Mayoría absoluta, nepotismo y corrupción

 En España ganar unas elecciones equivale a haber sido agraciado con el premio Gordo de la lotería. Y de tal cuantía que se benefician familiares, amigos e incluso alguno que pasaba por allí poniendo buena cara al líder. Nada que ver con el servicio público que se presuponía a la profesión de político. El voto mayoritario implica contar a plena disposición con el cuerno de la abundancia. En dinero y en especie.

La práctica se da en diferentes grados y no es exclusiva de España. El peligro reside cuando se hace con el mando un mediocre, con vocación de Tiranorzuelo Rex que no ha querido evolucionar desde las aprendidas viejas costumbres de casta en las que se crió. En ese caso, su gestión puede ser letal para la sociedad.

En España, según parece, es suficiente para acceder a un cargo de notable responsabilidad y remuneración, haberse mantenido al lado del politico, ahora ganador, en sus días bajos. Haberle sustentado cuando los contrincantes querían abatirle. Lo hemos visto con Arsenio Fernández de Mesa, cuya fidelidad a Mariano Rajoy le depara pasar de un puesto a otro haga lo que haga. Vio adoquines de fuel en el Prestige que se hundirían mansamente en el agua, desde su cargo de delegado del gobierno en Galicia. Director de la Guardia Civil, en la actualidad, se quita de encima con soltura los cadáveres de 15 emigrantes fallecidos mientras eran acorralados en el agua por efectivos bajo su mando. Todo el gobierno en realidad exhibe la misma actitud, la de siempre: no va con ellos. Les ha tocado la lotería. La que distribuye el poseedor del boleto. Y cuela.

Desde el poder uno puede, en España, repartir prebendas en ausencia hasta de un sentimiento tan primario como es el pudor.  Véase el caso de regalar a los Registradores de la Propiedad el Registro Civil. Se trata de la profesión de Mariano Rajoy y varios de sus familiares. De parientes del ministro de Justicia, autor directo de la norma. Pero además ese cuerpo es una anomalía en Europa donde su trabajo lo realizan funcionarios, sin costo para el usuario. Es decir, en lugar de ser europeos y registrar propiedades gratis, el gobierno ordena –aumentando sus privilegios- que acudamos también a ellos para gestiones como anotar nacimientos, bodas o defunciones.

Aquí cuela todo. Y eso es lo más preocupante. En un país con casi 6 millones de parados, vemos la facilidad con la que encuentran trabajo –y excelentemente remunerado-, hijos, maridos, mujeres, amantes, hermanos, amigos fieles, el tipo que te hace la declaración de la Renta y que puede acabar presidiendo una Caja de Ahorros, chóferes, entrenadores personales. De ahí a nombrar alto cargo al caballo –emulando a Calígula- hay solo un paso.

No puede aducirse que sean gentes en general de especial preparación o aguda inteligencia. El mediocre no quiere al lado nadie que le supere. Personas como Fátima Báñez, Ana Mato, José Ignacio Wert, Cristóbal Montoro, José Manuel Soria  y prácticamente todo el resto – pasen y vean- , forman parte de el gobierno de los mejores que se prometió –y también se incumplió-. Hablan con Dios y se encomiendan a Santa Teresa, mientras, insensibles, siguen sin dimitir ante la tragedia –absolutamente evitable- de Ceuta. Lo que está pasando en España es un auténtico delirio.

Lo peor es cómo infiltran sus piezas en todos los órganos de decisión e influencia. Ganar las elecciones en España es inocular en el Estado la ideología y las formas del triunfador. Están en todas partes. Hasta con tibios disfraces.

Asemejados a espectadores de una película –de terror- advertimos subir y bajar en el escalafón a los validos y validas, como en las cortes medievales. Ya ni estar al quite siempre, mentir más allá del ridículo y adular al infinito es garantía de permanencia.

Y tiene consecuencias. Graves.  Un país basado en el nepotismo en lugar de en el mérito, en caciques y círculos de amiguismo, es caldo de cultivo para todo tipo de corrupciones e ineficacia. Es el sumidero por donde se van nuestro nivel de vida y nuestros derechos. Cuando se llega a tal degradación, la respuesta desde el poder es el palo y la multa, la violencia para reprimir la protesta, y las reformas de leyes y órganos judiciales que den contexto legal a actuaciones injustas. Aguardando, quizás, que un estallido social ampare mayores desafueros… y mayor impunidad.

Esta sociedad desconcertada y desesperada anda pidiendo ante este panorama algo o alguien que ponga freno a esta locura. Y es cosa de cada uno.

No es imposible erradicar el nepotismo. Se trata de que un cambio de partido en el gobierno no conlleve, por ley, un cambio de arriba abajo en la Administración. Prohibir el reparto del botín de los cargos y empleos. El sustrato fundamental ha de estar formado por profesionales cualificados.

La mayoría absoluta no puede amparar un cambio de régimen. No es un cheque en blanco. Y engañar para llegar al poder e incumplir el 90% del programa electoral ha de implicar necesariamente la destitución y convocatoria de nuevas elecciones.

Todo ello sería factible con una separación real de poderes y con una Justicia regenerada. Los órganos judiciales y, en particular, el Fiscal General del Estado, no pueden seguir siendo elegidos por los partidos.

Lo imposible es seguir manteniendo esta continua degeneración. Claro que los cambios no los traen hechos a casa. La tarea es de los afectados, los beneficiarios de las prebendas jamás harán nada por perderlas. La gente ha de convencerse de que, unida y con presión constante, tiene poder para enderezar los cimientos. Y ponerse a ello, también ha de actuar. Frenar el inaudito ritmo de destrucción que estamos sufriendo, a un paso de lo irremediable.

