40% no es mayoría absoluta

Cuatro no son más que seis. Una persona que mida 1.40 cms, no es más alta que la que alcanza 1,60 cms. 40 euros no son más que 60. Alguien con 40 años no es más viejo que otro con 60. 4 kilos de manzanas no son más que 6 kilos de manzanas, ni siquiera de peras. Repitan conmigo: 40% no es mayoría absoluta. Es minoría, igual que es más bajo el de 1,40, más viejo el de 60, menos euros 40 que 60, menos kilos los menos kilos.

 Parece mentira que hayan de ser esgrimidos ejemplos de parvulario ante el  propósito del PP de convertir en mayoría absoluta el 40% de los votos para que así sea alcalde el candidato de la lista más votada. Tienen la desfachatez de asegurar que de este modo es elegida la persona que desea la mayoría de la gente. No, la mayoría de la gente no, el 60% no la quiere. Pero ya hay abducidos que defienden este estrangulamiento de las matemáticas… y de la democracia.

 Apoyados en una mayoría absoluta precisamente, el partido de Rajoy ha metido el turbo para aprobar esta nueva reforma. En Septiembre, dicen. Ya. En el paquete al que han tenido la osadía de llamar de “regeneración democrática”. Con ácido sulfúrico la están procesando. Y puede que -tras los sucesivos atropellos, vía confusión de los tres poderes o leyes represivas incluyendo la ley mordaza- éste sea el definitivo descabello de nuestra hoy maltrecha democracia.

 Cospedal en Castilla-La Mancha ya ha dejado el Parlamento niquelado para perpetuarse en el cargo. “El pucherazo es tan brutal que se podría dar el absurdo de que el PP sea la segunda fuerza en número de votos, pero consiga una mayoría absoluta en escaños incluso si logra apenas el 35% de las papeletas”, escribía Ignacio Escolar quien alertaba de algo que esta sociedad debería grabarse en su ética: “un escándalo que tendría que indignar a cualquier ciudadano con el más mínimo respeto por la democracia, sea cual sea su color”.

 Engullido lo de Castilla-La Mancha como si nada, vamos a por el siguiente paso: la lista más votada dirige la alcaldía. Con un 40% de los votos que ya haremos algún apaño, porque ya ni esos porcentajes logran. Grecia, por ejemplo, otorga 50 escaños más al partido más votado al Parlamento aunque haya ganado por la mínima. Tras los alcaldes, vendrán las Comunidades Autónomas, y, finalmente, el gobierno de la nación. Otros países lo hacen, dicen. Sí,  también los hay que autorizan la pena de muerte. En todo caso, privilegiar a la lista más votada se da en países de claro bipartidismo. Aquí, el bipartidismo ha precisado de muletas periféricas, como mínimo.

 Dos partidos y punto. Eso es lo que quieren, sin duda, los miembros de la Congregación de Beneficiarios del Sistema. Y están lívidos por si la sociedad les echa del chiringuito en el que vivían tan a gusto. Con esa perspectiva en el horizonte, ya no se sienten ni cómodos. Y no se puede consentir.

 Esta reforma que Mariano Rajoy proyecta tiene un único y claro objetivo: deshacerse de lo que ellos llaman partidos pequeños, en particular de Podemos que en este momento les aterra. Consagrar el bipartidismo de PP y PSOE por decreto. Está dispuesto a hacerlo en solitario, de igual forma que su colega Cospedal ejecutó su pucherazo en Castilla-La Mancha. Esa máquina de cinismo y demolición sin rival, declaró en Mallorca –a la salida de su reunión con el Rey- que hay cosas que no se pueden aprobar en solitario y deben ser consultados todos los ciudadanos. Se refería a un referéndum en Cataluña, cuando leyes que han alterado gravemente nuestra convivencia nos la han clavado solos, sin apoyos ni acuerdo alguno. Ahora están empecinados en lo mismo. El portavoz del PP Alfonso Alonso ha declarado que “habrá medidas de regeneración democrática con consenso o sin consenso”. Lo que se entiende por democracia y diálogo, vamos.

 Dictar leyes para, a sabiendas, beneficiarse debe tener alguna tipificación contemplada en el Código Penal. Se parece mucho a la Prevaricación. Si es que algo de eso queda, las quejas de los profesionales de la Justicia acerca de las preocupantes reformas de este gobierno no cesan. Recordemos que el Tribunal Constitucional de la era Rajoy considera ajustado a derecho al más alto rango la Reforma Laboral que inspiró su presidente, antiguo miembro activo del PP.

 Otra explicación antológica la ha dado el portavoz adjunto del PP Rafael Hernando en una entrevista de Aimar Bretos en la SER. Esta medida evitaría, en su opinión…  ¡la corrupción urbanística! Esos partidos pequeños, cuando han sido elegidos, “lo primero que pedían era las concejalías de urbanismo”, argumenta. Pringados de corrupción hasta el tuétano, ellos no se fían de los pequeños. Cuánto mejor es el negocio a lo grande y, sobre todo, propio.

 Ése es el gran problema. La Congregación no se entera del profundo hartazgo que han generado. No quieren comprender que no se les quiere y no es porque la sociedad veleidosa haya caído prendada de otro. Perdiendo los papeles, exhibiendo sonrisas de prepotencia y terror ante lo que no logran entender, repiten lo dañino que es alejarse de sus brazos protectores. Esos que han consumado o permitido la estafa que ha devaluado nuestro nivel de vida y está matando el futuro de esta sociedad, de sus jóvenes en particular, tal como lo conocíamos. Los que nos han llevado a liderar el aumento de la desigualdad en Europa. Esos, a menudo inmersos en una impune corrupción, que cada vez menos gente está dispuesta a tragar.

 Ovejas descarriadas y sin seso, incapaces de ver lo que les conviene, los ciudadanos deben guiarse por los que sí saben. El País publicó un editorial, alarmado por el Barómetro del CIS que otorgaba a Podemos el segundo puesto en intención de voto directa. Y decía: “Uno de los riesgos de este sondeo es que el éxito de Podemos (la mitad de cuyos votantes de 2014 lo fueron en 2011 del PSOE o de IU) anime a otros a imitar su radicalismo populista”.

