La imagen de la deshumanización: gas paralizante a los sin papeles

No puedo quitarme de la cabeza la imagen. La he visto en los informativos de La Sexta. Hace falta ser de una pasta muy especial, mucho, para tratar así a un ser humano. Para ordenar que se le trate así. Y para votar y mantener el apoyo a estas políticas.

No hay excusa.

Y no hay justicia porque si la hubiera esto no sucedería.

 

“El Estado soy yo”

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La frase se atribuye al rey francés Luis XIV. Dos “Luises” después se desataría revolución francesa, por cierto.  El joven rey, de 16 años entonces, la pronunció al parecer ante el parlamento el 13 de Abril de 1655 (Abril les sienta muy mal a los reyes franceses). Hacía pocos días que el Parlamento se le había rebelado en un lit de justice, una costumbre por la cual el monarca se llevaba hasta la cama con cojines a la sesión. “El Estado soy yo” (L’État, c’est moi) es el símbolo de la monarquía absoluta.

Pues bien, el PP también es el Estado, el Estado de Derecho por más señas. Lo repiten sus miembros, incluido el presidente, Mariano Rajoy, a menudo. Hoy ha sido su jefe policial, Ignacio Cosidó, quién, en la COPE y ONDA CERO, ha declarado que “se está produciendo una “escalada de violencia” que busca “desestabilizar el Estado de Derecho”, y ha anunciado –como si no lo viéramos- que la Policía tiene intención de hacer frente con “firmeza, con la ley en la mano y con el Estado de Derecho”. Más Estado de Derecho, para entendernos.

Un gobierno jamás es El Estado de Derecho, El Estado c’est moi, no puede decirlo un demócrata. La soberanía popular reside en el pueblo, según la Constitución, es decir, obvian hasta la Carta Magna. Y no se protesta contra el “Estado de Derecho” ni mucho menos –mejor nos gustaría que funcionara, con su separación de poderes y todo- se protesta contra el gobierno. Una entidad y un partido autoritario, con gravísimas y ostensibles sombras de corrupción y que ha desmantelado el Estado del Bienestar y privatizado cuanto le ha venido en gana. Como si todo fuera su cortijo. No olvidemos la gestión de Ana Botella que anda vendiendo de saldo, por tres veces menos de su valor, lo que le pasa por la cabeza, y tan demócrata ella  que pide sacar las manifestaciones fuera de las zonas turísticas y creo que hasta ha firmado un decreto en ese sentido que suena a anticonstitucional. ¡Qué más dará que vaya contra la Constitución! ¿No?

Un partido, además, que oferta el palo y la multa y jamás el diálogo.

Meten por los ojos a la gente, con la vergonzante complicidad de muchos grandes medios, que la violencia es lo que se ve en grupos minoritarios, y no el robo de cuanto era nuestro. El hambre y precariedad de muchas personas, la negación de su acceso a la educación a través de costosísimas tasas universitarias, por ejemplo. Eso es violencia. Causa víctimas, algunas mortales.

O atribuir a las Marchas por la Dignidad, como ha hecho la Delegación del Gobierno en Madrid que preside Cristina Cifuentes, estas faltas:

“Asalto a la sede del PP de Perales de Tajuña, intento de asalto al ayuntamiento de la misma localidad, intento de entrada en masa en una entidad bancaria, desobediencia a las indicaciones de la Guardia Civil, infracción de la normativa de seguridad vial por los coches participantes e incumplimiento de dos itinerarios. En total involucra a tres columnas de las marchas: la procedente del Mediterráneo, la de Andalucía, y la del noroeste”. En el texto de Olga Rodríguez los involucrados dicen que las acusaciones son radicalmente falsas y explican por qué.

El fascismo está llamando a la puerta de toda Europa y se verá en las próximas elecciones europeas. Aguantar los desmanes de la derecha neoliberal lleva a este camino y éste, el siguiente, a  terrenos muy temibles. Se quita con más democracia, y enseñando a esta gente que no la mamó, ni la quiere, que el Estado no es el Partido Popular. Y a la gente que cree que esto se pasará que abran un poquito los ojos de su cerebro que están siendo los culpables de cuanto nos ocurre.

La credibilidad rota es irreparable

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Después de cuatro horas en las que miles de personas se manifiestan de forma pacífica, surgen los disturbios… a tiempo para entrar en los telediarios. Para acudir a las portadas de los medios afines al PP en ideología y carácter. Es un clásico. Encapuchados contra fuerzas pertrechadas prácticamente de armaduras. Jamás se vio violencia mayor dice la delegada del gobierno. Puede ser hasta cierto,  no sería raro -motivos sobran-, tampoco aclara quién la provocó; lo peor es el cúmulo de dudas que nos asaltan. Es que a este gobierno y todos sus adláteres ya no les creemos.

Las mentiras de Rajoy, de Soraya Sáenz de Santamaría, Cospedal, González Pons, Floriano, de cualquiera de ellos en quienes se repare, pueblan las hemerotecas, incluso de su viva voz. La falsedad como norma de vida, la falacia como deporte, los embustes como medio de obtener los fines perseguidos, la invención interesada llevada al extremo. Mucho más allá de las posibilidades de ser aceptada por una sola persona con dignidad y un cierto criterio, siquiera mínimo.

