El diablo se viste de exorcismo oportunista

El arzobispado de Madrid ha decidido formar con carácter urgente un cuerpo de 8 nuevos exorcistas. El órgano que preside el cardenal Rouco Varela lo justifica por “la fuerte demanda” de acabar con posesiones demoníacas o influencias maléficas entre las que sitúa desde el reiki a la magia negra, brujas y quiromantes, mal de ojo, echadores de cartas y esoterismos varios. O, siquiera sea, para aliviar la ansiedad de los creyentes que se sientan víctimas de influjos negativos ante la dura situación que vivimos. Que se recuerde, no hay precedentes de este importante refuerzo de extirpadores de “el Mal”,  desde los medievales tiempos de Torquemada.

En la primavera de 1986 el Vaticano puso en marcha una medida similar al nombrar de una sola vez seis para Turín, que ya tenía dos. El impacto que produjo la noticia –en un mundo algo más racional– fue suficiente para que nos desplazáramos hasta allí un equipo de Informe Semanal. Eran tiempos convulsos. Aún quedaban restos de la debacle económica que produjeron las dos crisis del petróleo con un alza espectacular de precios. Reventaba la central nuclear de Chernóbil en Ucrania. Se sucedían los atentados. Múltiples. De Libia hacia fuera, de EEUU como revancha. En Suecia era asesinado el jefe de Gobierno, Olof Palme. ETA mataba en Madrid a cinco guardias civiles. Una América Latina en pleno ensayo del neoliberalismo anunciaba desembolsos de hasta el 60% de las exportaciones para pagar la deuda. Portugal había elegido al socialista Mario Soares como presidente de la República. Y en España el Gobierno de Felipe González nos había metido en la OTAN, a través de un referéndum que enervó mucho los ánimos.

Cuando la sociedad sufre, el diablo se hace fuerte o… se presenta como una oportunidad de oro para explotarlo, según debe pensar la jerarquía católica y por eso Turín se llenó de exorcistas. Al mismo nivel que ahora Madrid. No hay comparación. Por el momento. La capital del Piamonte, en bruma de norte y de fábricas, pasa por ser –con Londres y San Francisco– uno de los tres vértices de la magia negra. Solo que también lo es –con Lyon y Praga– de la magia blanca. Un polvorín. El bien y el mal confluyendo en una misma ciudad que… se volcaba en rentabilizar la fiebre satánica. Los múltiples canales de una televisión comercial que, para nuestro bien, todavía no conocíamos en España ofertaban toda suerte de sortilegios. Tanto para surtir como para quitar maleficios.

Ante tanta competencia desleal, nada mejor, pensó el Vaticano, que reforzar en Turín los especialistas en sacar el demonio del cuerpo. Su influencia, explican, se manifiesta por grados. Va desde la simple tentación, pasa por la infestación maléfica (que cuentan los especialistas coarta ya la libertad del individuo) y llega al culmen con la posesión demoníaca en donde la persona queda anulada. Allí ya es cuando se desatan convulsiones, dominio perfecto de idiomas extranjeros (que no deja de ser una curiosa peculiaridad) o una fuerza sobrehumana. Un odio atroz. Y el conocimiento de secretos de conciencia de otros. Aún le dolía todo lo que le había recriminado el maligno –intimidades nunca reveladas– a un experimentado exorcista, Hugo Savaglia, en sus largas charlas a través de los poseídos. Entre sus exorcismos, nos citó el caso de una joven empleada de un supermercado, muy católica, que tenía la desgracia de pertenecer “a una familia comunista, atea y materialista”.  Y que, sin embargo, terminó en sus manos, desahuciada por la ciencia. La gran dificultad para corroborar estos hechos desde la razón es que las víctimas no recuerdan absolutamente nada una vez han sido liberadas de la posesión diabólica. Y, así, claro, no hay manera de entrevistarles.

El Vaticano admitía la existencia de unos 5.000 endemoniados en estudio en todo el mundo, y que, de ellos, sólo un 2-3% lo eran realmente. “El resto tiene problemas psiquiátricos”, decía Corrado Balducci, un experto de la curia romana. Mucho más prudente, creía que el pesimismo vital genera misticismo para evadirse y que puede darse en una amplia gama que cubre todos los extremos. El ritual del exorcismo es el mismo desde el año 1500 y no especifican en qué consiste con toda precisión. Solo aseguran que es “inofensivo para la integridad física del afectado”. No se dice nada de la psíquica o emocional.

Satán es palabra hebrea y significa “adversario”. Es el príncipe del infierno, pero luego hay –dicen– una escala decreciente de diablos que se ocupan de países, ciudades y hasta de cada uno de nosotros. Es decir, que llevaríamos de sombra tanto a un demonio como a un ángel de la guarda, según la creencia católica más ortodoxa. Pero así como los ángeles son puros y etéreos, en el lado del mal se dan hasta el sexo y los géneros. Así podemos encontrarnos incluso a Lamiae que sería una diabla en toda regla. Y que en realidad tiene su origen en la mitología grecolatina.

El Vaticano no ha tenido una postura unánime en su Papado sobre el demonio a lo largo de su historia. Los más escépticos, Benedicto XIV y Pío X. Y los más entusiastas, Pablo VI y Juan Pablo II. Salvo Ratzinger que, incluso antes de ser llamado a más grandes destinos, elaboró como cardenal un inventario concreto. Afirmó que había 758.640.176 demonios diseminados por el mundo. Ni uno más, ni uno menos. Dado que son inmortales, la cifra con seguridad no habrá menguado. A esta persona se le entregaron los destinos de la Iglesia católica.

El nuevo Papa, Francisco, puso sus manos hace unos días sobre un enfermo que gritaba y, aunque se ha apresurado a desmentir que se tratara de algo diferente a calmarlo, la jerarquía católica española se ha apuntando con gran diligencia a lo que podría ser una tendencia. ¿Por qué no reactivar los exorcistas? Hay crisis, involución ideológica, y si ya ha colado imponer en España la educación ultrarreligiosa ¿por qué no va a haber también “una gran demanda” de expertos en echar al maligno de los cuerpos que ocupa?

La sola existencia de estos expertos crea su necesidad en mentes débiles o enfermas. La angustia extrema por situaciones reales lleva a buscar salidas impensables en momentos de lucidez. Todo sea por pescar en el río revuelto. En este festín que en España ha propiciado la mayoría absoluta del PP, campan los avispados que ni por milagro condenan las causas que han propiciado esta situación. Los que demuestran que hay fijaciones irracionales por las que no pasan… los siglos.

La permuta inevitable: Valencia por Dinamarca, Madrid por Suecia

Ahora que estamos viendo cómo hasta a Suecia ha llegado la peste neoliberal con sus consecuencias, traigo este relato que escribí hace varios años, para que comprobemos que todo es susceptible de empeorar.  Lo de España apuntaba fuertes síntomas que se han cumplido… con creces. Para Suecia no esperábamos esta degradación. Se repondrán. Hay allí una sólida base cívica. Y desde luego siempre existen soluciones imaginativas. Tanto como esta permuta que yo proponía. O cualquier otra. 

