Opositando a la Corte del Rey Felipe

Letizia y Felipe en su primera aparición pública  juntos

Letizia y Felipe en su primera aparición pública juntos

Es hijo de Juan Carlos de Borbón, el rey que nos trajo la democracia, y de esa discreta, hábil, leal, cultivadísima mujer que es la reina Sofía, esposa legítima del primero. Precisamente por su condición de varón e hijo de ambos, Felipe de Borbón va a ser entronizado nuevo Rey de España y, por tanto, jefe del Estado. No solo es el más preparado de la historia de España, es que además posee “una cercanía contagiosa”, según leo. La inminente reina, Letizia, también. Gracias a eso, sabrá salvar los escollos que se encuentre en su camino, porque no va a ser para ella un camino de rosas, según le anuncian con respeto y entusiasmo:  “La Princesa va a estar sometida, todavía más, a un escrutinio feroz que pondrá a prueba su capacidad de autocontrol. El juicio de valor permanente e insaciable que escudriñará e interpretará desde el vestuario al rictus, será una constante en su reinado. Su cuerpo hablará. Sus ojos, serán sus palabras; su gesto, la ortografía; su pose, la sintaxis”. Qué cruz.

 La sentida loa le otorga a nuestra antigua compañera periodista alguna capacidad más que la mayoría  de quienes escriben sobre ella. Letizia es una perchala más cotizada de hecho, según leo en El País. Una “delgada mujer de 41 años, tipo de garza y piel traslúcida de puro tirante”.  ¿Cómo? ¿No será una crítica? No, no puede esperarse tal cosa de un periódico volcado súbitamente en la causa monárquica. Y, lejos de mostar algún reparo, la comentarista está entusiasmada con “la imagen de España en el mundo” que, en su opinión, representan Letizia y su vestuario. No es para menos si atendemos a la descripción de uno de ellos: “Un vestido de gasa liviana, unos decían que gris perla y otros que gris piedra, pegado a los flancos, la cintura marcada por una hilera de lentejuelas, perdón, pailletes que se desparramaban luego en listas hasta tocar el bajo”.

En La Vanguardia buscan también los mejores atuendos de Letizia (y lo que es peor, los “más divertidos” de su hija mayor de tan solo 8 años).  Iniciando la muestra con el “intelectual” de su primera aparición junto al príncipe, antes de que aparentemente cambiara sus prioridades vitales.  Todo el comentario que -en diferentes medios- suscita su papel en la ceremonia del 19 de Junio es saber qué vestido llevará.

 En ABC con una mano regalan un reloj sumergible por elegir –de nuevo- el mejor estilismo de Letizia. Con la otra, pasan a mayores al considerar la República un experimento fallido, en clara apología del golpismo y la tergiversación de la historia. Dónde va a parar con los logros de los cuarenta años de dictadura –tras el preceptivo levantamiento militar y consecuente guerra civil-.

En La Razón se inventan entrecomillados en portada que atribuyen “al entorno” de la princesa. Un nuevo fraude de periodismo al que tan acostumbrados nos tiene la publicación que dirige Marhuenda. Leer en ese medio que “el nuevo Rey tiene por delante la apasionante e histórica tarea de impulsar un nuevo periodo en la historia de España y afrontar los retos de una sociedad moderna, exigente y multiforme” da idea de la esquizofrenia que vivimos, que viven en las camarillas del poder. Sea. Para empezar a hablar, para empezar a andar, emprendan masivas abdicaciones voluntarias en los más altos estamentos del país e incluso una fumigación higiénica posterior a su abandono del cargo.

Aterrados por el aliento de la calle, harta de tanto atropello, los poderes han reaccionado en bloque para taparlo con kilos de merengue monárquico. Se ve que a la sombra de la Corte se vive mejor. Y por ello se han lanzado a la mayor campaña de marketing y publicidad que se recuerda en España desde hace muchos años, y mira que las ha habido descaradas. Impagable de hecho. Al menos con sus facturas bien a las claras. Es cierto que la apreciación de la Corona sube pero no en la proporción del despliegue político/mediático emprendido.

 Resulta extraño, de cualquier forma, esa pasión por adular a los nuevos reyes hasta producir sonrojo, vergüenza ajena, dado que –según no dejan de insistir- su papel decisorio es mínimo si no nulo. Felipe VI sancionará sin duda alguna las leyes misóginas de Gallardón o los atropellos a la salud, a la educación o cualquier cosa que el PP le lleve a la firma. Pero la España que retorna aceleradamente al caciquismo -que nunca abandonó- sabe que aquí lo que cuenta es arrimarse al sol que más calienta. Nutrir redes clientelares. Y qué más bonito y tradicional que una corte palaciega. Ahí está y estuvo la clave. Lástima que viniera un tal Locke en el siglo XVII a cuestionar el origen divino de la monarquía y que llegara esa plaga de los Estados modernos, el contrato social y la división de poderes. Y, pasado el tiempo, hasta el sufragio universal con lo cómodo que resulta que manden los hijos de alta cuna sin más requisitos.

 Cuantas más personas evidencian ser ciudadanos, más se lanzan a exaltar el paternalismo de la monarquía para vasallos. De un rey que no responde ni ante las leyes, lo que secundan como lo más natural quienes apoyan esta forma de organización del Estado.  Y que a la vez “reina, pero no gobierna”, hace pero no hace o viceversa. Nada sustancial ha cambiado, nada en absoluto en ese terreno.

