“Hay dos clases de gente: los que van a alguna parte y los que no van a ninguna”, Lee Marvin concluye así la aventura fallida de “La leyenda de la ciudad sin nombre”, una de las mejores metáforas del capitalismo embutida en película del Oeste (gracias Alecrin por recordarla esta mañana). Esa sensación de derrota y escepticismo, de pragmatismo también, nos ha quedado a muchos tras el Debate electoral entre los candidatos de los dos partidos mayoritarios.
Según los “mass-media” (permitidme que les llame así porque hoy más que nunca les cuadra la denominación), la charla la ganó Rajoy a los puntos. En sociología las encuestas flash tienen un margen de error del +_10% y ni siquiera nos facilitan la muestra utilizada que podría ahondar en su escasa fiabilidad. Pero eso ya ni importa, Rajoy es el triunfador volitivo y ya está. Con la parafernalia que invita a seguir, perdonar, no ver, no juzgar… al que gana. Un sentimiento –no razón- de los menos edificantes para una sociedad: arrimarse al sol que más calienta.
El candidato del PP estuvo rematadamente mal. Llamó dos o tres veces “Rodríguez” Rubalcaba a su oponente, abrió desmesuradamente los ojos… para mirar 585 veces a lo largo de la noche sus papeles, frente a 48 Rubalcaba (según contabilizó F. Peregil), no conoce su programa, atribuyó (presumiendo de su dominio de los pueblos de España) a Cádiz dos poblaciones de Sevilla, y desgranó sus argumentos de vecino de escalera sobre “el sentido común” y el “todo el mundo”. Era el señor de los hilitos en su más pura esencia. El que repetía sin cesar “inshidias” hasta para rechazar que Esperanza Aguirre haya acusado a los profesores de vagos. Y lo ven ganador del Debate y la clá aplaude.
Rubalcaba tiene mucha más talla dialéctica, pero salió al ruedo tan derrotado que durante toda la primera parte daba por hecho su descalabro y preguntaba a Rajoy como inquilino de La Moncloa. El problema –uno de los problemas- es que no podía oponer una confrontación ideológica. El programa -oculto y diáfano- del PP ofrece todas las fallas del neoliberalismo que nos ha llevado a la terrible e interminable crisis que padecemos pero Rubalcaba no podía desenmascararle, dado que el PSOE ha llevado justo esa política, sobre todo –aunque no únicamente- desde el histórico 12 de Mayo de 2010, cuando Zapatero sucumbió… “a los dioses mercados” y a sus representantes en la tierra encabezados por la UE. Esa UE donde manda, decide y marca políticas el Partido Popular Europeo. Un candidato de izquierda hubiera fumigado a Rajoy.
Pero no estaba allí sentado. Porque lo bonito son los debates a la americana en donde realmente si hay solo dos partidos. Aquí se evita por todos los medios arbitrar resquicios para que esa situación cambie. Existen, varios de ellos lastrados por errores pasados, pero no cuentan para un sistema empeñado en defenderse a sí mismo, aunque se haya corrompido a niveles escalofriantes.
Los poderes económicos están derrocando gobiernos, en Grecia, en Italia. Consultar a la ciudadanía se ha convertido en una grave afrenta. Seriamente ¿Alguien imagina a la pléyade de derrochadores, machistas y/o manipuladores que van para ministros del PP como panaceas de nuestro futuro? ¿A los que SÍ inflaron la burbuja inmobiliaria? ¿A los que dirigían grandes instrumentos neoliberales cuando todo se fue al carajo?… ¿A Rajoy plantándose ante esos poderes., cuya ideología comparte, por el bien de los españoles?
El Debate ha corroborado lo que ya sabíamos, que ha llegado la hora inaplazable de que la sociedad, pacífica y democráticamente, tome las riendas de su vida porque el barco va a la deriva. ¿Algún adepto del PP puede decirme, racionalmente, que contempla con ilusión el porvenir tras escuchar a Rajoy? Se puede cambiar este negro panorama, más aún es inevitable, inaplazable, porque sí sabemos adónde vamos. No por este camino. Hay que darle la vuelta a un destino que no es inexorable.