*Publicado en eldiario.es

El PP no es el único culpable

Cuesta creer que el PP de Rajoy haya llegado a colar una ley tan regresiva como la que ha llamado de Seguridad Ciudadana. No es que no estuviéramos avisados: cinco siglos de derecha española sin regenerar ni pagar ni uno solo de sus atropellos –algunos de desorbitada gravedad– terminan por desembocar en esta locura. Pero no resulta lógico que la cadena de desmanes emprendida por el PP no encuentre contestación efectiva de quienes pueden proporcionarla: políticos, Justicia, todos los estamentos de la vida social.

Sin freno alguno, los dirigentes del PP parecen entregados a una especie de lujuria represora sádica en la que cada miembro del Gobierno envida a ver si supera al anterior. Es el nuevo Código Penal de Gallardón, la reforma laboral de Bañez, la de Mato, la ley Wert, las medidas fiscales de Montoro, el Gobierno en pleno de Rajoy y Sáenz de Santamaría. Y las cacicadas de sus ayuntamientos y Gobiernos autonómicos. Y sus parlamentarios, que se pasaron por el arco del triunfo millón y medio de firmas para una ley justa de desahucios. Y como pregonera Andrea Fabra –la hija del condenado pero poco–, que ya anticipó cuánto nos iban a joder, según sus palabras textuales.

Se da así la paradoja de que uno de los pueblos más castigados pero también más sufridos e incluso sumisos de Europa recibe la consigna adicional de que será duramente penado como se le ocurra protestar. Es que algunos lo hacen. Con extraordinaria mesura, por cierto. El 15M, como anticipo, fue calificado como el movimiento más serio y civilizado de aquellas primaveras de dignidad tan premonitorias, hace 2 años tan sólo. Así lo contaban los medios extranjeros. Asombrados. Porque en el resto del mundo nos conocen, conocen sobre todo cómo se las gasta la derecha local con poder. Se han alarmado ahora mucho. Creen algunos que con esta ley estamos en “camino a la dictadura”. No es previsible que nadie haga nada, sin embargo. Y eso es lo terrible.

Una vez aprobada definitivamente la ley Fernández, ley mordaza, se habrá acabado en España la libertad de expresión y de manifestación, ya muy mermada en la práctica. Mientras sigue la cascada de “reformas” que están dejando lívida la justicia social y la democracia. Dejémonos incluso de rebuscar en herencias y mohos, en la deseducación e infantilidad de la minoría decisiva de la sociedad española, el problema lo tenemos hoy y es hoy cuando hay que afrontarlo. Se ha ido agravando a ritmo creciente y ahora ha puesto el turbo. Sólo es menos grave que lo será mañana y que dentro de otros dos años si el PP continúa a este ritmo. Que en esa idea está.

No es posible que todo siga como si nada ocurriera. Es inconcebible que el PP enlace impunemente las mentiras de la siguiente campaña electoral –que ya ha emprendido– con las de su programa anterior incumplido. No es ni humano seguir engañando a sus fieles y crédulos con una recuperación que hace aguas por todas partes y que sin duda dejará en la cuneta –según costumbre– a los ciudadanos que no sean del muy exclusivo clan. Dos puntos de crecimiento de un año para otroanuncia Cospedal: ¿por qué no tres millones y medio como los empleos de González Pons?

El PP, sin embargo, no está solo. Si lo estuviera, toda la sociedad lo advertiría con claridad. Y no es ésa su percepción. Porque tampoco es admisible en modo alguno que, por pillar un puesto, dos o doce en los devaluados órganos de lo que un día se llamó Justicia, se contribuya a su degradación. La ley Corcuera fue tumbada por el Tribunal Constitucional; en el actual, tienen de presidente a un militante o exmilitante del PP –aficionado a pronunciarse sobre temas polémicos reafirmando su ideología– al que la mayoría de sus colegas no ve reparo alguno. La separación de poderes, consustancial a la democracia, es una entelequia en España y así se la trata cuando gente como Esperanza Aguirre se asombra de que el Gobierno de su partido no cese magistradosde Tribunales cuyas decisiones no le gustan. Y se engulle como tantas cosas.

La política está fallando estrepitosamente. En apariencia, andan preocupados por la desafección de los ciudadanos. Por eso se disponen a atizar a quien se mueva, para ver si el amor surge de los palos, según costumbre también. Algunos medios se muestran inquietos porque cae el bipartidismo. Y porque no emerge otra fuerza que deje las cosas tan divinamente estables como están. La sociedad desearía otra política, limpia y que resolviera sus problemas. Como debe ser. Y, francamente, si no paran la deriva en la que estamos sumidos, va a ser verdad que sólo les interesa su silla, su sueldo, sus dietas y su jugosa pensión que duplica con creces la del resto de los mortales y que sólo precisa 4 años de trabajo.

Ninguna mayoría absoluta legitima un cambio de régimen. Hay que preguntar a diputados, senadores, jueces, fiscales, algo muy concreto: ¿están de acuerdo o no con estas leyes que promulga el PP? Es hora de plantarse y evidenciar lo que está ocurriendo y ponerle remedio. Dejen la silla, dimitan, hagan algo. Si el PP obra en solitario, que se vea y los ciudadanos aprecien la diferencia. Definir los papeles. Y utilizar los medios democráticos disponibles para resolver el problema. No puede seguir esta apatía, esta apariencia de normalidad, cuando en nada es “normal” que se cercenen valores fundamentales. Hechos, no más palabrería. Lo mismo cabe requerir de la UE, del FMI, del BCE, de nuestra supervisora oficiosa y oficial Alemania y toda la parentela: hemos perdido derechos, presente, futuro, ¿también van a amparar –una vez más– que nos resten libertades democráticas? En temas trascendentales, todo silencio es cómplice.

