Posibilismo, nadando a favor de la corriente

El día que firmó la salida de un trabajo al que adoraba por un ERE, un responsable le dijo: menos mal que estábamos nosotros. Y lleva varios años preguntándose qué diferencia –sustancial- supuso esa eventualidad. Se trataba de cumplir una misión ingrata, traumática, y se hizo. Por estar ellos allí, aceptaron el despido de muchos profesionales y varios aditamentos más que de aquello se derivaban para el buen entendedor. Estas cosas no suelen venir solas.

 La disyuntiva se planta una y otra vez de frente en nuestras vidas: lo bueno o lo menos malo, el todo o “al menos” una parte. El posibilismo tiene excelente prensa, habla de negociación y se delimita sobre todo por a qué se opone, según sus partidarios. A radicalismo, extremismo, fundamentalismo (que no son sinónimos).  Implica, como definición, aprovechar las opciones que existen para solucionar conflictos aunque no sean del agrado de quien termina por utilizarlos. Los posibilistas piensan que deberían obrar de otra forma, pero un estamento o moral superior les induce a proceder contra su voluntad.  Sin traumas, terminan viéndose muy responsables al mirarse en su espejo.

 Lo esencial en todos los casos es el papel que el posibilista se otorga a sí mismo. Menos mal que está él allí. Y por ese protagonismo se erige en juez o ejecutor de asuntos de gran trascendencia, dado que el posibilismo cuenta con grandes adeptos en la política o el sindicalismo, por ejemplo. No solo, muchos periodistas lo practican con fruición diciéndose que otros en su lugar aceptarían mayores manipulaciones.

 La desgraciada historia de España está llena de posibilistas. Emilio Castelar llegó a fundar un partido así llamado, el Demócrata Posibilista, de tendencia republicana. También es triste suerte que -para una vez que estrenamos República y con un intelectual como presidente, crítico con la reina al punto de ser condenado a muerte (everybody expects Spanish Inquisition)-, luego le diera por cuanto les da a los posibilistas: “aplazar” las reformas sociales, mano dura y ceder ante las oligarquías. Los problemas le parecieron demasiado graves para abordarlos, al parecer. Se encapsularon, claro está. Ésa suele ser la consecuencia de la opción.

 Y así seguimos. Tras dejar Franco todo “atado y bien atado”, ya se sabe, hervía España entre dos actitudes a tomar: Ruptura o Reforma. Y triunfó de nuevo el posibilismo. Consagrando la impunidad para los golpistas y responsables de la eterna dictadura. Enquistando asimismo el problema. Al punto que el franquismo ha estallado en metástasis.

 Y así estamos. También Zapatero se creyó en la misión histórica de, cediendo a presiones, meternos el neoliberalismo en la Constitución para que –hasta que no se cambie- tenga prioridad pagar a los especuladores sobre cualquier necesidad de los ciudadanos.  Rajoy por cierto, se ha aplicado a su particular epopeya situando esa deuda ya en el 97% (desde el 70%) con lo que hay muchas carencias y derechos que aplazar. Pero es que el actual presidente del gobierno no es posibilista sino todo un depredador que goza con sus actos.

 Algún brío mucho menos conformista mostró Rubalcaba en su trayectoria, pero al final se vio igualmente impelido a quedarse hasta dejar bien apuntalado el sistema de lo que ellos consideran posible. Menos mal que él estaba allí, se lo agradece hasta el PP. Aunque tanto cocieron en el caldo los militantes destacados del PSOE, que la sucesión ha salido del mismo palo, el de los muy adictos a dejar todo como está. La nueva ejecutiva destaca por su intenso olor a posibilismo.Gente de orden y bienpensante donde los haya.  Orgullosos de las ( minuto 2,30) decisiones duras pero solventes que tomó Zapatero como se manifestaba el hoy número dos del PSOE, César Luena. El nuevo líder, Pedro Sánchez, se ha ocupado de dejar bien claro que “no es posible” no pagar la deuda. En su opinión… posibilista.

El posibilismo no es una característica española únicamente, ni  mucho menos. Estamos asistiendo entre espasmos de dolor, indignación e impotencia, a la nueva masacre que perpetra Israel sobre los palestinos en Gaza. Más de 1.000 muertos de los que la cuarta parte son niños. En el ataque han perdido la vida también una cincuentena de soldados israelíes. Soldados. La historia de cómo se llegó a esto la contó magistralmente aquí Olga Rodríguez. El problema es que quien puede parar la barbarie de Israel, no lo hace. Hay posibilismos que matan.

 Calla la UE, los grandes organismos que parecen siempre tener algo que imponer y no ahora, y la ONU aprueba la enésima resolución que no supondrá cambios efectivos como ha pasado siempre. Los Estados Unidos apoyan el ataque y condenan la condena maniatada de Naciones Unidas. Cuando ya la sangre salpica hasta a la Casa Blanca se declara una cierta “preocupación”. Los EEUU del Nóbel de la Paz Barak Obama no pueden enfrentarse a Israel, porque Israel está completamente infiltrado en sus poderes. Y hay que ser posibilista. ¿Hay que ser?

 Pero, mira por dónde, si cedes y apartas a un lado -con discreción, con algún llamamiento a la paz-, a los niños reventados en una playa, o a los que con sus profesores de la UNRAW creían refugiarse de las bombas bajo el amparo de la ONU, a todos los muertos y heridos, puedes ganar otros cromos. Obama ha logrado sacar, muy disminuida lamentablemente, su reforma de la sanidad, la Obama Health Care que esperó tantas décadas. Uno de esos pequeños avances que obtiene frente a la férrea oposición republicana, tan impregnada de poder israelí.

Obama, pues, elige. A quiénes salva y a quiénes deja sin cobijo bajo las bombas. Elige la ONU, y el FMI, y la UE.  La mayoría son posibilistas, cuando no directamente unos interesados defensores de las élites. Igual ése es el objetivo del posibilismo.

 Una y otra vez, tengo la impresión de que muchos de los que se congratularon de estar allí, menos mal,   tomando decisiones duras (no para ellos), hubieran debido irse bien lejos antes de estampar su aquiescencia. Pero es un dilema serio. A la vista de los resultados, diría que los pasos que da el pragmatismo, el posibilismo, lo son encaminados con decisión y firmeza a la derrota total.

  “Solo los peces muertos nadan a favor de la corriente”, dice un proverbio alemán.

Crónica escéptica del conflicto en Ucrania

Ni un cuarto de siglo ha pasado aún desde que la URSS, Unión de Repúblicas Soviéticas, se disolvió (1991) tras la caída del Muro de Berlín ocurrida dos años antes. 130 etnias se veían obligadas a mantenerse unidas en 15 países distintos bajo la fuerte égida de Rusia, de Moscú.

Una sociedad fuertemente diversa tenía las necesidades básicas cubiertas –es decir, casa, educación, sanidad y cultura– a cambio de duras estrecheces en el consumo hasta de alimentos básicos y de amparar un marco de corrupción, crisis económica, burocracia, falta absoluta de libertades y censura, que constituyeron la auténtica causa de la desintegración. No eran –y sobre todo no son– mucho mejores las cosas al otro lado del Muro, pero nunca el mal compartido puede ser un atenuante.

Aquellas culturas comprimidas en el corsé soviético –como suele pasar en todas las sociedades comprimidas, incluso en los cuerpos comprimidos– reaccionaron de variadas formas al sentirse sueltas. No recuerdo ninguna que se desparramara. Chechenia, en buena medida, de la que, por cierto, se terminó desgajando Ingusetia. La mayoría se asió con fervor a la bandera de los nacionalismos, a mirarse el ombligo de la diferencia y la nostalgia. Checoslovaquia, la primera en abandonar el comunismo, también se había partido en dos: Chequía y Eslovaquia.

Y no se hundió el mundo. Partirse o sumarse no parece ser un problema irresoluble. El Este de Europa, Europa, ha experimentado numerosos cambios a lo largo de su vida y en particular en el último siglo. Las fronteras no hacen otra cosa que cambiar. Cuánto mejor derribarlas.

Ucrania o su precedente aproximado fue la nación más relevante de Europa en la Baja EdadMedia, el Rus de Kiev. Incluso la orgullosa Rusia pudo nacer allí y no al revés. Los imperios se turnan en hegemonía. Pero no duran siempre. Ni mucho menos. Les suele dar por la desintegración total al cabo de un tiempo, de hecho.

Las wikipedias no anotan en el pasivo de Ucrania los estragos que dejaron en el país la obsolescencia soviética y la local. El accidente de la Central Nuclear de Chernobyl (26 de abril de 1986) ha sido el mayor de la historia, aunque ya comparta liderazgo con el japonés de Fukushima. Perdieron la vida directamente 31 personas, pero, silenciadas por el oscurantismo, murieron después muchas más por las secuelas y miles han sido afectadas por graves malformaciones.

Los ucranianos más cercanos a la planta aún deben meditar si arrojan un hijo al mundo que les ha tocado vivir. Chernobyl hoy es tierra quemada que ya no produce alimentos sanos. Visitar la zona requiere pasar, por ejemplo, por el Consejo de Energía Nuclear español al regreso y ver si la radiación acumulada en el cuerpo supera los límites permisibles. Varios países todavía ponen el veto a exportaciones ucranianas.

Ésta es la vida de las personas. La que también parecieron ignorar los turbios dirigentes que han padecido. Los que se envenenan y encarcelan unos a otros, por ejemplo. Y el último elegido democráticamente –o lo que se pueda parecer– Viktor Yanukóvich, que incumple cuanto promete, vive enfangado en la corrupción y se modifica leyes para amparar sus tropelías. Pasa en las peores familias, ¿a que sí? El que se tenga que ir por piernas, algo menos.

Prorrusos y proeuropeos –¿de qué Europa?–. Nacionalistas, todo el arco de la ideología política con predominio de ultraderecha. Dispuestos a matarse por si, al andar el camino, Crimea es Ucrania o vuelve a ser rusa o es simplemente autónoma. Qué más dará. Algo más, mucho más, influye quien maneja los hilos. “Nacionalismo es creer que tu país es el mejor del mundo porque tú has nacido en él”, concluye la mejor definición del concepto que conozco. Lo que no deja de ser una enorme casualidad. De haberlo sabido otros países, hubieran invitado a tu mamá a parirte allí.

Uno necesita raíces, al parecer. Y, al parecer, están en la tierra –que es el lugar más adecuado para ellas de una forma estable–. En la que se pisó y se olió. Más fuerte es la cultura que se respiró, aunque tantos pasen por la vida con la nariz tapada. Y a la vista de cómo va todo, también deben de hacer patria los caciques y los desalmados. Los propios para la propia patria. Pero ahí está el nacionalismo desatando pasiones ciegas.

Ucrania como tablero. Un interés geoestratégico. La llave de paso del gas esencial. Un enjambre de confluencias. La flota rusa no aparece de repente en el Mar Negro. Se ha derribado por la fuerza un gobierno. Sentimientos que se exacerban y manipulan como mandan los cánones. Pagar por todo –también ocurre en las peores familias–.

Y Moscú en busca de pasadas influencias, cuando podía incluso establecer con dirigentes de países de su órbita, no con la gente, convenios de “soberanía limitada”. Y Washington, que algo ha de decir si no quiere que le apeen del escenario de cuyo centro empieza a ser desplazado. Y Alemania, que algo ha de hacer para que se note quién manda en Europa. Y la UE, que nunca sabe, ni hace, aunque se manifieste de continuo tan preocupada y convoque tantas reuniones para firmar que reitera algo.

La tierra de Ucrania ya se ha regado con sangre. El enemigo real apenas nunca pisa el asfalto.

*Publicado en eldiario.es

No se puede borrar la historia

 Aunque creo que se intenta con denuedo y a veces se consigue, me parece interesante este artículo, “No se puede borrar la historia”, que firma en Público,  Robert Reich es Exsecretario de Trabajo de EEUU. Catedrático de Políticas Públicas en la Universidad de Berkeley. Autor de ‘Aftershock’:

El gobernador de Maine, Paul LePage, ordenó a trabajadores públicos que retiraran del vestíbulo del Departamento de Trabajo de ese Estado un mural de 11 metros que describe la huelga de 1937 en Auburn y Lewiston. También recoge la imagen icónica de Rosie la Soldadora, quien en la vida real trabajó en Bath Iron Works  (uno de los mayores astilleros de EEUU, situado en Maine). Un panel del mismo mural muestra a uno de mis antecesores en el Departamento de Trabajo de EEUU, Frances Perkins, quien fue enterrada en Newcastle, Maine.

La Administración LePage también se encuentra en el proceso de rebautizar salones que han llevado los nombres de líderes históricos del movimiento obrero, como lo fue la exsecretaria Perkins.

El portavoz del gobernador ha explicado que el mural y los nombres de las salas de conferencias “no se ajustan a los objetivos del Departamento en favor de los negocios”.  ¿Estamos en Estados Unidos?

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Tiempos de héroes

Se llama Bernie Sanders y es un senador independiente por Vermont en pacto electoral con el Partido Demócrata de EEUU. Tiene 69 años y es el único político que se declara allí abiertamente socialdemócrata. Pese a las enormes dificultades para sortear el bipartidismo norteamericano, Sanders mantiene en su Estado el 65% de apoyo popular.

Sanders ha estado hablando en el senado durante 8,30 horas seguidas en contra de la prolongación de las bajadas de impuestos de Bush, entre ellas las que benefician a los ricos. Las ha impulsado Obama, junto a Clinton y junto a los republicanos, unidos todos como una piña. Este viejo luchador fue el disidente. Su largo parlamento trataba de impedir la aprobación de la prórroga.

Dicen que no es un “filibusterismo” en el más estricto sentido -una técnica de obstrucción parlamentaria constitucional en ese país-, pero mucho se le parece. La web del Senado estadounidense se colapsó para oírle clamar contra el poderío de su país que sin embargo desarma a las clases medias.

Paul Krugman analiza hoy en El País lo que implica la medida impulsada por Obama: “El presidente está sentando las bases fiscales para que se dé otra situación de rehenes de aquí a un año”. Obama había tachado de “puristas” a quienes le apoyan pero se oponen a esta decisión fiscal. Con matizaciones, el premio Nobel de Economía concluye:

La cuestión es que, al mostrarse más enfadado con sus preocupados seguidores de lo que lo está con los secuestradores, Obama ya está dando muestras de debilidad y dándoles a los republicanos buenos motivos para creer que pueden conseguir otro rescate. Y se puede dar por hecho que actuarán en consecuencia”.

Tendremos que preguntarnos muy seriamente qué diablos está ocurriendo en el mundo que no nos han contado ni, aún, los papeles de wikileaks. Está rendición incondicional con la sociedad servida en bandeja a no sabemos quién, ni por qué, el hambre para hoy y la penuria para mañana. Entretanto sabemos que no todos se conforman. El 60% de la población estadounidense –ésa a la que se califica de tonta en Europa- está que trina por la claudicación de Obama a los privilegios de los ricos. Qué vamos a contar que no sepamos y suframos. Contemplamos con admiración y envidia una Constitución (todavía) en vigor que permite cosas tan hermosas como el “filibusterismo”, unas Cortes parlamentarias que permiten la disidencia, unos políticos que la ejercen.

¿Nos informan, por cierto, de todo esto los telediarios? Igual merecería le pena. Sobre todo en los que, presuntamente, son públicos (bien común) y no persiguen intereses privados. Pero, hombre, si hasta disponen de anécdota de ésas que entretienen y una película histórica para apañar una lucida pieza audiovisual.

En “Caballero sin espada”, un pardillo, léase idealista, ejerce el filibusterismo magistralmente dirigido por Frank Capra e interpretado por James Stewart. Claro que fue en 1939 que la economía estaba bien fea, dónde va a parar. Claro que también ahora hay políticos como Bernie Sanders. En EEUU. Y lo que emociona ver a esos héroes aislados que se llevan todas las tortas, con perdón, y que solo parecen triunfar en las películas.

¿Y si lo contamos en un reality show?

 Me pregunto si la historia funcionaría en forma de docudrama o reality show, con actores o personajes populares. Es tan obscena que arrasaría y solo parece fallar la fórmula de su presentación al público. Alguna empresa -honrada- debería patrocinarnos para distribuir palomitas al personal y que se encuentren más cómodos mientras contemplan el espectáculo.

   Recordémoslo una vez más. Hace 2 años el sistema financiero cae por sus muchos excesos, tras dar el aviso un año antes con las hipotecas subprime y sin que nadie haga nada. Las grandes torres se desintegran, pero los gobiernos democráticos acuden solícitos a ayudarles entregándoles el dinero de los ciudadanos para que se mantengan. Convierten en pública su deuda privada. Este gráfico muestra cómo se ha invertido más en ayudar a los bancos que en todo el gasto de todas las partidas juntas. La parte en color ocre es lo que hemos regalado al “sistema” para afianzarlo.

   Había llegado la hora de la política nos dijeron. Pero no. Había llegado la del asalto definitivo al poder. Ahora los gobiernos deben millones a los bancos a consecuencia de su desembolso para ayudarles -es decir, les debemos los millones que les hemos prestado ¡y con intereses!- , y el gran poder financiero –con sus soportes mediáticos- es quien dicta las normas. La ciudadanía debe empobrecerse para que ellos sigan obteniendo cuantiosos beneficios y hasta comprándose bancos de otros países. Y la sociedad no se entera. O no actúa.

    Los republicanos han ganado el midterm. Javier Valenzuela nos cuenta que esto ya ha pasado otras veces sin que tenga grandes consecuencias. La diferencia, quizás, es que el triunfo conservador se debe al irresistible ascenso del Tea Party, un movimiento deleznable pero que provocaría risa si lo juzgara una sociedad con criterio. Los “belenesestebanesperanzasaguirresrojoyesmayoresorejastorquemadas” de la política. Merecería la pena ir asignando papeles para nuestros reality show.

Dice Javier Valenzuela:

 “¿Qué se puede hacer frente al hecho de que millones de norteamericanos se hayan creído lo de que Obama es musulmán y comunista, el cambio climático no existe y los ricos y las grandes empresas pagan demasiados impuestos? Definitivamente, Estados Unidos es “a country of believers”. Basta con pensar que allí muchos creen que Elvis vive, los marcianos se aparecieron en Roswell (Nuevo México) y la teoría de la creación de la Biblia es absolutamente cierta. No debe extrañar que se crean lo del Tea Party”.

   Obama, como Zapatero, minusvaloraron al poderoso enemigo. Tenían que haber actuado con un radicalismo extremo para desmantelarlo. Para mantener la dignidad del mandato que les habíamos conferido, por el que fueron elegidos. Probablemente ya no hay remedio, ellos ya no lo tienen. Pero resulta paradójico que se entregue todo el poder al mismo neoliberalismo que provocó la crisis y que nos mantiene en tan precaria situación. Sigue diciendo Valenzuela:

   “Sin la intervención enérgica de Obama es muy probable que Estados Unidos hubiera caído en una depresión de caballo, como la que tuvo que remontar Roosevelt. Pero muchos de sus votantes de 2008 no son conscientes de ello porque nadie se lo ha dicho alto, claro y constantemente. Al contrario, muchos progresistas han ido asociando a Obama con el salvamento de un Wall Street nada agradecido. Y no poca gente se ha quedado con la copla neoliberal del incremento del déficit público, olvidando dos cosas: que ha sido por una buena causa y que el republicano George W. Bush, que heredó superávit de Clinton, dejó las arcas públicas hechas unos zorros con las aventuras militares de Afganistán e Irak.”

   Se habla ya en EEUU de desencadenar una guerra con Irán “para reactivar la economía”. Yemen tampoco anda muy lejos del punto de mira. Surge una más que sospechosa epidemia de bombitas supuestamente terroristas. El manual aplicado en todos sus extremos. La xenofobia y el conservadurismo más atroz se extienden por el mundo como mancha de aceite. Escuchamos  declaraciones de una pornografía intelectual y moral, incluso en España, que ofende el gusto y la inteligencia, sin inmutarnos. Algunos aplauden. Y los líderes europeos ya preparan también unos acuerdos” de armamento nuclear. Paso a paso, hasta la tercera guerra. De ésa, no saldremos vivos.

    Un líder republicano estadounidense decía esta mañana que “van a devolver el poder a los ciudadanos” -que les ha quitado al parecer Obama extendiendo la sanidad a quien no puede pagarla, por ejemplo-. Los ultras neoliberales adelgazarán el Estado. Rajoy también. Sí, devolverán, acrecentarán el poder de unos ciudadanos sobre otros, no cabe duda. El Estado somos todos, nos lo están robando, nos lo estamos dejando robar.

No basta con indignarse o resignarse al “viva las caenas“. Educación e información son el antídoto a todo esta barbarie. Repetir, por ejemplo, cada día el mensaje de Network, abriendo con él todos los telediarios libres y responsable, si los hubiera.

Y, sin embargo, hay soluciones. Empezamos a buscarlas…

¿Nos comerá el lobo feroz?

Érase una vez un señor llamado Milton Friedman, pariente cercano de Adam Smith, cuyas políticas económicas  irían abriéndose paso tras el crack del 29 y la Gran Depresión, que, con tan mala fortuna, había propiciado -entre otros factores- la misma doctrina que iba a imbuirle: monetarismo, neoliberalismo. Y otro señor que respondía al nombre de John Maynard Keynes, partidario de un capitalismo humano con control del Estado (un mayor intervencionismo) que después del gran fiasco económico, el consiguiente auge de los fascismos, y la guerra mundial, inspiró el “new deal” norteamericano y el “plan marshall” para la Europa destruida. Gasto público para reactivar la economía. Desde entonces hay dos formas de ver el capitalismo. Pero los Chicago Boys de Friedman (primos aventajados de sus predecesores) entraron definitivamente en acción en los setenta hasta llegar a su absoluto triunfo -por el momento- en el mundo actual.

Este cuento tan apasionante lo conocéis muchos, claro está, pero la derecha dispone de otra versión que parece enganchar más al personal. Y lo que es más asombroso, de una práctica derrochadora, nula acción sobre la creación de empleo, privatizaciones de servicios públicos esenciales que dañan las prestaciones, sin contrapartidas sociales, que contradicen absolutamente sus teorías. Y nadie se inmuta.

“Una de las ideas más dañinas que las derechas en la Unión Europea (Merkel, Sarkozy, Rajoy) están proponiendo es incluir una enmienda en la Constitución de sus países que prohíba al estado tener déficits públicos. Se argumenta que los estados tienen que comportarse como las familias y que, por lo tanto, no deben gastarse más de los que ingresan. Esta postura, ampliamente extendida en medios conservadores y neoliberales, se basa en varios errores. Uno de ellos es que desconoce el comportamiento económico de las familias. En realidad, las familias se endeudan constantemente. Muy pocas son las familias que cuando compran una vivienda o un coche, por ejemplo, pagan su coste total en efectivo. La mayoría se endeuda. Sin endeudarse, las familias no podrían mantener sus niveles de vida. Pues lo mismo ocurre con el Estado. De ahí el déficit y la deuda pública”. Así comienza un extenso artículo -“La última “boutade” económica de las derechas“- de Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University y, sobre todo, otro empecinado activista en eso de clamar en el desierto.

 “Pues lo mismo ocurre en el caso de los Estados”, dice Navarro. “Los estados pueden endeudarse para pagar los recortes fiscales que benefician a los ricos (como ha ido ocurriendo en gran parte de los países de la UE, incluyendo España, donde las reformas fiscales regresivas han beneficiado a las rentas altas y al mundo financiero y empresarial, siendo ello una de las causas del crecimiento de la deuda pública. Esta es una deuda no productiva, pues se ha generado para proteger las rentas de los ricos. Pero los estados pueden endeudarse para invertir en infraestructuras físicas y sociales necesarias para incrementar la productividad, el crecimiento económico, la creación de empleo y el estándar de vida presente y futuro”.

Después distingue entre dos conceptos fundamentales: deuda bruta y deuda neta. El tamaño de la deuda pública no es el indicador más importante del endeudamiento público de un país, pues la única deuda de la que el estado tiene que pagar intereses es la que se llama deuda neta, es decir, la deuda pública (los bonos del Estado) que generan intereses que el Estado debe pagar a los inversores privados que la poseen. De ahí se deriva que la información más importante no es la deuda bruta (que es la que constantemente se cita), sino la deuda neta. Japón tiene una deuda bruta que representa el 225% del PIB, y en cambio tiene que pagar unos intereses de sólo un 2% (España tiene que pagar unos intereses del 3,6%), y ello como consecuencia de que la deuda neta es muy inferior a la bruta.

Nos cuenta que los Estados disponen de la posibilidad de imprimir dinero a través de sus Bancos Centrales para pagar sus deudas. Pero, oh, maravilla, el Banco Central Europeo ha cambiado recientemente su misión: “es el que imprime el dinero y lo presta a los bancos pero no a los Estados, siendo el único Banco Central entre los Bancos Centrales de las grandes economías que no tiene tal responsabilidad. Tanto el Banco Central Estadounidense (The Federal Reserve Board) como el Banco Central del Japón, o el Banco Central de Gran Bretaña, imprimen dinero que los estados utilizan para pagar sus deudas”, afirma Vicenç Navarro.

De alguna manera es la política keynesiana la que está intentando aplicar el EEUU de Obama con buenos resultados hasta el momento. Pero hoy leemos que no, que EEUU “no remonta el vuelo“. Los últimos datos cuestionan el vigor de la recuperación y azuzan el debate sobre la efectividad de los multimillonarios estímulos, nos dicen. De cualquier forma están hablando de cifras de crecimiento del 3%, que para nosotros quisiéramos en la Europa cercenada por “Bruselas” y “los mercados”. Pero buscamos la letra pequeña, las causas del problema norteamericano: la falta de recuperación en el mercado inmobiliario y la escasa concesión de créditos. Acabáramos.

Casualmente, los bancos andan reunidos por encargo del G20, muy discretamente, para ver cómo encauzan su futuro, el suyo. Juez y parte, apuestan porque su regulación sea más suave de lo pretendido: “imponer nuevas e inmediatas exigencias podría frenar la recuperación económica por la urgencia del sector para adaptarse a esas nuevas normas”, dicen algunos. Ya, si añadimos quién tiene los pisos, y quién los vende más caros, pues igual no dormimos, con este calor además. No vendría mal para oír roncar o aullar al lobo. Porque probablemente es él quien ocupa la cama.

(Gracias David por tus estimulantes conversaciones :) )

¿Por qué la UE está a la cola del crecimiento mundial?

 Andrés Villena -ese lujo del que dispone la web de Telecinco-, publica un denso artículo que sobrevuela (en altura) sobre lo que se debate en el Congreso sobre el Estado de la Nación. Expertos del máximo prestigio enjuician la economía mundial.  Resumo algunas de las ideas que Andrés expone:

La recuperación será larga y dura, sobre todo para los países de la Unión Europea: frente al crecimiento de China, que registra un aumento anual aproximado de su PIB de un 9,5%, destaca el de la India (7,5%), Brasil (6,4%) o EEUU (3%). Sin embargo, las previsiones del Banco Mundial para la Eurozona se limitan a una horquilla entre el 0,7% y el 1,3%. ¿Por qué se produce este diferencial? ¿Qué nos hace falta para crecer, al menos, como EEUU?

En 1936, el presidente Franklin D. Roosevelt decidió retirar gran parte de los estímulos que apoyaban a la economía de EEUU. El resultado inmediato fue una recaída en la Depresión.

Rafael Pampillón, Profesor del IE Business School, subraya dos motivos principales: “En primer lugar, EEUU cuenta con un Banco Central propio y autónomo, la Fed, que nunca va a permitir que EEUU entre en suspensión de pagos, porque este banco puede continuar comprando títulos de deuda pública y para ello seguir imprimiendo dinero”. “Sin embargo, en la Eurozona, el BCE es un banco para 16 países y eso los mercados lo saben”. De aquí se puede deducir el origen de muchas de las tensiones vividas en determinados Estados europeos a lo largo de este invierno y primavera. El segundo, para este experto, es la rigidez laboral europea.

Esta interpretación de la realidad económica choca de frente con las reflexiones de Vicenç Navarro, Profesor de Public Policy en la John Hopkins University y un amplio conocedor de la economía de los Estados Unidos, donde trabajó como asesor del presidente William Clinton.

Navarro, como Rafael Pampillón, destaca el papel clave de la Reserva Federal, que “tiene el objetivo de estimular la economía además de controlar la inflación”, pero señala factores políticos determinantes en el comportamiento económico de la Eurozona: “El Banco Central Europeo, en cambio, ha dado mucha más prioridad al control de la inflación que al estímulo económico. Esta situación se ha acentuado todavía más en un momento en que la mayoría de los países en la Unión Europea están gobernados por partidos de derechas”.

“La causa del mayor crecimiento de Estados Unidos se debe al mayor estímulo económico, consecuencia de una inversión pública mucho mayor que la realizada en Europa para estimular las economías europeas. La administración Obama ha hecho una inversión pública para estimular la economía equivalente al 8% del PIB, comparada con sólo un 2.3% del PIB como promedio en la Unión Europea.”

Por estas razones, Navarro advierte un único sendero para que la Unión Europea salga de la crisis: “Europa no saldrá de su recesión a no ser que haya una inversión pública muy acentuada para estimular la economía. Esto es lo que ocurrió en Estados Unidos a principios del siglo XX. Fueron el New Deal y la Segunda Guerra Mundial los que sacaron a la economía estadounidense de la depresión”.

“Lo mismo en Europa. La enorme recesión que se dio inmediatamente después de la II Guerra Mundial en Europa fue resuelta a base de una enorme inversión pública, tanto física como social, facilitada por el Plan Marshall. Creerse que se podrá salir de esta enorme recesión a base de reducir el gasto público es ignorar la historia económica del siglo XX”.

La Profesora de Política Económica de la Universidad de Barcelona, Àngels Martínez Castells, propone un punto de vista distinto: “Si llegamos a esa situación (han hablado de una posible quiebra de Estados) será por haber exacerbado la cada vez más regresiva redistribución de la renta, en la ausencia de políticas sólidas de demanda y por querer imponer los absurdos dictados neoliberales de un Estado de mínimos, que van a llevar a la economía a un pozo del que puede ser imposible encontrar una salida”.

¿Hay otras salidas? Parece que hay alternativas factibles. Martínez Castells aconseja “combinar políticas de ofertas y demanda: por el lado de la oferta, racionalizar el gasto en lo que tiene de despilfarro, manteniendo las políticas de demanda, redistributivas y de pleno empleo y, donde no sea posible, manteniendo una renta que asegure unos niveles mínimos de vida dignos para todas las personas, junto con la preservación de los servicios públicos fundamentales”.

Es el ‘espíritu keynesiano': algo similar proponía hace unas semanas en su blog el ex Ministro de Trabajo (Secretary of Labour) de Clinton, Robert Reich, que proponía desgravaciones fiscales masivas para las clases medias en EEUU, a fin de evitar una segunda recesión o ‘doubble dip’ por insuficiencia de estímulo. No obstante, Estados Unidos parece marchar ahora a contracorriente; para el Profesor Antonio Miguel Carmona, “ahora es EEUU quien quiere tener un Estado de Bienestar y así lo ha demostrado con la aprobación de la Reforma Sanitaria”. Vicenç Navarro subraya el contraste con la Unión Europea: “Están siguiendo políticas keynesianas, mientras que la UE ha seguido políticas neoliberales”.

Hay otros expertos que, pese al éxito de determinadas soluciones en el pasado, vaticinan un profundo cambio de ciclo. José Luis Sampedro se ha significado recientemente sugiriendo el ocaso del capitalismo. Àngels Martínez Castells lo ve del siguiente modo: “Este sistema es cada vez más una caricatura de sí mismo… Expulsa y margina personas que necesitan un mínimo de recursos y libertad. Este sistema podría aprovecharse de su capacidad intelectual y esfuerzos, pero les niega cualquier posibilidad de inclusión. Esta no es una contradicción más: es una contradicción fundamental. El capitalismo parece brillar y expandirse como una supernova cuando de hecho -y aunque el proceso puede durar años- ya se está convirtiendo en un agujero negro”.

Conviene leer el artículo completo, con muchos más matices. No venía a cuento tratar en tema tan denso, cómo logran el crecimiento algunos de los países hoy en la cumbre. Pero sí nos son aplicables los de nuestro nivel de desarrollo y concepción (presuntamente) democrática: EEUU. Contesto a la pregunta de Andrés ¿Por qué la UE está a la cola del crecimiento mundial? Por el inmovilismo que le impone su mayoría neoliberal (contraria a los intereses de toda la sociedad), por el propio inmovilismo y falta de compromiso de la ciudadanía que la sustenta.

  (Me parece más interesante aportar este trabajo hoy que la jaula de grillos del  Congeso, en donde la oposición no busca soluciones, sino alcanzar el poder. A la vista de las valoraciones al discurso del Presidente, a mí ya no me merece la pena ni escuchar las respuestas parlamentarias. No las del PP, CIU o PNV, desde luego. No se prevé novedad alguna en su cansino e inamovible discurso. Zapatero, por su parte,  sigue enamorado del libre mercado que le ha obligado a engullir la aplastante mayoría de “Bruselas“. Intenta salvar muebles. Insuflar optimismo. Pero… no hay un proyecto común español con el que defenderse ).

(Por si hay algún interesado en saber lo novedoso del debate, el resumen de otra buena periodista: Pilar Portero).

G20: “Compóntelas como puedas”

Fantástica foto de EFE portada de Público: Antidisturbios en Toronto.

El G20 primero, el G8 antes, reunidos en Toronto (Canadá), han acordado que las soluciones a la crisis que atravesamos sean “ajustadas a las circunstancias nacionales”. Es decir, que cada uno se las apañe como pueda. Y, al mismo tiempo, los países emergentes –que sí tienen dinero y ya sabemos a costa de qué la mayoría- logran que no salga adelante una regulación financiera. Pésimas noticias en su conjunto: la política ha abdicado. Las reuniones de Toronto así lo certifican. Estamos en el peor de los escenarios posibles entre los que podían darse.

Creado arbitrariamente en 1973, a petición de EEUU, el G8 consiste en la reunión de un grupo de países industrializados del mundo que poseen peso político, económico y militar. Pero no son ni los ocho países más industrializados, ni los de mayor renta per cápita ni los que tienen un mayor Producto Interior Bruto. Nació como G7, con Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido. Un día llamaron a Rusia, tras caer el telón de acero. Durante unos años fueron G7 más, Rusia. Ahora ya son G8. Nadie los ha elegido más que en sus respectivos países, pero ellos deciden por todo el mundo de alguna manera.

¿Alguien podría citar qué ha conseguido el G8 en sus cumbres? Por ejemplo, reducir cada vez más la aportación a los países pobres para cumplir “los objetivos del milenio” que dictó la ONU en el año 2000. ¿Algo más? A mí me llamó poderosamente la atención cómo exoneraron de condena al dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, en una histórica reunión, la de Hokkaido (Japón) en 2008. Histórica, porque fue la primera en la que, además de ver las grandes limusinas y paradisíacos hoteles, supimos que comían los líderes mundiales: un menú de hasta 19 platos, regados con sake y champán francés. Allí tenían que resolver qué hacían con la crisis alimentaria: dijeron que no sabían como ponerle coto. Y marcharon hacia sus casas tan tranquilos.

Se preguntan ahora cómo han podido gastar 800 millones de dólares en una reunión de fin de semana. Evidentemente no han cambiado su dieta, ni sus hábitos, y ahora ya son G20, muchos más. Añadamos el costo de la seguridad para un nutrido grupo de líderes y sus séquitos. El caso es que se han gastado 800 millones de dólares para no encontrar soluciones. Ese dinero es nuestro, nunca debemos olvidarlo. La grandilocuente declaración del año pasado ha quedado en nada. No se ha llevado a término apenas ninguna de las medidas acordadas para resolver la crisis. En lugar de “refundar” el capitalismo, el capitalismo se ha “enfundado” en su más cruda versión.  Por tanto, en esta ocasión ni se han molestado en hacer el paripé.

G20. Territorio Vergara. Público

 Obama es partidario de aumentar el gasto público (para estimular el consumo y el crecimiento) y quienes mandan en la UE de reducirlo, a costa de graves mermas en el estado del bienestar. El EEUU de Obama, y los gobiernos conservadores de Alemania, Francia y Reino Unido apuestan por regular por su cuenta el mercado financiero. Poco harán. No mandan. Quizás algo, ya veremos.

En España entretanto vemos a Zapatero entusiasmado con la nueva religión del “mercado”, no más incremento del gasto público, del gasto social. Y a Rajoy que, en lo poco que dice de su “programa” económico, se muestra no partidario de la tasa bancaria. ¿Un visionario? ¿Un rebelde emergente? No, el mayor y más desvariado colaborador del “sistema” neoliberal… más aún que el renovado Zapatero, que ya es decir. Al menos, al presidente le gustaría, dice, ir a un impuesto bancario.

Se nos están llevando el dinero a manos llenas. Sin controles, ni impuestos, con el llamado “secreto bancario”, atesoran en los paraísos fiscales una cantidad de dinero obscena e impronunciable. Pero que en estimaciones de Merryl Linch, equivale a 3 veces el PIB de EEUU, o de la UE, o a 13 el de la India. En España hay 143.000 personas, según el mismo informe, que guardan libres de cargas en opacas cuentas 175.000 millones de euros, según los técnicos de Hacienda, Gestha, en este caso. Echad un vistazo a estos gráficos de Expansión. Y a mí, sin ir más lejos, la Agencia Tributaria se me ha llevado casi todo el plan de pensiones, por no tener dinero para reclamar los errores judicialmente. Tú y yo, además, pagamos las carreteras, calles y servicios que estas grandes fortunas usan pero eluden contribuir a su creación y mantenimiento.

Con todo, lo más inquietante es el escenario en el que todo esto se desarrolla. La crisis partió de la quiebra de los bancos por prácticas fraudulentas. Los gobiernos les “inyectaron” dinero, tanto que, en ejemplo gráfico de Susan George, “si cada dólar fuese un segundo, en el reloj pasarían 400.000 años”. Y ahora son los que deciden y ordenan medidas a nuestros representantes políticos, caídos en una profunda sima.

He escuchado esta mañana a desmemoriados periodistas decir que con Obama acaba la hegemonía de EEUU, a manos de los países emergentes. En mi último libro, 2008, escribí esto, basada naturalmente, en lo que leía aquellos días:

“Con Bush hijo, acaba la época de mayor prosperidad económica e incluso –aun persistiendo grandes desigualdades- social de EEUU. Su gestión ha tenido importancia decisiva en el hundimiento económico de su país, en la quiebra del sistema. El mundo tardará muchos años en reponerse del mandato de George W. Bush”.

Las recetas de China, India o Brasil se imponen y aún en estos dos últimos países tienen un rostro humano, no así en China. Pero sobre todo se impone el desconcierto mundial. De todos, el más preocupante futuro es para la UE a la deriva, y, en ella, uno de los países peor parados es España. Sigamos preocupados por el Estatut, el burka, por la trascendental disyuntiva de una parte del periodismo joven entre “web y papel”, y por lo que llaman “rifirrafes” políticos. O por ver lo bien qué marcha mi ONG u organización progresista por sí sola. A mí comprobar que el inexorable cumplimiento del plan que se atisbaba y en sus peores salidas previstas, me asusta realmente. Por lo que ha de venir, lógicamente.

Israel/Comunidad Internacional: el guión previsto

El “incidente” en el que Israel ha atacado en aguas internacionales a una flotilla pacifista, está cumpliendo el programa habitual –del que ya hablamos ayer-. Israel tiene derecho a defender su seguridad, atacando un barco en aguas internacionales. Lo tiene a matar, herir y secuestrar porque las víctimas no pusieron la otra mejilla en el ilegal asalto, y osaron usar tirachinas y un palo, e incluso arrebataron a los soldados israelíes un arma. Lo tiene a imponer la censura y no contar quienes son las víctimas, y servir un vídeo parcial de los hechos.

Lo tiene. El Consejo de Seguridad de la ONU “lamenta la pérdida de vidas y condena el ataque a la flotilla”… pero no a Israel. EEUU se ha expresado en similares términos. Ya hemos leído firmas “de prestigio” escribiendo: “Es posible, sólo posible, porque aún no se conoce nada del trasfondo, que algunos de los participantes en la flotilla desearan que acabara ocurriendo lo que ha ocurrido”. Aún cuando, el primer artículo del libro de estilo de su periódico afirma: El rumor no es noticia. A su lado, sin duda, razonadas opiniones de condena. Es la pluralidad.

Ya hemos oído también a la televisión pública estatal –tan “objetiva” ella-, añadiendo en todas, absolutamente todas las informaciones sobre el caso, “la llamada” flotilla de la libertad. Purismo absoluto. Menos mal que algunas de las noticias servidas se saltan la gris norma de la Casa, poniendo datos y calor en sus textos. Estoy hablando de medios serios, dejemos a un lado panfletos de ultraderecha que justifican el ataque sangriento sin cuestionar una coma de lo que dice Israel. Ni mucho menos el fondo que ha llevado a esto. ¿Dónde están las 35 resoluciones de la ONU que exigen el fin del bloqueo de Gaza?

También hemos tenido en todos los medios las declaraciones del inefable embajador judío en España –una pura ofensa a la inteligencia y a la ética- en paridad, o con predominio de éstas sobre otras.

Las imágenes de las manifestaciones de condena ante las embajadas israelíes, resaltan a fieros y morenos árabes quemando banderas.

Al decir hace unos días, simbólicamente, que estamos aprisionados entre Goldman Sachs y Al Qaeda, se nos olvidó Israel, y su lobby (económico e ideológico) infiltrado en todos los estamentos de poder del mundo.

Javier Valenzuela vuelve a contar claves:

“Israel piensa para empezar que cualquier cosa que haga, desde utilizar pasaportes falsificados de países amigos para cubrir a sus sicarios hasta bombardear con fósforo poblaciones civiles, está más que justificado. Piensa que las víctimas judías del Holocausto le conceden una patente de corso eterna, del mismo modo que la Biblia le concede un título de propiedad eterno sobre Tierra Santa. Y luego Israel sabe que al final eso que en estos momentos elpais.com llama “clamor internacional” queda siempre en nada. De eso se encarga el potente lobby judío en Estados Unidos (y en otros países). Aunque Obama quisiera reaccionar como la salvajada se merece, alguien en su gabinete le estará recordando que en otoño hay elecciones legislativas en Estados Unidos, por no hablar de su propia reelección en 2012”.

Es lo que hay.  El guión previsto, el que termina con la palabra impunidad, en lugar de fin porque… continuará.

Fuera del mapa

Una de mis principales lagunas educacionales ha sido históricamente la geografía. Un día tendré que contar mi traumático paso por el colegio. El caso es que una señora de la alta sociedad de Zaragoza, nos daba esta asignatura al cupo de gratuitas del Sagrado Corazón, leyendo el libro con tono monocorde, sin levantar la vista, sin contestar una sola pregunta. No me enteré de nada. He tratado de solucionar el problema pisando la tierra, aviones y barcos que cruzan aire y océanos, pero sé que me fallan los cimientos. En otro día caótico de la realidad local y mundial, donde todo anda tan manga por hombro que hasta la sacrosanta policía francesa confunde bomberos con etarras, me ha fascinado un reportaje de El País que habla de mapas. Ampliemos miras hasta para entender pequeñas miserias.

“No solamente es fácil mentir con mapas; es esencial”, señala el experto estadounidense Mark Monmonier en su libro Cómo mentir con mapas (How to lie with maps, 1996), donde revisa cómo los mapas han servido históricamente para hacer propaganda”, dice el artículo. En él se nos dan los antecedentes cartográficos de quienes han tratado de dibujar el mundo en el que nos movemos, con mejor o peor intención, y a menudo cometiendo graves errores, especialmente en el tamaño -no real- de los países que se quería destacar.

De lo que no cabe duda es que durante siglos y, concretamente en 1988 que se hizo un estudio serio, el centro del mundo era Europa, y así lo dibujaban niños de cualquier origen. La apasionante historia de la tierra se remonta a aquella Pangea primitiva, el supercontinente formado por la unión de todos los continentes actuales que se cree que existió durante las eras Paleozoica y Mesozoica, antes de que los separaran en su configuración actual los movimientos de las placas tectónicas. Si uno lo mira bien, los continentes encajan como un puzle.

El mapa se extienden en una esfera desde luego, pero nuestra mente –al menos la mía- lo ve plano. Así, Europa está en el centro, América nos queda a la izquierda -con la inmensa separación del Atlántico-, África se encuentra en el Sur, a Oceanía ni la contamos, y a la derecha tenemos Asia. Tan a la derecha, que produce un shock contemplar los mapas estadounidenses, que, por supuesto, sitúan a su país en el centro del orbe, y pegado al continente asiático que parece haber dado un monstruoso salto en su ubicación. No si lo pensamos. Sabemos de las expediciones soviéticas a Alaska –que les quedaba al lado-, si, pero yo al menos no lo había interiorizado. Ver el mundo desde ojos norteamericanos todavía no me encaja.

El problema que nos cuenta el brillante artículo de Álvaro de Cózar, es que Europa se borra del mapa. Y lo hace por la importancia estratégica de países emergentes, sobre todo de China que a punto está también de desplazar a EEUU. Y por su propia desidia. “Un mapa no es más que una mirada, trazada históricamente con una carga ideológica, a veces inocente, que suele generar controversia. Mientras el mapa del poder real en el mundo está cambiando radicalmente, desplazando a Europa cada vez más al oeste y colocando en el centro a Estados Unidos y China, las viejas polémicas sobre el eurocentrismo siguen vivas”. Sí, Europa se muere víctima de su vanidad y anquilosamiento. Y estar en el mapa cuenta, porque de su lugar dependen muchas otras variables.

Temo el mundo que sitúe en su centro a China, con su desprecio de los derechos humanos todos, desde laborales a cívicos, incluso biológicos. A ese sistema chino que miran relamiéndose los autores del golpe de Estado económico que dominan nuestra sociedad. En un reportaje para el que pedí entrevistas a la corresponsalía, un director de empresa afirmaba que el coste laboral, la nómina, era inapreciable en la cuenta de resultados, que sólo representaba el 1% del gasto. Carlos Berzosa, rector de la Complutense y miembro del Consejo Científico de ATTAC España, se pregunta si se producirá un giro social en China, si será una vez más la sociedad desactivada en todo el mundo quién cambie la situación. Es interesante. Pero todo está en el aire.

Decía Pessoa que “la gramática es la gente“, la geografía también. Somos motor y receptor en el mundo que nos mueven otros. Los bomberos, los etarras, el inefable paleto Rajoy, el periodismo ¿cuentan en la mirada global? El periodismo sí. El que cubre desde la caja del supermercado y la hipoteca bancaria a la Red que nos une o la elevación del juicio sobre el mapamundi con tierras y mares pobladas de seres humanos que laten y viven todos los días. O eso creo. A veces. Pisamos una tierra que parece sólida pero se está desplazando en realidad al albur de intereses que nos sobrepasan. No está de más, al menos saberlo. ¿O no?

Actualización:

Mientras escribía esto llega un comentario de Joan al post anterior con un poema de Pedro Casaldáliga:

“Esta es la tierra nuestra:

¡la libertad,

humanos!

Esta es la tierra nuestra:

¡la de todos,

hermanos!

La Tierra de los Hombres

que caminan por ella

a pie desnudo y pobre”.

Confluyen las deducciones. Aunque, junto a la libertad, añadiría: justicia y equidad.

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