Cuando la crisis económica resquebrajó a los países más débiles, cuando la administración de justicia se colapsó en España por los juicios de corrupción, hubo que tomar decisiones drásticas e imaginativas. La primera llegó al extremo de aprobar en el Parlamento –debatiendo una masiva iniciativa legislativa popular-, que el gobierno elevó a ley, la permuta de Valencia por Dinamarca y de Madrid por Suecia. Se trataba de una experiencia piloto a extender a otras comunidades, a todo el país en realidad, atacando de entrada lo más urgente. Como es lógico, los territorios no se trasladaron por barco, piedra a piedra, campo de golf a campo de golf, gota a gota, el cambió se limitó a la población de todas las demarcaciones implicadas. Intensas labores diplomáticas lograron convencer a los nórdicos para que cambiasen su residencia. Se alegó su condición de temporal, y aceptaron para disfrutar una temporada del cálido sol del Sur de Europa. Se lo plantearon casi como unas vacaciones.

A pesar de sus ardorosas protestas, los implicados se vieron conminados a la mudanza. Aunque, lógicamente- les fueron explicadas las circunstancias, positivas y negativas, por las que se verían afectados. Era un trabajo muy serio, esencialmente necesario. Y fueron estudiados algunos casos para que pudieran permanecer en sus comunidades. Se habían establecido unos cupos por los cuales parte de los residentes habituales no cambiaran de domicilio y actuarán de guía de los recién llegados: compartirían experiencias y harían más fácil el tránsito. En minoría, naturalmente. Alguien planteó cuántas manzanas podridas terminan por arruinar un cesto. La experiencia dice que basta con una. Pero, dado lo acuciante de la situación, se confió en la suerte.

Gran parte de los valencianos se fueron a regañadientes a su nuevo destino, básicamente los que habían sustentado el sistema que hizo tomar al resto de los españoles la decisión de trasladarles, siquiera fuera por su bien, a modo de terapia y por una temporada de duración a evaluar. Otros lo aceptaron de buen grado, comprendiendo la bondad de la iniciativa y con un halo de esperanza. Y hubo un decisivo sector de entusiastas de la idea que se ofrecieron a llevar maletas, ayudar a los ancianos a subir a los transportes, dar de comer a los bebés, cambiarles los pañales, y a cuanta ayuda se les pidiera.

Casi cinco millones de valencianos, en consecuencia, llegaron por tierra, mar y aire –que de todas formas se accede- a Dinamarca. Encontraron fácil alojamiento para todos, dado que los oriundos del lugar eran prácticamente los mismos en número. La primera grata sorpresa –además de unas campiñas verdes y floridas- fue que disponían de casi el doble del territorio, 43.000 Kms2 cuadrados, frente a sus 23.000 y que, por tanto, iban a vivir mucho más holgados. Les tranquilizó también ver que compartían un pasado histórico de solera y que les bañaba el mar, como a ellos durante su vida anterior. Claro que allí se toparon con el Mar del Norte y el Báltico de temperaturas gélidas, y era poner el pie y congelarlo. Pero los lugareños les comentaron que el frío curte –no sé si está probado- y respiraron más tranquilos. Un gozo fue descubrir que contaban con más de 400 islas, la mayor parte despobladas. Es decir, inmensos terrenos para construir y especular, ahora que el litoral valenciano se había saturado de ladrillo. Avisados, los daneses residentes advirtieron severamente que de torre por aquí, rascacielos por allá, urbanizaciones y urbanizaciones, nada: habrían de acostumbrarse, a residir en un paisaje armónico, con un urbanismo elegante y bien diseñado. Muchos valencianos callaron antes de confesar que no sabían de qué les estaban hablando.

-¿Urbanismo elegante y bien diseñado? ¿Tú sabes qué es eso?- preguntó uno a otro compañero.

-Manías europeas, ya les cambiaremos.

Lo cierto fue que más pronto que tarde comenzaron a agradecer la armonía que les rodeaba, llegando incluso a atemperar algunos comportamientos. Complacencia superlativa representó encontrase con sueldos medios de 3.250 euros, los más alto de la UE y con pocas diferencias sociales.

-Oye, que voy 7 horas a trabajar 5 días y me llevo el triple que en Valencia, esto sí está bien.

-Los precios son algo más caros- opuso uno.

-Ya, pero apenas, diría que un 10% más. Pero con estos dinerales que ganamos ¿qué importa?- rebatió el más animado.

-¿Y los impuestos? ¿Qué me dices de los impuestos? Hasta el 50%, el 60% he oído que pagan. Espero que ya no estemos aquí cuando lleguen las declaraciones de la renta.

-Calla, calla, que eso solo es para los millonarios, para los que en España pagan como máximo el 45% y después de la subida, que antes aún era menos.

-Vale ¿y aquí te dan gratis las gafas y las consultas del dentista con extracciones y todo? Escuché que en algunos países de Europa sí- se animó el segundo.

-No sé, chico, ya nos enteraremos. Pero sé que aquí el Estado gasta en los ciudadanos el 30% del PIB, mientras España sigue estando a la cola de Europa con un 21%. En algo se tiene que notar la diferencia.

-Te envidio ¡cómo has estudiado los pormenores! Te vas a adaptar muy bien.

En definitiva, los valencianos admitieron que, en el aspecto económico, el trueque les era rentable.

En Dinamarca no había paella, como mucho servían arroz hervido, y como lujo con verduras. Aunque tenían unos langostinos aceptables, servidos ¡horror! en pan y con mantequilla. Pero ¡coño! no entendían el español. Todos hablaban inglés, en cambio. Y allá se fueron los valencianos a las escuelas de idiomas que debían multiplicar aulas, profesores y horarios para enseñar la lengua. Algún conflicto laboral hubo por ello en los centros, pero se explicó a los profesores la extrema necesidad de la medida y, solidarios, se aplicaron a la labor. Los valencianos pudieron presumir de que poseían una educación bilingüe desde niños y sabían que ayuda al aprendizaje de idiomas. Dominarían el inglés antes, mucho antes que los madrileños.

-Por esto de que mis hijos estudien “Educación para la ciudadanía” y en castellano que se la dan, ¡no paso!, por ahí si que no- clamó uno de los más recalcitrantes.

-Oye, que aquí no protesta por ello ningún partido, ni las iglesias ni nadie. Igual es por algo- le replicaron.

Convinieron los valencianos que trabajar de 9 a 4 resultaba muy cómodo, disponían de casi toda la tarde libre. Volvieron a conocer a su familia, renacieron muchas parejas. Podían ir también a exposiciones y conciertos. Tras la cena.

-Esto de cenar tan pronto no puedo, la verdad. Pero ¡qué vas a hacer si a las 12 de la mañana te tienes que contentar con un bocadillito! No sabe vivir esta gente. ¡Ay!, donde estén nuestras comidas de 3 horas, con aperitivos, dos platos, postre, café y pacharán.

