¿El PP es un partido político o qué es?

Ningún país serio, ninguna sociedad medianamente decente, toleraría lo que está pasando en España. Los hechos concatenados ofrecen mucho más que “sombras de corrupción” -como las califican los medios- en el partido gobernante, se asemejan más a la boca negra de la cueva de los incontables ladrones. Estamos hablando de una contabilidad B para gestionar dinero sucio, procedente de donaciones ilegales a cambio de adjudicaciones públicas –cohechos y prevaricaciones-. Desde la fundación del partido. En todas las provincias y muchos municipios. Que reparte sobresueldos en B – añadidos a los que Rajoy admitió en A porque, según él, los cobra todo el mundo-. Y,  estamos hablando además, de intolerables obstrucciones a la justicia.

 Si Bárcenas , el extesorero, -que así lo ha declarado en sede judicial- miente, no podemos decir que buena parte de sus ex colegas sean muy aficionados a la verdad. En particular, el presidente Rajoy podría contar con los dedos de la mano las veces que no engaña. Y las hemerotecas rebosan de ejemplos. Pero es que se acumulan las pruebas de las investigaciones policiales y judiciales, con datos coincidentes. A estas alturas de la historia ya muy pocos dudan de la corrupción del PP, los fieles de enormes tragaderas se aferran nada más al paliativo “todos lo hacen”. Como si justificara algo.

 Lo mejor sin duda es que la justicia actúe, lo aclare y concluya responsabilidades. Suya es la última palabra. Es lo que hacen los países democráticos. Pero, qué casualidad, aquí desde el propio gobierno se ejercen acciones que se asemejan mucho a la coacción como cuando l os agentes que investigan la trama corrupta son llamados por Asuntos Internos de la Policía que gestiona el Ministro del Interior, incluso varias veces. Si, como el ministerio ha admitido, esto ha ocurrido ¿Qué hacen todos en sus cargos? ¿No confirma, precisamente, las sospechas? ¿Cómo se ha podido dejar pasar esto también? ¿Por qué no clama la justicia, la sociedad y todos los medios informativos? En las preguntas se encuentran las respuestas.

O las maniobras que ejerce el Ministerio de Justicia, con esa “remodelación” tan oportuna de los órganos judiciales. O del propio Código Penal. Repetiré hasta la saciedad que cuando los españoles consentimos que se expulsara de la carrera judicial a Baltasar Garzón al iniciar la investigación de la Gürtel –con todo lo que concurrió- estábamos sentando un precedente irreversible. También empieza a entender mucha gente que algo extraño -o demasiado claro- ocurrió entonces aunque entiende que en un país como éste estos hechos se dan. Gravísima e increíble aceptación. Así seguimos. En caída libre.

  Imaginemos que todo esto ocurriera en Alemania, en Suecia, en Gran Bretaña donde han obligado a dimitir a una ministra por no haber podido justificar un cobro de 7.000 euros. Prácticamente solo Italia y Grecia han conocido actuaciones similares, más Italia incluyendo el terreno judicial también.

Porque tenemos que hablar con propiedad. Una organización que desde el primer día -hace ya varias décadas-  busca réditos económicos a sus acciones políticas, trampeando con las concesiones que otorga, escondiendo la contabilidad en cuenta opaca y repartiendo sobres entre sus principales ¿es un partido político o qué es?

 Y si esa organización utiliza medios de coacción –o algo que se le parece mucho- y maniobra en el ordenamiento del Estado que controla logrando, en la práctica, frenar la acción de la justicia o acallar voces disidentes ¿Es un partido político o qué es?

 Esto va mucho más allá de EREs fraudulentos, cursos tramposos, y todas las rapiñas que nos han deparado los políticos, aunque añadan porquería. Es una corrupción troncal que afecta a los pilares del Estado. Esto ya no es derecha o izquierda, porque igual –básicamente- no estamos hablando ni de política. Tiene que haber gente honrada y coherente dentro de todas las ideologías que deje de colaborar y ataje de una vez esto.

 Sus cómplices son muchos, como señalamos. Los hay en la Justicia. Sin duda en la política con posturas de oposición que prefieren no gritar mucho para no airear sus propios trapos sucios aunque vean hundirse un país en la miseria ética y social. Muchos medios informativos participan de esa condición de complicidad, callando la realidad o manipulándola con absoluto descaro. Algunas veces de forma tan burda que sorprende cuele su mensaje. Y desde luego la sociedad que no debería permitirse excusa alguna ante la infinita gravedad de lo que está ocurriendo, incluso de un calibre sin precedentes en democracia. Afrontar el problema es inaplazable.

 Con absoluta desfachatez los actores de esta catástrofe caminan airosos como si nada fuera con ellos. Con sus mentiras y promesas habituales. No, los problemas de este cariz no se resuelven solos: empeoran. La recuperación que la casta vende es para sus miembros, mientras el resto se empobrece cada día. Sin fin. Un nuevo récord histórico de la deuda pública (96,5% desde el 68,5% que la tomó el PP) demuestra que quienes se “recuperan” de verdad son los bolsillos de los acreedores que Rajoy engrosa. Y es que los resultados dependen de los objetivos de la empresa.

La clave -que exige respuestas y soluciones- se centra en definir esta cuestión origen ya de tantas confusiones: ¿El PP es un partido político o qué es a la vista de sus actuaciones? Y si no fuera un partido político ¿qué estamos haciendo al entregar todo el poder a una organización como la descrita?  No estaría de más tampoco que, de ser un partido político, el PP se comportara como tal erradicando ciertas conductas, para disipar dudas.

*Publicado en eldiario.es

El FMI pide más recortes pero no para el registrador amigo de Rajoy

España -por lo que oigo y leo en la prensa oficial- va de maravilla. Rajoy dice incluso que somos el ejemplo del mundo. Solo hay algún problemilla. Según el FMI, España cerrará 2014 con el mayor déficit de la zona euro: el 5,9%. De la deuda no hablamos, no hablan tampoco los expertos del Fondo porque es dinero que se debe a los amigos y están que se frotan las manos con la descomunal subida que ha propiciado Rajoy.

En fin, que también es casualidad que con lo bien que lo hace el PP y los palos que ha dado al bienestar de los ciudadanos para “arreglar la crisis”, incumpla el déficit de esa manera. El FMI pide por tanto que se recorte -más- el gasto social (léase inversión social). Que menos sanidad pública, menos educación pública,  alargar la edad de jubilación para pagar menos a los pensionistas y desde luego reducir el sueldo de los funcionarios. Se dedican al sector público y ya no se van ni a necesitar. El que quiera educarse, o tratar sus dolencias que se lo pague o que se muera.

Eso sí, hay que ser generoso con los bancos. Aún no están bien “saneados” a pesar de las ingentes cantidades de dinero público que les hemos entregado. Pero necesitamos seguir regándoles con nuestros derechos, con lo poco que está quedando de ellos,  porque así igual dentro de dos años se reactiva el crédito. El paro no se va a arreglar -ya lo han advertido- pero las cifras macroeconómicas mejorarán. Comeremos balances contables, y nos curaremos con la balanza de exportaciones o algo así. Ah, y Rosell de la CEOE ha declarado que, vale, que ya pronto se crearán puestos de trabajo -es mentira- pero que necesitan salarios variables. Trabajar a destajo. Hoy te pago 5, mañana 3, y tú nada, créate una vida así. La CEOE, también la tenemos bien atendida, ved.

Lo hermoso de este panorama es que, por ejemplo, Rajoy le ha apañado a un colega un puesto en la SAREB, en el banco malo. Vamos al que ocupó su plaza de registrador -esa que no cuenta si le da o no beneficios porque no les sale de los cataplines-, como interino. Repito, al que le sustituyó de forma interina mientras él se dedica a la sagrada misión de velar por los intereses de los ciudadanos desde la política -si es eso lo que hace-. Esto sí lo ha confirmado. Se lo preguntó Gaspar Llamazares de Izquierda Unida que algo debía saber, y el gobierno ha dicho que sí. Que el interino que le guarda la plaza es consejero de la SAREB. Y ya sé que el FMI no se mete en estas cosas pero tiene triste gracia que no diga mi mú por lo menos. Que le recorten algo el sueldazo, o las dietas.  Aunque en estricta justicia a quien tenían que recortarle los emolumentos, dejar a cero por abandono del cargo, es al Rajoy que se ha atrevido a tamaña desvergüenza.

En Gran Bretaña la ministra de cultura ha tenido que dimitir debido a fuertes presiones. Resulta que no ha podido justificar un gasto parlamentario de 7.000 euros.  Allí hay democracia y sobre todo ciudadanos, con sentido cívico, honestos como sociedad.

Aquí ¿qué hay? ¿Qué tipo de gente se calla ante lo que nos está pasando, ante lo que nos están haciendo?

 

Apuntes para un diario de la corrupción en España

Ocupados en hechos noticiables o en los que los medios deciden marcar como tales, olvidamos el incesante goteo de corrupciones varias que surgen casi a diario. Para que algo sea noticia debe ser novedoso o atípico e interesar a una comunidad. Y al parecer hemos dejado de prestar atención, por repetitivo, al latrocinio continuo del erario. Como es atípico e ilegal, como tiene graves consecuencias, convendrá hacer un repasito de vez en cuando sobre el estado del expolio de lo nuestro. O de actuaciones que pueden llevar marchamo de legal pero apestan. De lo más reciente, sin más.

Hay más. Esto no es sino una recopilación casi a vuela pluma y de lo último publicado. Y no he entrado en las graves corrupciones mediáticas diarias intoxicando al personal. Si alguien cree que crecer en este caldo no tiene consecuencias, debería revisar sus criterios.

Los sumideros por los que se pierde la Justicia en España

Justicia-torcida

Corren días de escuchar hasta el hartazgo la impresionante recuperación económica que no ven, ni verán, los bolsillos de los españoles o el tedioso “y Vds., señoría, más”. De improductivos debates y del más atronador aburrimiento. De unos muchos más gramos más de desesperanza. Aliviada, quizás, por el impresionante hallazgo de un Mediterráneo mediático que, al parecer, nadie había visto hasta ahora y que desata pasiones dispersadoras. Es el lamentable estado de los problemas de la nación que, con toda probabilidad, no se abordan. Sobre todos hay uno que afecta a la base sobre la que se construye el resto, al Estado de Derecho: la justicia. ¿Qué está pasando con la Justicia española?

Ya apenas tiene repercusión que el Partido Popular, apoyado en su mayoría absoluta en el Parlamento, reforme las leyes para adaptarlas a sus deseos de gobierno. ¿Que es ilegal y contrario a los Derechos Humanos acotar a pelotazos de goma a inmigrantes que nadan en el agua y devolver en el acto a los que sobreviven apenas alcanzada tierra? Se cambia la ley. Se “modifica”. Y se convierte en ajustada a derecho la extradición sumaria que el tópico dulcificador –nada inocente- ha convertido en “devolución en caliente”.

El Código Penal de Gallardón –el paradójico ministro de Justicia- se está llenando de actuaciones que, con las que impulsa el Ministro del Interior, forman un mismo pack represor. ¿Que tiene Vd la ciudadanía menos conflictiva de la que quepa gozar y más sumisa a los tijeretazos que se le aplican pero teme que un día la paciencia colme el vaso y se desborde? Reforme leyes y estipule como delito hasta toser al lado de las fuerzas de seguridad de su gobierno. Fríalos a multas incluso por pasear frente a edificios emblemáticos de su poder. Recordemos, por ejemplo, que se pena hasta con 600.000 euros convocar una protesta ante el Congreso desde Twitter. Cómo serán que hasta el Consejo General del Poder Judicial considera inconstitucional la Ley de Seguridad Ciudadana.

¿Y los ahora “delincuentes solares? 60 millones de euros de multa por no declarar una placa para autoabastecerse de energía. El doble que por provocar una fuga radiactiva grave. Los intereses de las eléctricas, puede que de algunos de sus altos ejecutivos y consejeros de presente o futuro, aconsejaban diferentes “reformas” de apoyo.

Si legislar ad hoc ya es suficientemente llamativo, los trazos inusuales con los que escribe el derecho en España en la actualidad gritan sus alarmas. Hemos visto a fiscales que desimputan o sacan de la cárcel contraviniendo la decisión del juez. La persecución de jueces. Estamos llegando a tal inquietante punto el Consejo de Europa (no el Consejo Europeo de la UE que en estas menudencias democráticas no se mete) se ha visto obligado a intervenir y a cuestionar la independencia de la Fiscalía española y del órgano de los jueces CGPJ.

Y es que estamos asistiendo a secuencias que se saldan apenas con alguna crítica ciudadana e incluso chistes, cuando clama que debería ser la Fiscalía General del Estado quien actuara. Veamos lo sucedido desde que se descubre un enésimo caso de presunta corrupción de un miembro del PP: Francisco Granados, antiguo número 3 de Esperanza Aguirre en Madrid. Tiene, dice el diario El Mundo, una cuenta de millón y medio de euros en Suiza:

1)  Aguirre exige explicaciones a Granados, algunos medios hablan de amenaza de expediente. 2) Granados responde, en 13TV,  que si el PP le busca “le va a encontrar”, que se ha tragado el marrón del Tamayazo, Gürtel, Caja Madrid, espías, etc… 3)    El PP descarta abrir expediente a Granados.

¿Cómo es posible que la Fiscalía mire para otro lado en un Estado de Derecho? Quizás porque ya lo ha hecho demasiadas veces sin que tuviera consecuencias.

Desde siempre he mantenido que el día en el que la sociedad española permitió la expulsión de la carrera judicial de Baltasar Garzón se abrió la puerta a consagrar la impunidad. El tiempo ha demostrado cuánta mugre había tras la trama Gürtel cuya investigación inició. Y las grandes casualidades que acompañaron su caso. Hasta la pérdida de su indulto por los despachos. No podía ser inocuo.

A ojos profanos pero ciudadanos – no olvidemos que la justicia emana del pueblo- tampoco cuadra colocar al frente de los tribunales que dirimen si las leyes reformas se ajustan a Derecho y a la Constitución a personas con fuertes vinculaciones a un partido. Concretamente al que promueve los cambios. No parece la mejor forma de salvaguardar el espíritu de las leyes.

El fin de la jurisdicción universal en España, llevado a cabo por el PP en procedimiento de urgencia, es otro definitorio síntoma de por dónde se pierde la justicia en nuestro país. Casos graves como el asesinato del cámara José Couso se mandan al archivo. Y todos nosotros quedamos desamparados ante delitos sufridos fuera de nuestras fronteras.

Estamos viendo cómo aplauden en medios oficiales españoles –sin escarbar mucho más- que se deponga a un presidente, elegido por mayoría absoluta pero a quien se acusa de reformar leyes mucho más de lo tolerable para amparar la corrupción y la mano autoritaria. No deja de ser una paradoja (por semejanza) y el dramático estado de nuestra nación.

*Publicado en eldiario.es

De qué nos quejamos

Le sorprenden a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, las protestas de estos días en España porque “no casan” con la recuperación. El conciliábulo neoliberal de alto rango se ha puesto de acuerdo para corroborarlo, desde el acomodaticio Obama a Lagarde. Se hace ineludible, por tanto, explicarles de qué nos quejamos.

Hemos entendido que, si hubieran existido más Gamonales, se habría evitado el pozo sin fondo de las inversiones públicas ruinosas que nos han hipotecado más allá de lo tolerable. No hace falta buscar mucho: la Comunidad Valenciana, por ejemplo, está llena. Desde la Ciudad de las Arts al circuito de Fórmula 1, pasando por el puerto deportivo, parques temáticos o donaciones deportivas. ¿Hablamos de la Ciudad de la Cultura gallega? ¿De las exposiciones universales? ¿De los aeropuertos inútiles que ni siquiera han visto pasar aviones? ¿De las radiales que ahora también hemos de rescatar? Si la sociedad hubiera protestado como en Burgos, nos habríamos ahorrado un buen pico.

Nos quejamos porque nos hemos encontrado con que nuestros derechos constitucionales están supeditados al pago de una deuda que, lejos de disminuir, ha crecido a niveles récords en la historia. Si hace un año ya hablábamos de que era la mayor que se había registrado jamás, comprobamos que sigue aumentando con el mismo vigor. Añade unos 10.000 millones de euros cada mes. Aún con los insufribles recortes estamos así, ¿cómo esperan, y con qué, paguemos semejante agujero?

El déficit lleva parejo camino. Porque mientras se merman sanidad y servicios esenciales, crecen los asesores como esporas. Porque el pozo bancario y una pésima gestión mantienen las arcas vacías. Añadamos la imprevisión continua de este Gobierno que le lleva lo mismo a vaciar la hucha de las pensiones como a gravar hasta los vales de comida con los que algunas empresas retribuyen a sus empleados. Recaudar, aunque se cause un perjuicio mayor.

Estamos hartos también –y mucho– de los cuentos sobre el empleo. El Gobierno de Rajoy ha elevado el paro desde el 22,85% que se encontró en 2011 al 26%. Ha destruido casi un millón de puestos de trabajo. Ésa es la verdad de los datos, y muchos lo sabemos. Que está lejos siquiera volver al número de parados con los que el PP inició su mandato. Eso sí, el objetivo se ha cumplido. Se trataba de abaratar todo el empleo en España para ser más “competitivos”. Aunque fuera a costa de una gran precarización y del descomunal aumento de las desigualdades sociales. Mucha gente es consciente, sin embargo, de que hasta llegar a trabajar por un cuenco de arroz y un catre hay mucho camino donde mejorar la “productividad”. Y ése es su único “modelo” de país. ¿Tienen otro? ¿Cuál? No lo vemos.

Es sencillamente flagrante que se atrevan a hablar de recuperación con unos seis millones de parados reales, según la EPA. Sobre todo habiendo destruido a una generación de jóvenes. A finales de 2011 nos angustiábamos porque el 48,95% de ellos no tuvieran trabajo. Ahora el paro juvenil alcanza casi el 58% y tienen el cuajo de decir que esto es el país de las maravillas.

Los ERE y despidos ya de mayores de tan sólo 45 años. El contrato temporal y por horas como gran hallazgo, lo mejor para labrarse un porvenir estable. Por eso los ciudadanos se van como nunca. La emigración ha causado una caída de la población española sin precedentes. Otro récord. Ni en la gran oleada del franquismo se registró tan elevado número. Y encima, a quienes tienen el coraje de iniciar la aventura de buscar trabajo fuera de su país les van a quitar la tarjeta sanitaria a los 90 días. Aunque no lo encuentren. Empieza a ser más que evidente lo que han hecho con una sanidad universal que sí podía pagarse.

Nos quejamos de la corrupción. Muchos ciudadanos han entendido ¡por fin! esa obviedad: es imposible edificar nada sano en semejante sustrato de podredumbre. A todos los niveles. Perplejos de ver pasar sobres, comisiones, sueldos y sobresueldos, estamos asistiendo a espectáculos que “casan mal” –en este caso sí–, pero con la democracia. No percibimos la separación de poderes, sino todo lo contrario. Y organismos solventes internacionales nos dan la razón, impelidos a intervenir por lo que están viendo.

El Grupo Anticorrupción del Consejo de Europa, el prestigioso GRECO, urge a las autoridades españolas a restablecer la confianza en las instituciones políticas y judiciales, como si hablara con una república bananera. Dedica un especial apartado a la Fiscalía General del Estado, a los fiscales. Si nosotros estamos estupefactos de los manejos que estamos viendo con la infanta Cristina, o con Miguel Blesa, este organismo internacional, también. Por eso, por primera vez en la historia, llama a “reforzar la imparcialidad” de la Fiscalía. Y a nadie se le ha caído la cara ni de vergüenza.

Nos quejamos de ver cómo dan millones de dinero público a los bancos, en una factura que no deja de crecer mientras osan hablar de recuperación. Luego los venden de saldo. El Banco de Valencia, por un euro, perdiendo 5.449 millones; Novagalicia tirando a la basura otros 8.000 millones; el Banco Gallego, por otro euro. Éste nos salió más barato: sólo habíamos metido en él 245 millones. Ahora preparan dar negocio privado con el apenas apañado –gracias a nuestro dinero, nuestra sanidad o nuestra investigación– gran pufo de Bankia. Para seguir rebuscando por las esquinas algo con lo que paliar el fiasco que nos han montado.

Nos quejamos –todavía no suficiente– de la venta de España por parcelas a fondos buitre, cuya misión no es precisamente la inversión productiva. ¿Cómo no va a ser atractivo acudir a las suculentas rebajas con las que se están desprendiendo de todo cuanto era nuestro? ¿Y quién compondrá después el destrozo que no dejan de causar? En algunos casos es ya irreparable.

Nos quejamos del enorme retroceso que en sólo dos años de gobierno han perpetrado contra los derechos y libertades civiles. De su ley del aborto alabada tan sólo por la ultraderecha francesa. De cuanto pergeña Wert en educación. De las leyes represoras de Fernández Díaz y Gallardón. De la destrucción de nuestra sanidad pública, que era una de las mejores del mundo. De sus mentiras, de que nos tomen el pelo. De sus momios y prebendas, de su autoritarismo. De su política de comunicación sectaria y manipuladora, de sus mamporreros, que están privando de la información imprescindible a los ciudadanos.

¿Empiezan a ver que algo “sí casan” las protestas? Muchos intuyen que sólo los “Gamonales” podrán detener el podrido pastel de bodas que aún nos reservan.

*Publicado en eldiario.es

A Jaume Matas y el resto de los corruptos ¿les saldrá a devolver la condena?

El ex presidente del gobierno Balear y miembro del PP, Jaume Matas no ingresará en prisión en tanto el gobierno no se pronuncie sobre su petición de indulto.  La Audiencia de Palma ha aceptado la petición de la defensa y ha ordenado la suspensión de la pena de nueve meses de prisión impuesta por un delito de tráfico de influencias. La fiscalía Anticorrupción también se había mostrado favorable a esta medida.

Jaume Matas fue condenado en marzo de 2012 a más de 6 años de prisión en el primero de los juicios sobre el caso “Palma Arena”, que tiene 26 piezas separadas (entre ellas la que implica a Iñaki Urdangarín). Tres magistrados de la Audiencia de Palma le consideraron culpable de los delitos de malversación, fraude, prevaricación y falsedad documental. La acusación pedía ocho años y medio. El periodista Antonio Alemany –del diario El Mundo-, que le escribía los discursos para glorificar su imagen, fue condenado también a tres años y nueve meses por prevaricación, delito de falsedad en documento oficial, delito continuado de falsedad en documento mercantil en concurso medial con un delito continuado de malversación de caudales públicos.

Matas fue presidente de Baleares en dos etapas (1996-1999) y (2003-2007) y ministro de Medio Ambiente con José María Aznar (2000-2003). El caso “Palma arena” se refiere a un velódromo que costó más del doble de lo previsto -pasó de un presupuesto inicial de 41 millones a 110 millones de euros- y que ya había producido 4 sentencias de cárcel a miembros del entonces gobierno del PP en la isla.

En Julio de 2013 su pena fue reducida sin embargo. El Tribunal Supremo le absolvió de los delitos de fraude a la Administración, continuado de falsedad en documento oficial, continuado de falsedad en documento mercantil, y de prevaricación en concurso medial con un delito continuado de malversación, por los que fue condenado en la sentencia de primera instancia.

Solo mantuvo la condena por un delito de tráfico de influencias y la pena de nueve meses y un día de prisión y multa en cuantía de 6.000 euros.

El  magistrado Alberto Jorge Barreiro emitió sin embargo un voto particular. En un prolijo texto legal al uso, desgranaba a lo largo de 27 páginas los fundamentos de por qué sus compañeros del Tribunal Supremo habían emitido esta sentencia, pero también los que a él le llevaban a oponerse en algunas cuestiones. De hecho no objetaba la decisión de la mayoría de que no hubo MALVERSARCIÓN DE FONDOS PÚBLICOS, ni FRAUDE A LA ADMISTRACIÓN, pero sí prevaricación y una clara autoría que corresponde al entonces presidente de Baleares.

Llamaba poderosamente la atención cómo en lo que llamó el magistrado una estructura jerárquica piramidal se cargó el muerto a sus subalternos y él se libro.Éste fue el resumen que publiqué de ese voto particular. Es una joya muy ilustrativa del funcionamiento de la Justicia española en algunas cuestiones.

Ahora deciden que no ingrese en prisión porque ha solicitado indulto. Vamos, el mismo trato que tiene todo el mundo. El que ha recibido la Infanta Cristina, a la que ha costado tanto imputar que pensar que en España se la pueda condenar es ciencia ficción. Hoy mismo la corrupción española es noticia internacional, pero aquí quienes podían poner freno a esta locura ni se inmutan.

La corrupción se ha situado ya como segundo problema de los españoles. En el telediario de TVE he escuchado que “a mucha distancia” del paro. Qué bien, es un gran consuelo.

Y el inefable panfleto llamado La Razón iba hoy de esta guisa -lo de “el auto del castrismo” es de nota-:

larazon.castrismo

Lo sucedido en España en 2013 hubiera hecho caer a cualquier Gobierno democrático

Un año en el que hemos perdido a Stèphane Hessel, José Luis Sampedro y Nelson Mandela no puede haber sido bueno. No para la humanidad. Lo inhumano de hecho ha avanzado en progresión estratosférica. La aberración de posponer cuanto atañe a las personas, al altruismo, al pensamiento racional, a la empatía con los otros, a la ética, por los más oscuros intereses ha triunfado plenamente. Para muestra el botón más cercano, el que nos duele y –haciéndonos más egoístas, menos humanos- desplaza cualquier otro interés: España, la triste España del PP.

Solo en ese plano extraviado de la lógica más elemental se entiende la permanencia al frente del gobierno español de Mariano Rajoy o de los miembros de su partido que han secundado de hecho cuanto ha sucedido. El gobierno salido de las urnas tiene toda la legitimidad por muy defectuosa que sea nuestra ley electoral pero los gravísimos escándalos que rodean al de España lo hubieran tumbado en cualquiera país democrático. Algo muy preocupante ocurre con nuestra sociedad al completo y, sobre todo, con las fuerzas que la dirigen.

Iniciamos 2013 leyendo en toda su plenitud los llamados “Papeles de Bárcenas”. Publicados por varios medios, pudimos ver el rosario de sueldos, sobresueldos, virtuales prevaricaciones y comisión de favores, contabilidad B para nuevas prebendas a ocultar, que venía anotando el ex tesorero del Partido Popular en todos sus detalles durante dos décadas. Lo negaron todo… salvo alguna cosa. Los voceros en nómina –de dinero o poder- hicieron cuanto pudieron por sembrar la confusión. No eran reales, decían; lo son. Asistimos a los más patéticos espectáculos, desde losfiniquitos en diferido a las pavorosas huidas del presidente. Cualquier gobierno hubiera caído solo con esto, no sucedió y aún hubo mucho más.

En julio leímos también los SMS enviados por Mariano Rajoy a Luis Bárcenas: “Luis, sé fuerte”, “Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos”. Hasta en el más corrupto de los países de cualquier época le hubiera costado la presidencia a su autor, pero nuestro Rajoy con todo su PP sigue ahí. Y continúan después de haber borrado los ordenadores de su ex tesorero –que la justiciano quiere investigar- o de haber sufrido un registro de 14 horas a su sede que ni se han dignado comentar. Continúa, lo que es si cabe peor, como si nada sucediese, sentando cátedra, con inusitada prepotencia. Inconcebible en democracia, impensable en una sociedad medianamente sana.

Hemos visto al presidente huir de los periodistas por los pasillos del Senado, comparecer en plasma, o hablar cuando le viene en gana para seguir engañando a los ciudadanos. Una persona sin una gota de credibilidad sigue soltando sus mentiras haciendo omisión hasta del pudor que es actitud humana bien primaria. Trivialidad o burla, Rajoy ha tenido la inmensa osadía de responder a asuntos muy graves con una letanía increíble en alguien que ocupa su cargo: Todo es falso, salvo alguna cosa (febrero). Les dejo, que hace un frío espantoso (marzo). La segunda ya tal  (junio). Fin de la cita (agosto). Está lloviendo mucho (octubre sobre la anulación de la Doctrina Parot). [Las acusaciones] no se pueden demostrar (octubre sobre Bárcenas a Bloomberg). Éste es el estadio en el que España ganó el Mundial (diciembre en el funeral de Mandela). “Ese asunto” (diciembre, el aborto que no se atrevió a pronunciar).

Después conocimos las andanzas de Miguel Blesa y su Caja de Ahorros pública hundida desde la que actuaba como un virrey de las Indias medievales. Y es que 2013 es el año en el que nos hemos sentido definitivamente huérfanos de justicia, a pesar de los loables y valientes intentos de algunos magistrados. Fiscales al servicio del Estado que crean la acción de desimputar o sacan de prisión a encarcelados (Miguel Blesa) o tribunales de justicia que entienden sus comprometedores emails como privados y no delictivos y, en cambio, estiman punible difundirlos. Con un nivel de estupefacción que nunca creímos conocer, hemos visto campar la impunidad sumiéndonos en la impotencia.

Es el año de la subida de las tasas judiciales para que no se pueda litigar. El año de la sectaria Ley Wert para la deseducación. El de imponer la Ley mordaza de Fernández Díaz para que el poder frene duramente las protestas de los ciudadanos, o la que privatiza la Seguridad del Estado dando poderes extraordinarios a los vigilantes jurados sin preparación. El de duplicar la venta de armas a países no democráticos. El de la amnistía fiscal o las destituciones de quienes meten las narices donde no conviene. El de las grandes contrareformas de Gallardón: Código Penal con -en la práctica- cadena perpetua, o la Ley del aborto más restrictiva de Europa que nos devuelve directamente al nacionalcatolicismo franquista. El del control gubernamental y político de los órganos judiciales. Todo por decreto ley y apisonadora parlamentaria, sin el menor consenso. El año en el que se rechaza de un plumazo la ILP avalada por millón y medio de firmas que pretendía paliar el drama de los desahucios.

2013 es el año en el que sube el déficit y la deuda pública a niveles inauditos mientras se sigue mintiendo a los débiles de mente con una soñada recuperación que solo beneficia a los que nunca sufrieron la crisis. En el que, por ejemplo, se regala por 1.000 millones de euros Novagalicia a un banco privado venezolano perdiendo 8.052 millones de dinero público allí enterrados. El que otros estamentos del poder en el partido conservador español venden a Goldman Sachs pisos de propiedad pública, en el mayor de los contrasentidos dado que la Constitución pide a los poderes públicos que velen por evitar la especulación en la vivienda. O el de la lucha encarnizada por entregar a manos privadas también la sanidad. El año en el que se está enajenando de saldo España entera. A potentados chinos, rusos y venezolanos a los que no se pide su historial.

2013 es el año en el que gracias al PP han aumentado las desigualdades, ha empeorado nuestra salud, ha caído por primera en años la esperanza de vida, ha mermado nuestro poder adquisitivo, cierran cada día más empresas, no se crea empleo o se registra un nivel de emigración superior a los duros años del franquismo.

Y es el año en el que el PP ha conseguido que sus propias tenebrosas sombras manchen a toda la Política, eje de la democracia. Y en el que el PSOE de Rubalcaba no está -como oposición mayoritaria-, a la altura del drama que vivimos, contribuyendo a crear indefensión en muchos ciudadanos. El año en el que los medios y los tertulianos habituales secundan con su silencio o directamente la manipulación la tragedia que nos asola.

2013 es el año en el que la sociedad parece haber sido definitivamente derrotada. Cuando hemos perdido no ya la esperanza sino el ánimo de volver a recuperarla. Cuando el rencor aflora sacando lo peor de nosotros para hacernos casi tan ruines como quienes nos gobiernan.

Si todo sigue así, 2014 será el año en el que volverán a prometernos la recuperación para el 2015 y tampoco pasará nada. Basta, al parecer, con tirar hacia delante con total desfachatez. Con tragar y callar, las víctimas. Que nadie lo endulce con subterfugios: lo sucedido en España sería impensable en un país realmente democrático, para empezar porque no lo toleraría la sociedad, ni sus jueces y políticos con mayor capacidad de actuación.

Feliz 2014… si podemos.  Podríamos.

*Publicado en eldiario.es

 

Tengo un sueño: deportarlos al lago Baikal

Sobrecogidos aún por la Ley que ha perpetrado el  PP y que llama de Seguridad Ciudadana, he tenido una revelación que pasaré a desarrollar tras ponernos en situación y antecedentes. La “ley Fernández” o “Ley Mordaza” o Ley franquista –como ya es conocida dentro y fuera de España-, es obra del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, pero ha pasado por varios ministerios, el de Justicia, sobre todo, regentado por otro gran demócrata y amante de las libertades: Alberto Ruíz Gallardón.  O sea, como todo, es obra del gobierno en pleno, con Mariano Rajoy  y Soraya Sáenz de Santamaría en cabeza. La versión “suave” prevé 30.000 euros de multa por ofender a España. Ya ha dado y dará mucho de sí todo lo que de verdad ofende a España, a los españoles, comenzando por el gobierno que padecemos a quien no asiste el derecho de someternos a esta regresión. Una pena sería que la indignación quede en una chanza. Porque grave no puede ser más.

nngg.vallas

Esta gente no descansa ni en fin de semana. Uno de los nenes cantera del partido, miembro de sus Nuevas Generaciones (NNGG), Luis Miguel Santigosa de la Riva se llama, ha pedido a través de su perfil de Twitter que electrifiquen las vallas de Melilla y Ceuta o al menos se les dote “con todos los medios posibles para que NADIE la atraviese”. “Con cuchillas o sin cuchillas pero lo cierto es que se cuelan cientos de inmigrantes ilegales día sí y día también y ya estamos hartos todos”, ha añadido. Ya anda pidiendo perdón antes de que hagan el paripé de expulsarle. A un chico tan aplicado con las enseñanzas y prácticas de sus mayores le espera un futuro prometedor. Que le pregunten a Carromero.

El joven miembro del PP ha sido quien me ha dado la idea: si, según ellos, no caben los africanos lo mejor es que esta gente, los racistas, se vayan y dejen sitio. Yo prefiero mil veces a quienes se buscan decentemente la vida que a quienes viven del cuento… y de prejuicios.

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En este continuo dilema de si nos vamos de este desgraciado país o les echamos, echamos a quienes lo destrozan, he visualizado una imagen que es un idílico sueño: deportarlos a un islote en mitad de un lago bien grande. De entrada he recordado el  Tanganica, pero es el segundo mayor del mundo. Y eso me ha llevado al primero: el Lago Baikal que ofrece más ventajas. Baikal está en el sur de Siberia y pienso yo que purifica y regenera mucho más la temperatura fresca, muy fresca bien es verdad, que la calidez del clima africano. Pero no es su única ventaja.

Su tamaño. 31494 km² de superficie, 636 kms de largo, 80 kms de ancho y 1680 metros de profundidad. Confinarlos en un islote en medio, un barco varado, una plataforma, lo que sea para que en esa soledad recapaciten. Se arrepientan de sus muchos atropellos y traten de ser un partido conservador homologable en democracia.

El Lago Baikal tiene una riqueza inmensa en biodiversidad que dotaría probablemente a los miembros del PP trasladados -en los casos menos rebeldes al tratamiento, ya sabemos que muchos de ellos (Báñez, Cospedal, Montoro, Mato, Botella, etc) son irrecuperables- de algo de cultura y de pasión por el conocimiento y hasta por la belleza. Seguro que se dejaban allí el pelo de la Dehesa. Además habrían de trabajar para mantenerse, y cuidarse de sus cosas, sin servicio doméstico ni nada, una gran enseñanza en ese medio tan natural.

Otra ventaja añadida, quizás la principal: Baikal es el lago de menos turbidez del mundo. El más claro y limpio. Vivir allí una temporada, observando sus insólitas aguas claras e impolutas en lugar del lodazal en el que tenemos convertida España, debe ser definitivo para cambiar de actitud. Vamos, que vendría a ser como unos ejercicios espirituales, pero en decencia. Es por su bien.

Y con este ingenuo deseo de fin de semana –siempre preferible a cortarse una misma las venas o salir a montar barricadas que en solitario como que no funciona- os dejo queridos niños. Con toda esta gente que manda en el PP (no son tantos en realidad) ubicada hasta su regeneración en el lago Baikal seríamos mucho más felices y comeríamos perdices o lo que bien nos viniera. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Por el momento. Ya pensaremos si tenemos que llevar a alguien más.

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Cambio una salida de la crisis por una contabilidad B impune

Les condenan a cuatro años de cárcel por delitos fiscales a Carlos Fabra, su hasta ayer gran prohombre y ejemplo a imitar, y hoy un señor que pasaba por allí. De cohecho y tráfico de influencias se ha librado. El gran cacique de Castellón no hacía esas cosas. El juez Ruz descubre pruebas de que el Partido Popular ha estado dieciocho años utilizando una contabilidad B. Dieciocho años de trapichear con dinero negro, sin controles, ni impuestos. Pero a Rajoy sólo le toca hablar de sus imaginarios logros económicos. En terreno amigo: los suyos. Ni para hacer balance de sus dos años de Gobierno, ni para referirse a la corrupción que ya aflora en sede judicial, se digna aparecer en público. Arrinconado hasta el molesto plasma, ha hablado por ventriloquia, utilizando la siempre fiel voz de Cospedal.

La versión del partido es que todas las facturas a las que se refiere Ruz figuran pagadas en la contabilidad oficial –¡qué torpe, Ruz!, con el tiempo que se ha tomado y no se da cuenta–. Y que si algo turbio hay, “habrá sido otro”. Bárcenas, claro está. Pero hay un matiz importante que el PP quiere enviar en sus consignas y cuya propagación le fue encargada a Esteban González Pons para que fuera tomando cuerpo durante el fin de semana. Un mensaje corto, críptico… y soez: “Los dirigentes del PP son tan honrados como todos, pero el PP es el único que puede sacar a España de la crisis”.

Con la credibilidad a cero por sus mentiras continuadas, los mandos del PP no tienen el menor empacho en seguir negando cualquier evidencia. Por si acaso, largan culpas fuera, a ver si todavía alguien no percibe la contradicción. A un Bárcenas, que sería un auténtico superhombre por haber ideado y ejecutado semejante plan. Esas personas que hoy tienen la caja fuerte del Estado y que creen les pertenecen también nuestros derechos –dado cómo se empeñan en “moldearlos”– han estado 18 años, 20, 30, los que sean, sin enterarse de nada, a pesar de la fiera corrupia que anidaba en sus entrañas.

Queda una vía más que explorar, sin embargo; la fundamental, de hecho. La que practica Rajoy, la que describió González Pons: Todos somos corruptos, pero os merece la pena porque os sacaremos de la crisis (en traducción libre). El portavoz popular admitió implícitamente que de honradez no andan sobrados, pero que es un mal general. Políticos, ciudadanos, todos somos iguales. El saco de la inmundicia permite camuflarse con más facilidad que en otro donde todo fuera impoluto. Se carga uno la política porque “total, todos los hacen” y en el río revuelto saca tajada el más tramposo. Y ya dibujado el paisaje, irrumpe en escena el Jinete de la EficienciaAbsoluta, el PP, el único que puede sacar a España de la crisis.

Presuponen Rajoy, Cospedal, González Pons, y cualquiera de las voces que en ese partido callan, que todos los españoles somos más o menos corruptos y, en consecuencia, que todos nos vendemos. Vendemos nuestra ética y nuestra dignidad “para salir de la crisis” en este momento. Les da lo mismo prometer tres millones y medio de empleos que una salida de la crisis, aunque las cifras fundamentales de la economía española sigan en despeñe. Desde que gobierna Rajoy, han empeorado todas las esenciales –paro, deuda pública, salarios, servicios públicos–, excepto la prima de riesgo y un tímido repunte del PIB –tras enorme batacazo–, que nace de las drásticas mermas a la sociedad y que constituye el hambre para mañana. A nosotros, a la mayoría de la población, nos han metido en la crisis más de lo que estábamos.

Podrán repetir sus cifras manipuladas, las autorías ajenas de la corrupción, insistir con el mantra de la herencia recibida, pero la verdad no cambia.

También se ha empobrecido la calidad de la democracia, la democracia en sí. España tendría que ser un clamor ante la constatación de que el partido al que han entregado el poder, tanto poder, maniobra en negro –según el auto del juez Ruz– en su funcionamiento diario y durante toda una vida: 18 años de práctica continuada. Los datos que ha acreditado el magistrado confirman en varios puntos los llamados papeles de Bárcenas. Los que hablaban también de sobresueldos en B, o de donativos de empresas que luego obtienen obra pública.

Pero España no es un clamor contra la corrupción, aunque llevemos siglos pagándolo muy caro. Alguna razón asiste a los populares en sus presunciones. Nos han insultado –al conjunto de la sociedad– doblemente, al considerar que todos somos como ellos y, desde luego, que hacemos la vista gorda a la corrupción si nos dan una migajas o –lo que es aún más patético– la promesa de falsas migajas. Y no se aprecian grandes reacciones de esas anchas espaldas en las que aquí se carga todo con asombroso desparpajo.

Marquemos la diferencia:

Verán, ni la economía alemana le compraríamos algunos a cambio de tanta bajeza. Porque igual no sería posible en estas condiciones. Deberían reflexionar todos los votantes de laxa moral sobre si a lo mejor Alemania y otros países democráticos funcionan a distintos niveles porque no tienen delincuentes al mando (dado que, cuando detectan alguno, lo echan y le exigen responsabilidades). Porque no se roba ni se permite que se robe tanto a los ciudadanos.

En una palabra, ni un malhechor avezado ni una organización creada tan sólo para delinquir desplegarían tal cúmulo de estrategias –bien sucia la del trueque– para evadir acusaciones y perseverar en su empeño. Pero no, los dirigentes del PP son honrados “como todos”, y, si algún indicio parece lo contrario, es pura casualidad. Y culpa de otro que, desde luego, ya no es nadie en el partido. Pero lo mejor es que son los únicos que pueden sacarnos de la crisis. Cuando se vayan, un par de décadas después de ir reparando los destrozos.

*Publicado en eldiario.es

Una sociedad que avergüenza

La sociedad española parece tener un buche en el que cabe todo. Engulle lo que le echen en tales proporciones que pronto habrá de habilitar esófago, estómago e intestinos para seguir almacenando lo que ingiere. El saco de la suciedad soportable se ha ido llenando al punto que ya desparrama fuera sus excrementos como lo hizo la basura de Madrid. Hasta las más inmensas tragaderas tienen un límite de espacio, no parece en el caso español. Estamos dando como pueblo un espectáculo deplorable.

Los poderes nos suministran porquería prácticamente a diario. Y la mayoría la ingiere sin mirarle el diente. Es la sentencia del Prestige, que deja la catástrofe sin culpables tras 11 años de dilación para alimentar el olvido. El chapote que sí existió tizna a la justicia y a la propia sociedad complaciente. Son los 45 diputados del PP valenciano –de los 54 electos– firmando una petición de indulto para que no entre en prisión el colega que prevaricó en Torrevieja, según condena judicial –que alguna hay–. Siguen la estela, por cierto, del magnánimo Gobierno central, presto a eximir de la cárcel a toda suerte de corruptos y estafadores de altura, torturadores, y hasta a homicidas al volante que hayan tenido la previsión de contratar los servicios del bufete adecuado. La podredumbre de la vida política actual nos entronca con los periodos más negros de nuestra historia.

Hemos visto cosas que no creeríamos. No hasta ese punto y con tanta frecuencia. Cada uno de los escándalos desvelados hubiera costado el puesto, la caída del Gobierno incluso, de forma fulminante; la aglomeración parece diluirlos. El aire se enturbia cada día más, lo viene haciendo a golpes continuos de hollín hasta haber llegado al nivel de irrespirable. Mientras, los autores del desastre caminan, erguidos y suficientes, como si nada fuera con ellos.

Cuando supimos, publicado en prensa y confirmado por él, que todo un presidente del Gobierno intercambiaba SMS de ánimo con su extesorero imputado por corrupción vinculada a su partido, pensamos que todo habría de estallar necesariamente. Sueldos, sobresueldos –hasta en A, que son casi igual de flagrantes–, donaciones al partido de las mismas empresas que reciben el contrato público de cuanto se gestiona y construye en España. Y a las que la justicia no ve relación punible porque no han firmado un escrito en el que diga: vale por un cohecho. Borrado de ordenadores comprometedores que tampoco merecen sospecha judicial. Privatizaciones cuyo tufo atruena. Finiquitos diferidos. Recibís que se firman sin que medie la recepción del dinero, según se atreven a declarar. Ni el más surrealista de los autores de ficción osaría escribir un guión tan zafio e inverosímil. Interpretado, además, por un elenco de actores de tan ínfima categoría que parecen reclutados en un desguace. De Botella a Montoro, pasando por González, Báñez, Mato, Soria, Fabra, Camps, Barberá, Bauzá, Floriano, Cospedal o el propio Rajoy, encabezando la interminable lista.

¿Nos toman por idiotas? Puede ser, pero sin duda por mansos, o moldeables. Porque, siguiendo la triste tradición de nuestro país, a quien protesta se le acalla. Por el método que sea. Saben –y ése es su triunfo– que mientras no estalle eso que llaman en términos elogiosos su “mayoría silenciosa”, sumisa, hay margen. Y, si no, se construye el entramado legal y judicial ad hoc. El Código Penal de Gallardón o la nueva Ley de Seguridad Ciudadana de Fernández Díaz en Interior, altamente represora. Para cortar reclamaciones molestas o ante cualquier eventualidad, María Dolores de Cospedal avanza ante las NNGG que el PP piensa poco menos que sacar a España de la jurisdicción de los tribunales Internacionales. Y ni se inmuta al decirlo. Ni la sociedad al escucharlo.

Asistimos al patético episodio de ver en el mismo escenario, al presidente del PP y del Gobierno –que solo habla ante quien le aclama y le corea– aplaudirse a sí mismo por sus imaginarios éxitos, al cumplirse la mitad de su mandato. Tan encantado con su labor está, que promete persistir en ella: nos seguirá empobreciendo y aumentando la desigualdad social con sus “reformas”. Él y los suyos están mejor que hace dos años, no el resto. Sin duda.

La lista de irregularidades es tan larga que la mayoría la olvida entretenida en su labor de embuchar hasta sapos con púas. Cierto que tanto golpe seguido, tanta desfachatez andante, puede terminar por anestesiar. Si se está enfermo; una sociedad sana no lo toleraría. En ningún país serio seguiría en la presidencia del Gobierno una persona que ha mentido desde la primera a la última de sus palabras y que se halla circundado por SMS y cuentas turbias. No continuarían ni un minuto más en su puesto los 45 diputados valencianos. Ni los órganos de la justicia que alojan en sus estómagos sentencias como la del Prestige y todas las que se avecinan, dando una insufrible sensación de impunidad. No se aguanta esta batería de desafueros en otros países aunque no sean un dechado de virtudes. Se echa a los corruptos. Se van ellos, incluso. Antes incluso del proceso judicial; la sospecha fundada, tanta sospecha fundada mancha.

En el llamado “escándalo de los gastos parlamentarios” de 2009 en el Reino Unido, se penó el robo de cantidades que aquí son calderilla. La sensible diferencia es que todos ellos fueron obligados a dimitir. Que sus partidos se mostraron férreos con eso. Y que en las calles de Londres la ciudadanía evidenció su enorme rechazo, su irritación, su determinación irrevocable de castigar estas prácticas. Vengan de donde vengan. Aquí no ocurre. Ni por asomo.

Hace meses que la prensa internacional se pregunta hasta dónde va a aguantar la cuerda a Mariano Rajoy y su partido. En julio decía The Economist: “La corrupción es la piedra de molino del señor Rajoy. ¿Va a hundirlo? La combinación de una mayoría parlamentaria absoluta, una inexplicable tolerancia a la corrupción entre los votantes españoles, escándalos similares que golpean la oposición socialista y un sistema judicial lento significa que probablemente no lo hará”.

Esa “inexplicable tolerancia a la corrupción entre los votantes españoles” que los medios extranjeros resaltan duele y avergüenza profundamente a los españoles decentes. A los que aún arriesgan su dinero y su trabajo para defender, por ejemplo, la sanidad pública, ahuyentando a los buitres que vienen a comer lo que han convertido o quieren convertir en carroña de la que lucrarse. A los que han dejado unos días la basura en la calle –como metáfora– para no emporcar más los salarios y condiciones laborales de los españoles. A quienes no quieren ser identificados con la España corrupta.

¿Cómo ha podido convertirse en normalidad esta inmundicia? ¿Qué puede germinar en esta mugre? Sea cual sea su papel en la obra, protagonista o secundario, si usted es de los que tiene tan empachado el buche que ya se le confunde con el intestino, mírese al espejo y reflexione si ve en él a un ciudadano o qué ve. Sinceramente.

*Publicado en eldiario.es

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