Es a diario. Este gobierno podría inventar el género del sainete trágico con todo lo hecho y dicho, filtrado, expuesto y no expuesto, en la tragedia de Ceuta. Saldada, no lo olvidaremos nunca, con la muerte de 15 inocentes. Escudados en esa sucia maraña ni una dimisión se ha producido, pero no nos han convencido.

Cuanto más impostan la voz para mencionar –paladeando cada sílaba- “Estado de Derecho” y “Democracia”, más notorio nos resulta su ancestral desprecio por estos conceptos. El engolamiento y la teatralidad al pronunciarlas va en proporción inversa a su estima por las libertades de los otros. No cuela.

La creatividad desplegada para embaucar con artimañas en los datos económicos sería de premio internacional si no fuera tan tosca. Reparemos en Cristóbal Montoro, por ser el más reciente. Va el hombre y se encarga un informe a un grupo de sabios –todos hombres, viejos y de traje riguroso-. Le dicen que hay que subir impuestos. Crece el temor de la ciudadanía esquilmada. Se planta en la rueda de prensa del consejo de ministros y rechaza a sus expertos porque la subida del IVA ya ha conseguido reducir el déficit y España está que se sale.  Ha cumplido paso por paso las técnicas de la manipulación –de Maquiavelo a Goebbles pasando por Esperanza Aguirre-. Llamas a unos técnicos para que digan lo que quieres, creas la alarma y luego rebajas la amenaza para que se acepte el mal menor sin rechazo. Y sales impoluto. Hasta agradecidos quedan algunos.Tan obvio que sonroja.

 Otra cosa es que existen muchas dudas acerca de si conseguirá alcanzar los objetivos de déficit. Lo que sí está claro –y tenemos que repetirlo- es que el PP ha elevado la deuda pública del 68,5% al 94% en insólito récord histórico y que esa cantidad por la que nos han endeudado no hay quien la pague. Pero Montoro ha cumplido con el sector bobalicón de sus votantes, ésos que no estiman su cerebro más que las uñas de sus manos.

 Cuesta mucho lograr credibilidad, es algo que se labra a lo largo de los años. Se teje con una sustancia rica pero frágil porque se quiebra al primer golpe o a los dos o tres errores. Como un cristal exquisito. Y no es posible pegar los pedazos rotos. Una vez que el político, el periodista, el médico, tu novio o tu padre te han engañado ¿Cómo volver a creerle? ¿Cómo admitir que ahora te dice la verdad? ¿Qué sentido tiene hacer ese esfuerzo?

 El paternalismo autoritario de la derecha más rancia –hay otra- se empecina en contarles a sus adeptos que la nevera está llena, aunque ellos al abrirla la encuentren vacía. En describirles los manjares que la pueblan a ver si olvidan las telarañas de su estómago. Les mandan a la socia dela Virgen del Rocío dando saltitos y ya entra el sueldo en casa. Abre la boca la poderosa vicepresidenta o sus rivales y amigos y la be vuelve a ser la be y no la zeta. Se le dispara el tic del ojo a Rajoy y ya encontramos guía para distinguir si la mentira es cum laude o solo digna de un aprobado en falsedad. No, ya ni dudas albergamos. No les creemos. Ni comprendemos siquiera cómo se atreven a declarar nada después de haber sido pillados en tan ingente cantidad de renuncios.

 Si los militantes activos del PP, investidos de periodistas para ocupar puestos claves en la manipulación, nos inundan a diario con portadas e informaciones falaces y exageradas, con auténticas obras maestras de la tergiversación ¿se puede creer algo de lo que cuenten? ¿La previsión meteorológica quizás? Puede que hasta eso esté movido por intereses. ¿Cómo discernirlo pues? ¿Para qué?

Harían falta semáforos para entender a los profesionales de la trampa. Ahora miento, ahora no, ahora sí, ahora no. Cuando el engaño es sistemático, cuando la verdad es una aguja en el pajar, ni merece la pena intentarlo. Decenas de manzanas podridas no dejan nada sano. Litros de tinta negra en el recipiente, lo tiznan por completo.

Todos necesitamos referentes, alguien en quien confiar, personas con credibilidad que enriquezcan nuestro propio criterio. Incluso nos conforten en la seguridad que aporta alguien fiable al lado, un soporte que no se hunde. Pero, señoras y señores del PP –por no hablar hoy de otros partidos-, a ustedes no les creemos. En absoluto. Se lo han trabajado a fondo. Ustedes no son de fiar, no alientan, empobrecen (en todos los sentidos) y no les compraríamos ni un caramelo porque cuenta con grandes posibilidades de estar envenenado.