Pronto descubrieron también que Dinamarca es el segundo país más pacífico del mundo, el primero a veces. Y que su capital, Copenhague, está considerada como la mejor ciudad para vivir, en algunas clasificaciones y que fue declarada “Ciudad cultural mundial”, la tercera, tras Londres y París.

-¿Y eso por qué es?

-Valoran su vida cultural, posibilidades de transporte, su grado de delincuencia (que apenas tienen como has visto), la arquitectura, los bienes públicos y el diseño.

-Mira, todo eso está muy bien. A mí me está gustando este lugar. Y que tienen tiendas por todos los lados igual que en España. Y esos lugares tan turísticos donde vamos todos juntos.

-Caras, muy caras, recuerda- apostillaban siempre los más negativos.

-Y el Tívoli ¡qué cosa más bonita!

-Total, un parque de atracciones, es mucho más moderno nuestra Terra Mítica. Y, francamente, tanta bulla con la sirenita y es una miniatura.

-Eso, sí, pero ¿y el río? Esas terrazas tan acogedoras. Y mira, mi chica, que no encontraba trabajo en España, ha entrado de camarera en una de esas terrazas, y ¡no te lo vas a creer! se lleva 2.300 euros al mes, más propinas, por jornadas de 37 horas semanales.

-Sí, todo eso está muy bien. Pero ¿y el clima?

Los valencianos habían arribado a Dinamarca en verano y disfrutaron de unas temperaturas deliciosas, templadas, nulos agobios y sofocos, ni calores húmedos ni nada que se le parezca, pero, llegado el invierno, desde luego, se pelaron de frío.  ¡Y el sol! nada de la maravillosa luz Mediterránea. En los meses crudos ni lo veían, y en verano no se escondía en todo el día el muy ladino.

-Pero eso con unas buenas persianas, puede paliarse- objetaban los más integrados.

Con todo, lo más positivo, lo que debió inclinar a una mayoría social española a promover la ley, se centraba en la calificación de Dinamarca, alternando con Suecia, como el país menos corrupto del mundo, según numerosos estudios y estadísticas. Y que la sociedad tiene arraigados una serie de valores democráticos que defienden a ultranza: la igualdad, la libertad de expresión y los derechos humanos, el respeto a las personas –a los animales incluso-, la solidaridad y la responsabilidad hacia la comunidad, tanto en la vida social como en la familiar. Todo eso les habían dicho al despedirles en aeropuertos, puertos y carreteras.

-Como si en Valencia, en España, no tuviéramos esa conciencia ciudadana, ese rechazo a la corrupción- se quejaban muy ofendidos algunos valencianos.

-No, lo habéis interpretado mal, no es un insulto. Lo único que ocurre es que aquí  es norma de vida profundamente interiorizada por la sociedad- le explicó a un grupo un taxista de Copenhague.

Los madrileños vivieron similares experiencias al llegar a Suecia.

Prácticamente los mismos valores y circunstancias –algo más de gasto social incluso- compartía su nuevo hogar con Dinamarca. Algunos lloraron mucho los primeros días añorando el casticismo, los atascos, los toros, pero otros viajaron a Estocolmo, Lund, Malmö o donde les tocara, francamente contentos y esperanzados. Estos sabían que Madrid tenía remedio, que tan solo había que pulir algunos matices. Y también se aprestaron, como algún sector de los valencianos, en proporcionar cuanto apoyo fuese preciso para la consecución de la tarea. Se habían sentido ¡tan impotentes! Tan hartos ¡tan inmensamente hartos!

En el caso de los madrileños la sensación de amplitud y deshago aún fue mayor. Casi seis millones de ciudadanos disponían de cerca de 500.000 Km² de territorio. Los dirigentes políticos abrieron los ojos con tal desmesura que a punto estuvieron de perder las córneas precipitadas al suelo por la ardiente codicia. Su felicidad no tenía límites al contemplar –no llegaron a perder sus globos oculares- las posibilidades de inversión privada y pública que ofrecía tan inmenso terreno. Ahora bien, al igual que los políticos valencianos, se vieron obligados a vivir con mucha más austeridad y, especialmente, con mayor control, incluso ciudadano. Cualquiera tenía acceso a sus declaraciones de impuestos. Y sus derroches o enriquecimientos súbitos, comenzaron a importar a la sociedad.

Los nuevos madrileños-suecos se encontraron con los mismos gélidos mares que sus nuevos vecinos valencianos-daneses, pero los recibieron mucho mejor:

-Playa al fin y al cabo, lo único que le falta a Madrid para ser maravillosa- saludaron alborozados los más positivos.

Una comisión sueca rebajó su optimismo al advertidles:

-Aquí tendréis que hacer un esfuerzo por mantener las calles limpias, asfaltadas y con las señales de tráfico bien pintadas. Y disponer y rotular en condiciones todas las vías. Cuando vengan las visitas no queremos presentar las ciudades como tenéis vosotros la capital de España.

Se les pusieron también serias cortapisas a los proyectos de desmanes urbanísticos, y a horadar las ciudades con túneles. Les advirtieron que entre sus prioridades no se encontraba trasladarse a gran velocidad por sus calles y carreteras. Y eso cuando ya alguien de la alcaldía de Madrid miraba con auténtica avidez esas vías de medio pelo con tantas posibilidades de obra.

En compensación, descubrieron que Suecia había hecho una altísima inversión en innovación y tecnología, tanto en el sector privado como público, y que poseía una auténtica pasión por el cuidado del medio ambiente. Abría de igual modo posibilidades de negocio, y algo más aceptados por la progresía protestota española.

Aseguraron, más adelante ante otro de los retos, que en Madrid, en la capital y en toda la comunidad, ya estaban acostumbrados a acoger con cariño y respeto a los emigrantes –salvo excepciones-, cuando les contaron que aquello era norma en su país de acogida. Les explicaron que ellos convivían con la emigración sin problemas –excepto salvedades crecientes-  desde los años 70.

-Aquí recibimos a buena parte de los arrojados por las dictaduras latinoamericanas, en aquella época- se les comentó- De hecho, de ahí nace el interés tiene por el idioma español que se estudia incluso en las Universidades.

La obligatoriedad de aprender inglés, por tanto, para relacionarse en toda la zona, con noruegos, fineses, holandeses, también, y con los suecos que permanecieran en su país como guías, se mantenía, pero los madrileños se lo podían tomar con algo más de calma, dado que el español también les funcionaría en algunos casos.

Los dirigentes madrileños se preocuparon cuando vieron que en Suecia prima la educación pública, les produjo una gran inquietud. Más de un temblor sacudió a las más altas instancias. No sabían cómo afrontarlo. Quizás imbuyendo a Suecia de su pasión por las gestiones privadas, argumentándolo tan bien como hacían en España, al punto que fuera igualmente aceptado sin rechazo. Pero ese aspecto pronto pareció subsanable. El cambio de mentalidad ayudaría a solventar el problema en pocos meses.