 Han obrado con prontitud y pericia, pero –en su avidez- se les ha ido la mano. No hay tarta monárquica para todos y con la propaganda no se come, ni se sana, ni se aprende, ni se paga la luz y la vivienda, ni se detiene el expolio de nuestro patrimonio, derechos y libertades, ni se siembra el futuro. Porque lo saben, se emplean tan a fondo en tejer las redes que preserven sus privilegios.

*Publicado en eldiario.es

El gobierno decidirá quién está enfermo para trabajar y quién no

Las ministras Ana Mato y Fátima Báñez acompañadas de otros miembros del gobierno del PP

Las ministras Ana Mato y Fátima Báñez acompañadas de otros miembros del gobierno del PP

Dos portentosos cerebros como son los de las Ministras Fátima Báñez y Ana Mato decidirán quiénes están lo suficientemente enfermos como para no ir a trabajar y quienes no. Dotadas ambas también de una especial sensibilidad hacia los afligidos –como lo demuestra por ejemplo la retirada de la tarjeta sanitaria a seres humanos perpetrada por Mato- ya no serán los médicos sino unas tablas del BOE las que marcarán la duración de la baja laboral.

Según lainformacion.com, “el Gobierno prepara un Real Decreto sobre incapacidad temporal que incorpora tablas con la duración media de las bajas por enfermedad en función del diagnóstico, la ocupación y la edad del trabajador, con el objetivo de luchar contra el absentismo laboral injustificado y ahorrar dinero al sistema”. Ahorraremos, permitidme el inciso, para pagar a los bancos intereses de la deuda pública que Rajoy ha hecho crecer como nadie en más de un siglo. O para pagarles sobresueldos en A, que en B ya se los apañan ellos.

Como ya dejaron intuir desde su llegada al poder, el PP se dispone a dar un poder casi omnímodo a las Mutuas. Su subida en el escalafón será aprobada por el gobierno en Julio, y en el Real Decreto –que sancionará ya Felipe VI, mira por dónde- figurará la tabla de enfermedades y tiempos pergeñada por Báñez y Mato. Personas ambas que no han trabajado en su vida, por cierto, a excepción Mato de unas tutorías en la UNED. Y con un criterio de toda solvencia las dos, igualmente. Báñez encomienda a una virgen el trabajo de su departamento, el empleo, y Mato, a la sazón responsable de sanidad, recomienda el uso de tisanas para algunas dolencias.

Es decir, con unas cuantas avemarías y una tila después de cada comida, uno deberá ir a trabajar aunque sea mediomuerto. Y si no, a la calle, a la tumba, y sitio para otro.

Al margen de todas las bromas macabras que podamos inventar, la osadía de este gobierno de caja B -impune por el momento hasta políticamente-, no tiene límites.

 

La calle que conoce Soraya


La Milla de Oro, Madrid

Lo que llaman La Milla de Oro en Madrid.

La gente de bien anda muy mosqueada con las novedades que están surgiendo en España. Sienten como si hubiera irrumpido en el saloncito de su casa unos seres muy raros que sacan votos en las elecciones o se les ocurre cuestionar la monarquía tal como ellos, en su sabiduría, la plantean. Unos broncas, en absoluto fiables, siempre  en busca de follones. “Merece la pena preguntarse si la ciudadanía sintoniza de verdad con algunos actores de la política que reclaman de forma perentoria un referéndum sobre la cuestión de Monarquía o República”, encabeza este lunes El País su primer editorial. Es evidente que no, que más del 80% contestan a las encuestas del CIS por puras ganas de entretenerse que la situación política es mala o muy mala y que ven el futuro muy negro. En realidad están, estamos, encantados.

 Su mundo no es el nuestro. La prueba más palpable nos la dio hace pocas fechas alguien de probada autoridad como la vicepresidenta del gobierno: ella sabe de una calle donde  ya se ve mucha más alegría que antes. Y llevo ya semanas buscándola para acercarme a su universo.  Sin duda la princesa Letizia luce exultante desde hace unos días, pero no debe ser por las mismas razones que las personas a las que alude la vicepresidenta. Con seguridad no se disponen todos ellos a ser reinas. La búsqueda de la felicidad es una de las ambiciones más constantes en el ser humano, así que –como digo- me puse a la tarea de encontrar ese lugar siguiendo diversas pistas.

 La calle de la felicidad la frecuentan unos cuantos personajes que conocemos todos y que se esfuerzan en darnos datos para que disfrutemos de la alegría que rezuma ese lugar. La principal orientación la dio el vicesecretario de organización del PP Carlos Floriano, como no podía ser menos. Tras escucharle supimos, por exclusión, que en ese remanso de bienestar no viven los componentes de Podemos: “Estos son los que rodearon mi casa, no me cabe la menor duda.  No digo una persona en concreto, pero este perfil. Este es el que nos rodea por la calle”, dijo. Es un perfil infrecuente en el barrio. No residen en él,  están de paso.  Además protestan, no disfrutan del bienestar de la recuperación lograda por el equipo de Rajoy, ni de la renacida fiebre monárquica que está asistiendo a momentos tan bonitos.

 En la calle que apunta Soraya importan mucho las apariencias.  El sociólogo del PP Pedro Arriola aportó una pista decisiva:  son frikis.  Una de las muchas oficinas de propaganda mediática de las que dispone el PP, Intereconomía, apuntó finalmente la evidencia absoluta que cerraba el retrato: Pablo Iglesias, el líder de Podemos, se viste en Alcampo. Lo último, vamos.