O dicho de  otro modo, a ver si diferentes partidos, fuerzas y personas se unen a otra forma de hacer política y los partidos grandes son los que pasan a ser pequeños que es el temor general dela Congregación. Ya está pasando, de ahí que les urja ponerle freno. Lo que quiera la gente y por qué, no cuenta. Más claro no lo pueden dejar.

Menos mal que el domingo, El País, en  una encuesta propia, vendía la recuperación del bipartidismo y del PSOE catapultado por “el efecto Sánchez”. En cuatro días da un vuelco a, en este caso, el voto estimado. A  ver si se lo creen y se calman, que estamos viendo mucha histeria.

 El 40% no es mayoría absoluta, no es mayoría siquiera. Es menos que el 60% a quien pretenden dejar en cueros. Es sobre todo menos democracia. Hay que explicarlo hasta la extenuación, apelar a la decencia de quienes tienen algún poder para impedirlo. No tendría vuelta atrás  Queda poco tiempo. El pucherazo del PP no se puede consumar. Si esto cuela también, nos merecemos cuanto nos ocurra.

*Publicado en eldiario.es

 

El sistema que quiere destruir Podemos

Nada ha concitado más unánime odio y miedo en los últimos tiempos que el triunfo electoral de Podemos. Mentes preclaras como las de los populares Floriano, Aguirre o Cifuentes han liderado los exabruptos a la formación que consiguió 5 escaños en los comicios europeos cuando ellos no lo esperaban. Las jóvenes apuestas rubalcabistas del PSOE andan en parecida zozobra, lo mismo que viejos ideólogos de la desnortada socialdemocracia española. El cabeza de lista, Pablo Iglesias, es el enemigo a abatir en las altas esferas políticas y mediáticas.  Expurgan su vida presente y pasada como lo harían fuerzas especiales conjuntas del MOSSAD, la CIA y la KGB.  Leestán adiestrando en resistencia al acoso ejercido con las peores artes de la mala calaña a niveles de la Esparta de Leónidas. Si lo supera, estará preparado para afrontar cualquier eventualidad. De momento, han decretado una pausa en su pasión acribilladora por Ada Colau, pero volverá, con seguridad. Con cualquiera que amenace su privilegiado estatus.

 Están aterrados. A estas alturas de la fiesta monárquica ya no cabe duda de que la irrupción de una candidatura ciudadana  precipitó los acontecimientos. La improvisación desplegada en el precipitado proceso de sucesión en la Jefatura del Estado indica que la decisión tan meditada les pilló con toda la ropa sucia y sin meter en la lavadora. Incluso Juan Carlos ha demostrado su acreditada campechanía al exhibir con naturalidad una expresión de rey destronado que produce hasta lástima a los corazones sensibles. Las fotos de estos días son un impagable tratado de psicología.

 Las élites extractivas tienen muy claro su objetivo: que todo siga más o menos como estaba. Deben andar en el baile que va del navajazo limpio a las serviles reverencias para situarse en la nueva Corte pero el enemigo común es uno: Podemos. Tan a fondo se han empleado en su contra, con tal profusión y altura en los ataques, que ya no debe quedar apenas nadie que no haya reparado en ellos. Y se pregunte (y se responda) a qué viene tal descarga de improperios.

 Los ciudadanos se han puesto en marcha. El 15M no fue tan baladí como quieren hacer creer. Siguieron las mareas –la histórica e inolvidable de los mineros, la blanca de la sanidad con su podio de logros, la verde de la educación-sembrando con duros sacrificios lo que ahora se recoge. Las manifestaciones contra multa y palo, el continuar hablando. Y cristaliza una candidatura electoral con Podemos, un movimiento de gente muy preparada que sabe desmontar a la apolillada caverna mediática con argumentos y serenidad. Y más de un millón de personas vota a la formación. Y renacen los círculos de trabajo, las esperanzas de una política horizontal y trasversal donde todos cuentan.

Fue la ilustre pensadora Cristina Cifuentes la que dio en la diana: Podemos “dañaría la credibilidad de España”. Y su compañero de cátedra Carlos Floriano culminó el enunciado: aprovechan el dolor de la gente utilizando falsas promesas que no se puedenaplicar. Sí, eso está feísimo, el PP jamás lo haría.

¿De qué credibilidad habla Cifuentes y en qué círculos se vería dañada? No hay duda alguna: en quienes manejan el cotarro tanto aquí como fuera. Ese 1% que ha basado su estrategia en acumular dinero y poder exprimiendo y atenazando al resto, al otro 99%. Por primera vez en la historia no ejercen ni de dueños del cortijo. La supervivencia de este cortijo o el otro les da igual, si pueden sacar provecho. Se trasladan con sus maletas y sus cuentas corrientes. Punto. Con el egoísmo como motor político. Con la ley del embudo como modelo. Con ningún escrúpulo.

 ¿Y qué sistema destruiría Podemos o cualquier política desde la ciudadanía? El que ha llevado a España a unos niveles de pobreza y exclusión social desconocidos en décadas.El que ha asolado el empleo añadiendo un millón de parados. El que en 2012, primer año de gloria del PP, redujo los salarios de los españoles como nunca antes, de forma que trabajar ya no garantiza poder costearse una vida digna. El que ha agravado la disminución del nivel de vida con recortes y repagos.  El que ha hecho crecer el hambre –se dice pronto: el hambre- en España, liderando la desigualdad en Europa. Uno de cada tres niños necesita la comida del colegio para alimentarse, y enfrentan el verano  sin saber si la tendrán. 2.226.000 niños vivían en noviembre de 2012 en el umbral de la pobreza, ahora son 2.800.000. Disfruten lo votado.

  Vibren entusiasmados con el sistema que se monta una rebaja fiscal electoralista donde las clases medias terminarán pagando las rebajas a los ricos para no variar. El que ha situado a las universidades españolas entre las más caras de Europa. El que expulsa a los jóvenes. El que penaliza la educación, la cultura, la ciencia y la investigación. ¿Y la sanidad? Los daños son ya de gran calado. No dejo de preguntarme qué ángeles de la muerte cruzaron nuestra tierra para haberla  arrasado con tal sadismo. ¿Esto es lo que hay que mantener?