Recetas FMI y UE: menos salario, más paro, menos democracia, más precariedad

Olli Rehn, el responsable de Asuntos Económicos de la UE, se ha apuntado a la petición del FMI:los sueldos de los españoles deben bajar un 10% para crear empleo. Dos patas de la Troikadecretan pues abundar en nuestro empobrecimiento y con la tercera, el BCE, no existe la menor discrepancia ideológica -porque de eso hablamos-. Ningún dato avala que la devaluación de los ciudadanos disminuya el paro y frene la recesión sino todo lo contrario. Pero desde el Olimpo en el que viven nuestros ejecutores, los ciudadanos somos anotaciones contables en un papel que sirven a sus fines. Rehn ha osado incluso apelar a la coacción. “Quienes lo rechacen frontalmente cargarán sobre sus hombros con la enorme responsabilidad de los costes sociales y humanos“, escribe en su blog, “ expresando el sentir de la Comisión“, según una portavoz. Paradojas de la vida, la Historia fijará la inmensa culpa de los actuales gestores de la UE en el hundimiento de Europa y sus ciudadanos. Y, ahora mismo, en los injustos daños sociales y humanos que ya han causado.

Un negocio estupendo proponen. Se trata de rebajar los salarios un 10% adicional a las graves mermas sufridas con la Reforma Laboral de Bañez/Rajoy. Como saben que eso no funciona, solicitan también incentivar la contratación con rebajas de impuestos a las empresas. Pero, claro, entra menos dinero en las arcas públicas, así que cogemos a los monigotes del tablero y les subimos también los impuestos indirectos. Como esto es intragable –por mucho que los españoles hayan demostrado que engullen cuanto les echen- emplazamos a los sindicatos para que les convenzanÉsta es la síntesis del “pacto” pergeñado por el FMI, que la UE encuentra un gran hallazgo. ¿Motivar a los ciudadanos para que asientan en silencio? Bastante tienen con un empleo miserable si es que les toca en suerte.  No hay otro incentivo.

Desde primero de economía o desde la pura constatación sensata de la realidad, se sabe que con menos dinero –vía mermas salariales y subidas de costos- los ciudadanos cada vez consumen menos. Se siguen hundiendo los negocios, por tanto, y aumentando el paro. Máxime cuando los bancos a pesar de nuestros generosos regalos no dan créditos. Pero el plan vuelve a ser que trabajemos para la exportación. Buscan crecer en ese apartado, es lo que nos brindan como ejemplo de “recuperación”. Nos convertimos en la fábrica del mundo, en competencia con China, Bangladesh u otros países de trabajo esclavo. Hay mucho margen para rebajar el sueldo en consecuencia. Y a callar. Realmente es un acuerdo muy ventajoso. Para ellos.

Rehn  -que llama “lumbreras” a quienes se oponen a las rebajas de sueldo y demás recortes a la sociedad- cita como ejemplo de la eficacia de estas políticas a Irlanda y Letonia. Estamos ciegos si no queremos verlo, aunque conozcamos lo que quieren ocultar. Irlanda, casualmente, lidera con España el aumento del paro de larga duración en los últimos cuatro años. Pero es que la gente, el dolor de las personas, son daños colaterales. En cuanto a Letonia ha venido siendo ejemplo paradigmático de crucifixión a cargo del FMI y lo será de la UE a la que ahora, en los huesos sus ciudadanos, aspira a entrar. El que, en terminología de la jungla neoliberal, fue llamado “El tigre báltico”, vio caer al 18 % su economía cuando llegó la crisis. Se cerraron hospitales, los enfermos debían alquilar su cama en los que permanecían abiertos, bajaron a la mitad el sueldo de los maestros y un 20% el salario mínimo y las pensiones. El despido es libre. ¿Han salido de la recesión? Los ciudadanos no. Como explicaba Paul Krugman las recuperaciones parciales de algunas de sus cifras de depresión – como el paro cuya tasa fue la única que en algunos momentos sobrepasó la española-, se han conseguido por ejemplo con la emigración masiva. Nosotros andamos en ello. También aquí hay mucho margen para echar a su suerte a ciudadanos de toda condición. Las cifras de la EPA mejoran así que es un gusto.

Lo más grave si cabe es que el aumento de las desigualdades sociales –y España se sitúa en cabeza de Europa en rapidez y cuantía- lastra incluso el desarrollo de los países como tales. Está demostrado. Las sociedades menos igualitarias registran un mayor grado de fracaso social que aquellas donde esas diferencias se han limado. La desigualdad aumenta las tensiones sociales, crece la violencia, las enfermedades, los problemas mentales, reduce la esperanza de vida. Prácticamente todos pierden. Pero si el dinero llena los bolsillos adecuados no les importa.

 Rehn ha vivido de lo público toda su vida laboral. Como tantos otros. Como la mayoría de sus colegas en la Comisión. Como el español Joaquín Almunia en gran parte de su trayectoria. Desde las atalayas de sus jugosos sueldos ya no sienten el aliento de las personas a las que dicen representar y pagan sus facturas. Deberían cobrar el sueldo medio de la UE una buena temporada, la media entre Rumania o Bulgaria y Suecia y repetir después sus doctrinas.

La austeridad –apadrinada por Merkel-  ha matado Europa. Ya apenas cuenta en el concierto mundial. Obama ha sido el primer presidente del aún poderoso EEUU que ya apenas la pisa. La austeridad… y la profunda relajación de la democracia. La conservadora canciller alemana imprimió también –desde el famoso Merkosy- la sustitución de los órganos comunitarios por decisiones personales o apañadas a dos o por una camarilla. Quien más manda en la UE es el Consejo Europeo compuesto por los presidentes o jefes de gobierno de los países miembros, cada cual buscando sus intereses nacionales. Y es decisiva la asimetría del poder real: unos deciden e imponen y otros no pintan nada.

Pero hay todavía una enorme responsabilidad más de la UE con respecto a España: lo poco que les interesa la profunda trama de corrupción que está minando los pilares del Estado. Eso no va con ellos. Son asuntos internos. Con los que se intercambian relaciones comerciales que no en otra cosa han convertido a los países. De hecho, Merkel sigue apoyando a Rajoy vea lo que vea, y sepa lo que sepa. Mediando el beneficio para sus bancos, se hace la vista gorda a las vigas que se clavan en el ojo propio. En un utópico mundo justo, también tendrían que pagarlo.

 Quedaron profundamente grabadas en mi memoria las palabras de una dignísima anciana que conocí en un reportaje sobre el Archivo de Salamanca. Teresa Virgili, hija del que fuera vicepresidente del Parlamento catalán en la República dijo : “ Mi padre era muy optimista, él pensaba cuando empezó la guerra mundial que ganarían las democracias y Franco saltaría enseguida, que las democracias europeas nos ayudarían. La gran decepción fue cuando no pasó esto ”.

 Hoy como siempre, estamos solos. Ante la codicia del entramado mundial y el español en particular. Ante la devastadora corrupción que nos corroe. Ante la peligrosa degradación de la democracia. Ante nosotros mismos y esos ciudadanos decisivos que una y otra vez miran para otro lado o creen la fantástica mentira de que ya vuelve el maná.

*Publicado en eldiario.es

¿Tiene remedio este país?

Hay un debate imprescindible y urgente a hacer cuando se pertenece a un país comandado por alguien que vive en la más absoluta irrealidad –como hemos visto en el Congreso– y que, por añadidura, se siente completa y exultantemente orgulloso de su nefasta gestión. ¿Existe una solución a esta debacle? Son serios nuestros condicionantes.

Toda persona madura y equilibrada prioriza la consecución de sus intereses a lo que le dictan sus pasiones. Por muy fuertes que éstas sean, sabe lidiar con ellas, convertirlas incluso en sus aliadas. A las sociedades les ocurre lo mismo: buscan lo que conviene a la mayoría. Comencemos con una anécdota… muy significativa: lo sucedido con Beatriz Talegón. Una joven socialista que obró con impericia al ignorar que España siente una profunda afición a cortar las cabezas de quienes destacan… entre sus iguales. Los franceses sacaron las guillotinas para acabar con la tiranía y en busca de otro sistema social más justo, aquí se gritó: “Vivan las caenas, muera la libertad”, mientras se bajaba la cerviz de nuevo ante el eterno enemigo.

Esta España que se cae a pedazos, con el mayor incremento de la deuda pública en la historia –completamente imputable a las políticas del PP–, que cercena derechos, que nos vende desde la sanidad pública a los montes, se distrae con encendidos ataques hacia alguien que no tiene la menor relevancia política. Es muy revelador el hecho, sin embargo. Todo sigue igual. El viejo camino inalterable. Aquí se piden líderes solo para tener a quién darle un tajo y derribarle, siempre que sean de tamaño accesible para el golpe. De poderosos, ni hablamos. Lo supo el 15M. Huyó de cabezas visibles como de la peste. Solo que el espíritu disgregador, cicatero, envidioso y cainita de buena parte de los españoles logró desanimar a muchas personas valiosas que terminaron por decir: Ahí os quedáis.

 Esa misma mezquindad también se apunta a acribillar a aquellos de sus iguales –repito que se permiten “ser de izquierdas” contando con medios para vivir. La derecha ha inducido que sea necesario estar prácticamente inmerso en la indigencia para mostrar un pensamiento crítico y de lucha por un mundo más justo. Los actores que osaron abrir la boca en la gala de los Goya –pese a la censura preventiva de su presidente– lo saben bien. Se les está linchando. Comprado sin pestañear por gran parte de la sociedad, el discurso tiene un objetivo claro: si no te mueres de hambre, has de ser “de derechas”. Y votar derechas, claro. Quienes especulan y se lucran del dolor ajeno, quedan fuera de la apreciación. Igualdad, igualdad, gritaba el jorobado de Notre Dame desde lo alto de una torre y le respondieron desde abajo ¿qué quieres? ¿Jorobarnos a todos?Evidentemente, no iba por ahí su justa petición. Lo paradójico es que esos mismos luego se asustan si piensan que alguien quiere quitarles “lo suyo”. Aunque lo estén haciendo ahora impunemente desde arriba.

Nos detallan los informes que los niños actuales no entienden lo que leen. Viene de atrás. Y no es cosa ni del sur, ni del sol.  Son cinco siglos de hegemonía conservadora, mojigata y fullera en los que jamás han pagado sus culpas. Dedicados a disuadir el pensamiento crítico, a educar en la sumisión, a destruir la dignidad. Una y otra vez tan solo les basta sentarse a esperar que sus víctimas se peleen entre sí y se destruyan. Mareadas, dan tumbos cobrando piezas del propio bando.

La derecha de la trampa y la caspa, la que impunemente sigue pagando sueldos a los corruptos,  comparte discurso con ciertos sectores de la izquierda. Obcecados, como un toro con el trapo, no ven cuando les llega el descabello. Protestando, eso sí. Se diría que el objetivo último es protestar. Es cierto que los partidos tienen muchos cadáveres en sus armarios. Todos. Al menos, los que llevan largo tiempo funcionando. IU no está recogiendo el descontento con el PP y el PSOE, lo hace mucho más el populismo de UPyD. Todo el centro izquierda debería hacérselo mirar. Igual el problema está dentro.  El PSOE sigue en su limbo e IU, a pesar de muchos intentos regeneradores que se advierten, no es la Syriza moderna y abierta que logró ilusionar a muchos votantes griegos. No los suficientes.

Ahí está el problema. Grecia terminó votando a los causantes de sus males. Y les nació el peligroso cáncer del fascismo que tan a gusto germina en las sociedades inmaduras y desequilibradas. Máxime cuando la crisis económica aprieta y, reiteradamente, no se tiene la claridad de distinguir las amenazas reales. Nosotros vamos por el mismo camino. Los errores no pueden acarrear pena de cadena perpetua, si hay voluntad de cambio. Esto es una emergencia y cada uno parece ir a lo suyo. Con violencia incluso, signo de un malestar real y preocupante que no sabe o quiere discernir quiénes le atenazan.

El cambio –si llega– vendrá fundamentalmente por la sociedad civil, menos contaminada. Lo peor es que vivimos en un bucle. Siglos de deseducación, infantilismo, sumisión, peleas callejeras a la sombra de los palacios de los poderosos. ¿Quién lo cambia? Se necesitarán generaciones y no vamos precisamente por ese camino.

 Yo vi esa sociedad capaz, sin embargo, muchos la vimos. La que salió a las plazas el 15M y construyó. En un proyecto mucho más amplio del que se agrupaba en las siglas. La que trazó fines y medios. La que pensaba en el bien común, no en parcelas únicamente. La que aún se ve en la encomiable tarea de la PAH. Nos va la vida y el futuro en ello, pero aún la siguen espantando ¿Cuántos más dirán “ahí te quedas”? La peculiar derecha española seguirá frotándose, entretanto, las manos mientras conduce implacable la apisonadora. No son tantos. De alguien debe ser la culpa. ¿Tiene remedio España? Por este camino, no. ¿Volvemos al comienzo?… Toda persona madura y equilibrada prioriza la consecución de sus intereses a lo que le dictan sus pasiones. A las sociedades les ocurre lo mismo: buscan lo que conviene a la mayoría. No es imposible, sí difícil, pero hay que hacerlo.

*Publicado en eldiario.es en donde hay magníficos comentarios.

España no es Bulgaria

lo que hay que discutir

autor: @arma_pollo

El gobierno búlgaro ha dimitido en pleno a causa de 10 días de masivas protestas de la población contra los recortes y de la brutalidad policial. “No voy a participar en un gobierno en el cual la policía golpea a la gente”, ha dicho el presidente Boiko Borisov. “Cada gotita de sangre es una mancha”, ha añadido incluso. “No puedo ver un Parlamento rodeado por tapias”, ha seguido argumentando. Para concluir: “Tenemos dignidad y honor. Son las personas que nos dieron el poder a las que se lo devolvemos hoy”. Poco más de 7 millones de habitantes y han salido hasta 100.000 a la calle. Paro, corrupción, recortes y la subida de la luz en un 13% como detonante.  

 Se nos llenan los ojos de lágrimas de emoción al ver que un presidente dimite porque la ciudadanía protesta contra su gestión. El país más pobre de la UE, con un salario medio de 350 euros mensuales, proscrito por los gobiernos “de primera” de Europa que cierran sus puertas a los búlgaros expulsados por la eterna crisis, ha dado una gran lección. En la época soviética tuvo uno de los regímenes más autoritarios. Votar “a la búlgara” viene del monolítico apoyo a sus gobernantes del Partido comunista, prácticamente del 100%.  

Lo curioso es que el hasta ahora jefe del gobierno búlgaro Boiko Borisov es un personaje muy peculiar. Ex alcalde de la capital, Sofía, pertenece al partido conservador “Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria”. Es ingeniero de la policía, con grado de teniente general, especializado en la lucha contra incendios.  Y también en “contra el crimen y el mantenimiento del orden público”, labores por las que ha recibido premios internacionales. Se doctoró asímismo en Ciencias. Práctica karate y es árbitro internacional de este deporte. Tiene 53 años, Rajoy, por cierto, 57.

 Pues bien, hasta este señor dimite, presta oídos al pueblo que le ha elegido y –amante de la seguridad- se horroriza de ver la gente apaleada por exigir sus derechos. Diez días frente a un año en España con una media de diez manifestaciones diarias. También le repugna contemplar el parlamento vallado… como está el español. Para que allí se escenifique otra vez la parodia de un debate en el que tenemos cantado todo lo que va a ocurrir. Dos viñetas de hoy, lo resumen a la perfección.

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Forges en El País

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Bernardo Vergara en eldiario.es

Parlamentos español y portugués: descubre las diferencias

Quiénes son los responsables

La mayoría de los estudios sobre la ignorancia citan entre sus características la de que induce a obrar en contra de los propios intereses y sin siquiera darse cuenta. Se puede ser conservador, naturalmente, es una respetable opción ideológica. Ahora bien, otra cosa es tener que pedir permiso a jueces y curas para meterse en la cama con quien uno quiera y consagrarlo en un documento si se tiene el capricho. O contemplar como mueren cuatro jóvenes en una fiesta plagada de irregularidades y añadirle una serie de insultos: que la alcaldesa de Madrid y su equipo borren las pruebas de que promocionaron el evento, como harían unos colegiales tramposos, o que todo un Fiscal General del Estado considere que quien se divierte tiene un problema de “estructura familiar”.  O saber que Gallardón y “el gobierno” han decidido que tener hijos no deseados “no daña la salud de la mujer”. Es decir, a uno le puede gustar la Edad Media, visitar los monasterios y leer libros de sectas conspiradoras, tener una reproducción del Santo Grial sobre la cómoda,  pero… no tiene porqué imponerlo a los demás.  

El pack viene con añadidos sustanciales: 128.000 parados más, negros presagios sobre el aumento de la recesión, y más bromas de brotes verdes o promesas de que ahora ya sí, que en 2014 se arregla ¿Pues no iba a ser en Junio de 2013? La privatización de la sanidad con lo que implica para el ciudadano. El drama para nuestro futuro de cerrar el Hospital de La Princesa –que tan magistralmente explicó en este diario Ruth Toledano- es solo un ejemplo. Pagar por estar sano, o morir en el empeño. U oprimir a los ciudadanos hasta la médula de sus huesos, mientras se cambia la ley para que Eurovegas prácticamente no pague impuestos.

 “No hay otro remedio, no hay dinero”, repiten incansables los responsables en buena medida de la situación que padecemos. Prestos a cortarse las venas o meterse debajo de una manta, al ver caer ya en el desempleo y la miseria a parientes, amigos y conocidos, han entendido -parece ser- que esto “no es cosa de un partido u otro”. Y hasta justifican la política de Rajoy y su troupe, convirtiéndose en sus cómplices. Vaya por dios, antes toda la culpa era de Zapatero. En todo caso ¿Qué futuro esperan para ellos y sus descendientes? ¿O no lo piensan? ¿Han mirado a Grecia y Portugal? 

La corrupción endémica española tampoco importa. Cada día nuevas revelaciones de atracos a las arcas públicas, basadas en que se les ha dado la llave en un acto de confianza. “Siempre ha sido así”, comentan mientras se encogen de hombros. Jamás despegará este país en tanto no se solucione esta arraigada lacra.

 O ver a nuestros empleados en el gobierno preparar todo un arsenal, con un estratosférico aumento del presupuesto antidisturbios. ¿Para qué? ¿Vienen las hordas de los Hunos? Igual es para reprimir las protestas por las medidas que imponen y nos perjudican. ¿Se consentiría eso en alguna empresa?

Es más fácil engañar a la gente que convencerles de que han sido engañados, decía Mark Twain pero ya está bien de tener que engrasar los circuitos neuronales y éticos de unos ciudadanos que hacen dejación de serlo. Porque la ciudadanía implica la búsqueda del bien común y saber que las decisiones propias repercuten en los demás. Que vivir en sociedad es pensar en sus miembros y no aprovechar sus sorportes únicamente en beneficio propio.

 O la sumisión de las víctimas. Esos desahuciados de los que hablaba días atrás Ignacio Escolar, helando la sangre del más templado: “La mayoría de las familias que son desahuciadas en España por no poder pagar su hipoteca no lo cuentan. No se atrincheran para aguantar ante la policía que llega con la cruel orden de desalojo. No llaman al 15-M ni tampoco a las cámaras de televisión. No se resisten ni luchan. Les mienten a sus vecinos, les dicen que se mudan a otro barrio o a otra ciudad, que les ha salido un trabajo fuera, que ya escribirán”.

 Vuelvo a traer una de las muchas ideas lúcidas de José Luis Sampedro: “¿Democracia? Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común. Esos votos condicionados por la presión mediática y las campañas electorales, sirven al poder dominante para dar la impresión de que se somete al veredicto de la voluntad popular expresada libremente en las urnas. En ocasiones, como se ha visto, sirven incluso para avalar la corrupción. Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”.

 Estamos deteriorando la democracia a niveles tan inconmensurables como nuestra propia depresión. Ignorancia y sumisión, falta de ética, el cóctel maldito largamente labrado en décadas y aun siglos de educación en España. Ellos son nuestras (pesadas) piedras en los zapatos, los que mantienen esta situación insostenible.

 *Publicado en eldiario.es

Grecia vota

Bajo una intolerable presión. El conciliábulo mundial de acuerdo para decirles cuál debe ser el sentido de su voto, con serias amenazas si no obedecen. Recuerda hoy Soledad Gállego-Díaz: “los totalitarismos no se edifican sobre sus virtudes, sino sobre los errores de los demócratas, como explicó Camus y como se ha dejado escrito en miles de libros de historia europea”.

 Un país que apenas supone el 2% del PIB de la UE va a desestabilizar al parecer a toda Europa si elige a Syriza. Grecia lleva dos años y medio aplicando la durísima política de ajustes de la Troika (BCE, UE y FMI) y los resultados para la población –cuya máxima responsabilidad en la quiebra es haber votado apenas sin opciones- son catastróficos. ¿Qué puede darles –y darnos- más miedo? ¿La situación actual, la realidad de hoy y el futuro previsible, o un cambio? ¿Funciona bien –para la sociedad- el sistema que con tanto ahínco defienden políticos y la inmensa mayoría de los medios y hasta la sociedad con el cerebro y la dignidad cautivos?

Enric González, un periodista de enorme solvencia, define la situación sobre el terreno, como enviado especial de El País. “Europa pone una presión abrumadora a un país condenado a sufrir” titula su crónica -de imprescindible lectura completa- que comienza así:

 Grecia carece de arsenal nuclear. Pero dispone de algo que, al parecer, puede tener efectos igualmente devastadores: elecciones democráticas. La Unión Europea y sus gobiernos, empezando por el alemán, han advertido a los griegos de que si hoy venciera la izquierda podría romperse el euro y desatarse una crisis económica mundial. La presión sobre los votantes, que han comenzado a votar a las siete de la mañana (6.00 en España), es abrumadora. Y los sondeos predicen algo parecido a un empate.

Las consecuencias de la presión extranjera sólo se sabrán a partir de esta noche. En cualquier caso, las amenazas apocalípticas no pueden angustiar mucho más a un pueblo al límite de la ansiedad. No hay trabajo, ni dinero, ni futuro. El índice de desempleo rebasa el 22%, y el 50% entre los menores de 30 años, pese a la reducción de los salarios en un tercio; los únicos comercios todavía con clientes son los de alimentación; las multinacionales empiezan a marcharse; la Seguridad Social ha sido destruida; aumentan en paralelo la delincuencia y la xenofobia; el turismo, una de las grandes fuentes de riqueza, está huyendo.

El principal candidato de la izquierda, Alexis Tsipras, de la coalición Siryza, ha insistido hasta el final de la campaña en que no quiere dejar el euro, sino renegociar los acuerdos con los acreedores porque imponen una austeridad que, tras cinco años de recesión, resulta insoportable y contraproducente. “No se atreverán a expulsarnos del euro, eso es un farol”, proclama. El líder de la derecha, Antonis Samaras, se presenta como el defensor de la unión monetaria, pero también admite que las contrapartidas del rescate concedido a Grecia (170.000 millones de euros) están desangrando al país. Angela Merkel, la canciller alemana, es inflexible: “No renegociaremos los acuerdos”, declaró el viernes…

La democracia en peligro

Foto: @arma_pollo en twitter

La imagen no puede ser más simbólica. Bankia enderezada y sólida (como nos la presenta el Gobierno) frente al suelo, el horizonte, el resto de los edificios, farolas y coches torcidos. Aquel país que votó el 20 de noviembre, harto y esperanzado, ha llegado a altas cotas de desaliento. Las últimas encuestas sociológicas muestran a una ciudadanía que no sabe adónde acudir primero a achicar los agujeros de la estupefacción. El nuevo Míster Liebaert (antes Urdangarín), el presidente de los más altos estamentos judiciales, Carlos Divar, una situación económica que encuentran mala o muy mala el 96% de la población, según encuesta de Metroscopia.  23.400 millones de euros para la propia Bankia, es decir, más del doble de lo restado a sanidad y educación a la sociedad. Desahucios por impago de hipotecas a un banco sostenido con dinero público. Despidos y pensiones multimillonarias para sus malos gestores. Y entretanto amenazas de nuevos recortes, sacrificando el Estado del Bienestar en el altar de la austeridad. En consecuencia, justicia, iglesia, monarquía, parlamento, gobierno, partidos políticos, autonomías, todo se encuentra en entredicho. Incluso buena parte de los medios informativos navegando entre la frivolidad y la manipulación.

   Si nos atenemos a los datos demoscópicos que proporciona este artículo “Del “shock” económico al democrático”, el más aterrador de todos es que en los últimos 7 meses, el porcentaje de personas  que piensa que “el actual sistema democrático sigue siendo, con todos sus defectos e insuficiencias, el mejor que ha tenido nuestro país en su historia ha caído del 72% al 56%”. No nos detallan si prefieren cualquier otro de la larga senda de catástrofes que han jalonado nuestra trayectoria (dictaduras largas y cortas, monarquías de variado signo o dos efímeras repúblicas) o si piensan en la búsqueda de una nueva democracia participativa y más real, como propone el 15M en su más amplio concepto: el de la una sociedad indignada que lo que quiere es enderezar los continuos desatinos a los que asistimos.

  No sabemos si a echar agua a la deuda ardiente, sacar la cabeza del lodazal de la corrupción y de los repartos de cargos y prebendas a familiares y amigos, o asumir ese futuro que, aún basado solo en los optimistas cálculos de la religión neoliberal, sitúan la recuperación de España en 2017 y el empleo en 2023  como hace el FMI. ¿Optamos entonces por renunciar a la democracia? ¿A cambio de qué?

  Hemos aceptado impertérritos quela UE sustituyera democracias por tecnocracias, comenzando incluso por Grecia la creadora del concepto y, ahora, el deterioro económico -que no causamos- parece hacernos dudar de los propios valores de un gobierno de todos, en libertad, y de los instrumentos que lo llevan a cabo.

 El presidente que en campaña electoral llegó a prometer “devolver la felicidad” a los españoles, se ha quemado a velocidad de vértigo. La prensa internacional resalta sus incomparecencias, que presentara tarde las cifras del déficit por motivos electorales, sus presupuestos y, abierta la veda, critica hasta, como hace la influyente agencia británica Reuters, que Rajoy  (y  buena parte de sus ministros) sea un “provinciano”, sin experiencia internacional y con un nivel limitado de inglés. Al igual que los principales medios extranjeros, Mario Draghi, el tecnócrata que dirige el BCE, califica de “desastrosa” la gestión llevada a cabo en Bankia, completa, de principio a fin. Nos refriegan la burbuja inmobiliaria que deja sus heces en el sistema bancario. Los medios inventores de etiquetas ya hablan de “Spanic” (Pánico/España).

    Lo que se destaca menos es el abuso del Decreto Ley para imponer, sin debate, durísimas reformas, y no solo económicas. Y sobre todo la persecución de las protestas ante tanto desatino, con una nueva redacción del Código Penal que equipara a “terrorismo” participar en ellas o convocarlas si se produce algún incidente, y “atentado a la autoridad” la resistencia pasiva. Manifestantes en la cárcel hasta un mes tras su detención, con peticiones de penas de tal monto que cuesta creer en democracia y en un país que hace gala de la impunidad en delitos graves. Incluso no tipificados como la estafa a la sociedad.   

   La democracia se está viendo amenazada, pues, desde múltiples flancos. El más peligroso, sin embargo, es la aceptación de que ha de ser así sin hacer nada por regenerarla. La pregunta clave es ¿Adónde esperan que nos lleve este camino? ¿A mantener un poder financiero artificialmente enhiesto como bandera de un mundo que se tambalea?

Publicado también en eldiario.es

Trampas nocivas

La carta más destacada entre las que envían los lectores a El País, revela que Alberto Ruiz Gallardón, ministro de Justicia, cambió una cita de Manuel Azaña para meterse en el jardín que vincula ser auténticamente mujer con la maternidad. No era la “libertad” la referencia, sino la “República”, lo cuál es una sensible diferencia. Dice así el texto de C. Sáez.

“El 4 de abril de 1932 Azaña pronunció un discurso en Valencia donde recogía una frase que ya había manifestado en 1930: “La República no hace felices a los hombres; lo que les hace es, simplemente, hombres”. Existen, en efecto, publicaciones engañosamente rigurosas en las que se pretende que donde el presidente Azaña dijo “República” se lea “libertad”.

El ministro de Justicia en su última intervención en el Senado, según cuenta la crónica de Fernando Garea publicada por ese diario, optó, según parece, “por echar mano de citas y argumentos filosóficos y morales”, en un torpe alarde de erudición, sin preocuparse por contrastar sus fuentes. O quizá sí.

O quizá lo que ocurre es que seguía la estela ya iniciada por la derecha del PP con ocasión de los actos conmemorativos de la Constitución de 1812, la de apropiarse de los mejores hitos y personajes de la historia contemporánea de España, precisamente ellos, quienes se ocuparon durante lustros de vetar o reprimir su memoria, para hacer algo peor aún, tergiversar o deformar su auténtico significado”.

Es lo mismo que cuando Esperanza Aguirre –marcando pauta en el discurso del PP- mantiene esa empecinada querencia por Goebbels especialmente en la idea que practicaba: “una mentira repetida cien veces se convierte en verdad”. Al igual que el maquiavélico nazi el PP utiliza esa táctica de manipulación y propaganda, aunque acusando a otros de “repetir mentiras cien veces”.

Lo vemos a diario cuando portavoces del PP se encajan la cara de cemento para defender ahora como ideales  -y repetirlo cien veces si es preciso- las medidas que adoptan y que antaño rechazaron con la misma vehemencia.

Uno de los nuevos “memes” a insertar en cabezas apolilladas por el desuso que repiten sin cesar las consignas del PP, es que “la soberanía nacional reside en el Congreso de los Diputados”. Lo dijeron el día de la Huelga General con escaso intervalo Engracia Hidalgo, Secretaria de Estado de Empleo, y su jefa: Fátima Báñez. Insistirán cien veces, mil, las que haga falta hasta que cale.

Todas esas “confusiones” no son inocuas. Se vacían las palabras para llenarlas con significados espurios. No es lo mismo República que Libertad, no es lo mismo que el pueblo sea el depositario de la soberanía nacional del que emanan todos los poderes del Estado –como marca la Constitución- que se lo cueza la “partitocracia” y la falsa imagen de la “mayoría absoluta” que deja fuera a tres cuartos de la población. No es ético construir “verdades” que calan “repitiendo mentiras cien veces”.

Lo peor es que la escalada aumenta. Se cuestionan hasta los pilares democráticos, disfrazándolos incluso con presuntos argumentos. Los sindicatos, el Estado del Bienestar… “El líder antisistema por la derecha”, como ha sido calificado en Twitter, Pedro J. Ramírez, se ha levantado en la mañana del domingo con ganas de ganar más dinero –que su periódico está en crisis y acaba de hacer un ERE- dando un paso adelante en su estrategia: “¿Es sostenible nuestra democracia?”  pregunta en esta Red social en la que tiene casi 95.000 seguidores. Pues verá, lo insostenible es la nueva marca del fascismo feudal. Pero lo repetirá y lo repetirá, sacará cien portadas, y los cerebros huecos le harán un sitio.

Trampas, trampas y trampas. Muy mal intencionadas. Símbólico y gráfico es vender –incluso a ministros alemanes que osan interferir en la soberanía nacional española con flagrantes injerencias- que el 29M no tuvo suficiente apoyo. Patético engaño, infantil, burdo, dejar encendidas durante el día las luces de alumbrado urbano para minimizar el impacto eléctrico del paro. Una luz vale más que cien palabras.

Foto: Barahona

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