 Estos inauditos especimenes no transitan por la calle que conoce Soraya ni los bienpensantes españoles si no es para incordiar a la gente de bien. Allí donde se vea un friki vestido con ropa barata y a saber con qué pelos y qué vocabulario no es la vía que intentamos localizar.

En busca del Edén, me dirigí en primer lugar a La Milla de Oro, a la especial calle que cruza, en Madrid, la no menos distinguida Serrano: la de un Ortega y Gasset que no imaginó verse trinchado de tanta tienda de lujo. De ésas en las que se venden productos que cosen los mismos explotados esclavos textiles del tercer mundo pero que aquí cobran a precios desorbitados. Lo habitual es encontrar modelitos por más de lo que cobra mensualmente una familia. Y desde luego todos los complementos para que luzca como merece.

Es cierto que en esa calle se ve pasar a personas que exhiben  cuantioso dinero colgado en su cuerpo de la cabeza a los pies, pero también hay mucho intruso. De los que cualquier día te dan “el perfil” de rodeadores de casas. Gente que va a trabajar o a realizar gestiones dado que es un lugar muy céntrico. Hasta mendigos se cuelan en la zona y cada vez más. Uno siempre puede refugiarse en su propio hogar. En ese  edificio estupendo que rehabilitó el Banco de Santander y cuyos áticos, dúplex y bajos con jardín de casi 600 metros cuadrados, se vendieron al contado y casi de un día para otro. Y eso que costaban entre 1,4 y 4,4 millones de euros. En cualquier caso, tras observar el conjunto de la calle, las expresiones de los viandantes, descarté que ésa fuera la que menciona Soraya Sáenz de Santamaría.

Esencia Moraleja, Moraleja Green, Alcobendas, Madrid

Esencia Moraleja, Moraleja Green, Alcobendas, Madrid

 Tengo la impresión de que la vicepresidenta y sus compañeros de élite, política y mediática,  se refieren a un gueto de ricos que se ubica al Norte de Madrid: La Moraleja. Allí apenas se mezclan con nadie. Camareros, sirvientas, empleados diversos, guardas de seguridad, son invisibles. Vehículos último modelo, restaurantes, una revista – La Tribuna de La Moraleja- que se enorgullece de que en el municipio, Alcobendas, se vote tanto al PP, aunque hasta allí haya llegado Podemos en un flamante tercer puesto.  Una anunciada como “Casa de ejercicios” marcada con el símbolo de una iglesia. Una Esencia Moraleja para oler a rico. Una forma de vivir. Tener glamour hasta yendo al campo es ser “muy tú”. O comprar y comprar y volver cargado de regalos también es “muy tú”.  Rico, exclusivo. ¿Feliz? Quizás cuando miran a sus niños, en muchos casos sagas de clones vestidos todos igual. Y a lo caro. Hay otros que se desmayan o se duermen en los colegios de España porque pasan hambre, pero sin duda no viven tampoco en la calle referida por Soraya.

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 Esos seres privilegiados, de preclara inteligencia, que tan bien nos conocen y saben lo que nos conviene se han puesto de los nervios estos días. Y no solo en el gobierno y el partido que lo sustenta, que son quienes más tiene que perder. El ex presidente Felipe González no para de alertarnos sobre nuestro descarrío. Rubalcaba, hombre de Estado donde los haya, hará lo que sea menester para que el alma monárquica del PSOE vote República. Oh, perdón, es al revés. Y la candidata favorita de  el aparato, Susana Díez, también. Cómo será lo que está pasando que hasta esa especie de Reina Madre que el sistema tiene en Cataluña, Dura i Lleida, se plantea abdicar por desacuerdos varios con su propia formación en temas sustanciales como el culto a la monarquía.

 Entre todos  habían compuesto un combate muy ordenado para la galería. Los medios y sus voceros lo secundaban y todos ellos estaban contentos. Como en un tongo, pegaban sin dar. Pero ahora el contrincante critica, razona y pone en evidencia. Esto no se puede consentir. ¿Qué será después? ¿Que el pueblo al que representan (o al que deben informar en su caso) quiera tomar decisiones que afectan a su propia vida? Unos antisistema son. ¿ Y de dónde salieron si no los vimos? En los sitios que frecuentan, no estaban. O no los vieron.  Se empeñan tanto algunos en ignorar a la ciudadanía.

  Por eso no termino de encontrar la calle a la que se refiere la vicepresidenta. En ninguna parte veo la alegría que ella observa. Todo lo contrario. El miedo a restringir una brizna sus privilegios, a no poder seguir aumentándolos sin freno, borra sus sonrisas. Más aún, en muchos casos aparecen como la viva imagen de la histeria.

El arte y la ciencia de no hacer NADA

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¿Alguien se imagina a Newton anotando en su lista de tareas: sentarse en el jardín a ver caer objetos? No, evidentemente no. La fascinante pregunta figura en un libro titulado “El arte y la ciencia de no hacer NADA”, el piloto automático del cerebro, que publica en España Clave Intelectual. Su autor es un joven científico norteamericano de origen sueco, Adrew J. Smart. Es un libro que se apoya en los últimos avances de la neurociencia aplicados a esta sugerente teoría. En cierto modo, una parodia de los libros de autoayuda. Crítico y provocador.

Es cierto que la actividad, el trabajo, enlazar unas tareas con otras, se ha convertido en norma en el mundo actual. Más aún, una adicción y una exigencia continua. Smart propone lo contrario: el cerebro necesita descanso para poder ser creativo. Cuando aparentemente “no hace nada” es cuando surgen las grandes ideas. Es, además, como si se activara el piloto automático en un avión proporcionando descanso para poder dedicar las energías a momentos más esenciales como el aterrizaje.