 ¿Y la democracia? ¿Qué ha pasado con ella que no se puede ni disentir? ¿Qué queda de una ciudadanía representada por genuflexos? ¿Esto es lo que amenaza Podemos?

  El maravilloso sistema español a preservar podría definirse hoy perfectamente por la corrupción que envenena  el cuerpo esencial del Estado, la impunidad, la confusión de poderes y la manipulación sistemática ejercida por los privilegiados. Los ciudadanos acaban de darle una nota de 1,9 en una encuesta del INE, pero esto es lo cabal, según ellos. Pues mire, igual es preferible probar otro sistema, otros demagogos, otros sátrapas incluso. Se precisa mucha dedicación para llegar a igualar las bajezas y atropellos de incontables próceres del país.  Hay que ser muy miserable y estar muy podrido para situarse a la altura de unos cuantos que hoy dirigen el cotarro.  Ya procuraremos vigilar y defender, desde el principio que es más fácil, un cambio real.

 En cuanto a los programas de progreso  sociales y de fin de los latrocinios y mamandurrias claro que son aplicables. Solo que esta vez quienes pierden algún privilegio, alguno, son los que ahora los detentan en exclusiva, pulverizando los derechos de la mayoría. No les quitan nada suyo, les impiden seguir llevándose lo nuestro.

Cuando ya el dinero y los recortes amenazan la supervivencia hay poco que perder. Cuando uno teme el desastre que deja a sus hijos, se vence el miedo. Cuando ya el asco por tanto atropello y tanta injusticia no cabe en el estómago, se está para muy pocas bromas. Cualquier cosa es mejor que seguir tragando esta atronadora injusticia servida además con insultante pitorreo. Lo saben. Lo intuyen. Por eso están tan nerviosos.  No tengan ninguna duda, esa minoría extirpadora que se lucra a costa de los demás, no verá con buenos ojos una política destinada al bien común de la sociedad –sean quienes sean la que la lideren-, pero buena parte de la ciudadanía se sentirá tan aliviada que igual se anima y sigue el ejemplo. Es lo que les da miedo. Que se les acabe el cuento, su siniestro cuento.

*Publicado en eldiario.es

Mayoría absoluta, nepotismo y corrupción

 En España ganar unas elecciones equivale a haber sido agraciado con el premio Gordo de la lotería. Y de tal cuantía que se benefician familiares, amigos e incluso alguno que pasaba por allí poniendo buena cara al líder. Nada que ver con el servicio público que se presuponía a la profesión de político. El voto mayoritario implica contar a plena disposición con el cuerno de la abundancia. En dinero y en especie.

La práctica se da en diferentes grados y no es exclusiva de España. El peligro reside cuando se hace con el mando un mediocre, con vocación de Tiranorzuelo Rex que no ha querido evolucionar desde las aprendidas viejas costumbres de casta en las que se crió. En ese caso, su gestión puede ser letal para la sociedad.

En España, según parece, es suficiente para acceder a un cargo de notable responsabilidad y remuneración, haberse mantenido al lado del politico, ahora ganador, en sus días bajos. Haberle sustentado cuando los contrincantes querían abatirle. Lo hemos visto con Arsenio Fernández de Mesa, cuya fidelidad a Mariano Rajoy le depara pasar de un puesto a otro haga lo que haga. Vio adoquines de fuel en el Prestige que se hundirían mansamente en el agua, desde su cargo de delegado del gobierno en Galicia. Director de la Guardia Civil, en la actualidad, se quita de encima con soltura los cadáveres de 15 emigrantes fallecidos mientras eran acorralados en el agua por efectivos bajo su mando. Todo el gobierno en realidad exhibe la misma actitud, la de siempre: no va con ellos. Les ha tocado la lotería. La que distribuye el poseedor del boleto. Y cuela.

Desde el poder uno puede, en España, repartir prebendas en ausencia hasta de un sentimiento tan primario como es el pudor.  Véase el caso de regalar a los Registradores de la Propiedad el Registro Civil. Se trata de la profesión de Mariano Rajoy y varios de sus familiares. De parientes del ministro de Justicia, autor directo de la norma. Pero además ese cuerpo es una anomalía en Europa donde su trabajo lo realizan funcionarios, sin costo para el usuario. Es decir, en lugar de ser europeos y registrar propiedades gratis, el gobierno ordena –aumentando sus privilegios- que acudamos también a ellos para gestiones como anotar nacimientos, bodas o defunciones.

Aquí cuela todo. Y eso es lo más preocupante. En un país con casi 6 millones de parados, vemos la facilidad con la que encuentran trabajo –y excelentemente remunerado-, hijos, maridos, mujeres, amantes, hermanos, amigos fieles, el tipo que te hace la declaración de la Renta y que puede acabar presidiendo una Caja de Ahorros, chóferes, entrenadores personales. De ahí a nombrar alto cargo al caballo –emulando a Calígula- hay solo un paso.

No puede aducirse que sean gentes en general de especial preparación o aguda inteligencia. El mediocre no quiere al lado nadie que le supere. Personas como Fátima Báñez, Ana Mato, José Ignacio Wert, Cristóbal Montoro, José Manuel Soria  y prácticamente todo el resto – pasen y vean- , forman parte de el gobierno de los mejores que se prometió –y también se incumplió-. Hablan con Dios y se encomiendan a Santa Teresa, mientras, insensibles, siguen sin dimitir ante la tragedia –absolutamente evitable- de Ceuta. Lo que está pasando en España es un auténtico delirio.

Lo peor es cómo infiltran sus piezas en todos los órganos de decisión e influencia. Ganar las elecciones en España es inocular en el Estado la ideología y las formas del triunfador. Están en todas partes. Hasta con tibios disfraces.

Asemejados a espectadores de una película –de terror- advertimos subir y bajar en el escalafón a los validos y validas, como en las cortes medievales. Ya ni estar al quite siempre, mentir más allá del ridículo y adular al infinito es garantía de permanencia.

Y tiene consecuencias. Graves.  Un país basado en el nepotismo en lugar de en el mérito, en caciques y círculos de amiguismo, es caldo de cultivo para todo tipo de corrupciones e ineficacia. Es el sumidero por donde se van nuestro nivel de vida y nuestros derechos. Cuando se llega a tal degradación, la respuesta desde el poder es el palo y la multa, la violencia para reprimir la protesta, y las reformas de leyes y órganos judiciales que den contexto legal a actuaciones injustas. Aguardando, quizás, que un estallido social ampare mayores desafueros… y mayor impunidad.