*Publicado en eldiario.es

Grupos radicales arrasan nuevos derechos ciudadanos

Un grupo de radicales en neoliberalismo,  procedentes del Palacio  de la Moncloa,  arrasan nuevos derechos de la ciudadanía. Pertrechados de decretos leyes y de una apisonadora parlamentaria que no atiende al espíritu de la institución, estudian asumir la mitad de la deuda de las autopistas privadas. En la reunión mantenida este martes calculan que “la quita” a  esas empresas –es decir, la puesta de nuestros bolsillos- asciende a 2.400 millones de euros. Son las mismas empresas que nos cobran peaje por circular por sus instalaciones, firmadas por gobiernos locales (en su mayoría del PP) muy poco previsores. O mucho, quizás. Las afectadas son un grupo de empresas muy queridas de los que mandan siempre y se nota porque se llevan muchas concesiones.

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Estos antisistema social  que andan perpetrando este nuevo acto de vandalismo son los que ya han destrozado buena parte de la sanidad pública, quitando camas hospitalarias, la ayuda a la dependencia, la educación, los transportes y servicios del mundo rural y el urbano, los subsidios de desempleo, el propio trabajo degradado hasta niveles desconocidos, pensiones y demás. Este nuevo asalto a los derechos ciudadanos por 2.400 millones de euros dejará devastados otros muchos apartados o disminuidos aún más los ya atacados.

Los delegados de los gobiernos autonómicos afectados se proponen denunciar a los causantes de los destrozos, incluidos los 11 millones de votantes que han dado pie a estas conductas sin consenso. ¿O no?

Puede que no por sus servidumbres de partido, pero desde luego todos los medios informativos se disponen a abrir sus webs, ediciones impresas y programas audovisuales con este incalificable episodio de violencia. Los mismos que han olvidado estos días las reivindicaciones de los agredidos –los ciudadanos- en las Marchas por la Dignidad por un minoritario episodio de violencia –pongamos en cifras muy conservadoras y muy generosas con la postura oficial 500.000 personas pacíficas frente a 100 violentas-, hoy van a echar el resto, mostrándonos los niños que no comen por los recortes, los jóvenes a quienes no les llega ni para comer carne y que son los más empobrecidos de la UE. Aquellos a los que echan de sus casas por impagos de hipotecas y resto de las víctimas. Los que ahora han vuelto a ser sacudidos  por estas hordas neoliberales que actúan con total impunidad.

Cumpliendo con su obligación, como se debe, en servicio público esencial.

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Los herederos de Suárez

La pasión necrofílica española se ha desatado otra vez. Interminables horas de programación televisiva, aunque lo cierto es que no se están saldando con grandes audiencias: el pastel de la cuota de pantalla está muy repartido. Colas –al frío de Madrid hoy- para ver el ataúd con los restos de Adolfo Suárez. Lo de siempre. Fragmento-editorial-ABC-dimision-Suarez_EDIIMA20140324_0392_13 (1) Como era previsible, los mismos que le crucificaron, ahora le ensalzan. El Suárez más injustamente tratado resulta que era imprescindible. Algo más de calor no le hubiera venido mal al fallecido cuando estaba vivo y luchaba contracorriente, sin que le echaran una mano, al menos hubiera agradecido que no le pusieran zancadillas. Pero es que no era exactamente de su clase, un advenedizo, y eso se paga. También están saliendo herederos del insigne personaje. El ministro de exteriores y TVE ayer -que no pierde ocasión de vender su producto- apuntan a Rajoy. Aznar se anota él solo. El y nadie más recoge las esencias del presidente de la Transición. Aznar es un Suárez redivivo que ni precisa le alaben que ya lo hace sin el concurso de nadie más. Esto escribe y esto queda resaltado.

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Es decir, este mismo Aznar que ríe con hipo tocino al contar que él se cargó al partido de Suárez y le retiró de la política. No fue el único.

Mostré ya mis impresiones sobre la figura de Suárez, sobre su personalidad, con motivo de su fallecimiento. El tiempo le agrandó, sobre todo por comparación con sus colegas. Me conduelo ahora más al ver la eternamente repetida hipocresía española. Su infantil y superficial gusto por la muerte y la tragedia como si fueran un espectáculo sin víctimas. Por las emociones intensas aferradas a lo más negativo, al sadomasoquismo que goza con el dolor, heredero –este sí- de la religión imperante a la fuerza en la España de esta gente –queramos o  no-. Al que lleva a sentirse “más bueno” si se sufre en lugar de por regocijarse y ser feliz. Creo que Adolfo Suárez fue un hombre brillante, maltratado… y práctico. Quizás por eso dijo hace ya una década: ahí os quedáis. Si hoy viera el circo montado probablemente se uniría a Labordeta para mandar a unos cuantos adonde se debe. No sirve de mucho pero se queda uno más relajado. Cada vez que alguien muere nos recuerda nuestro tiempo finito y la necesidad de aprovecharlo exprimiendo sus esencias. Lo hermoso sería que de una vez la mayoría impulsara el gusto por la vida, por la alegría. Por la razón y la justicia, por la madurez. Quitarse de encima esta losa de la España profunda. El mundo de los vivos, no de tanto fantasma. Es decir, los fantasmas no son precisamente los herederos de Adolfo Suárez.

Adolfo Suárez, fin de trayecto para un superviviente

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Adolfo Suárez fue un superviviente, un luchador contra la adversidad que un día se cansó y borró todo recuerdo. Las dificultades que afrontó, las traiciones incluso, fueron numerosas y de envergadura. Grandes triunfos ahogados de sinsabores. Y una obra que deja huella.