Los avances de la resonancia magnética han permitido comprobar que hay una red neuronal la DMN (default mode network) que bulle en actividad cuando se supone que el cerebro está en reposo y que además está vinculada con funciones bastante importantes, como la interconexión de las diferentes áreas del cerebro, la creatividad y el desarrollo de la propia identidad. Porque uno no puede estar concentrado permanentemente, peligra hasta su salud física. Su cerebro, su corazón. Necesitan trabajar pero –a ratos- de otra manera, a su aire.

El libro recoge las teorías sobre el trabajo incesante –las actuales- o diferentes críticas y defensas que a lo largo de la historia se han hecho del “no hacer nada”. Hasta llegar a los procesos industrialización que imponen metodologías como la Seis Sigma, que dice buscar mayor productividad. En realidad, están destinadas a controlar y regular cada momento del proceso de producción, considerando al ser humano un engranaje más de su procedimiento.

Trato de meterme en vena este libro, sus sabios consejos. Llegan cientos de emails a diario con la mejor intención, múltiples peticiones de que hagas algo, nuevos sistemas de mantenerse conectado a través de otras redes. Yo uso Twitter fundamentalmente, y bastante menos Facebook, olvídenme las restantes. Las relaciones personales son necesarias y muy positivas, pero quizás existen demasiados medios de contacto. Y eso que me he negado a usar whatsapp, dado que parece ocasionar a sus usuarios una dependencia (para mí bastante incómoda). En definitiva, en los momentos de mayor cansancio, aparco lo que creo interesante o ineludible en la lista de favoritos. Pero están ahí, presentes. De esas continuas tareas pendientes también habla el libro. Es sano en algún momento, desecharlas, no se llega a todo.

La reflexión final lleva a replantearse el trabajo y el crecimiento económico que está destruyendo el mundo y a buscar la creatividad que podría salvarlo. Creo que tiene razón, este quehacer diario que en ocasiones se torna frenético de pasar del email, al twitter, y de ahí al periódico o al teléfono, merma de alguna manera las ideas brillantes. Incluso el bienestar. Empieza a pensar que un Newton agotado hubiera visto caer manzanas y ni hubiera reparado en ellas. Hay que poner el piloto automático y disfrutar de las nubes porque ahí es donde pueden surgir ideas innovadoras y gratificantes.

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La reacción del dinosaurio herido

Cuesta creer que no llegue  ni a dos semanas el tiempo transcurrido desde la celebración de las elecciones europeas. Se saldaron con un resultado adverso para el bipartidismo en la UE y en España, y la irrupción notable de otras opciones (ultraderecha en Europa y una agrupación ciudadana progresista, Podemos, en España) como hitos más significativos.

¿Y qué ha hecho el dinosaurio herido? Mover ficha para mantenerse. En el continente la primera estrategia ha corrido a cargo del BCE.  Mario Dragui ha visto llegada la hora de promover estímulos a la economía, 6 años después de cuando el staff del que él forma parte (fue vicepresidente de Goldman Sachs para Europa) debió haberlo hecho, y cuando ya se nos ha infectado el Parlamento Europeo de fascistas. Ese dinero que suelta el poder neoliberal, las medidas que dice adopta el Consejo de Ministros en España, serán administradas por el gobierno de un partido tan tiznado de corrupción que ya lo confirma hasta el juez. En las mejores manos está la pasta.

Cuesta creer que haya pasado tan poco tiempo desde el soplo de esperanza que trajeron las elecciones, solo el 25 de Mayo. El tinglado, el dinosaurio, reaccionó con prontitud y contundencia. La abdicación del rey Juan Carlos resulta cuando menos extraña. La justifica en la necesidad de una nueva generación “decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando y a afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana”. Y lo primero que dice su sucesor, su hijo Felipe, es que su reinado va a ser “de continuidad” y que la nueva etapa ya la inició su padre (hace 39 años).

La familia real está cumpliendo el papel para el que se ha preparado: perpetuarse de padres a hijos en la jefatura del Estado. Lo más desolador -al punto de brindarnos espectáculos auténticamente bochornosos- ha sido la reacción del resto de los poderes. Hay dos que sobresalen entre todos: el PSOE de Rubalcaba y su equipo (y su militancia que apenas pía) y la prensa oficial.

Al PP le falta poco para besar en la boca al líder de la presunta oposición (más presuntamente aún) socialista. Ya le llama Rajoy, Don Alfredo (lo escuché en El Intermedio). Se ha plegado a todo, ni libertad de voto da a los diputados de ese partido. No sé con qué espera ser recompensado por tan gran servicio a la derecha, a una política que consagra el expolio de la sociedad y por el hundimiento de un PSOE que tenía más de un siglo de historia.

Y luego está la prensa. Compitiendo a ver quién da más jabón a la monarquía. Ocultado datos esenciales para la información ciudadana.

De este modo, ese aire fresco que brotaba tras las elecciones, ha sido sepultado por 4 capas de merengue monárquico y 8 de betún y estiércol. Ya no ha faltado como símbolo la censura de la portada de la revista satírica El Jueves, y la dimisión del bloque principal de sus dibujantes, de lo que no dicen ni palabra la mayor parte de los medios oficiales. Lo que se dice una prensa libre y crítica, vamos.