Esta sociedad desconcertada y desesperada anda pidiendo ante este panorama algo o alguien que ponga freno a esta locura. Y es cosa de cada uno.

No es imposible erradicar el nepotismo. Se trata de que un cambio de partido en el gobierno no conlleve, por ley, un cambio de arriba abajo en la Administración. Prohibir el reparto del botín de los cargos y empleos. El sustrato fundamental ha de estar formado por profesionales cualificados.

La mayoría absoluta no puede amparar un cambio de régimen. No es un cheque en blanco. Y engañar para llegar al poder e incumplir el 90% del programa electoral ha de implicar necesariamente la destitución y convocatoria de nuevas elecciones.

Todo ello sería factible con una separación real de poderes y con una Justicia regenerada. Los órganos judiciales y, en particular, el Fiscal General del Estado, no pueden seguir siendo elegidos por los partidos.

Lo imposible es seguir manteniendo esta continua degeneración. Claro que los cambios no los traen hechos a casa. La tarea es de los afectados, los beneficiarios de las prebendas jamás harán nada por perderlas. La gente ha de convencerse de que, unida y con presión constante, tiene poder para enderezar los cimientos. Y ponerse a ello, también ha de actuar. Frenar el inaudito ritmo de destrucción que estamos sufriendo, a un paso de lo irremediable.

*Publicado en eldiario.es

El PP no es el único culpable

Cuesta creer que el PP de Rajoy haya llegado a colar una ley tan regresiva como la que ha llamado de Seguridad Ciudadana. No es que no estuviéramos avisados: cinco siglos de derecha española sin regenerar ni pagar ni uno solo de sus atropellos –algunos de desorbitada gravedad– terminan por desembocar en esta locura. Pero no resulta lógico que la cadena de desmanes emprendida por el PP no encuentre contestación efectiva de quienes pueden proporcionarla: políticos, Justicia, todos los estamentos de la vida social.

Sin freno alguno, los dirigentes del PP parecen entregados a una especie de lujuria represora sádica en la que cada miembro del Gobierno envida a ver si supera al anterior. Es el nuevo Código Penal de Gallardón, la reforma laboral de Bañez, la de Mato, la ley Wert, las medidas fiscales de Montoro, el Gobierno en pleno de Rajoy y Sáenz de Santamaría. Y las cacicadas de sus ayuntamientos y Gobiernos autonómicos. Y sus parlamentarios, que se pasaron por el arco del triunfo millón y medio de firmas para una ley justa de desahucios. Y como pregonera Andrea Fabra –la hija del condenado pero poco–, que ya anticipó cuánto nos iban a joder, según sus palabras textuales.

Se da así la paradoja de que uno de los pueblos más castigados pero también más sufridos e incluso sumisos de Europa recibe la consigna adicional de que será duramente penado como se le ocurra protestar. Es que algunos lo hacen. Con extraordinaria mesura, por cierto. El 15M, como anticipo, fue calificado como el movimiento más serio y civilizado de aquellas primaveras de dignidad tan premonitorias, hace 2 años tan sólo. Así lo contaban los medios extranjeros. Asombrados. Porque en el resto del mundo nos conocen, conocen sobre todo cómo se las gasta la derecha local con poder. Se han alarmado ahora mucho. Creen algunos que con esta ley estamos en “camino a la dictadura”. No es previsible que nadie haga nada, sin embargo. Y eso es lo terrible.

Una vez aprobada definitivamente la ley Fernández, ley mordaza, se habrá acabado en España la libertad de expresión y de manifestación, ya muy mermada en la práctica. Mientras sigue la cascada de “reformas” que están dejando lívida la justicia social y la democracia. Dejémonos incluso de rebuscar en herencias y mohos, en la deseducación e infantilidad de la minoría decisiva de la sociedad española, el problema lo tenemos hoy y es hoy cuando hay que afrontarlo. Se ha ido agravando a ritmo creciente y ahora ha puesto el turbo. Sólo es menos grave que lo será mañana y que dentro de otros dos años si el PP continúa a este ritmo. Que en esa idea está.

No es posible que todo siga como si nada ocurriera. Es inconcebible que el PP enlace impunemente las mentiras de la siguiente campaña electoral –que ya ha emprendido– con las de su programa anterior incumplido. No es ni humano seguir engañando a sus fieles y crédulos con una recuperación que hace aguas por todas partes y que sin duda dejará en la cuneta –según costumbre– a los ciudadanos que no sean del muy exclusivo clan. Dos puntos de crecimiento de un año para otroanuncia Cospedal: ¿por qué no tres millones y medio como los empleos de González Pons?

El PP, sin embargo, no está solo. Si lo estuviera, toda la sociedad lo advertiría con claridad. Y no es ésa su percepción. Porque tampoco es admisible en modo alguno que, por pillar un puesto, dos o doce en los devaluados órganos de lo que un día se llamó Justicia, se contribuya a su degradación. La ley Corcuera fue tumbada por el Tribunal Constitucional; en el actual, tienen de presidente a un militante o exmilitante del PP –aficionado a pronunciarse sobre temas polémicos reafirmando su ideología– al que la mayoría de sus colegas no ve reparo alguno. La separación de poderes, consustancial a la democracia, es una entelequia en España y así se la trata cuando gente como Esperanza Aguirre se asombra de que el Gobierno de su partido no cese magistradosde Tribunales cuyas decisiones no le gustan. Y se engulle como tantas cosas.

La política está fallando estrepitosamente. En apariencia, andan preocupados por la desafección de los ciudadanos. Por eso se disponen a atizar a quien se mueva, para ver si el amor surge de los palos, según costumbre también. Algunos medios se muestran inquietos porque cae el bipartidismo. Y porque no emerge otra fuerza que deje las cosas tan divinamente estables como están. La sociedad desearía otra política, limpia y que resolviera sus problemas. Como debe ser. Y, francamente, si no paran la deriva en la que estamos sumidos, va a ser verdad que sólo les interesa su silla, su sueldo, sus dietas y su jugosa pensión que duplica con creces la del resto de los mortales y que sólo precisa 4 años de trabajo.