Una vida adulta que se inicia haciéndose cargo de su madre y sus cuatro hermanos, cuando el padre les abandona y huye de Ávila donde reside la familia por un escándalo económico. Adolfo ejerció todo tipo de profesiones, mientras estudiaba. Como vender lavadoras a domicilio hasta licenciarse en derecho acudiendo a la Facultad poco más que a examinarse. Su entrada en política, en busca de mayores horizontes, se produce de la mano de Herrero Tejedor –falangista y del Opus Dei-. Recorre todo el escalafón. Le ayuda tener una gran capacidad de liderazgo, audacia, enorme encanto personal y saber estar en el lugar oportuno en el momento preciso.

Conocer, en 1968, a los príncipes Juan Carlos y Sofía ya como –recién nombrado- gobernador de Segovia cambiaría su vida. El joven Borbón estudia su estrategia para afianzarse cuando muera el dictador, y ésa pasa por la democratización de España. Suárez es la persona idónea. Escucha a los demás, sabe negociar e integrar puntos de vista diversos y sigue tirando hacia delante para resolver su futuro, ahora ya viendo más claras sus perspectivas. Tiene un nuevo valedor en la sombra, Torcuato Fernández Miranda, probablemente el ideólogo de la Transición.

Muerto Franco circula una terna para sustituir al triste Carlos Arias Navarro, empecinado en sus espíritus “asociativos” por toda libertad y un 3 de Julio de 1976 el Rey nos sorprende con el nombramiento de Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno. Es entonces Ministro Secretario General del Movimiento, el peor aval para los demócratas. El Movimiento anquilosador y tenebroso era lo que menos queríamos. Pero Suárez sueña con otros mimbres: “Que los gobiernos del futuro sean resultado de la libre voluntad de la mayoría de los españoles“. El líder del PCE, Santiago Carrillo, me comentaría en un reportaje: “Ese discurso no era el discurso de un fascista, era el discurso de un demócrata europeo como podía haber muchos en Europa“. No, no era el de un fascista.

Aunque no lo percibiéramos con toda nitidez, ni fuera suficiente, había dado ya sólidas pistas en su etapa como Director General de RTVE. Su talante aperturista y sus habilidades políticas supusieron un cierto oasis de libertad. Incluso se prolonga, con insólitos nombramientos que él propicia ya como presidente del Gobierno, justo hasta la llegada de Calvo Sotelo que desmonta aquella primavera. El periodismo es esencial en el proyecto.

La Transición no salió bien, se negoció bajo la bota de los vencedores de la guerra. Pagamos aún los errores de ese desequilibrio. Pero el tiempo demostró que la eficacia y valentía de Adolfo Suárez no tienen parangón. Se aplicó a la tarea con la misma entrega que en toda su trayectoria, luchando contracorriente. Achicando agua cuando se le hacía un boquete y siguiendo adelante.

Tenía 43 años al acceder al cargo en 1976. 11 meses más tarde, el 15 de Junio de 1977, se celebran ya las primeras elecciones democráticas. El gobierno Suárez reedificó con resolución absoluta todo el entramado de las instituciones democráticas. Con tesón y astucia, -y no sin dura oposición- logra que las Cortes franquistas aprueben la Ley para la Reforma Política que implica el fin del régimen. El hondo suspiro en la grada del Congreso, al final de la votación, ha quedado para la historia. Ha comenzado la siempre inacabada tarea de desmontar el franquismo.

Y sigue resoluto con las medidas elementales. Con el “puedo prometer y prometo” que cumplía. Amnistía a los presos políticos, supresión del Tribunal de Orden Público para delitos de opinión y manifestación o legalización de partidos políticos. Sucede lo que parecía impensable poco antes: se legaliza el PCE. Y en un país sacudido por el terrorismo de todo signo –desde ETA a la ultraderecha- donde hubo semanas con asesinatos cada dos días.

España ha vuelto a ser, formalmente, una democracia. Las reformas avanzan. Pactos económicos y sociales, ley de divorcio. Pero, como suele suceder con los regímenes autoritarios, el franquismo había dejado una herencia económica lamentable y un país muy atrasado en su desarrollo. Y a ella se suman las secuelas de la Crisis del Petróleo del 73. Hay una inflación del 30% y son necesarias dos devaluaciones de la peseta –la moneda en vigor entonces-. Se terminará por negociar y firmar los Pactos de la Moncloa, un salvavidas para momentos tan críticos. El intenso déficit democrático de la sociedad, absolutamente anulado durante varias décadas, tardó más en reconstruirse. De hecho, aún se duele de carencias en algunos sectores.

Suárez gobernó siempre en minoría. Quienes se habían aprovechado de su liderazgo, le ponían la zancadilla. Muchos le traicionaron. Tuvo que afrontar una cuestión de confianza en el parlamento de su propio partido y una moción de censura de los socialistas, que hicieron una férrea oposición.

El 27 de Enero de 1981, menos de un mes antes del golpe de Estado de Tejero, Adolfo Suárez presenta la dimisión. Palabras enigmáticas que para muchos aluden a fuertes presiones de los poderes fácticos: “Hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permanecido en su puesto o renunciando a él. (…) “He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia.”

El día de su relevo, el 23F, dio una imagen de gran dignidad y coraje al permanecer sentado en su escaño frente a los órdenes –a punta de pistola- del golpista Tejero.

La vida le trató duramente, también en lo personal, al arrebatarle a su mujer y a una hija, víctimas del cáncer. De la política, se fue amargado. Hoy muchos de quienes le traicionaron le portan en sus banderas. Nada más injusto y miserable. La deriva política de este país que, tras tan larga carencia, se rindió de amor ante la democracia, también ha sido engañada y violentada. Y es ahora, y ya desde hace algún tiempo, cuando la figura de Adolfo Suárez se agranda, aunque entonces nos pudiera parecer mentira. Él cumplió con su cometido. España avanzó en materias fundamentales.

Cabe pensar si no hizo otra cosa que remontar la corriente, sorteando obstáculos, porque no podía hacer otra cosa. Y porque la libertad y la democracia sí anidaban como meta de corazón. Su memoria rota es el mejor símbolo de esta España que erró y yerra tantos pasos y que nunca parece terminar de encontrar su camino. Hasta su agonía la han convertido en circo de consumo. El recio superviviente se apeó un día de la carrera en la estación del olvido y hoy se ha ido. A su lugar en la Historia. En la escueta esquina que este país reserva a la dignidad de sus dirigentes.

 *Publicado en eldiario.es, junto con otros artículos de interés que os recomiendo, en su cobertura de la muerte del ex presidente del gobierno.

22M, el periodismo culpable

Foto: Rosa María Artal

Foto: Rosa María Artal

Estaban allí los más perceptibles: en y como un montículo con visión privilegiada. Los periodistas fueron testigos de las casi cuatro horas de Marchas por la Dignidad que confluían en Madrid. Los grandes medios internacionales han hablado profusamente de su magnitud –hasta dos millones de personas dan de cifra-, de sus motivaciones, de cómo se desarrolló todo. Aquí, tras la oportuna intervención de la policía –a tiempo para entrar en los telediarios, en todos-, se han destacado… los incidentes. A este nivel, por ejemplo:

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 Seamos serios, aunque con infinita ingenuidad creyéramos que estos se produjeron espontáneamente, la autoridad competente nos habla hoy de 9 jóvenes detenidos con antecedentes por extremismo.  De los 23 detenidos por diferentes causas, los que destaca el gobierno son esos 9 superdotados jóvenes que –al parecer-  causaron heridas a 67 policías. Supermanes maléficos frente a indefensos defensores del orden.

Con varios tripis en el cuerpo una individua firma en ABC este denigrante episodio del periodismo ficción que avala su director. En donde contemplamos que pese a que los “antisistema” son, según ella, un millar, la policía solo detiene a 23. Claro, pobres, tan apaleados andaban que no daban pie con bolo.  Una vergüenza para la profesión. Para inhabilitarles a ambos, a la tal Tatiana y a Bieito, el director. Y en cambio, éste es colaborador fijo de los Desayunos de la televisión pública.

¿Dónde están esos periodistas que lo vieron todo? ¿Escribiendo para La Razón, ABC, El Mundo… o El País que tituló por la noches así?

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El subrayado y el comentario es de un periodista que capturó la pantalla y lo difundió en twitter.

Rectificó después pero luego en portada se impuso la versión… de la policía del PP

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La periodista Olga Rodríguez leyó parte del manifiesto. Hoy escribe en eldiario.es su sensación del conjunto. Todo el texto aquí. Pero quiero destacar algunas frases:

“Lo que están reivindicando son derechos fundamentales y el empoderamiento de la gente que se ha quedado sin lugar en esta sociedad. De eso se habló ayer en las marchas.

Se pidió trabajo y techo, el pan y las rosas, el derecho a decidir de todos, la unidad de la gente afectada por esto que algunos llaman crisis, y una democracia real, con una economía al servicio de las personas.

Hubo emoción, poesía, música y mucha dignidad. “Esto ha sido un éxito, tenemos que repetirlo de vez en cuando”, decía un representante de uno de los colectivos organizadores”.

Algo se tuerce entonces, mientras se canta el Coro de esclavos de Nabucco y el Canto a la Libertad de Labordeta (la música con Para la libertad de Serrat o Al Alba de Aute nos ha transportada a tiempos negros y ahora casi se apaga por el sonido de los helicópteros policiales), pero el acto se desarrolla en ambiente pacífico y hasta festivo. Y, sin embargo, como dice Olga Rodríguez:

“Los agentes irrumpieron en la concentración, avanzaron hasta la mitad de la plaza y ahuyentaron a parte de los manifestantes. Visto desde lo alto, su intervención se asemejó a la entrada de una mancha oscura, debido al color de sus uniformes, que fue apagando el ambiente colorido creado por las camisetas y chalecos reflectantes de muchos participantes en las marchas.

La Solfónica dejó de cantar, la gente levantó las manos, los integrantes del coro alzaron sus violines y partituras y todos corearon al unísono: “Estas son nuestras armas, estas son nuestras armas”. De fondo, se escuchaban los disparos de las pelotas de goma de la policía. La manifestación tenía permiso hasta las nueve de la noche, pero los agentes no quisieron esperar a que terminara para provocar su disolución”.

Sin prensa, con manipulación, no puede existir una sociedad libre. En tiempos de gobiernos autoritarios cuesta más, pero lo hicimos y lo hacemos. Informar. Desde medios digitales como eldiario.es en donde me honro en colaborar hacemos lo que podemos. Es preciso volcarse aún más. Porque, como dice Olga y comparto:

“En algunas portadas de los diarios de este domingo las Marchas de la Dignidad aparecen recortadas, estigmatizadas o ninguneadas. Mientras, una muerte que aún no se ha producido ha acaparado más atención que las marchas.

El discurso dominante se muestra más preocupado por la restricción del uso del coche en día de manifestación que por los seis millones de parados y los tres millones de niños en riesgo de pobreza. Importan más las marquesinas y los contenedores de las calles que el medio millón de desahucios y las personas amenazadas con perder su casa. El periodismo lleva una extraña deriva”.

#22M, contra los puyazos a la dignidad

El lema no puede estar mejor elegido: Marchas… por la dignidad. Ésa, tan profusamente pisoteada, que llama la atención cómo tantos pueden mantenerse en pie. La dignidad es pieza troncal del ser humano. Desde hace semanas centenares de personas caminan desde distintos puntos de España para confluir este sábado #22M en Madrid. Movimientos sociales, movimientos obreros, víctimas del atropello neoliberal las integran. #milrazones22 pero sobre todo “contra los recortes, por los derechos sociales y contra la corrupción”.

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La progresión que denunciamos hace ya tiempo se ha cumplido con creces. Se inició con el ultimátum dado por la UE (y FMI y Obama y toda la parentela) a Zapatero aquel Mayo de 2010 y a la que él sucumbió tan campante. Incluso reformando la Constitución a pachas con Rajoy para que toda nuestra vida se supedite al pago de la deuda tanto a acreedores legítimos, como a especuladores.

No se habían tocado los servicios sociales hasta que llegó -izado en 11 millones de votos- el Partido Popular a imponer su apisonadora. Un gobierno legítimo que se degrada por sus actuaciones. El deterioro sufrido por los españoles lo reflejan todos los índices nacionales e internacionales: ningún país ha empobrecido a su sociedad y ha aumentado de tal forma la desigualdad como el nuestro en manos del PP.

pobre alimenta rico

Algunos ingenuos creyeron que el PP arreglaría la crisis, no utilizaron su cerebro para relacionar datos y ver que se proponían ir “a lo suyo”. Un millón de parados más, el despido y todos los derechos laborales de saldo, el freno a la ciencia y la investigación, a la cultura; el escándalo de los casi tres millones y medio de casas vacías mientras se echa a la calle a familias enteras, los ataques a la justicia, la familia y sus sueldos, la venta al mejor postor de los servicios sociales y nuestro patrimonio, maquillando las cifras para vender una recuperación basada en el abaratamiento del trabajo que nunca es duradera, ni permite el consumo, ni da frutos.

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Trileros de casposos vasos de plástico. La calidad de la democracia ha caído a ese mismo suelo donde se arrastran los que tragan. Cada día, todos y cada uno de los días, parece haber alguien del PP encargado de banderillear la cerviz de los ciudadanos. Todos los días, insisto. Es Ceuta y la bochornosa gestión de los inmigrantes muertos. El engaño constante hasta con las terribles cifras del paro. El pitorreo de los empresarios amparados por el gobierno. El aumento de la deuda (para que se forren esos especuladores de los que hablábamos) a niveles de récord histórico. Su papel en el hundimiento y desprestigio de los grandes medios informativos. La obsesión autoritaria por la seguridad o por “el negocio” que lleva a ascender de categoría porque sí a los vigilantes jurados. Una apisonadora que dicta leyes incluso en contradicción con convenios internacionales. Porque sí.

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El último torero del PP ha sido Ignacio González, el presidente que nos dejó en herencia en Madrid Esperanza Aguirre. El individuo que nunca fue elegido directamente, de esa comunidad que en sus manos y en las de Aguirre está tan profundamente ensombrecida por la Gürtel -aunque miren para otro lado-, el dueño de áticos sospechosos, se ha atrevido a comparar las Marchas por la Dignidad con el nazismo de Amanecer Dorado en Grecia. Sorprende esa confusión porque de ultraderechismo sabe y mucho, por lazos familiares y en primera persona: todas sus declaraciones muestran un auténtico rechazo a la libertad de expresión y manifestación. Hace falta estar muy seguro de los instrumentos de control -lícitos o no- para obrar con esa soberbia.

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Uno más que se embute el traje de luces y sale a la plaza de la impunidad a retar al personal o ni siquiera eso: a lanzar puyas y descabellos a una ciudadanía tan noqueada que ya no hace sino bajar la cabeza para que le pinchen. Agarrarse a los machos para ser arrastrado, herido, por el coso.

No todos. Ni mucho menos. Por las carreteras de la mal llamada piel de toro llega a Madrid, la savia viva de la dignidad.

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Rodrigo Rato y yo acabamos de cumplir 65 años

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Rodrigo Rato y yo acabamos de cumplir 65 años. A ambos se nos abre pues una nueva etapa que –en mi caso, lo confieso- me ha producido algo de vértigo.

Mi coetáneo Rodrigo presidió Caja Madrid y su tránsito hasta Bankia durante apenas dos años, de 2010 a 2012. Hundió la entidad y está imputado en esa causa. El agujero que dejó nos lo están cobrando en sanidad, educación, y hasta en derechos, a todos los españoles. Por esta labor. le quedan 522.000 euros, repartidos entre 489.000 euros de Bankia y 33.000 euros de la matriz, BFA. Rato puede decidir si cobra el importe acumulado de una sola vez o si percibe una renta vitalicia, mes a mes.

Como exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) –del que salió precipitadamente y con sonoras críticas-, percibe una una remuneración anual de 80.000 dólares (57.434 euros), también con carácter vitalicio.

Desconozco qué retiro queda como ex ministro pero como diputado ronda los 6.000 euros mensuales.

Rodrigo además puede simultanear el cobro de sus pensiones y sueldos con otras actividades como las de “aconsejar” empresas. Acaba de ficharle la inmobiliaria de “La Caixa”. No sabemos tampoco qué cobrará aquí. Pero sí, como cuenta eldiario.es, que “a principios del año 2013, Telefónica fichó al exvicepresidente de Aznar como asesor por un sueldo cercano a los 200.000 euros anuales. En septiembre, el Banco Santander anunció la incorporación de Rato a su consejo asesor internacional del que había formado parte ya en 2008, poco después de su salida del Fondo Monetario Internacional”.  No han proporcionado datos sobre su remuneración.

Yo trabajo desde los 13 años pero por problemas burocráticos me han restado años de mi vida laboral –pendientes ahora de reclamación-. Aún así, percibo casi la pensión máxima que el Estado español reserva al común de los ciudadanos, dado que tuve un trabajo de bastante relevancia como periodista asalariada.

La pensión media está en España en torno a 900 euros mensuales, la máxima es de 32.000 euros anuales, pero los políticos tienen derecho a pensiones vitalicias muy superiores. Hasta de 74.000 euros. Todo ello antes de impuestos, de muchos, muchos, impuestos.

Como cuenta el libro sobre el tema de Juan Torres López y Vicençs Navarro, solo el 25,7% de los españoles ha podido suscribir planes privados. Ésos con los que se especula. No es fácil ahorrar para el futuro y menos ahora.

He recibido una carta de mi empresa con motivo de mi jubilación definitiva. Me cuentan que me quitan hasta un seguro de vida que no sabía habían tenido la amabilidad de suscribirme. Tengo de tiempo para morirme hasta el 31 de Diciembre que –por enorme generosidad que no se extiende a otras prestaciones- dura su vigencia. Si quisiera continuarlo sería a precio de mercado, como si llegara nueva..

Estoy autorizada a realizar alguna labor complementaria siempre que no sobrepase el salario mínimo anual. Podría ser consejera también. Me ofrezco a asesorar sobre honradez, ética, periodismo sin duda. No sé dónde me emplearían con esos mimbres en una gran empresa con posibilidad de pagar los sueldos que recibe mi coetáneo Rodrigo.

Hablaba de vértigo, sí. Por cómo intentan coartar la libertad de alguna manera. Por recibir un dinero que es más de cuanto percibe la mayor parte de los pensionistas pero obscenamente alejado del que cobran los privilegiados y que con estas políticas nos irá mermando a todos salvo al colega Rodrigo y sus amigos.  Llamo para papeleo y cuando nombras 65 te hablan más alto y más despacio como si súbitamente hubieras perdido neuronas. Por favor ¿no ven la enorme capacitación de Rodrigo Rato a quien, con la misma edad y su trayectoria profesional, se lo rifan como consejero?

No suelo decir mi edad. Lo hago ahora como acto reivindicativo. Porque estoy estupenda y “nadie me daría” los años que tengo. Porque ahora la vanidad es confesarlo. Porque pienso seguir dando mucha guerra y denunciar los atropellos que sufrimos.

*Publicado en eldiario.es

¿Cuántos botones estamos dispuestos a apretar?

desenchufado

El español era hasta hace muy poco el quinto sistema de salud más eficiente del mundo, pero las noticias sobre su profundo deterioro son cada día más alarmantes. Sobre todo se aprecia un profundo cambio de concepción: hay que guiarse por criterios de rentabilidad y no todos los ciudadanos merecen el gasto de curarles. Lo incomprensible sigue siendo por qué lo acepta la sociedad.

Fuentes médicas alertan de instrucciones en el Hospital de Toledo para no ingresar a los mayores de 80 años, dos ancianos murieron en pasillos en ese mismo centro en diciembre. Crecen las denuncias por el aumento de las listas de espera, por el traslado de enfermos a la sanidad privada, por la privatización encubierta. Hasta por trampas como la de ofrecer el adelanto de una operación pagando más de 9.000 euros. Podrán marear los datos pero uno elige los que presentan mayor verosimilitud y proceden de fuente fiable y rechaza la propaganda. Desde el poder están hundiendo la sanidad pública.

Los profesionales libran una dura batalla. Saldada con éxito espectacular en Madrid al lograr detener la privatización de 6 hospitales. La maquinaria arrasadora continúa, sin embargo. Al punto de que algunos médicos, metidos a gestores, se están dejando influir en toda España por la política del recorte. Ya afinan presupuestos y deciden que los tratamientos caros no se pueden malgastar en ciertos pacientes. Ya dicen que no llegan los recursos para proporcionar a todos lo que precisan. Parece que no se preguntan qué viene después, qué vida les espera.

Se empieza con los ancianos y débiles, se sigue por los malos pacientes que no tienen un estilo sano de vida frente a los buenos que se cuidan, se pasa a distinguir entre enfermedades caras y baratas, y se continúa –se está llegando ya- con los pobres, con los que no pueden pagar y repagar. El neoliberalismo ha abierto una especie de cámara de gas para las víctimas del sistema. Los sanos y ricos –clase que consideran superior- se libran de ella.

De alguna manera, la mayor parte de la sociedad está aceptando que la tijera ha venido para quedarse y anda “ahorrando”. Sin preguntarse qué ha cambiado en realidad a partir de aquél día que nos contaron que una financiera norteamericana, Lehman Brothers, quebraba. Desde una comunidad de vecinos a lo vital como es la salud, todos recortando gastos… o inversiones en los seres humanos. El gasto se pierde, la inversión en salud o educación por ejemplo es una ganancia de presente y futuro.

¿Crisis? Esto es un plan perfectamente diseñado para que unos pocos se enriquezcan obscenamente a costa de la mayoría de la población. En eso y nada más se basa el sistema. A eso y nada más se encaminan todas las reformas y se entregan nuestros derechos. Los recortes en prestaciones esenciales se van a pagar esa deuda pública, por ejemplo, que Mariano Rajoy ha aumentado del 68.5% al 94% en un tiempo récord. Nadie en la historia logró semejante récord, y ahí está él y están sus voceros diciendo que España va como un tiro.

La gente sabe y siente que su vida ha empeorado y mucho. Descerebrados que atribuyan a Zapatero esta bancarrota, posterior incluso en dos años a su gestión, ya van quedando pocos. Y así  llegamos una y otra vez al mismo punto: ¿por qué se acepta? ¿Por qué se acepta si nos va la vida en ello?

Habrá que recurrir a la psicología, más allá de todos los condicionantes que nos marcan históricamente.  A aquel experimento revelador de Stanley Milgram, publicado en 1963, en los tiempos en los que indagar en estos comportamientos importaba. Un estudio con voluntarios en los que el maestro –que es en realidad el sujeto analizado- llega a infligir insoportables dolores alalumno que yerra. Escuchando sus gritos, alguno quiere parar, pero le ordenan que siga y continúa apretando el botón de las descargas eléctricas. El 65% de los participantes llegaron a aplicar 450 voltios a sus víctimas aunque se sintieran incómodos al hacerlo, aunque los vieran fingiendo –eran actores- estertores. Ni uno solo de los convocados exigió detener el estudio. La autoridad le mandaba seguir. Y lo hacía. Como lo habían hecho los alemanes ante el nazismo.

Y como explicación complementaria alguna variante de la indefensión aprendida, aquellos perros que otro psicólogo, Martin Seligman, demostró incapaces de saltar una pequeña valla que les libraba de descargas eléctricas arbitrarias.  La pasividad, el sentimiento de impotencia, subjetivo,  ante los atropellos que uno cree no puede cambiar. Esas personas que aceptan cuanto castigo tengan a bien inferirles como está ocurriendo ahora. También aprietan botones de dolor y muerte. No solo para sí mismos, para otros.

Todo el que hoy se inhibe está dejando sin cama a los mayores que acuden al hospital de Toledo, está dejando morir a ancianos en los pasillos, prolongando las listas de espera, matando a los que vayan quedando fuera del círculo de los buenos pacientes para el neoliberalismo. O los buenos estudiantes dóciles. O los niños de buena familia. O los corruptos cum laude autores del diseño.

¿Dónde para esta deriva? ¿Cuántos botones más estamos dispuestos a apretar?

*Publicado en eldiario.es

Y añadiría este estudio que acaba de salir publicado. 

La mitad de los españoles cree que sus condiciones laborales en prestaciones sociales, servicio médico y vacaciones empeorarán en el futuro. Que “habrá que trabajar más horas, ganando lo mismo”.

El 57,1% de los entrevistados tiene problemas para hacer frente al pago de las cuotas de la tarjeta de crédito y a la devolución de otros préstamos no hipotecarios. El  80,6% reconoce problemas para el pago de facturas y compromisos similares y un 76,4% sufre porque no se considera independiente financieramente. Las dosis de estrés que revela el estudio de una compañía aseguradora, Genworth,  son muy notables, pero…

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