¿Y qué hacemos? Cada día es un compañero periodista de los que más valoro –a otros realmente los desprecio- quien muestra su preocupación, su dolor incluso, su asco, por lo que nos está sucediendo. Hoy, sobresale, Isaac Rosa, en su “Los primeros trofeos de Felipe VI”. Así empieza, debéis leerlo entero:

“Pensábamos que la abdicación era inoportuna y precipitada, y que dañaría la institución. Pero la sensación tras solo cinco días es que la onda expansiva se está llevando por delante a otros, no a la corona, que más bien se ha venido arriba.

No sé si son daños colaterales, o buena puntería, pero quizás el rey Felipe VI tenga que ampliar el pabellón de caza nada más llegar a palacio, para que le quepan los trofeos y cabezas que ya está cobrándose casi sin mover un dedo. Y si no, veamos algunos efectos inmediatos de la operación sucesoria.

Para empezar, la maniobra ha desbaratado la agenda política: nos ha cambiado el paso, pues ya no estamos debatiendo en el mismo punto que estábamos el pasado domingo, tras las europeas. El régimen ha recuperado la iniciativa, pues ahora es dueño del calendario, marca los tiempos y los próximos pasos, y nosotros vamos a remolque. Estábamos pidiendo un proceso constituyente desde abajo, y veremos si al final no nos acaban dando proceso constituyente, pero desde arriba.

La abdicación ha supuesto también un cierre de filas mediático y político. En cuanto a lo primero, los grandes medios rivalizan en quién dobla más el espinazo. Desaparecen de la cobertura informativa las muchas sombras del reinado de Juan Carlos, se esconde el debate sobre la forma de Estado, se cargan las tintas más ridículas en la promoción del nuevo rey y señora, y se genera un estado de ánimo colectivo de fuerte carga emotiva, que prepara el terreno para que volvamos a gritarle “¡guapo!” al nuevo rey cuando lo veamos pasar.

Mal empezamos el nuevo reinado. No aprendemos la lección: después de que décadas de blindaje, censura y adulación hacia el rey dejasen como resultado un rey (y familia) que se sentía impune porque se sabía a salvo del ojo público, los primeros pasos del nuevo rey van acompañados del mismo blindaje, censura y adulación”.

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Ya se ve gente “comprando” el discurso remozado de reyes y princesitas. Se ven incluso impelidos a hacer proselitismo. Todo va bien en el peor de los mundos.

Solo espero que cuando se acabe el pastel de la entronización que no probarán, contemplen su realidad y evalúen la complicidad de algunos políticos y la prensa corrupta. Y sientan un poco de clemencia por su dignidad.

Cautivos y desarmados: la comisaria Malmström se encarga del descabello

Hoy me he despertado escuchando cómo la  Comisaria Europea Cecilia Malmström se comía con patatas sus durísimas críticas a las concertinas y procedimientos que España mantiene en Ceuta y Melilla. Más aún, Malmström ha venido para entregar al gobierno que preside Mariano Rajoy una ayudita de 10 millones de euros “para que haga frente a la presión migratoria”.  Ha sido revelador, un golpe seco, el resorte final para entender el momento que vivimos. Podía haber sido otro, sí,  ha sido éste.

La sueca Cecilia Malmström montó en cólera al conocer las circunstancias que rodearon la muerte de 15 personas en Ceuta el 6 de Febrero (y que aún sigue impune incluso políticamente). “No se les apuntó directamente, pero ello creó tal pánico que 15 personas se ahogaron. Esto es, por supuesto, totalmente inaceptable“, declaró en concreto a la radio pública de su país Sveriges Radio. Se manifestó indignada por el uso de pelotas de goma. Y añadió: “Si ha habido una vulneración de la legislación europea -de lo que hay signos- deberemos adoptar las medidas normales. Podría ser un procedimiento judicial contra España”. Ya había expresado una contundente crítica, en diciembre de 2013, al uso de las concertinas. Se había declarado, en suma, opuesta a los procedimientos que se gasta el ministerio de interior español.

Nuestro piadoso ministro se mostró muy molesto con la comisaria. Y fue a verla. Y, oiga, mano de santo. Le conocemos, es un hombre de sólidos argumentos, pura razón.

Ahora Malmström dice que esto es cosa de cada país, que cada uno utiliza la política migratoria que le parece. Venga, hermosa, esta ronda de heridas va por tu cuenta y la de la UE.

Si esta señora se traga sus propias palabras que revelaban un aparentemente profundo sentido democrático, cabe preguntarse el tamaño, alcance y estructura del tinglado que tienen montado. En Europa y en España. Acaba de ser revalidado en las urnas, aunque con menos apoyos. Un disciplinado ejército político y mediático actúa de cómplice marcando el camino. ¿Podemos cambiarlo? Ya no lo sé. Habría que moverse masivamente de una vez. Y sobre todo dejar de secundar mirando, oyendo y leyendo a quienes engañan a toda la población. Intentar abrir los ojos a otros. Pero igual ni merece la pena. Podemos. No podían tolerar el despertar de un sector de la sociedad y tienen unos cuantos resortes para adormecer y tapar.

El día ha arrojado después los habituales atropellos servidos con infinita desfachatez. Y el personal anda a lo suyo.

