan al Monopoly los bancos de todo el mundo? Clara y su marido se encargarán de gestionar por mí cómo lograr el cobro en otra larga cola que se forma en la estación de París Nord. Me lo contarán por email.

Mi tiempo se había acabado. Notre Dame lo vi de refilón más imaginándolo que otra cosa. Y regresé a España sin problemas.

Más que nunca en el pasado, compruebo las graves deficiencias del sistema para cualquier lado que uno quiera mirar. Ahora tengo que emprender reclamaciones contra varios entes que han incumplido lo suscrito. Orange, cuyo servicio de Internet nunca funcionó, pero te tienen medias horas al teléfono para no resolver nada. Eso lo he solventando dando orden al banco de que no paguen la factura. Iberia por facilitar un servicio de seguro de viaje que roza lo fraudulento. Y –si no me olvido de nada más- contra los ferrocarriles centroeuropeos por el retraso, y la empresa Thalys por llevar a un nazi a cargo de uno de sus trenes. Para diez días de viaje no está mal el porcentaje. El sistema está podrido. Y, por más que luche -que lo haré- lo más probable es que no consiga nada porque los ciudadanos estamos indefensos ante el monstruo que nos agrede con total impunidad.

Impuestos: que todo siga igual

Si no leo, oigo y veo mal desde Berlín, el PSOE ha retirado un acuerdo por el que se proponía elevar los impuestos a los más ricos. Argumenta que IU no le garantiza su apoyo en los presupuestos. ¿Y qué? ¿Entendemos que, por tanto. pagamos una trifulca política todos… menos los ricos?

Lo hemos comentado varias veces. Con los sueldos más bajos de la Europa anterior a la ampliación, a excepción de Grecia y Portugal, con una alegre subida de la inflación desde la entrada del euro que nos equipara casi en precios a los más ricos, el 34% de media de impuestos no es poca cosa. Lo peor es que el tramo entre el más y el menos es más corto que en otros países y deja con el 42% a las rentas más elevadas, cuando en Dinamarca u Holanda, en Suecia también –dentro de Europa- pagan el 60%, los demás no. Y en Grecia, por ejemplo, cuyo pico alto está a la par que el nuestro, las rentas bajas no llegan a pagar el 10% de sus ingresos.

Primero quitaron el impuesto de patrimonio, ahora renuncian a subir los impuestos a los ricos. CIU se oponía. Atentos, CIU se oponía, no lo olviden sus votantes con temor a perder el empleo. De igual modo que ya han confesado todos los partidos conservadores que son partidarios de “la reforma laboral”: despido barato y bajada de sueldos. Recuérdenlo también con la papeleta en la mano. La precariedad de acuerdos parlamentarios del PSOE nos está saliendo muy cara.

Ayer, con toda emoción, regresé al puente de Bolrnholmer, donde hace 2 décadas asistí a la apertura del Muro de Berlín. Bien abierto para insuflar libertad. Pero allí empezó a morir también la izquierda. El capitalismo dueño y señor de nuestros destinos. Pero a la ciudadanía de otros países les pilló mejor preparados y con las espaldas más cubiertas.

Los puentes-zanahoria de los españoles

En Madrid andamos metidos en un “puente-zanahoria”. Esta hortaliza es usada en las carreras de liebres para motivar su esfuerzo en llegar a la meta. La liebre se apresura, pierde el resuello en el intento, pero la zanahoria va montada en un dispositivo por el cuál se desplaza a un ritmo ligeramente superior y el animal nunca la alcanza. Lo vi una vez de pequeña y me fascinó. Por cierto, no sé qué festividad se conmemora pero, como siempre, la capital parece en toque de queda diurno: no se ve un sólo ser humano en la calle. Al menos en mi barrio.

Igual pasa con los puentes laborales en España. Nos hacen creer que tenemos más fiestas que nadie y vivimos como dioses. Los datos, sin embargo, nos contradicen: trabajamos 154 horas más que la media europea, y tenemos 3 días menos de vacaciones remuneradas.

He tocado este tema otras veces en el blog. Ahora he encontrado un estudio muy detallado hecho por la Universidad de Pensilvania (EEUU). 1.798 horas los españoles, 1.644 la media europea.

“Con estas 1.798 horas España está muy lejos de países que, como Holanda,dedican 1.355 horas anuales a la vida laboral. La evolución española ha sido lenta. En los últimos cincuenta años, la jornada de trabajo se ha reducido un 12%, mientras que en Holanda esta diferencia es de un 34%.En la última década, la tendencia decreciente en España ha sido casi nula, ya que sólo se ha reducido un 0,6%”, según datos, en este caso, del centro holandés Groningen Centre for Growth.

 Trabajar más horas no implica producir más. Los españoles son los europeos que menos rinden en sus empresas, sólo por debajo de Grecia y Portugal de la Europa anterior a la ampliación. La principal causa son los horarios irracionales. Abrir la tienda cuando otros la cierran y llegar a casa sin tiempo de vivir. Un holandés entra a trabajar a las 9 de la mañana y sale a las 4 ó las 5 de la tarde. Toma a mediodía una comida ligera y a las 6 cena más consistente. Luego, si le parece, se va al cine de 8 a 10 y más tarde a tomar una copa con los amigos hasta las 12.

Algunos estudios aseguran que las largas jornadas -y partidas con tan gran espacio de tiempo-, desmotivan. Y, a la vista de los datos, son propias de países subdesarrollados. La media de América Latina ronda las 2.000 horas de trabajo anuales. La cota más alta es Corea del Sur con 2.392.

España, por cierto, es uno de los países donde más “reuniones de trabajo” se celebran. Otra de las causas del menor rendimiento. Hablar en lugar de hacer.  Porque no somos famosos, precisamente, por la planificación.

La baja productividad no es de ahora, incluso ha registrado una mejoría espectacular. En el primer informe FOESSA de los años setenta –que consulté para el libro-, llama la atención el rendimiento logrado en el sector siderúrgico. Con unas largas jornadas laborales, España invertía 195 horas mensuales por trabajador para obtener 62,8 toneladas de acero bruto. Con menos tiempo, 154.7 horas, los alemanes producían 158,3 toneladas. Los sufridos japoneses trabajaban 7 horas más que nosotros, pero conseguían casi el cuádruple de resultados. Habría aquí que tener en cuenta los medios industriales de los que disponían unos y otros, pero eso también forma parte de la productividad.

Mis conciudadanos están en la playa a estas horas. Volverán el lunes a perseguir sus disminuidos sueldos frente a la media europea. Ésa es la Europa de mi meta y quiero que disfrutemos la zanahoria tras el esfuerzo ¿Hemos votado para alcanzarla?

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 603 seguidores

%d bloggers like this: