Esta tierra es mía de Jean Renoir (1943)
Sostiene Pereira sobre el libro de Antonio Tabucchi (1994)
Esta tierra es mía de Jean Renoir (1943)
Sostiene Pereira sobre el libro de Antonio Tabucchi (1994)
Publicado por rosa maría artal el 20 marzo 2012
http://rosamariaartal.com/2012/03/20/escenas-eternas/
Fragmento de “Bienvenido Mr. Chance“, basada en el libro “Desde el jardín” (1971), del escritor norteamericano de origen polaco Jerzy Kosinski.
Sinopsis:
Chance vive desde niño en casa del Anciano.Durante toda su vida se ha ocupado del jardín.No sabe leer ni escribir y no comprende bien las conversaciones de su alrededor,su unica pasión aparte del jardín es ver la televisión.Cuando el anciano muere y la casa es cerrada Chance deberá abandonar el único mundo que ha conocido y salir al exterior.Allí por una serie de equívocos Chance alcanzará la fama y se codeará con la élite de la sociedad.
Es una de mis obras favoritas para comprender la realidad.
(Gracias por facilitarnos este vídeo, Víctor)
Publicado por rosa maría artal el 19 enero 2011
http://rosamariaartal.com/2011/01/19/la-vida-es-como-un-jardin/
Se ha ido, en el turno inapelable de la cinta sin fin que empuja la vida. Grande, inmenso, un hito en la historia de la cultura española, en la historia de España.
Batallar con la censura y la mediocridad del oscuro franquismo era casi épico, pero él lo consiguió con las más altas dosis de ingenio. Al lado de Juan Antonio Bardem muchas veces, o del irrepetible Rafael Azcona.
Pocos autores reúnen tal cúmulo de aciertos: varias de sus películas justificaban por sí mismas, individualmente, una vida. “Bienvenido Mr Marshall” (1953) le permitió reírse del amigo americano o de cualquier poderoso, de nuestro patético provincianismo, evidenciando un mito que nos persigue hasta nuestros días. La esperanza del maná no podía sino fracasar, con humor, para no perdernos en el dolor.
“Plácido” (1961), nominada al Oscar. Sentando un pobre a la mesa de los ricos en Navidad y mostrando aquella lacra que se iniciaba: el endeudamientos, las compras a plazos, el banco implacable.
“El Verdugo” (1963), humor negro y sangriento. Con un Pepe Isbert que también firmó las más brillantes páginas del cine. El determinismo de los pobres, la triste historia de este país –atenuada siempre con el humor-, que al menos logró liberarse de la pena de muerte.
“La escopeta nacional”, “Patrimonio nacional”, “La vaquilla”, “Todos a la cárcel” ¡Qué pocos han hecho tanto y tan bien! Caricaturas de nuestro carácter y trayectoria, con halos de esperanza en las historias cotidianas, tantas veces fallidas porque lo mal trazado, mal termina. Pero siempre disfrazando la amargura, atenuando si se quiere, quizás borrando, con la sonrisa del sarcasmo.
Como tantos otros, tuvo que tragar en su juventud algún sapo de los que servía conminatoria la dictadura, pero se liberó ampliamente.
Adoraba la vida, el sexo vivificador; la cordura, el ingenio, la piedad. Sólo ayer anunciaba ABC un amplio reportaje con palabras suyas. “El dolor me jode, pero morirme me jode más”. Parece que no se oferta otra opción y que el hechizo de vivir apenas valora obstáculos. Enfermo y sin voz en el final del ciclo, aún apoyó la campaña de Médicos sin Fronteras para hacer presión y que estudien esas enfermedades raras que no dan dividendos. Fue un privilegio tenerle en este mundo, en esta España. Luís García Berlanga ha muerto este 13 de Noviembre de 2010, a los 89 años de edad.
Publicado por rosa maría artal el 13 noviembre 2010
http://rosamariaartal.com/2010/11/13/bienhallado-sr-berlanga/
Lo que tiene aposentar la sede encima de un cine. Siempre hay que cuidar los detalles para que no jueguen malas pasadas.
La programación se completa con El sainete valenciano.
Publicado por rosa maría artal el 28 agosto 2010
http://rosamariaartal.com/2010/08/28/psm-la-pelicula/
La crisis nos impregna: ha llegado también a la cultura y la evasión. Sobre todo a la evasión. Ramón Muñoz nos cuenta en El País que “Los ‘apocalípticos’ de la recesión se hacen guionistas”. Libros, cine, televisión “se alimentan de las visiones catastrofistas de la crisis” -detalla-, como resulta lógico cuando un tema hace latir –aunque sea poco- a la sociedad. La crisis impregna al periodismo, especialmente al “equidistaní”.