Ninguna mayoría absoluta legitima un cambio de régimen. Hay que preguntar a diputados, senadores, jueces, fiscales, algo muy concreto: ¿están de acuerdo o no con estas leyes que promulga el PP? Es hora de plantarse y evidenciar lo que está ocurriendo y ponerle remedio. Dejen la silla, dimitan, hagan algo. Si el PP obra en solitario, que se vea y los ciudadanos aprecien la diferencia. Definir los papeles. Y utilizar los medios democráticos disponibles para resolver el problema. No puede seguir esta apatía, esta apariencia de normalidad, cuando en nada es “normal” que se cercenen valores fundamentales. Hechos, no más palabrería. Lo mismo cabe requerir de la UE, del FMI, del BCE, de nuestra supervisora oficiosa y oficial Alemania y toda la parentela: hemos perdido derechos, presente, futuro, ¿también van a amparar –una vez más– que nos resten libertades democráticas? En temas trascendentales, todo silencio es cómplice.

Recetas FMI y UE: menos salario, más paro, menos democracia, más precariedad

Olli Rehn, el responsable de Asuntos Económicos de la UE, se ha apuntado a la petición del FMI:los sueldos de los españoles deben bajar un 10% para crear empleo. Dos patas de la Troikadecretan pues abundar en nuestro empobrecimiento y con la tercera, el BCE, no existe la menor discrepancia ideológica -porque de eso hablamos-. Ningún dato avala que la devaluación de los ciudadanos disminuya el paro y frene la recesión sino todo lo contrario. Pero desde el Olimpo en el que viven nuestros ejecutores, los ciudadanos somos anotaciones contables en un papel que sirven a sus fines. Rehn ha osado incluso apelar a la coacción. “Quienes lo rechacen frontalmente cargarán sobre sus hombros con la enorme responsabilidad de los costes sociales y humanos“, escribe en su blog, “ expresando el sentir de la Comisión“, según una portavoz. Paradojas de la vida, la Historia fijará la inmensa culpa de los actuales gestores de la UE en el hundimiento de Europa y sus ciudadanos. Y, ahora mismo, en los injustos daños sociales y humanos que ya han causado.

Un negocio estupendo proponen. Se trata de rebajar los salarios un 10% adicional a las graves mermas sufridas con la Reforma Laboral de Bañez/Rajoy. Como saben que eso no funciona, solicitan también incentivar la contratación con rebajas de impuestos a las empresas. Pero, claro, entra menos dinero en las arcas públicas, así que cogemos a los monigotes del tablero y les subimos también los impuestos indirectos. Como esto es intragable –por mucho que los españoles hayan demostrado que engullen cuanto les echen- emplazamos a los sindicatos para que les convenzanÉsta es la síntesis del “pacto” pergeñado por el FMI, que la UE encuentra un gran hallazgo. ¿Motivar a los ciudadanos para que asientan en silencio? Bastante tienen con un empleo miserable si es que les toca en suerte.  No hay otro incentivo.

Desde primero de economía o desde la pura constatación sensata de la realidad, se sabe que con menos dinero –vía mermas salariales y subidas de costos- los ciudadanos cada vez consumen menos. Se siguen hundiendo los negocios, por tanto, y aumentando el paro. Máxime cuando los bancos a pesar de nuestros generosos regalos no dan créditos. Pero el plan vuelve a ser que trabajemos para la exportación. Buscan crecer en ese apartado, es lo que nos brindan como ejemplo de “recuperación”. Nos convertimos en la fábrica del mundo, en competencia con China, Bangladesh u otros países de trabajo esclavo. Hay mucho margen para rebajar el sueldo en consecuencia. Y a callar. Realmente es un acuerdo muy ventajoso. Para ellos.

Rehn  -que llama “lumbreras” a quienes se oponen a las rebajas de sueldo y demás recortes a la sociedad- cita como ejemplo de la eficacia de estas políticas a Irlanda y Letonia. Estamos ciegos si no queremos verlo, aunque conozcamos lo que quieren ocultar. Irlanda, casualmente, lidera con España el aumento del paro de larga duración en los últimos cuatro años. Pero es que la gente, el dolor de las personas, son daños colaterales. En cuanto a Letonia ha venido siendo ejemplo paradigmático de crucifixión a cargo del FMI y lo será de la UE a la que ahora, en los huesos sus ciudadanos, aspira a entrar. El que, en terminología de la jungla neoliberal, fue llamado “El tigre báltico”, vio caer al 18 % su economía cuando llegó la crisis. Se cerraron hospitales, los enfermos debían alquilar su cama en los que permanecían abiertos, bajaron a la mitad el sueldo de los maestros y un 20% el salario mínimo y las pensiones. El despido es libre. ¿Han salido de la recesión? Los ciudadanos no. Como explicaba Paul Krugman las recuperaciones parciales de algunas de sus cifras de depresión – como el paro cuya tasa fue la única que en algunos momentos sobrepasó la española-, se han conseguido por ejemplo con la emigración masiva. Nosotros andamos en ello. También aquí hay mucho margen para echar a su suerte a ciudadanos de toda condición. Las cifras de la EPA mejoran así que es un gusto.

Lo más grave si cabe es que el aumento de las desigualdades sociales –y España se sitúa en cabeza de Europa en rapidez y cuantía- lastra incluso el desarrollo de los países como tales. Está demostrado. Las sociedades menos igualitarias registran un mayor grado de fracaso social que aquellas donde esas diferencias se han limado. La desigualdad aumenta las tensiones sociales, crece la violencia, las enfermedades, los problemas mentales, reduce la esperanza de vida. Prácticamente todos pierden. Pero si el dinero llena los bolsillos adecuados no les importa.

 Rehn ha vivido de lo público toda su vida laboral. Como tantos otros. Como la mayoría de sus colegas en la Comisión. Como el español Joaquín Almunia en gran parte de su trayectoria. Desde las atalayas de sus jugosos sueldos ya no sienten el aliento de las personas a las que dicen representar y pagan sus facturas. Deberían cobrar el sueldo medio de la UE una buena temporada, la media entre Rumania o Bulgaria y Suecia y repetir después sus doctrinas.