En cuanto a los suecos trasladados a Madrid, el mayor inconveniente residía en que, eran casi 9 millones –menos los que se quedaron de instructores- y dos millones y medio más de la población habitual de la comunidad iban a notarse mucho. Tuvieron que instalarse en un territorio mucho más pequeño que el suyo. Y lo hicieron. Se veía algunos tan apretados que apenas podían ya “hacerse los suecos”. Pero son gente austera y sufrida, que usan muebles de IKEA y que viajan mucho con lo que una parte estaría siempre ausente.

Con sueldos similares a los daneses, los suecos daban auténticos saltos de alegría por poder disfrutar –sin descabalar sus cuentas corrientes- de las tapas, las cañas, y los chupitos. De los calamares fritos y la paella. Del flamenco y el trasnoche. De los monumentos y museos que acreditan a Madrid. De los parques y paseos. Los suecos vinieron de muy buen grado a la capital de España. Lo mismo que los daneses a Valencia, poblando las playas todo el día y haciendo un uso exhaustivo de los chiringuitos. Echaban en falta, eso sí, los programas informativos y culturales de sus televisiones. Pero encontraron los mismos concursos y bazofias que empezaban a inundar también sus propias programaciones. Jamás llegaron a entender, sin embargo, aquella basura –así la calificaban- conocida como “prensa rosa”.  Se abstuvieron de mirarla y, en consecuencia, bajó a tal punto la audiencia y la recaudación, que terminó por quedar en un apartado residual.

A los malintencionados que pensaron -con la llegada de valencianos y madrileños a Escandinavia- en grandes bloques de ladrillo y especulación, supresión de las leyes y los servicios sociales de sus países de acogida, destrozos irreparables de las administraciones públicas, malversaciones, chanchullos, amiguismo, pérdidas lamentables de tiempo, chapuzas, enredos y jaranas, el tiempo –poco tiempo- les quitó la razón.

Con un puente entre Dinamarca y Suecia, que en 15 minutos te sitúa en el otro país, valencianos y madrileños compartían apasionadamente las nuevas experiencias.

-Nosotros ya respetamos el tráfico y nos desplazamos por lo general en bicicleta que es muy sano. Y más barato.

-Pues nosotros ya no “ayudamos” a la mujer en casa el día que nos parece. Hemos entendido que los hijos y las tareas del hogar son responsabilidad de toda la familia. Casi a partes casi iguales.

En menos de un año, los españoles regresaron hablando en tono mesurado, pidiendo las cosas por favor y dando las gracias, ni uno solo le decía al camarero: “Oye, pónme unos vinos”, sino “por favor, podría servirme unos vinos. Gracias”. Pensaban en los demás, todos, hasta los dirigentes que no insultaban, ni calumniaban, ni gritaban a sus adversarios políticos. Todo el país se contagió del nuevo talante de tan grandes y decisivas comunidades. Cambió la sociedad, la televisión, el periodismo, el gusto por la cultura. Nunca más se apoyó la corrupción pública.

¿Cómo era posible? Se descubrió que el aire o el agua nórdicos eran los que formaban los criterios y que una vez adquiridos ya no desaparecen. En realidad, no podía ser otra cosa.

Por eso, los nórdicos tampoco cambiaron en España. Ganaron, eso sí, en espontaneidad. Aprendieron, también, el gran arte de la improvisación y a relajar la obsesión por la responsabilidad y el trabajo bien hecho.  Los escandinavos –sobre todo los suecos, algo más parcos en gastos aún que los daneses-, y asimilaron hasta ponerlo en práctica, en efecto, el disfrute de algunos placeres de la vida a los que parecían renunciar –y sin endeudarse (jamás) como nosotros-. Ambas partes, se instruyeron la una a la otra para obtener una media aceptable. Ni racanería, ni derroche.

Por si acaso y para prevenir recaídas, como vacuna de recuerdo, hay siempre disponible en las tiendas españolas agua nórdica embotellada y aire comprimido escandinavo en preciosos –y muy baratos- frascos herméticos de IKEA.

*Hablando de literatura. Esta semana inicio algunas presentaciones de mi libro. Os iré avisando. La primera en Zaragoza.

Invitación Salmones contra percebes - CDL Zaragoza (29 may)

Viviendo en el desvarío

Verlo aparecer, como una apolillada marioneta de cartón piedra, sin asomo de autocrítica, orgulloso de sí mismo hasta el ridículo, ofreciéndose como salvador patrio insustituible, cerró el círculo del diagnóstico: vivimos en el delirio. Fuera de toda lógica, criterio u honestidad. Cuando uno se encuentra inmerso en el desquicie, padeciéndolo emocionalmente, se nublan los sentidos y termina siendo cómplice de la sinrazón. Eso nos está ocurriendo y Aznar y cuanto rodeó su aparición subliminal fue el dato que faltaba.

Es de ver, sentir y sufrir… y no creer. Cada día nuevos impactos que, lejos de aclarar, aturden. Hemos llegado a tal nivel de degradación que parecemos pensar que la vida es así y no tiene remedio. Casi por cualquier lado que se mire. Aznar, dios sol centrado en sí mismo, ni se refirió a Europa. Pero es imprescindible tener en cuenta las desquiciadas políticas de austeridad que el multimando de Bruselas está imponiendo para pagar una crisis que la  mayor parte de los ciudadanos no provocamos y en la que se empeña con una desfachatez despiadada. Mientras, los dirigentes políticos la secundan como zombis. O como actores encantados de su papel. La última, la reunión de jefes de Estado y de gobierno que deciden “redoblar sus esfuerzos” contra el fraude fiscal… sin aportar una sola medida. Es decir, se han comprometido a volver a estudiar “la revisión de la directiva sobre fiscalidad del ahorro” para ver si la aprueban antes de fin de año y que los países que buenamente quieran intercambien datos bancarios. En la línea de siempre.

En esa UE podrida, inoperante -salvo para servir a los poderes financieros-, que está aniquilando Europa y a sus ciudadanos, España es el colmo del desatino en medio de una, sin duda notable, jaula de grillos que se degradada por minutos. ¿Qué más se puede pedir? ¿Qué más nos tiene que pasar? Un partido votado por una mayoría de incautos porque promete salir de la crisis económica y atajar el desempleo… y crea un millón de parados que va a completar la escandalosa cifra de 6.202.700. O eleva la deuda pública española a ritmo y cuantía inauditos en nuestra historia. Sí, del 68,5% en que la cogió Rajoy, pasó al 84,2% al terminar el año y ha añadido 40.000 millones de euros más en un solo trimestre hasta llegar al récord absoluto de casi el 88%. Y aún espera más. Será. Todos los países tocados por las recetas de la Troika, o de Merkel sin más, han registrado alzas espectaculares de sus deudas cuando han sido… secuestrados. Como nosotros. Y mucho más cuando localmente las medidas adoptadas son un puro dislate. Esos 40.000 millones de euros más, todos los que vengan, saldrán del mismo sitio: de nuestros servicios y derechos. Y seguiremos viendo las muecas de De Guindos diciendo que todo va bien. O las de Montoro. Il Dottore y el Pantaleone de este sainete trágico.