Escribía anoche mi querido amigo Javier Pérez de Albéniz en su Descodificador esto:

“El Rey Juan Carlos abdicó el lunes para, según la portada del diario progresista El País, “impulsar las reformas que pide el país”. Solo un día después la cifra de parados bajaba 111.916 personas, la mayor caída en un mes de mayo. Letra pequeña: el 92% de los nuevos contratos es temporal. En la Cadena SER, la periodista tertuliana asegura que “vivimos en un estado de excepcionalidad”Felipe Gonzálezhabla en esa radio de sí mismo, y de lo gran amigo que es de su majestad. En Antena 3 Rodríguez Ibarra dice que la República no solucionaría el problema del paro. En ABCrecuperan el momento en que Juan Carlos I fue bautizado por Pío XII. El socialista obrero Rubalcaba dice que “el Rey garantiza la integridad de España”. EnTelecinco aseguran que el príncipe es “impecable” y que a Juan Carlos deberemos seguir llamándole “majestad”. En “Las mañanas de Buruaga” (COPE) afirman que “el príncipe estará muy cerca de los que sufren, de los pobres y marginados”“Es capaz, lo va a hacer bien”, asegura Zapatero en La Sexta.“Tras el gesto de generosidad del rey  lo que toca es cumplir las previsiones”, pide Carmen Enríquez, periodista especializada en Casa Real“El pueblo español es monárquico”, dice Mariano Rajoy el día siguiente a la real abdicación. “En la calle se ve que hay más alegría”, insiste Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno”.

¿Qué hacemos? Javier expresa lo que algunos sentimos con tal pasión y precisión que le dejo a él decirlo:

“En ocasiones tengo la sensación de vivir en otro planeta, en otra galaxia, en aquel mundo raro de Alejandro Fernández. Un lugar donde, recuerde, no saben llorar, no entienden de amor y nunca han amado. Un mundo raro en el que soy un extraterrestre, un ciudadano de segunda, marginal, extravagante, radical, asocial. Veo una realidad distinta a la que me cuentan los grandes medios de comunicación. Tengo la sensación de que políticos, periódicos, radios y televisiones me hacen luz de gas, de que quieren convencerme de que vivo en una España diferente a la que siento cada día. En la calle, en el bar, en el colegio, en el mercado, en la librería, en la cena con los colegas… No veo alegría. Veo desencanto. No creo ni en Juan Carlos, ni en Felipe, ni en Mariano, ni en Alfredo. No siento que pertenezcan a mi especie, que estén al lado de mi gente, que luchen por un mundo mejor.

Luz de gas. Según Javier Marías, “Persuadir a una persona de que su percepción de la realidad, de los hechos y de las relaciones personales está equivocada y es engañosa para ella misma”. Siento que la clase política y los grandes medios de comunicación pretenden alterar mi percepción de la realidad, de los hechos. Niegan lo que veo con mis propios ojos, tergiversan lo que escucho, deforman lo que siento. Intentan persuadirme de que nada debe cambiar, de que el continuismo garantiza la paz, de que veo enemigos inexistentes, de que los fantasmas del pasado se han ido. Siento su fuerza, la de la desinformación.

En estos momentos tan… excepcionales, no puedo dudar de mis sentidos, de mi capacidad para razonar, de mis actos. Por mi salud mental tengo que prescindir de unas fuentes evidentemente contaminadas. Tengo que mantener el criterio, la capacidad de análisis, la lucidez. Tengo que apagar la tele, tirar la radio y dejar de comprar el periódico. Su mundo no es de este mundo”.

 

El problema es que faltan muchas abdicaciones

 Todo cuanto nace es fluido, dúctil, al principio pero luego se torna en rígido. Como ejemplo más gráfico, el cuerpo humano que se va anquilosando con los años. Hay que tener muy regado por el uso el cerebro para que no le ocurra también. No todas las personas lo consiguen. José Luis Sampedro lo logró, sin duda. Y no es el único, evidentemente. Por lo general, la vejez pierde elasticidad además de en el físico, en su mente, en el encaje de las situaciones, en el esbozo y resolución de proyectos. A ello, ha apelado el Rey Juan Carlos para abdicar en su hijo Felipe al justificarlo así: “Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando y a afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana”.

 La vejez. La más convencional, se impresiona, se aferra a lo que le presta seguridad, se repite a veces hasta la extenuación del contrario. Apenas han transcurrido unas horas desde el adiós del Rey a su cargo y ya estamos anestesiados de tanta historia repetida, tanta loa oficial sin fisuras, tanto debate en buena parte estéril porque se huye del que tiene trascendencia. Ganan por abultado tanteo a la información sobre asuntos cruciales que, sin duda, se precisa conocer ante un hecho histórico de estas características. Y luego vendrá el turno de su sucesor, con los mismos pasos. Es como la vida diaria de un anciano sin horizontes que se levanta, desayuna; si no le duele mucho alguna parte del cuerpo, sale a dar un paseo, y se compra la comida. Y charla con quien sea. Y repite, repite y repite, clavando mil batallitas. Para luego acostarse soñando que se despertará vivo y podrá ejercer las mismas rutinas. A ese esquema reduce sus proyectos. Una vejez que –con matices- se produce casi a cualquier edad porque hay ancianos de 40, 30 y hasta 20 años.

 El problema no es en este caso la edad provecta de las personas porque nadie es insustituible, la cosa se complica cuando el anciano decrépito es un país, una sociedad. No pueden abdicar en busca de soluciones. Nos encontramos en un periodo ampliamente descrito en la decadencia de las civilizaciones. Y es de manual. En las sociedades estratificadas, anquilosadas, hieráticas, no se mueve nada, no surgen proyectos ilusionantes. Quienes desempeñan algún tipo de poder dedican su esfuerzo a que todo siga igual. A levantarse, comer como esté establecido, dar un paseo por los canales encauzados, o distraer la espera con lo que no comprometa, con lo que aburra -al punto de desconectar- a la tercera repetición. Huyendo de estímulos para huir de riesgos.

 …O para mercarse leyes constitucionales de gran trascendencia sin consenso y por simple mayoría. O lo que es lo mismo, para dejar todo atado y que ese pueblo, al que consideran inmaduro y necesitado de instrucciones para decidir lo que quiere querer, no se desmande, no se aleje de sus planes.

 A estas alturas del periodo “abdicacional” ya no recordamos  con precisión que la familia real está inmersa en un proceso por corrupción contra Iñaki Urdangarín y la Infanta Cristina. Y que ello ha pesado notablemente en la decisión de Juan Carlos. No se trata tanto de vejez, ni de cambio generacional, sino de salvar los muebles que se pueda. Y de hacer la mudanza cuando la mayoría parlamentaria ofrece un servicio al gusto del consumidor, no vaya a ser que luego algo se estropee. Y las recientes noticias electorales no pintaban demasiado bien.

 La sociedad española en cambio sí se encuentra constreñida por tantas estructuras podridas que le atenazan. Acaba de dar muestras -precisamente, qué coincidencia- de una pujante vitalidad en algunos huecos del sistema pero se aprestan a enfundarle un traje. De nueva hechura, naturalmente. Hay que cuidar cómo lo emplea no vaya a ser que le apriete y termine por perder facultades ante la carencia de oxígeno.

  El Rey Juan Carlos se va pero se queda una forma de hacer política de antiguo régimen, agudizada por la involución impuesta por el actual gobierno. Algunos partidos, judicatura, iglesia, sindicatos, empresarios, periodismo, son sectores que presentan serias averías. Y ya el colmo es poner la televisión o la radio y ver aparecer a apolillados pontificadores que intentan formatear a la sociedad con sus criterios trasnochados. Todos ellos sí que precisan un cambio generacional, o con más propiedad, neuronal, de actitud ante la vida, no privativa de la juventud del calendario. Poco arreglaremos si no “abdican” también.

 Y así estamos. O nos libramos de los corsés, respiramos y hacemos acopio de savia nueva o vamos al asilo de países a esperar el final. En este Centro de Mayores de Madrid, los hombres juegan interminablemente a las cartas. Tras una puerta, las mujeres sentadas en idénticas mesas conversan o distribuyen monólogos. Ésa es su esperanza de vida. La nuestra se debate entre ese tipo de futuro o rejuvenecer. Un jefe de Estado por ser hijo de otro muy innovador no parece.

Centro de Mayores Comunidad de Madrid

Centro de Mayores Comunidad de Madrid

*Publicado en eldiario.es

El adiós del rey, ese soplo de aire fresco

2014-06-02 13.07.05

Se le conocía como “el breve” y se va por su voluntad tras 39 años de reinado, a los 76. Toda una vida para generaciones de españoles. Hasta hace apenas una década Juan Carlos de Borbón y toda la familia real vivían en una cápsula informativa a salvo de toda intromisión. “Lo institucional” era preservarlos, callarse. Costaba trabajo introducir dudas o la más leve crítica en los reportajes que hacíamos, por ejemplo, en Televisión española. A lo sumo deslizar la sonrisa cómplice de Santiago Carrillo al hablar de sus amoríos, silenciados como todo cuanto le concernía. La enrevesada trayectoria familiar que le llevó al trono. La mención a que llegó con un par de agujeros en los bolsillos y luego se hizo con un buen vivir. Era general, ningún medio publicaba nada en contra de los Borbones españoles. Los medios internacionales resaltaban durante décadas –y eso es cierto- el carácter moderno y estable de la monarquía española ¡quién nos lo iba a decir! Fue abrir la puerta y entró un vendaval.

Ocurrió quizás a partir del “cese temporal de la convivencia” de su hija mayor, la infanta Elena, con su marido. Poco a poco, se empezó a abrir la veda. Luego todo fue en cascada al punto de que el rey evidenciara explícitamente su disgusto en varias ocasiones. Su fortuna, su azarosa vida sentimental, su al menos poco claro papel en el golpe de Estado del 23F de cuyas rentas, en cambio, ha vivido tantos  años.

Luego va y le sale un yerno bien turbio y su mujercita, la infanta, del palo de las que –nos dicen en un insulto- no se enteran. Y el pobre oso ruso al que –según cuentan– emborracharon para que llevara mejor el trance de su caza y pase a la vida nula. El elefante de Botsuana. Y la rubia vividora con título marital. Y los huesos que ya no aguantan tanto trajín. Y el “lo siento mucho, no lo volveré a hacer”. Y la reina con alma en pena y cara de poker. Y Felipe tranquilo y como ausente. Y Letizia cada vez más inquieta. Un vodevil. Y no para un Oscar.

Tarda, pero la verdad es que abrir la puerta a la información, a la verdad, termina por dar frutos. Este país y esta sociedad se derrumban en su entramado oficial, ya no queda nada limpio. La abdicación del rey, de la cabeza del Estado ahogada en sombras, no puede ser sino el principio de una renovación total. Lo ha comunicado el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el presidente de un partido al que la justicia encuentra cajas sucias y las hemerotecas flagrantes falsedades. Está de acuerdo el líder de la oposición mayoritaria, Alfredo Rubalbaca, que se va con su hálito de polilla bien patente. Gracias por este ¿último? servicio.

Es hora de cambiar la política siguiendo la estela de lo que ha evidenciado desear la gente ya de forma explícita porque ya no aguanta más recortes, ni más mentiras, ni más naftalina, ni más caspa. Hora de que nuestros representantes obren por el bien de la sociedad, su presente y su futuro tan incierto. Hora, sin duda, de regenerar la justicia comenzando por todas las trabas en las ruedas que le ha puesto el PP. Hora de reedificar tanto como se ha destruido en nuestro tejido social. El momento también de que el periodismo podrido deje sitio a la información veraz.

Santiago Carrillo me dijo en uno de los reportajes sobre el rey que Juan Carlos se hacía el tonto deliberadamente para mantenerse durante su etapa de príncipe. Para lidiar con la cueva de fieras del franquismo. Un superviviente. Que sabe cuándo ha de irse. Quizás con un cierto retraso. Le imaginamos consciente de que su hijo Felipe no lo va a tener fácil. Una vez que el aire entra con fuerza es complicado cerrar las ventanas y se abre paso la idea de la República. Se pide, al menos, un referéndum que el inmovilismo conservador del gobierno se negará a convocar y que puede querer evitar también la tan prudente oposición socialista. Veremos cómo se desarrolla todo.

De momento, una brisa fresca, saludable y constante nos roza la cara, preludio podría ser de vientos de cambio y progreso. Mantengámonos en alerta y firmes para que la vieja jaula española se oxide en un rincón sin darnos nunca más nuevos sobresaltos.

Mossos encapuchan a manifestantes y les fotografían

Parecía inverosímil, pero se ha confirmado. La policía catalana ha deparado un trato insólito (en un país democrático) a un numeroso grupo de manifestantes por el caso del desalojo y derribo de Can Vies.

El sábado por la noche encapsuló, encerró, a más de doscientas personas en la Gran Vía de Barcelona durante más de tres horas, y luego les obligó a cubrirse con capuchas y otras ropas para fotografiarles (que además los agentes elegían al azar). Ved.

El País nos cuenta la crítica de algunos juristas a esta actuación de los Mossos, aunque -en división de opiniones- otros la ven bien. Dado el estado en el que ha dejado el PP a la justicia en España ya veremos en qué queda todo esto.

Recordemos la consideración que para el Ministerio del Interior español reciben las prendas que sirven para cubrirse. A preguntas de diputados socialistas sobre un anuncio, el departamento que dirige Jorge Fernández Díez respondió que “los pasamontañas son prendas que se identifican con actividades delictivas“. A este nivel estamos viviendo en España, sí.  Esto explicaría que los Mossos quisieran hacerse con “pruebas” de la malignidad de los manifestantes.

Alguien tiene que dar explicaciones de esto y adoptar alguna medida.

(Ved entrada anterior de esta misma mañana y que algo explica de las cosas que nos pasan en este país).

 

Los intolerables niveles de suciedad de especímenes políticos

Junto a dos millones de espectadores que dieron al programa de los sábados noche de La Sexta un histórico récord del 15,2%, asistí a su desarrollo por primera vez en mucho tiempo. Soy contraria a esos presuntos debates que no tratan de clarificar sino de montar espectáculo para vender. Pero esta vez, sí dejó las cosas claras: hasta qué punto se puede ser miserable por un puñado de votos… o de audiencia.

Trasciende el “entretenimiento” televisivo, para situarse en las entrañas de este país y de esa “casta” política que tanto se ofende por ser así calificada.

Aún no doy crédito a que un tal Antonio Miguel Carmona, asiduo a las tertulias por parte del PSOE, utilizara nada menos que al gran Ernest Lluch -asesinado por ETA- para tender una trampa a Pablo Iglesias, el líder de Podemos. No doy crédito tampoco a que, a estas horas, ese sujeto no haya sido desautorizado por el partido aunque esté sumido en su catarsis. Y tampoco a que una buena parte de miembros del PSOE justifiquen en las redes la deplorable actitud de Carmona y la difundan, orgullos, con el epígrafe “Brutal lección de Antonio Miguel Carmona a Pablo Iglesias”, en donde -por si faltara poco- cortaban la respuesta de Iglesias-. Esta es la versión íntegra.

Eduardo Inda, alto cargo de El Mundo, también hizo lo suyo para ponerse a la altura del betún. Él acude como periodista, en realidad está vendiendo una opción política. Y manipula que es un primor. Así lo vio Javier Pérez de Albéniz, el descodificador:

“Inda acusa a Iglesias de jugar con el dolor de las víctimas del terrorismo por sentarse en una conferencia “con dos etarras”. El mundo al revés. Un periodista del periódico que durante años ha utilizado los atentados del 11-M de manera miserable, no sólo se atreve a hablar del dolor de las víctimas, sino que muestra una agresividad brutal con el líder de Podemos. Seguramente tiene razón Le Monde cuando dice que “El éxito de Podemos en España suscita el resentimiento del resto de partidos”. Yo añadiría que también el de unos medios de comunicación que, tan incapaces y corruptos como los grandes partidos, le ven como un enemigo”.

Entretanto en algún lugar de España, Benicio Alonso, miembro del PP tinerfeño analiza con esta profundidad y altura la crisis del PSOE: la clave está en “el cojito de ETA”.

Yo la basura la tengo en la cocina, guardada en un cubo. Voy a procurar no volver a desparramarla por el salón donde está el televisor y a veces el ordenador.

 

 

 

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