La austeridad –apadrinada por Merkel-  ha matado Europa. Ya apenas cuenta en el concierto mundial. Obama ha sido el primer presidente del aún poderoso EEUU que ya apenas la pisa. La austeridad… y la profunda relajación de la democracia. La conservadora canciller alemana imprimió también –desde el famoso Merkosy- la sustitución de los órganos comunitarios por decisiones personales o apañadas a dos o por una camarilla. Quien más manda en la UE es el Consejo Europeo compuesto por los presidentes o jefes de gobierno de los países miembros, cada cual buscando sus intereses nacionales. Y es decisiva la asimetría del poder real: unos deciden e imponen y otros no pintan nada.

Pero hay todavía una enorme responsabilidad más de la UE con respecto a España: lo poco que les interesa la profunda trama de corrupción que está minando los pilares del Estado. Eso no va con ellos. Son asuntos internos. Con los que se intercambian relaciones comerciales que no en otra cosa han convertido a los países. De hecho, Merkel sigue apoyando a Rajoy vea lo que vea, y sepa lo que sepa. Mediando el beneficio para sus bancos, se hace la vista gorda a las vigas que se clavan en el ojo propio. En un utópico mundo justo, también tendrían que pagarlo.

 Quedaron profundamente grabadas en mi memoria las palabras de una dignísima anciana que conocí en un reportaje sobre el Archivo de Salamanca. Teresa Virgili, hija del que fuera vicepresidente del Parlamento catalán en la República dijo : “ Mi padre era muy optimista, él pensaba cuando empezó la guerra mundial que ganarían las democracias y Franco saltaría enseguida, que las democracias europeas nos ayudarían. La gran decepción fue cuando no pasó esto ”.

 Hoy como siempre, estamos solos. Ante la codicia del entramado mundial y el español en particular. Ante la devastadora corrupción que nos corroe. Ante la peligrosa degradación de la democracia. Ante nosotros mismos y esos ciudadanos decisivos que una y otra vez miran para otro lado o creen la fantástica mentira de que ya vuelve el maná.

*Publicado en eldiario.es

¿Tiene remedio este país?

Hay un debate imprescindible y urgente a hacer cuando se pertenece a un país comandado por alguien que vive en la más absoluta irrealidad –como hemos visto en el Congreso– y que, por añadidura, se siente completa y exultantemente orgulloso de su nefasta gestión. ¿Existe una solución a esta debacle? Son serios nuestros condicionantes.

Toda persona madura y equilibrada prioriza la consecución de sus intereses a lo que le dictan sus pasiones. Por muy fuertes que éstas sean, sabe lidiar con ellas, convertirlas incluso en sus aliadas. A las sociedades les ocurre lo mismo: buscan lo que conviene a la mayoría. Comencemos con una anécdota… muy significativa: lo sucedido con Beatriz Talegón. Una joven socialista que obró con impericia al ignorar que España siente una profunda afición a cortar las cabezas de quienes destacan… entre sus iguales. Los franceses sacaron las guillotinas para acabar con la tiranía y en busca de otro sistema social más justo, aquí se gritó: “Vivan las caenas, muera la libertad”, mientras se bajaba la cerviz de nuevo ante el eterno enemigo.

Esta España que se cae a pedazos, con el mayor incremento de la deuda pública en la historia –completamente imputable a las políticas del PP–, que cercena derechos, que nos vende desde la sanidad pública a los montes, se distrae con encendidos ataques hacia alguien que no tiene la menor relevancia política. Es muy revelador el hecho, sin embargo. Todo sigue igual. El viejo camino inalterable. Aquí se piden líderes solo para tener a quién darle un tajo y derribarle, siempre que sean de tamaño accesible para el golpe. De poderosos, ni hablamos. Lo supo el 15M. Huyó de cabezas visibles como de la peste. Solo que el espíritu disgregador, cicatero, envidioso y cainita de buena parte de los españoles logró desanimar a muchas personas valiosas que terminaron por decir: Ahí os quedáis.

 Esa misma mezquindad también se apunta a acribillar a aquellos de sus iguales –repito que se permiten “ser de izquierdas” contando con medios para vivir. La derecha ha inducido que sea necesario estar prácticamente inmerso en la indigencia para mostrar un pensamiento crítico y de lucha por un mundo más justo. Los actores que osaron abrir la boca en la gala de los Goya –pese a la censura preventiva de su presidente– lo saben bien. Se les está linchando. Comprado sin pestañear por gran parte de la sociedad, el discurso tiene un objetivo claro: si no te mueres de hambre, has de ser “de derechas”. Y votar derechas, claro. Quienes especulan y se lucran del dolor ajeno, quedan fuera de la apreciación. Igualdad, igualdad, gritaba el jorobado de Notre Dame desde lo alto de una torre y le respondieron desde abajo ¿qué quieres? ¿Jorobarnos a todos?Evidentemente, no iba por ahí su justa petición. Lo paradójico es que esos mismos luego se asustan si piensan que alguien quiere quitarles “lo suyo”. Aunque lo estén haciendo ahora impunemente desde arriba.

Nos detallan los informes que los niños actuales no entienden lo que leen. Viene de atrás. Y no es cosa ni del sur, ni del sol.  Son cinco siglos de hegemonía conservadora, mojigata y fullera en los que jamás han pagado sus culpas. Dedicados a disuadir el pensamiento crítico, a educar en la sumisión, a destruir la dignidad. Una y otra vez tan solo les basta sentarse a esperar que sus víctimas se peleen entre sí y se destruyan. Mareadas, dan tumbos cobrando piezas del propio bando.

La derecha de la trampa y la caspa, la que impunemente sigue pagando sueldos a los corruptos,  comparte discurso con ciertos sectores de la izquierda. Obcecados, como un toro con el trapo, no ven cuando les llega el descabello. Protestando, eso sí. Se diría que el objetivo último es protestar. Es cierto que los partidos tienen muchos cadáveres en sus armarios. Todos. Al menos, los que llevan largo tiempo funcionando. IU no está recogiendo el descontento con el PP y el PSOE, lo hace mucho más el populismo de UPyD. Todo el centro izquierda debería hacérselo mirar. Igual el problema está dentro.  El PSOE sigue en su limbo e IU, a pesar de muchos intentos regeneradores que se advierten, no es la Syriza moderna y abierta que logró ilusionar a muchos votantes griegos. No los suficientes.

Ahí está el problema. Grecia terminó votando a los causantes de sus males. Y les nació el peligroso cáncer del fascismo que tan a gusto germina en las sociedades inmaduras y desequilibradas. Máxime cuando la crisis económica aprieta y, reiteradamente, no se tiene la claridad de distinguir las amenazas reales. Nosotros vamos por el mismo camino. Los errores no pueden acarrear pena de cadena perpetua, si hay voluntad de cambio. Esto es una emergencia y cada uno parece ir a lo suyo. Con violencia incluso, signo de un malestar real y preocupante que no sabe o quiere discernir quiénes le atenazan.

El cambio –si llega– vendrá fundamentalmente por la sociedad civil, menos contaminada. Lo peor es que vivimos en un bucle. Siglos de deseducación, infantilismo, sumisión, peleas callejeras a la sombra de los palacios de los poderosos. ¿Quién lo cambia? Se necesitarán generaciones y no vamos precisamente por ese camino.

 Yo vi esa sociedad capaz, sin embargo, muchos la vimos. La que salió a las plazas el 15M y construyó. En un proyecto mucho más amplio del que se agrupaba en las siglas. La que trazó fines y medios. La que pensaba en el bien común, no en parcelas únicamente. La que aún se ve en la encomiable tarea de la PAH. Nos va la vida y el futuro en ello, pero aún la siguen espantando ¿Cuántos más dirán “ahí te quedas”? La peculiar derecha española seguirá frotándose, entretanto, las manos mientras conduce implacable la apisonadora. No son tantos. De alguien debe ser la culpa. ¿Tiene remedio España? Por este camino, no. ¿Volvemos al comienzo?… Toda persona madura y equilibrada prioriza la consecución de sus intereses a lo que le dictan sus pasiones. A las sociedades les ocurre lo mismo: buscan lo que conviene a la mayoría. No es imposible, sí difícil, pero hay que hacerlo.

*Publicado en eldiario.es en donde hay magníficos comentarios.

España no es Bulgaria

lo que hay que discutir

autor: @arma_pollo

El gobierno búlgaro ha dimitido en pleno a causa de 10 días de masivas protestas de la población contra los recortes y de la brutalidad policial. “No voy a participar en un gobierno en el cual la policía golpea a la gente”, ha dicho el presidente Boiko Borisov. “Cada gotita de sangre es una mancha”, ha añadido incluso. “No puedo ver un Parlamento rodeado por tapias”, ha seguido argumentando. Para concluir: “Tenemos dignidad y honor. Son las personas que nos dieron el poder a las que se lo devolvemos hoy”. Poco más de 7 millones de habitantes y han salido hasta 100.000 a la calle. Paro, corrupción, recortes y la subida de la luz en un 13% como detonante.  

 Se nos llenan los ojos de lágrimas de emoción al ver que un presidente dimite porque la ciudadanía protesta contra su gestión. El país más pobre de la UE, con un salario medio de 350 euros mensuales, proscrito por los gobiernos “de primera” de Europa que cierran sus puertas a los búlgaros expulsados por la eterna crisis, ha dado una gran lección. En la época soviética tuvo uno de los regímenes más autoritarios. Votar “a la búlgara” viene del monolítico apoyo a sus gobernantes del Partido comunista, prácticamente del 100%.  

Lo curioso es que el hasta ahora jefe del gobierno búlgaro Boiko Borisov es un personaje muy peculiar. Ex alcalde de la capital, Sofía, pertenece al partido conservador “Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria”. Es ingeniero de la policía, con grado de teniente general, especializado en la lucha contra incendios.  Y también en “contra el crimen y el mantenimiento del orden público”, labores por las que ha recibido premios internacionales. Se doctoró asímismo en Ciencias. Práctica karate y es árbitro internacional de este deporte. Tiene 53 años, Rajoy, por cierto, 57.

 Pues bien, hasta este señor dimite, presta oídos al pueblo que le ha elegido y –amante de la seguridad- se horroriza de ver la gente apaleada por exigir sus derechos. Diez días frente a un año en España con una media de diez manifestaciones diarias. También le repugna contemplar el parlamento vallado… como está el español. Para que allí se escenifique otra vez la parodia de un debate en el que tenemos cantado todo lo que va a ocurrir. Dos viñetas de hoy, lo resumen a la perfección.

forges.debatenacion

Forges en El País

vergara.debatenacion

Bernardo Vergara en eldiario.es

Parlamentos español y portugués: descubre las diferencias

Quiénes son los responsables

La mayoría de los estudios sobre la ignorancia citan entre sus características la de que induce a obrar en contra de los propios intereses y sin siquiera darse cuenta. Se puede ser conservador, naturalmente, es una respetable opción ideológica. Ahora bien, otra cosa es tener que pedir permiso a jueces y curas para meterse en la cama con quien uno quiera y consagrarlo en un documento si se tiene el capricho. O contemplar como mueren cuatro jóvenes en una fiesta plagada de irregularidades y añadirle una serie de insultos: que la alcaldesa de Madrid y su equipo borren las pruebas de que promocionaron el evento, como harían unos colegiales tramposos, o que todo un Fiscal General del Estado considere que quien se divierte tiene un problema de “estructura familiar”.  O saber que Gallardón y “el gobierno” han decidido que tener hijos no deseados “no daña la salud de la mujer”. Es decir, a uno le puede gustar la Edad Media, visitar los monasterios y leer libros de sectas conspiradoras, tener una reproducción del Santo Grial sobre la cómoda,  pero… no tiene porqué imponerlo a los demás.  

El pack viene con añadidos sustanciales: 128.000 parados más, negros presagios sobre el aumento de la recesión, y más bromas de brotes verdes o promesas de que ahora ya sí, que en 2014 se arregla ¿Pues no iba a ser en Junio de 2013? La privatización de la sanidad con lo que implica para el ciudadano. El drama para nuestro futuro de cerrar el Hospital de La Princesa –que tan magistralmente explicó en este diario Ruth Toledano- es solo un ejemplo. Pagar por estar sano, o morir en el empeño. U oprimir a los ciudadanos hasta la médula de sus huesos, mientras se cambia la ley para que Eurovegas prácticamente no pague impuestos.