Eso es lo asombroso, verlos sacar pecho y prometer lo que jamás cumplen y que no pase nada. Y que tampoco se desate una masiva reacción social al conocer sus jugosos sobresueldos. “Complementar” con 4.200 euros mensuales un salario notable -como ha reconocido el presidente del Senado- es una total ofensa a una ciudadanía empobrecida por sus políticas, por muy legal que (dicen) sea. Y no es el único, qué va, el desfile sigue y se encaja con la misma impudicia que el resto de sus actuaciones. Es dinero público, nuestro. El PP, forzado por la investigación, admitió que el 95% de su presupuesto procede de fondos del erario. Y ni se inmuta, hay hasta quien lo comprende.

El resto de la troupe está a su nivel. Vemos a la singular ministra Báñez invitando a marcharse a los jóvenes españoles pero firmando un convenio para atraer a “profesionales cualificados” extranjeros. A Wert empecinado en meternos el catecismo católico en el cerebro con un mazo si es preciso y en preparar empleados para el mercado y no ciudadanos. A Soraya Sáenz de Santamaría secundándolo todo, ora contrita en rueda de prensa, ora agresiva en el Parlamento. O a Gallardón “remodelando” al gusto ultramontano la justicia, el Código Penal o las libertades de las mujeres. ¿No es incomprensible que todo siga igual?

Y hay más. Cajas, bancos, empresas, arcas saqueadas a lo largo y ancho del país. Y las idas y venidas del yerno y de la hija, hasta en la casa del Rey. El periplo de políticos por la oficina de contratación que parece ser presuntamente, a tenor de las informaciones judiciales, la Zarzuela. Y la “amiga entrañable” poniendo salsa picante a la opereta.

Y Gürtel. Que paga confetis para las fiestas de los niños de Mato y ella no se entera, y sigue siendo ministra, y sigue destrozando la sanidad pública. O una iluminación de más de 30.000 euros para la boda de la hija de los Aznar, cuando la mayoría de los invitado se gastó 400 euros en vajillas clásicas. Y “la duda ofende” si se piensa que sirvió para facilitar contratos. Se ha establecido la relación directa entre las donaciones al PP y casuales adjudicaciones millonarias de contratos públicos por mucho más monto. Lo que ofende es el insulto a la inteligencia.

Y todo esto no es sino la espuma de un pozo profundo que nos aturde. Oposición “responsable”… de quedarse quieta. Insuficientes apuestas de regeneración. Luchas ya a colmillo desnudo en el PP ara desbancar a cuantos están en el poder y llegar a peor… si cabe. El museo de los horrores actual tiene desvanes profundos.

No faltaba más que Aznar. Con una entrevista a la medida en la que, como se tocaron “temas candentes”, se da por buena. O se ha extendido un desesperanzado posibilismo o hemos llegado a olvidar hasta lo que es el periodismo. Rebatir las declaraciones con datos. Preguntar, por ejemplo, por la burbuja inmobiliaria germen fundamental de nuestro descalabro. Adónde fue el dinero obtenido por las privatizaciones de grandes empresas públicas. Repreguntar de verdad. Invitar a periodistas críticos, es decir a periodistas.

Vivimos en el desvarío. Con una sociedad que sigue durante ya más de una semana como noticia más vista en uno de los periódicos la   “ruleta sexual” de Colombia. Que se empecina en el “todos son iguales” y el “y tú más” y no ve salidas. La variable que destruye la ecuación de esa “felicidad” basada en el miedo y el conformismo es, sin embargo, la realidad. La que nos mantiene tristes y angustiados, a pesar de toda la búsqueda de gratificaciones ilusorias.

No es fácil  vivir en la locura, en un ambiente desquiciado, podrido a posta, con total voluntad y ningún atenuante. premeditadamente dirigido con lucidez malsana -no están locos- a crear rentable desconcierto. Grandes obras de la literatura, desde el Mundo feliz de Huxley a Fahrenheit 451 nos mostraron personas oponiéndose a la marea de la inercia. Bichos raros que usaban su cabeza y su dignidad, afrontando riesgos, sobre todo el de la soledad heroica. Pero quizás el primero fue nuestro, D. Quijote de la Mancha. El cuerdo en un mundo perturbado que ha de ser perseguido como anomalía. ¿España país de Quijotes? De algunos, sí, pocos. De quienes entierran la razón que brota pujante, mucho más. Hasta ahora. Porque ahora ya, contar con una masiva conducta contracorriente es cuestión de supervivencia. Sabemos que mañana, pasado y al otro, habrá más revelaciones, más desatinos, más sufrimiento, menos futuro.

*Publicado en eldiario.es

“Salmones contra percebes”, de la roca al mar abierto

Rocío Martínez publica en “La Huella Digital” esta crítica a mi libro.

Rosa María Artal publica nuevo libro: Salmones contra percebes (Temas de Hoy)en el que hace un retrato de la España más actual, sumida en una innegable crisis que no sólo es, ni mucho menos, de carácter económico.

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La temida y perpetuada palabra en tantos discursos que abarca numerosas realidades, crisis, tiene un origen socioeconómico que no todos conocen. ¿Por qué estamos alcanzando, en 2013, tasas inauditas de corrupción política que va de la mano de la ineficiencia más supina de los dirigentes? ¿Es la justicia, más que ciega, inexistente en el país de los EREs, los fusilamientos de periodistas, los desahucios y la precariedad laboral? ¿Sabía usted que los recortes económicos más duros que se han realizado corresponden a las áreas de educación, sanidad y cultura?

Este libro, aunque ameno y delicioso, no es plato que uno se serviría con gusto. Su aparición ha sido propiciada por una situación lamentable que ha hecho ponerse en pie a más de uno. Artal, periodista veterana, le toma el pulso a este circo del “y tú más” que se está resquebrajando, y a través de este análisis asistimos al espectáculo de la desnudez de un país que ni siquiera se molesta en adecentarse para la foto. Haría falta mucho maquillaje para disimular los pelotazos fiscales que se descubren casi semanalmente, la espita de la emigración juvenil abierta de par en par, los ciudadanos ninguneados (¡y criminalizados!) por el aparato político, el “periodismo plasmático” que coloca en ruedas de prensa a una televisión de alta definición, la inoperancia de los medios de comunicación que han sustituido la capacidad de movilizar por la de desinformar… ¿Cómo se puede vivir así? Es evidente que algo falla.

No obstante, no debemos caer en la desesperanza. Casi todo es cuestión de actitud y, he aquí la buena noticia, aunque los sectores más afectados por la crisis están pagando unas circunstancias que no pudieron escoger y que ahora no pueden cambiar, lo positivo es que casi siempre podemos elegir cómo afrontarlas. Pero… ¿de qué manera elegir? Bien, eso dependerá de cómo se tome usted la vida. ¿Es usted un salmón o un percebe? Los salmones, peces valientes y robustos, se caracterizan por un espíritu aventurero e irreductible, que les lleva a buscar nuevas oportunidades en aguas lejanas. Los percebes, crustáceos aferrados a la seguridad de su amada roca, harán lo imposible por mantenerse en suzona de confort, desde la cual evitarán o ignorarán los cambios y la realidad exterior. Paseando por estas páginas, notaremos cómo nuestro autoconcepto se da, en una u otra ocasión, por aludido. ¿Nos resignamos o nos movemos?

Influida por el recientemente fallecido José Luis Sampedro -con quien colaboró en Reacciona-, Artal examina en este sonrojante libro las “pautas de comportamiento” de cada especie, a las que se suman otras como “tiburones”, “orcas” o los bancos de “krill”… así, entre la etología, la metáfora y sin ahorrar en ironía, podemos hacer un ejercicio de autocrítica repasando la historia de este país –cargada de tópicos inherentes- y asomándonos al continente del que formamos parte, pero que parece habernos olvidado. ¿Qué hacen los percebes cuando se anuncian nuevos recortes, medidas de austeridad, sacrificios? ¿Cómo reaccionan los salmones ante el aumento de la desigualdad social y el atropello de los derechos más básicos de la ciudadanía? ¿Qué les queda esperar a los salmones alevines? La concisión del texto, sumada a su labor de documentación, le hace ganar enteros. Quizá se echa en falta, eso sí, una perspectiva “desde fuera” más pormenorizada: junto con la inmersión en hemerotecas nacionales, un análisis de la prensa internacional que arroje datos sobre cómo se nos ve desde otras partes del mundo, le habría otorgado una tridimensionalidad más acusada. Resultan particularmente estupendos los dos últimos capítulos del manual, en los que se descubren las pautas para blindar nuestro derecho a definirnos (informarse, relacionar, sacar conclusiones, relacionar) y decidir. Que, “con la que está cayendo”, al menos, no nos quiten ese.

La obsesión del PP por regresar a los 70´

wert.ley.j.r.mora

 

Contra viento y marea el tertuliano Wert ha sacado adelante su ley de “mejora” –dice- de la educación, LOMCE. Quiere acabar con el fracaso escolar –nos repite todo el corifeo gubernamental- y para ello entre los puntos sobresaliente de la ley está volver a considerar la religión católica tan importante y decisiva como las matemáticas. Evalúa y computa lo mismo y hasta sirve para conseguir becas. En un estado aconfesional. Es decir que en su peregrina idea, el fracaso escolar podría acabarse… rezando, como ya nos adelantaba el telediario de TVE para lograr el sosiego por la desastrosa situación económica a la que nos ha llevado el gobierno del PP, agravando con creces la que “heredó”.

Hablaremos más despacio y muchas más veces de esta terrible norma que nos retrotrae a la época predemocrática. En mi libro Salmones contra Percebes anoto las “novedades” que se apuntaban y que van mucho más allá de imponer la religión. Trata, en definitiva, de  evadir aún más el razonamiento y el pensamiento crítico. Esa educación percebe de la derecha española más ultramontana  que tanto añora todo el gobierno en pleno y a su cabeza, Rajoy. Resulta bastante molesto que su infinita mediocridad le libre de ser considerado responsable de los hechos que se están produciendo y que obedecen también a su mezquindad y al mando que él imprime.

Aún nos falta la otra pata de la involución ideológica: Gallardón y sus leyes de reforma del Código Penal y del aborto, por las que también batalla duro.

Acabo de leer que Luis del Olmo regresa a RNE para ver si palia su estrepitosa caída de audiencia. Un gran profesional sin duda pero el hecho de que triunfara también en los 70´ en la radio pública da idea de esa añoranza del PP de hoy por la “época de extraordinaria placidez del franquismo” que, según estamos viendo, nunca quiso abandonar. No sé si porque la impunidad a la corrupción de entonces es también algo a añorar.

Quería hoy traer tres grandes artículos que hablan de lo que implica la ley werteliana. Comienzo con Juan González Bedoya que titula “Se han salido con la suya” y del que destaca “Hasta ahora, ningún Gobierno, tampoco el de Aznar, había legislado a satisfacción plena de los obispos”:

“La toma de poder ha sido ocupación preferida de las jerarquías cristianas desde que Constantino hizo del Cristianismo la religión oficial del imperio a cambio de servirle para doblegar a revoltosos. En premio, el emperador se empleó a fondo (y con fuerza bruta) para derrotar al obispo Arrio e imponer la idea de que Jesús era hijo de Dios y él mismo Dios. Modernamente, tras perder el poder terrenal salvo el minúsculo Estado del Vaticano, que fue un regalo del dictador Mussolini —a cambio, hubo también servidumbres, no la menor la de alabar Pío XI al líder fascista como “un enviado a nosotros por la Divisa Providencia”—, la jerarquía católica actúa mediante un método que los trotskistas popularizaron como entrismo, es decir, formando a minorías selectas destinadas a dirigir la vida pública entrando en los grupos que detentan el poder”.

El segundo es de Lolo Rico, la autora de la Bola de Cristal, aquel programa mítico de TVE.  Conviene leerlo entero porque sigue un cuidado razonamiento. Destaco de su “Gritando y leyendo” esto por ejemplo:

“El ministro basa su razonamiento en el fracaso escolar pero parece desconocer que para saber hay que estudiar y para estudiar hay que leer. La falta del hábito lector imposibilita el enfrentarse con éxito a libros de texto. Se considera que se aprende a leer cuando se conoce el alfabeto y se sabe que la ‘m’ con la ‘a’ es ‘ma’, pero no es así; si no se adquiere el habito de la lectura uno esta destinado a ser un analfabeto funcional. Es decir, que leerá y escribirá pero apenas entenderá lo que lee y escribirá siempre mal. El analfabetismo funcional está mucho más extendido de lo que podemos pensar y se esconde detrás de la mayoría de la frustración escolar. Si no entienden lo que leen ni pueden leer con agilidad, con soltura y, en consecuencia, con interés aquellos libros que deberían producirles placer  por  ser de entretenimiento, mucho menos los que exigen un esfuerzo de concentración y se les cae de las manos de puro aburrimiento. Sin embargo, el precio de los libros no esta al alcance de todas las economías pero no me consta que se subvencionen editoriales y librerías y que se apoyen las bibliotecas publicas y, muy especialmente las de las escuelas. O sea se aísla y el libro y a los lectores del conocimiento y de la cultura, palabra que no figura entre las que utiliza el ministro.

Por otra parte, el momento por el que atraviesa la gran mayoría de niños y niñas que no gozan de una situación económicamente desahogada, es de pesadilla: padres y madres sin trabajo y en riesgo de un inminente desahucio. Según las encuestas, un millón de niños vive en situaciones de pobreza. ¿Se puede estudiar cuando todo lo que te rodea es tan angustioso? ¿Están esas familias en condiciones de ayudar a los niños en su desarrollo intelectual, de darles ánimos, de leer con ellos? Incluso los que trabajan llegan a casa después de jornadas de explotación impuesta por empresarios sin escrúpulos. ¿Se dan cuenta estas criaturas de que cuestan muy caros sus estudios, que escasamente sus padres los pueden pagar, que el porcentaje de becas concedidas ha descendido de manera drástica? ¿Se sienten una carga?, ¿De dónde pueden sacar los libros escolares si no se los pagan? ¿Si la escuela publica, gracias a Wert, ni siquiera les puede dar de comer?”

Y por último, Paco Altemir. ¿Qué quiere decir Rajoy cuando habla de paciencia? Solo el comienzo es así de contundente, os invito a leer el resto en el enlace también. Define a la perfección el percebismo puro.

“Se le nota a Rajoy que no ha olvidado los consejos que le daba su preparador para las oposiciones a registrador pues  las repite constantemente: perseverancia y paciencia. Que las iniciales coincidan con las siglas de su partido político parece una premonición pero lo que es una realidad es que, con esas “virtudes”, el obediente opositor  llegó a registrador para convertirse, con el tiempo, en presidente del gobierno de España. Por eso nos recomienda que seamos pacientes (más bien enfermos) de la dura enfermedad que nos ha inoculado mediante la austeridad, recomendada por algunos economistas ineptos y descerebrados, como me comenta todos los días mi panadera cuando ve que aumenta la ingesta de pan mientras cierran otras tiendas por esa enfermedad que elimina el consumo.

Me permito dudar acerca de la extendida creencia de que la obediencia, la paciencia y la perseverancia sean “virtudes”. Mas bien opino que son antivalores  que nos han inoculado para que seamos mansos, dóciles y sumisos.

La educación debería buscar, ante todo, liberar al hombre de los prejuicios y del pensamiento único y permitir resistir a la presión que ejercen las fuerzas del estado y de la sociedad por medio de la publicidad y la propaganda”…

Estamos de luto por estos enormes atropellos que va a costar generaciones reparar.  Cada día que pasa es peor y más difícil, porque además no van a cejar en el empeño de devolvernos a su querido mundo predemocrático, mientras, encima, se les hunde la economía que fue por lo que al parecer buena parte de los incautos votantes les dieron su confianza. Pero no es, no puede ser, un luto resignado por lo que ha muerto sin remedio. Estamos vivos. Nos aqueja un mal perverso, pero no es irremediable. Lo sería si la mayoría  sigue engullendo todo esto.

Nueva dieta: escarabajos, chinches, moscas… y esclavitud

Escarabajos, orugas, abejas, hormigas, grillos, cigarras, saltamontes, libélulas, chinches o moscas. La FAO ha encontrado una solución al hambre en el mundo: comer insectos. Estima esta organización de Naciones Unidas que muchas especies tienen tantas proteínas como la carne y que su producción es barata. Anima a su consumo, tanto por seres humanos como por animales. Muchos países con gran parte de población sin apenas recursos ya los utilizan y el informe imagina un futuro aún más prometedor: “En los países en desarrollo, los miembros más pobres de la sociedad [nótese que este menú “tan saludable y nutritivo” no es para ricos]  pueden participar en la recolección, el cultivo, el procesamiento y la venta de insectos. Estas actividades pueden mejorar directamente sus propias dietas y proporcionar ingresos en efectivo a través de la venta de los excedentes de producción”, dicen.

Seguramente la FAO tiene razón, la dieta humana ha incorporado muchas especies a su alimentación a lo largo del tiempo y los insectos, como la más prolífica y extendida, representan una fuente inagotable. Aún. Porque no hemos de olvidar que también se trafica y especula con la necesidad humana de comer. Incluso cotiza en bolsa. En concreto y más que en ninguna otra en la de Comercio de Chicago, CBT (Chicago Board of Trade) especializada desde 1848 en “negociación de contratos en el comercio de bienes básicos agrícolas”. Tampoco se libran los alimentos de “productos financieros” de esos que compran y venden sin recibir mercancía alguna.

En un mundo en el que sobra y se desperdicia la comida, la primera gran crisis alimentaria –tras décadas de suaves descensos- estalla en 2008, pocos meses antes de la gran crisis financiera. Y se reproduce con dureza en 2010, cuando la FAO refleja un 39% de subida en sólo un año, con mayor incidencia en cereales, aceites y grasas, que superaron el 71%. Como los tsunamis siempre se organizan en un punto y luego se extienden –aunque la conciencia popular lo obvie- este enorme saqueo social fue uno de los detonantes de la revolución en la primavera árabe.

Por tanto, cuantos más productos ofrezcamos “al mercado”, más “oportunidades de negocio”. Habrá que ser más imaginativos. Aunque púdicos y políticamente correctos ojos no puedan seguir leyendo. El problema es acuciante. ¿Que hay que buscarse chinches en el pelo para freírlas con patatas o cazar moscas en todos los lunes al sol? Antes que no comer, cualquier cosa, dirán muchos. También estamos brindando a la usura el empleo porque  igualmente antes que morirse de hambre sin trabajo preferible es… morirse de hambre trabajando. Uno está más entretenido, que es de lo que se trata.

Esto viene de lejos y se reproduce siempre que la ciudadanía hace dejación de su dignidad consintiendo la codicia de unos pocos. En 1729, sí, siglo XVIII, el escritor irlandés Jonathan Swift escribió  su “ Modesta proposición… para acabar con el hambre en Irlanda. Su propuesta –irónicamente trágica- conmocionó a la sociedad de la época muy alarmada porque desgranaba cómo los niños podían ser un alimento de lo más rentable, una solución al problema: “ Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout”.

No, niños no, pobrecitos, aunque ya lo sean y hayan dejado de considerarse fetos a proteger. Pero mientras llega hasta bañarnos los pies la ola de la avaricia extrema podemos ir pensando en nuevos productos destinados al consumo. Hay uno del que todos disponemos –en mayor o menor medida- según la ingesta de alimentos: la mierda. Yo creo que convenientemente procesada –por empresas privadas naturalmente- se puede reciclar también. Es asequible, muy eficiente y susceptible de ahorro general. No resulta tan descabellado, IKEA –esa gran pionera- ya se adelantó al incluirla en sus tartas de chocolate.

O podemos comernos unos a otros. Otro escritor, el estadounidense conocido como Harry Harrison, publicó en 1966 la novela que daría origen a la película (de 1973) Soylent Green.Imaginaba en ella un futuro -entonces lejano- que hoy encontramos asombrosamente cerca: 2022. Un Nueva York atestado de mendigos hacinados. Sólo la élite minoritaria –como siempre- tiene acceso a alimentos básicos y nutritivos como la carne y las verduras. A la mayoría les repartenSoylent Green –hecho de ese plancton que comen sin esfuerzo los percebes – y Soylent Red…que un día llegarán a saber, estupefactos, de qué se compone. Sí, todo se recicla. Es más productivo.

Llevamos los 5 años de la crisis advirtiendo, desgañitándonos, de un futuro que se cumple inexorable. La UE acaba de decretarnos “austeridad” hasta final de la década en sus nuevos presupuestos. A todos, pero más a los países “malos”, como el nuestro. No nos faltaba más que alimentarnos de insectos  como solución. Su captura y elaboración en las nuevas granjas de la miseria. En España los dirigentes actuales se están comiendo también… el Estado (con auténtica saña sus Servicios Públicos), la gallina de todos los huevos. ¿Todavía seguirán soñando algunos que la crisis se resuelve así? ¿Aún espera alguien que los depredadores devuelvan y repartan su botín?

La crudeza del momento exige reflejar esta amarga realidad tal cual es. Pero también sus soluciones. Nada fáciles, insisto. No tan “fáciles” como abrir la boca y que entren las moscas por todo alimento. Ni siquiera tan “difíciles” como seguir aguantando, resistiendo, los atropellos de esta inconmensurable estafa. Hay que echar a la Europa azul de sus mayorías en la UE. Con los votos. Eso no representa un enorme esfuerzo físico. Y a los dirigentes de cada país que desean, amparan y ejecutan estas políticas. Y, posiblemente, juzgarlos, para que sean ellos los que atrapen moscas “a la sombra”. No hay más. Es cuestión de supervivencia. ¿Y no habla de eso la FAO? Ingerir justicia, cordura y valor, en lugar de cucarachas.

*Publicado en eldiario.es

 

Nueva forma de protesta en Portugal

El vídeo es de muy mala calidad pero lo traigo por su relevancia. El Ministro de Finanzas portugués Vitor Gaspar participaba en la presentación de un libro. El auditorio… mejor lo veis (y que cunda el ejemplo).

(Gracias Gabriel Moreno @Gabri91MG)

Otra versión en el diario Público de Portugal.

Era tan bonito el euro

Sobre todo en España. El gobierno presidido por José María Aznar emitió un anuncio elaborado por el Ministerio de Economía y Hacienda, del que era titular Rodrigo Rato que además ejercía de vicepresidente. Ya era “preventivo”, ya se sabían los resultados que iba a producir el euro, aunque la moneda como tal entró en vigor en España el 1 de Enero de 2002. Sí lo había hecho en los mercados financieros a comienzos de 1999 y era de sus efectos de los que el gobierno del PP se felicitaba. Toda la UE se mostraba exultante.

A Rato precisamente le ha ido muy bien la vida. Algún problemilla tiene con su gestión en Bankia, eso sí, pero en general disfruta de una posición privilegiada. A Aznar también. Y a los ministros que se sucedieron durante 1999 en Educación y Cultura no digamos. Eran Esperanza Aguirre y Gil de Biedma y Mariano Rajoy. Este último procedía del de Administraciones Públicas. Sí, llevan toda la vida y son los mismos que abominan del Estado y de sus servicios públicos.

Como los percebes, veían (y ven) un espacio muy corto desde su asidero en la roca. Su mundo solo y era así de bonito.

(Gracias José Luis Samaniego @JotaEleEseGe por el hallazgo)

 

Los precios han bajado ¿no os habéis enterado?

El gobierno tiene otro dato positivo que ofrecernos: ha bajado la tasa interanual del IPC. Un punto nada menos, para situarse en el 1,4%. Casi a la mitad de lo que estaba el año pasado. De este modo, dicen, tenemos el Índice de Precios al Consumo de 2010. Es un éxito apabullante.

Tiempos aquellos en los que yo llenaba el depósito de mi coche por 40 euros y ahora acabo de pagar 64. O me ha aumentado la factura del gas y la electricidad a niveles de uso insostenible. Pero resulta que son precisamente, vuelven a decir, la gasolina, la luz y el transporte los responsables de este halagüeño dato. Comparad vosotros también vuestras cuentas, y los precios de los billetes de metro, tren o autobús. Por poner un ejemplo gráfico. El billete de metro en Madrid estaba en 2010 a 1 euro, y ahora a 1,50 (por un recorrido de 5 estaciones) y a 2 a partir de esa distancia, porque encima lo han establecido por zonas. El abono mensual a 46 y ahora a 54,60. Así es todo.

Resulta que la caída del índice se debe fundamentalmente a que todos estos servicios han subido menos que en 2012 cuando registraron un alza espectacular en manos del PP. El regreso a los menos infelices tiempos del 2010 no sé de dónde lo sacan. En Abril, nos cuentan, ha subido unas decimillas respecto a Marzo. Nada, un 0,40. Y eso es solo por el encarecimiento del vestido y el calzado “para la temporada de primavera-verano” y el de alimentos y bebidas no alcohólicas, seguramente porque hace mejor tiempo y uno tiene más sed, y más alegría para comer. Con estas noticias tan buenas, no me extraña.

El ocio y la cultura también ha bajado su índice, ya veis. Estamos de enhorabuena. Menudo ahorro.  Con un IVA del 21% a ver quién es el potentado que la disfruta. Y las comunicaciones igual. Resulta que hablamos menos por teléfono y no es porque no tengamos dinero para invertirlo en eso, es que nos gustan más charlar por Internet (con lo que desfoga el twitter) o ver a los amigos cara a cara. En esas manifestaciones tan incongruentes que os montáis nada más que para atentar contra la democracia.

El tabaco y el alcohol sí han subido, confiesan, pero no tanto como el año pasado. Que un paquete de Ducados costase hace 4 o 5 años la mitad que ahora, es una pura ilusión óptica.

El INE sí admite incrementos muy altos en otros apartados del cómputo interanual: medicamentos y material terapéutico (26,3%), la educación universitaria (22,3%), aceites y grasas (21,3%) y las patatas y sus preparados (20,6%). Pero pronto, debido a nuestros nuevos hábitos, estaremos más sanos y no precisaremos  medicinas. La Universidad ya se sabe que “de toda la vida” es para ricos, o nuevos ricos nacidos de los contratos con la Administración. Ésa gestionada por quien destruye sin cesar lo público, precisamente. Y el aceite y las patatas ¿Quién come eso existiendo las angulas y el Jabugo? seguro que eso no ha subido de precio y ha contribuido a un IPC tan saneado.

Es decir. Cuando miréis vuestra cuenta corriente y os atenace la angustia de presente y futuro, cuando entreguéis la Declaración de la Renta con la fuerte subida de impuestos experimentada y penséis qué suprimiréis de vuestro consumo cotidiano, cuando vayáis al metro o al surtidor de gasolina y paguéis…  o a un supermercado, cuando os dé por pensar que cada vez pagáis más por menos, pensad que no es real. Que los precios han bajado de una forma espectacular. Casi a la mitad. Que vivimos en un país estupendo, de un mundo estupendo… Y que el PP al presentar esta saneada cifra no miente, porque ellos jamás lo hacen.  Los precios han bajado ¿No os habéis enterado? Es que sois tontos.

La voz de Constantino Romero

Constantino Romero ha muerto a los 65 años. En twitter, donde era muy activo hasta hace muy pocos días, él mismo destacó su lectura de un poema de Leonard Cohen: Cualquier sistema…

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