“La mejor muestra del nuevo filón es el showman y presentador de televisión estadounidense Glenn Beck. Desde su tribuna diaria de Fox News y desde su programa de radio, predice todo tipo de catástrofes si Barack Obama persiste en el proceso de “socialización” de la economía norteamericana que inició su predecesor, George W. Bush…”.
Es decir, a este señor –que pretende “refundar” EEUU, desde las escalinatas de los sueños de Martin Luther King, para conseguir un país ultraliberal sin fisuras- le apoya la poderosísima cadena Fox, el movimiento ultraconservador Tea Party y el ala derecha del Partido Republicano.
“Un antiguo policía de narcóticos de Los Ángeles, ha saltado a la fama por sus predicciones catastrofistas”. “Adivinó” todo lo que no veían supuestamente los economistas. “Así, Ruppert aparece en una conferencia en 2006 advirtiendo a la gente que no se endeudara, ni contratara hipotecas porque estaba a punto de estallar una gran burbuja inmobiliaria, como efectivamente sucedió dos años después con la crisis de las subprime. También anticipó la quiebra del sistema financiero y los rescates multimillonarios de 2008 (la siguiente en caer será la propia Reserva Federal, según su vaticinio)”.
Lo peor es que “Ruppert da una imagen de paranoico, fumando compulsivamente, e incluso llorando cuando relata los estragos de la catástrofe que está por llegar”. A su documental “Colapso” parece que le apoya el fervor popular.
“Con más oficio de agorero profesional pero mucho menos auténtico, el director Michael Moore ha vuelto a la carga con “Capitalismo, una historia de amor” en el que pone el dedo acusador en los grandes magnates financieros que, servidos por sus políticos títeres, han causado la crisis y ahora cargan las consecuencias sobre la clase media, que sufre en sus carnes cómo cada día se destruyen 14.000 empleos o hay 7,5 desahucios por minuto”.
Moore sin embargo cobra por su trabajo. Y eso está muy feo en alguien de izquierdas ¿o no es de izquierdas?:
“Con la demagogia que caracteriza a este histriónico director, millonario gracias al sistema que denuncia -cobra 3.000 dólares por entrevista-, el documental denuncia cómo la aristocracia de Wall Street obtuvo mediante el miedo y los sobornos que el Gobierno saliera a su rescate con 800.000 millones de dólares (623.883 millones de euros)”.
A mí, en este análisis y así, a bote pronto, me faltan dos libros fundamentales: “La doctrina del shock” de Naomi Klein (aunque sea de 2007 mantiene su vigencia) y “Su crisis, nuestras soluciones” de Susan George. A mí en este análisis, me faltan… datos, proporcionados por expertos. O, al menos, una comprobación y constatación de lo que realmente ha sucedido en el mundo con la crisis, qué afirmaciones de los autores citados son hechos constatables y qué opiniones. Quién apoya a quién en todos los casos, y cuánto cobra cada cual en dinero o en especie.
Sin acritud hacia el autor de este artículo que no es sino una muestra más del actual periodismo –e incluso más elaborada que otras-, me limito a mostrar la peligrosa vigencia de la “equidastania”. La mesa puesta para que uno se sirva al gusto. Aunque ¿de verdad “Equidistán” es equidistante?
Por cierto, aquí está en acción Glenn Beck y hablando de España con un español. No es nada histriónico ni demagogo.
Publicado por rosa maría artal el 22 agosto 2010
http://rosamariaartal.com/2010/08/22/%c2%bfequidistania-es-realmente-equidistante/
Entremeses de fin de semana:
Publicado por rosa maría artal el 5 diciembre 2009
http://rosamariaartal.com/2009/12/05/por-la-libertad-la-informacion-y-la-coherecia/
Fue el primer cine al que acudí en Madrid. Un inolvidable primer viaje con mi padre a la capital. Junto a la puerta de la pensión de la Gran Vía donde nos alojamos también había que eludir a los carteristas a la caza de incautos provincianos, hoy de cualquier turista. Pero Madrid compensaba en su derroche de luz y de vida, en aquella sala de proyecciones que, en efecto, parecía un suntuoso palacio. Una película “para mayores” en la que fui aceptada por mi prematuro desarrollo adolescente. El cine siempre fue para mí y muchos otros el premio, el espectáculo superior, la sugerencia infinita, una ventana abierta al mundo, a las ideas, a las emociones.
Pero los cines fueron desapareciendo. Más de 600 han cerrado en España en los últimos seis años. Ahora hay, en todo el territorio nacional, 563. Uno en Vilanova i la Geltrú, el Bosc, ha sido indultado. El ayuntamiento se ha hecho cargo de él en bien de la población y el antiguo dueño se ocupa del bar. Un cinema paradiso redivivo.
La Gran Vía madrileña, antaño paisaje de esplendor de enormes carteleras, ha echado el cierre. En la zona de Ventas han desaparecido prácticamente todos, incluso el avanzado Canciller pionero del sistema Dolby de sonido. Y así en toda España.
¿Qué les ha sustituido? Tiendas, centros comerciales. Fue en los años 80 cuando llegaron a nuestro país los hipermercados. El primero en Cataluña, el segundo en Zaragoza. Situados en el extrarradio, había que usar coche para acercarse. La cosecha desde entonces ha sido fecunda, desbordante. Cada carretera de salida dispone de su conglomerado de centros. Siempre los mismos. Carrefour, Alcampo, Mercadona, Caprabo, Eroski, Media Mark, todos juntos o en cuotas. Una vez dentro, uno no distingue si se encuentra en Vallecas o en San Sebastián de los Reyes, en Valencia, o en Cádiz. En los cascos urbanos sucede lo mismo. Cada cuatro pasos un Zara, un H&M, un C&A.
Y en las ciudades europeas. Prácticamente todas se han uniformizado. Y no sólo las capitales de país. En Malmo (Suecia) en Colonia (Alemania), Zara, H&M, C&A. Preguntas en cualquier parte adonde viajes, en España y fuera de ella, por el centro histórico. Y la nube de cadenas comerciales, ropa, bisutería, zapatos, bolsos, te envuelve. Todas son iguales. El comercio local, que aportaba alguna diferencia, ha desaparecido prácticamente. Apenas he visto algo en Santander, Salamanca o Girona. Por el momento, pronto llegarán los carteles de “liquidación total por cierre del negocio”.
¿Tan difícil sería caminar, o tomar un medio de transporte, para ir a la tienda buscada?
Sí, la oferta ha de entrar por los ojos, nos han educado para comprar sin tino, aunque no lo precisemos de forma imperativa. La necesidad creada del consumo, del hiperconsumo, es el eje en el que se asienta el sistema. No es nada nuevo, lo sabemos. Muchos tenemos la experiencia –las mujeres más no sé por qué- de ver en el armario prendas que ni has estrenado o has usado una sola vez. Y aún así vuelves a salir a la calle, te inundan las sugerencias y vuelves a caer.
¿La desaparición de los cines ha causado el giro a la derecha del electorado alemán? Se podría rizar el rizo y ver que sí. El capitalismo que fomenta el consumo para mantener y ampliar su negocio no es castigado por sus desmanes. La justicia social se deja al margen, cuando, por la crisis, peligra nuestro propio bienestar. Tenemos que seguir comprando, hasta morir. Más de lo preciso. Como zombis bien educados. Los que se mueren de hambre no son mi problema. Ningún gobierno me quitará el nuevo bolso, la camisa está vez con canesú, el coche, la casa, las vacaciones. Edificantes ambiciones.
Las escasas salas de proyecciones también se alojan ahora en los centros comerciales. Para borrar la magia cruzado el umbral, y volver a comprar lo inútil. Algunos centros, como el Arturo Soria Plaza de Madrid, presenta una oferta en la que todo, absolutamente todo, es accesorio, casi hasta el supermercado de Sánchez Romero –el más caro de España- con exotismos fútiles. Pero Rosa Márquez, acaba de decir tras las noticias, que “Los accesorios que ofrece el Corte Inglés son imprescindibles”. Una paradoja.
De ver Espartaco salías con ganas de luchar contra la injusticia, de ¡Qué bello es vivir! con la ilusa idea de que el bien hacer obtiene recompensa, de El jardinero fiel decididos a cambiar el mundo actual, de Bambi interiorizando que la realidad puede ser muy cruel. Casablanca, El gran dictador, Cadena Perpetua, La milla verde, Amelie, rotundas en fondo y forma. Obras de arte. El humor inteligente de Willy Wilder, el suspense magistral de Hitchcock, la ya amenazada Luna nueva del periodismo, la España a combatir de El verdugo. De Cantando bajo la lluvia soñando con volar de felicidad posible, aunque diluvie. Era un peligro. Fomentaban la belleza y el espíritu crítico. Hay que verlas ahora en casa, en soledad. El televisor nos inundará después de ofertas, la calle mañana será una adocenadora sugerencia irresistible. Y ahí estamos.
Publicado por rosa maría artal el 28 septiembre 2009
http://rosamariaartal.com/2009/09/28/el-cierre-de-cines-como-sintoma/
A Esperanza Aguirre le sobra la cultura. Tan campechana ella, ha anunciado con su cercano tono de sargento cuartelero, que “al igual que hacen los hogares en dificultades” suprimiendo lo que estiman más superfluo -eso se deduce de sus palabras-, elimina la consejería de cultura, turismo y deportes. Sus competencias pasan al vicepresidente Ignacio González, un hombre muy ocupado porque, a las labores propias de su alto cargo, añade viajes -grabados- a Cartagena de Indias, llevar y dejar bolsas, guarecerse de los espías, o celebrar con sus familiares su súbito enriquecimiento con contratas suscritas con la Comunidad de Madrid. Pero es que los madrileños ya disponen de la contemplación pasiva del fútbol como deporte, los turistas vienen igual, encantados, a las sucias y desconchadas calles de Madrid, y la cultura es prescindible. Así lo ve una antigua ministra… de cultura. Nombrada para ese cargo pese a que creer que Saramago -Sara Mago- era una bailaora, que no es una leyenda urbana porque yo misma la escuché.

El problema es general. El actual gobierno de la nación, como todos los anteriores, prima la industria sobre la cultura. Los medios informativos relegan sus espacios culturales que siempre, salvo muy escasas excepciones, han servido de una forma desastrosa. Presentan la cultura como tocho infumable que disuade de acercarse a ella.
Somos un país rematadamente inculto, de provocar vergüenza en muchas de sus manifestaciones. Donde los ciudadanos ni siquiera sienten pudor de decir que ni leen libros ni periódicos, ni de hablar mal -porque a hablar, a expresarse, se aprende leyendo-. Os recuerdo que, antes de la crisis de la prensa escrita, los periódicos apenas vendían en España 100 ejemplares por cada 1.000. Justo la cifra que la UNESCO marca en el umbral del desarrollo, y que supone menos de la mitad de la media europea. Finlandia y Suecia alcanzan, por ejemplo, más de 400 ejemplares por 1.000 habitantes. Y sólo Portugal, Grecia e Italia, como siempre, están a la par o por debajo de nosotros. Y los libros más vendidos son en su mayoría pura basura.

Una industria musical mediocre -en la que podíamos calificar “de consumo”- que dudo permita a los buenos valores hacerse un hueco en ella, porque lo que prima es el negocio fácil. Con unos pocos valores sólidos que se presentan como excepciones. España -en el cine igual- es país de individualidades culturales, de excepciones, porque tienen que luchar con la cultura reinante, la verdadera cultura, la que significa a los pueblos. ¿Que tenemos un actor excepcional, Bardem, o un director al menos, Amenabar, en las más altas cotas de la calidad, o a otro rompedor como Almodovar? Sin duda. Pero nos nombran ministra -Ángeles González-Sinde- a la autora de un guión -”Mentiras y gordas”- que es un monumento al mal gusto. Y que, además, defiende a la industria y no entiende que la tecnología lo ha cambiado todo.
No quiero ser exhaustiva, sino dar una semblanza de conjunto. En Brasil han aprobado pagar una asignación mensual del equivalente a 16 euros a 12 millones de trabajadores para que la gasten en teatro, cine o libros. Van a invertir en ello casi doscientos millones de euros anuales. Hasta esperan que con ello obtengan “mejores puestos de trabajo”. Aquí suprimimos la consejería de cultura… para ahorrar, mientras se dilapida en obras y hasta cócteles y se privatizan servicios básicos para obtener dividendos. No entienden qué es la cultura ni para qué es útil -la utilidad que no falte-, o sí lo entienden pero no les interesan los ciudadanos maduros y responsables.
La UNESCO definió la cultura hace muchos años, decidme si esto es lo que nos sobra:
“La cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”.
(UNESCO, 1982: Declaración de México)
Publicado por rosa maría artal el 30 abril 2009
http://rosamariaartal.com/2009/04/30/desprecio-de-la-cultura/

Aunque no podemos votar a los Oscar, como tampoco podemos elegir al Presidente de EEUU -algo que sí deberíamos hacer por cuanto nos influye-, me aventuro a lanzar mi elección.
Mi película favorita para los Oscars es “Slumdog millonaire”. Sin ninguna duda. Ha sido también una de las que más me ha impactado últimamente. Me fascinó el amargo -como el devenir de muchos desgraciados- cuento de hadas. Un ingenioso guión sobre las enseñanzas de la vida, en el que uno no sabe si es más demoledor rebozarse de mierda, estar a punto de perder los ojos, o ver ultrajado el amor de tu vida a manos de quien confiabas. La lucha tenaz por un objetivo. El triunfo de la Justicia, cuando uno se empecina en buscarla. Un cuento de hadas, ya digo. Pero del mundo en el que vivimos.
El duelo entre Nixon y Frost también mantiene el interés. Lo que se debe y no se debe hacer en periodismo. El triunfo -relativo- de la Justicia una vez más. Porque Nixon no pagó sus delitos más que con su alejamiento de la Casa Blanca.
“El curioso caso de Benjamin Button” me pareció un ejercicio de preciosismo no absolutamente conseguido. Magnífico Brad Pitt que busca Oscar. Dicen que tienen más probabilidades Sean Penn o el odioso Mickey Rourke, pero no he visto aún sus películas. Y comprendo que “Australia” apenas haya conseguido nominaciones, en su intento -fallido- de emular Memorias de África. Todo en ella rechina.
Y Penélope Cruz. En ese punto soy políticamente incorrecta. El lunes, con gran probabilidad, esté en la gloria y España se volcará aún más con ella. Y yo lo entenderé aún menos. Me asombra que una mujer diminuta, con un par de atractivos -que resalta una notable fotogenia- en un conjunto poco consistente, apenas cultivada intelectualmente y mediocre actriz, pueda recibir tantos parabienes. Volveremos a escuchar lo de “la Sofia Loren española”. Muestra descafeinada de todas las cualidades que hacen merecedor de un Oscar. Al menos, que huyan de la comparación. Polo opuesto es Javier Bardem, quien da toda su dimensión a la profesión de actor, al transfigurarse en cada personaje. Lo que sí admito a Penélope es que sabe trabajarse las relaciones públicas.
Por lo demás, algunos de mis imprescindible favoritos nunca ganaron un Oscar. Alfred Hitchcock, por ejemplo. Orson Welles. Ciudadano Kane, solo obtuvo premio al guión. O Blake Edwards como director.
Greta Garbo, diosa incuestionable, Marlene Dietrich, tierna mujer fatal, Barbara Stanwyck o la efectividad, Kathelen Turner, sensualidad, picardía e inteligencia, jamás obtuvieron la estatuilla deseada. Ni Ava Gadner, Rita Hayworth, Lauren Bacall o Deborah Kerr, eternamente nominada.
Ni el atormentado Montgomery Cliff, ni Cari Grant, ni Peter O´toole o Richard Burton de sólido sabor británico, ni Harrison Ford, dentro o fuera de la piel de Indiana Jones, ni Robert Redford (como actor, sí como director), ni Steve Macqueen tempranamente muerto, pero inolvidable en sus poderosas interpretaciones.
La música que identifica al cine, la de “Lo que el viento se llevó”, tampoco tuvo estatuilla. Igual que otra gran melodía del cine: ”Cantando bajo la lluvia”, con un Gene Kelly que invita a volar de felicidad ayer, hoy y siempre. No obtuvo el oscar -aunque fue nominada-, ni tampoco la película a la que pertenecía. Era el año 53 y se lo dieron a “De aquí a la eternidad” de Fred Zinnerman. “Jhonny Guitar”, “los sonidos del silencio” de “El graduado” o “Everybody´s talkin” de “Cowboy de Medianoche” son otras grandes canciones postergadas.
La academia quiso enmendar errores y premiar con un oscar honorífico a muchas víctimas de un imperdonable olvido. Marlene Dietrich los bautizó como el oscar de la muerte. “Te lo dan cuando tienes ya un pie en la tumba”, dijo al recibirlo. Tal es así que Bob Hope -que vivió 100 años- lo recibió cinco veces, hasta que desapareció definitivamente. Peinando canas y desajustes físicos, por el podio del reconocimiento tardío han pasado varios de ellos, que no todos: Welles, Kirk Douglas, Cary Grant, Greta Garbo o Barbara Stanwick.
Premios, oropeles, reconocimiento… y dinero. A veces, solo a veces, el tiempo pone las cosas en su lugar.
Actualización 00,30
Acabo de ver “Milk” con Sean Penn. Mantengo mi preferencia por “Slumdog Millionare”. Pero ya con ciertas dudas. Un hombre que quiere “cambiar el mundo”, y que algo logra. Y un actor excepcional, Sean Penn. Difícil la elección del Oscar al mejor actor.
Publicado por rosa maría artal el 21 febrero 2009
http://rosamariaartal.com/2009/02/21/mis-votos-para-los-oscar/