 “No hay otro remedio, no hay dinero”, repiten incansables los responsables en buena medida de la situación que padecemos. Prestos a cortarse las venas o meterse debajo de una manta, al ver caer ya en el desempleo y la miseria a parientes, amigos y conocidos, han entendido -parece ser- que esto “no es cosa de un partido u otro”. Y hasta justifican la política de Rajoy y su troupe, convirtiéndose en sus cómplices. Vaya por dios, antes toda la culpa era de Zapatero. En todo caso ¿Qué futuro esperan para ellos y sus descendientes? ¿O no lo piensan? ¿Han mirado a Grecia y Portugal? 

La corrupción endémica española tampoco importa. Cada día nuevas revelaciones de atracos a las arcas públicas, basadas en que se les ha dado la llave en un acto de confianza. “Siempre ha sido así”, comentan mientras se encogen de hombros. Jamás despegará este país en tanto no se solucione esta arraigada lacra.

 O ver a nuestros empleados en el gobierno preparar todo un arsenal, con un estratosférico aumento del presupuesto antidisturbios. ¿Para qué? ¿Vienen las hordas de los Hunos? Igual es para reprimir las protestas por las medidas que imponen y nos perjudican. ¿Se consentiría eso en alguna empresa?

Es más fácil engañar a la gente que convencerles de que han sido engañados, decía Mark Twain pero ya está bien de tener que engrasar los circuitos neuronales y éticos de unos ciudadanos que hacen dejación de serlo. Porque la ciudadanía implica la búsqueda del bien común y saber que las decisiones propias repercuten en los demás. Que vivir en sociedad es pensar en sus miembros y no aprovechar sus sorportes únicamente en beneficio propio.

 O la sumisión de las víctimas. Esos desahuciados de los que hablaba días atrás Ignacio Escolar, helando la sangre del más templado: “La mayoría de las familias que son desahuciadas en España por no poder pagar su hipoteca no lo cuentan. No se atrincheran para aguantar ante la policía que llega con la cruel orden de desalojo. No llaman al 15-M ni tampoco a las cámaras de televisión. No se resisten ni luchan. Les mienten a sus vecinos, les dicen que se mudan a otro barrio o a otra ciudad, que les ha salido un trabajo fuera, que ya escribirán”.

 Vuelvo a traer una de las muchas ideas lúcidas de José Luis Sampedro: “¿Democracia? Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común. Esos votos condicionados por la presión mediática y las campañas electorales, sirven al poder dominante para dar la impresión de que se somete al veredicto de la voluntad popular expresada libremente en las urnas. En ocasiones, como se ha visto, sirven incluso para avalar la corrupción. Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”.

 Estamos deteriorando la democracia a niveles tan inconmensurables como nuestra propia depresión. Ignorancia y sumisión, falta de ética, el cóctel maldito largamente labrado en décadas y aun siglos de educación en España. Ellos son nuestras (pesadas) piedras en los zapatos, los que mantienen esta situación insostenible.

 *Publicado en eldiario.es

Grecia vota

Bajo una intolerable presión. El conciliábulo mundial de acuerdo para decirles cuál debe ser el sentido de su voto, con serias amenazas si no obedecen. Recuerda hoy Soledad Gállego-Díaz: “los totalitarismos no se edifican sobre sus virtudes, sino sobre los errores de los demócratas, como explicó Camus y como se ha dejado escrito en miles de libros de historia europea”.

 Un país que apenas supone el 2% del PIB de la UE va a desestabilizar al parecer a toda Europa si elige a Syriza. Grecia lleva dos años y medio aplicando la durísima política de ajustes de la Troika (BCE, UE y FMI) y los resultados para la población –cuya máxima responsabilidad en la quiebra es haber votado apenas sin opciones- son catastróficos. ¿Qué puede darles –y darnos- más miedo? ¿La situación actual, la realidad de hoy y el futuro previsible, o un cambio? ¿Funciona bien –para la sociedad- el sistema que con tanto ahínco defienden políticos y la inmensa mayoría de los medios y hasta la sociedad con el cerebro y la dignidad cautivos?

Enric González, un periodista de enorme solvencia, define la situación sobre el terreno, como enviado especial de El País. “Europa pone una presión abrumadora a un país condenado a sufrir” titula su crónica -de imprescindible lectura completa- que comienza así:

 Grecia carece de arsenal nuclear. Pero dispone de algo que, al parecer, puede tener efectos igualmente devastadores: elecciones democráticas. La Unión Europea y sus gobiernos, empezando por el alemán, han advertido a los griegos de que si hoy venciera la izquierda podría romperse el euro y desatarse una crisis económica mundial. La presión sobre los votantes, que han comenzado a votar a las siete de la mañana (6.00 en España), es abrumadora. Y los sondeos predicen algo parecido a un empate.

Las consecuencias de la presión extranjera sólo se sabrán a partir de esta noche. En cualquier caso, las amenazas apocalípticas no pueden angustiar mucho más a un pueblo al límite de la ansiedad. No hay trabajo, ni dinero, ni futuro. El índice de desempleo rebasa el 22%, y el 50% entre los menores de 30 años, pese a la reducción de los salarios en un tercio; los únicos comercios todavía con clientes son los de alimentación; las multinacionales empiezan a marcharse; la Seguridad Social ha sido destruida; aumentan en paralelo la delincuencia y la xenofobia; el turismo, una de las grandes fuentes de riqueza, está huyendo.

El principal candidato de la izquierda, Alexis Tsipras, de la coalición Siryza, ha insistido hasta el final de la campaña en que no quiere dejar el euro, sino renegociar los acuerdos con los acreedores porque imponen una austeridad que, tras cinco años de recesión, resulta insoportable y contraproducente. “No se atreverán a expulsarnos del euro, eso es un farol”, proclama. El líder de la derecha, Antonis Samaras, se presenta como el defensor de la unión monetaria, pero también admite que las contrapartidas del rescate concedido a Grecia (170.000 millones de euros) están desangrando al país. Angela Merkel, la canciller alemana, es inflexible: “No renegociaremos los acuerdos”, declaró el viernes…

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 819 seguidores

%d personas les gusta esto: