La permuta inevitable: Valencia por Dinamarca, Madrid por Suecia

Ahora que estamos viendo cómo hasta a Suecia ha llegado la peste neoliberal con sus consecuencias, traigo este relato que escribí hace varios años, para que comprobemos que todo es susceptible de empeorar.  Lo de España apuntaba fuertes síntomas que se han cumplido… con creces. Para Suecia no esperábamos esta degradación. Se repondrán. Hay allí una sólida base cívica. Y desde luego siempre existen soluciones imaginativas. Tanto como esta permuta que yo proponía. O cualquier otra. 

Cuando la crisis económica resquebrajó a los países más débiles, cuando la administración de justicia se colapsó en España por los juicios de corrupción, hubo que tomar decisiones drásticas e imaginativas. La primera llegó al extremo de aprobar en el Parlamento –debatiendo una masiva iniciativa legislativa popular-, que el gobierno elevó a ley, la permuta de Valencia por Dinamarca y de Madrid por Suecia. Se trataba de una experiencia piloto a extender a otras comunidades, a todo el país en realidad, atacando de entrada lo más urgente. Como es lógico, los territorios no se trasladaron por barco, piedra a piedra, campo de golf a campo de golf, gota a gota, el cambió se limitó a la población de todas las demarcaciones implicadas. Intensas labores diplomáticas lograron convencer a los nórdicos para que cambiasen su residencia. Se alegó su condición de temporal, y aceptaron para disfrutar una temporada del cálido sol del Sur de Europa. Se lo plantearon casi como unas vacaciones.

A pesar de sus ardorosas protestas, los implicados se vieron conminados a la mudanza. Aunque, lógicamente- les fueron explicadas las circunstancias, positivas y negativas, por las que se verían afectados. Era un trabajo muy serio, esencialmente necesario. Y fueron estudiados algunos casos para que pudieran permanecer en sus comunidades. Se habían establecido unos cupos por los cuales parte de los residentes habituales no cambiaran de domicilio y actuarán de guía de los recién llegados: compartirían experiencias y harían más fácil el tránsito. En minoría, naturalmente. Alguien planteó cuántas manzanas podridas terminan por arruinar un cesto. La experiencia dice que basta con una. Pero, dado lo acuciante de la situación, se confió en la suerte.

Gran parte de los valencianos se fueron a regañadientes a su nuevo destino, básicamente los que habían sustentado el sistema que hizo tomar al resto de los españoles la decisión de trasladarles, siquiera fuera por su bien, a modo de terapia y por una temporada de duración a evaluar. Otros lo aceptaron de buen grado, comprendiendo la bondad de la iniciativa y con un halo de esperanza. Y hubo un decisivo sector de entusiastas de la idea que se ofrecieron a llevar maletas, ayudar a los ancianos a subir a los transportes, dar de comer a los bebés, cambiarles los pañales, y a cuanta ayuda se les pidiera.

Casi cinco millones de valencianos, en consecuencia, llegaron por tierra, mar y aire –que de todas formas se accede- a Dinamarca. Encontraron fácil alojamiento para todos, dado que los oriundos del lugar eran prácticamente los mismos en número. La primera grata sorpresa –además de unas campiñas verdes y floridas- fue que disponían de casi el doble del territorio, 43.000 Kms2 cuadrados, frente a sus 23.000 y que, por tanto, iban a vivir mucho más holgados. Les tranquilizó también ver que compartían un pasado histórico de solera y que les bañaba el mar, como a ellos durante su vida anterior. Claro que allí se toparon con el Mar del Norte y el Báltico de temperaturas gélidas, y era poner el pie y congelarlo. Pero los lugareños les comentaron que el frío curte –no sé si está probado- y respiraron más tranquilos. Un gozo fue descubrir que contaban con más de 400 islas, la mayor parte despobladas. Es decir, inmensos terrenos para construir y especular, ahora que el litoral valenciano se había saturado de ladrillo. Avisados, los daneses residentes advirtieron severamente que de torre por aquí, rascacielos por allá, urbanizaciones y urbanizaciones, nada: habrían de acostumbrarse, a residir en un paisaje armónico, con un urbanismo elegante y bien diseñado. Muchos valencianos callaron antes de confesar que no sabían de qué les estaban hablando.

-¿Urbanismo elegante y bien diseñado? ¿Tú sabes qué es eso?- preguntó uno a otro compañero.

-Manías europeas, ya les cambiaremos.

Lo cierto fue que más pronto que tarde comenzaron a agradecer la armonía que les rodeaba, llegando incluso a atemperar algunos comportamientos. Complacencia superlativa representó encontrase con sueldos medios de 3.250 euros, los más alto de la UE y con pocas diferencias sociales.

-Oye, que voy 7 horas a trabajar 5 días y me llevo el triple que en Valencia, esto sí está bien.

-Los precios son algo más caros- opuso uno.

-Ya, pero apenas, diría que un 10% más. Pero con estos dinerales que ganamos ¿qué importa?- rebatió el más animado.

-¿Y los impuestos? ¿Qué me dices de los impuestos? Hasta el 50%, el 60% he oído que pagan. Espero que ya no estemos aquí cuando lleguen las declaraciones de la renta.

-Calla, calla, que eso solo es para los millonarios, para los que en España pagan como máximo el 45% y después de la subida, que antes aún era menos.

-Vale ¿y aquí te dan gratis las gafas y las consultas del dentista con extracciones y todo? Escuché que en algunos países de Europa sí- se animó el segundo.

-No sé, chico, ya nos enteraremos. Pero sé que aquí el Estado gasta en los ciudadanos el 30% del PIB, mientras España sigue estando a la cola de Europa con un 21%. En algo se tiene que notar la diferencia.

-Te envidio ¡cómo has estudiado los pormenores! Te vas a adaptar muy bien.

En definitiva, los valencianos admitieron que, en el aspecto económico, el trueque les era rentable.

En Dinamarca no había paella, como mucho servían arroz hervido, y como lujo con verduras. Aunque tenían unos langostinos aceptables, servidos ¡horror! en pan y con mantequilla. Pero ¡coño! no entendían el español. Todos hablaban inglés, en cambio. Y allá se fueron los valencianos a las escuelas de idiomas que debían multiplicar aulas, profesores y horarios para enseñar la lengua. Algún conflicto laboral hubo por ello en los centros, pero se explicó a los profesores la extrema necesidad de la medida y, solidarios, se aplicaron a la labor. Los valencianos pudieron presumir de que poseían una educación bilingüe desde niños y sabían que ayuda al aprendizaje de idiomas. Dominarían el inglés antes, mucho antes que los madrileños.

-Por esto de que mis hijos estudien “Educación para la ciudadanía” y en castellano que se la dan, ¡no paso!, por ahí si que no- clamó uno de los más recalcitrantes.

-Oye, que aquí no protesta por ello ningún partido, ni las iglesias ni nadie. Igual es por algo- le replicaron.

Convinieron los valencianos que trabajar de 9 a 4 resultaba muy cómodo, disponían de casi toda la tarde libre. Volvieron a conocer a su familia, renacieron muchas parejas. Podían ir también a exposiciones y conciertos. Tras la cena.

-Esto de cenar tan pronto no puedo, la verdad. Pero ¡qué vas a hacer si a las 12 de la mañana te tienes que contentar con un bocadillito! No sabe vivir esta gente. ¡Ay!, donde estén nuestras comidas de 3 horas, con aperitivos, dos platos, postre, café y pacharán.

Pronto descubrieron también que Dinamarca es el segundo país más pacífico del mundo, el primero a veces. Y que su capital, Copenhague, está considerada como la mejor ciudad para vivir, en algunas clasificaciones y que fue declarada “Ciudad cultural mundial”, la tercera, tras Londres y París.

-¿Y eso por qué es?

-Valoran su vida cultural, posibilidades de transporte, su grado de delincuencia (que apenas tienen como has visto), la arquitectura, los bienes públicos y el diseño.

-Mira, todo eso está muy bien. A mí me está gustando este lugar. Y que tienen tiendas por todos los lados igual que en España. Y esos lugares tan turísticos donde vamos todos juntos.

-Caras, muy caras, recuerda- apostillaban siempre los más negativos.

-Y el Tívoli ¡qué cosa más bonita!

-Total, un parque de atracciones, es mucho más moderno nuestra Terra Mítica. Y, francamente, tanta bulla con la sirenita y es una miniatura.

-Eso, sí, pero ¿y el río? Esas terrazas tan acogedoras. Y mira, mi chica, que no encontraba trabajo en España, ha entrado de camarera en una de esas terrazas, y ¡no te lo vas a creer! se lleva 2.300 euros al mes, más propinas, por jornadas de 37 horas semanales.

-Sí, todo eso está muy bien. Pero ¿y el clima?

Los valencianos habían arribado a Dinamarca en verano y disfrutaron de unas temperaturas deliciosas, templadas, nulos agobios y sofocos, ni calores húmedos ni nada que se le parezca, pero, llegado el invierno, desde luego, se pelaron de frío.  ¡Y el sol! nada de la maravillosa luz Mediterránea. En los meses crudos ni lo veían, y en verano no se escondía en todo el día el muy ladino.

-Pero eso con unas buenas persianas, puede paliarse- objetaban los más integrados.

Con todo, lo más positivo, lo que debió inclinar a una mayoría social española a promover la ley, se centraba en la calificación de Dinamarca, alternando con Suecia, como el país menos corrupto del mundo, según numerosos estudios y estadísticas. Y que la sociedad tiene arraigados una serie de valores democráticos que defienden a ultranza: la igualdad, la libertad de expresión y los derechos humanos, el respeto a las personas –a los animales incluso-, la solidaridad y la responsabilidad hacia la comunidad, tanto en la vida social como en la familiar. Todo eso les habían dicho al despedirles en aeropuertos, puertos y carreteras.

-Como si en Valencia, en España, no tuviéramos esa conciencia ciudadana, ese rechazo a la corrupción- se quejaban muy ofendidos algunos valencianos.

-No, lo habéis interpretado mal, no es un insulto. Lo único que ocurre es que aquí  es norma de vida profundamente interiorizada por la sociedad- le explicó a un grupo un taxista de Copenhague.

Los madrileños vivieron similares experiencias al llegar a Suecia.

Prácticamente los mismos valores y circunstancias –algo más de gasto social incluso- compartía su nuevo hogar con Dinamarca. Algunos lloraron mucho los primeros días añorando el casticismo, los atascos, los toros, pero otros viajaron a Estocolmo, Lund, Malmö o donde les tocara, francamente contentos y esperanzados. Estos sabían que Madrid tenía remedio, que tan solo había que pulir algunos matices. Y también se aprestaron, como algún sector de los valencianos, en proporcionar cuanto apoyo fuese preciso para la consecución de la tarea. Se habían sentido ¡tan impotentes! Tan hartos ¡tan inmensamente hartos!

En el caso de los madrileños la sensación de amplitud y deshago aún fue mayor. Casi seis millones de ciudadanos disponían de cerca de 500.000 Km² de territorio. Los dirigentes políticos abrieron los ojos con tal desmesura que a punto estuvieron de perder las córneas precipitadas al suelo por la ardiente codicia. Su felicidad no tenía límites al contemplar –no llegaron a perder sus globos oculares- las posibilidades de inversión privada y pública que ofrecía tan inmenso terreno. Ahora bien, al igual que los políticos valencianos, se vieron obligados a vivir con mucha más austeridad y, especialmente, con mayor control, incluso ciudadano. Cualquiera tenía acceso a sus declaraciones de impuestos. Y sus derroches o enriquecimientos súbitos, comenzaron a importar a la sociedad.

Los nuevos madrileños-suecos se encontraron con los mismos gélidos mares que sus nuevos vecinos valencianos-daneses, pero los recibieron mucho mejor:

-Playa al fin y al cabo, lo único que le falta a Madrid para ser maravillosa- saludaron alborozados los más positivos.

Una comisión sueca rebajó su optimismo al advertidles:

-Aquí tendréis que hacer un esfuerzo por mantener las calles limpias, asfaltadas y con las señales de tráfico bien pintadas. Y disponer y rotular en condiciones todas las vías. Cuando vengan las visitas no queremos presentar las ciudades como tenéis vosotros la capital de España.

Se les pusieron también serias cortapisas a los proyectos de desmanes urbanísticos, y a horadar las ciudades con túneles. Les advirtieron que entre sus prioridades no se encontraba trasladarse a gran velocidad por sus calles y carreteras. Y eso cuando ya alguien de la alcaldía de Madrid miraba con auténtica avidez esas vías de medio pelo con tantas posibilidades de obra.

En compensación, descubrieron que Suecia había hecho una altísima inversión en innovación y tecnología, tanto en el sector privado como público, y que poseía una auténtica pasión por el cuidado del medio ambiente. Abría de igual modo posibilidades de negocio, y algo más aceptados por la progresía protestota española.

Aseguraron, más adelante ante otro de los retos, que en Madrid, en la capital y en toda la comunidad, ya estaban acostumbrados a acoger con cariño y respeto a los emigrantes –salvo excepciones-, cuando les contaron que aquello era norma en su país de acogida. Les explicaron que ellos convivían con la emigración sin problemas –excepto salvedades crecientes-  desde los años 70.

-Aquí recibimos a buena parte de los arrojados por las dictaduras latinoamericanas, en aquella época- se les comentó- De hecho, de ahí nace el interés tiene por el idioma español que se estudia incluso en las Universidades.

La obligatoriedad de aprender inglés, por tanto, para relacionarse en toda la zona, con noruegos, fineses, holandeses, también, y con los suecos que permanecieran en su país como guías, se mantenía, pero los madrileños se lo podían tomar con algo más de calma, dado que el español también les funcionaría en algunos casos.

Los dirigentes madrileños se preocuparon cuando vieron que en Suecia prima la educación pública, les produjo una gran inquietud. Más de un temblor sacudió a las más altas instancias. No sabían cómo afrontarlo. Quizás imbuyendo a Suecia de su pasión por las gestiones privadas, argumentándolo tan bien como hacían en España, al punto que fuera igualmente aceptado sin rechazo. Pero ese aspecto pronto pareció subsanable. El cambio de mentalidad ayudaría a solventar el problema en pocos meses.

En cuanto a los suecos trasladados a Madrid, el mayor inconveniente residía en que, eran casi 9 millones –menos los que se quedaron de instructores- y dos millones y medio más de la población habitual de la comunidad iban a notarse mucho. Tuvieron que instalarse en un territorio mucho más pequeño que el suyo. Y lo hicieron. Se veía algunos tan apretados que apenas podían ya “hacerse los suecos”. Pero son gente austera y sufrida, que usan muebles de IKEA y que viajan mucho con lo que una parte estaría siempre ausente.

Con sueldos similares a los daneses, los suecos daban auténticos saltos de alegría por poder disfrutar –sin descabalar sus cuentas corrientes- de las tapas, las cañas, y los chupitos. De los calamares fritos y la paella. Del flamenco y el trasnoche. De los monumentos y museos que acreditan a Madrid. De los parques y paseos. Los suecos vinieron de muy buen grado a la capital de España. Lo mismo que los daneses a Valencia, poblando las playas todo el día y haciendo un uso exhaustivo de los chiringuitos. Echaban en falta, eso sí, los programas informativos y culturales de sus televisiones. Pero encontraron los mismos concursos y bazofias que empezaban a inundar también sus propias programaciones. Jamás llegaron a entender, sin embargo, aquella basura –así la calificaban- conocida como “prensa rosa”.  Se abstuvieron de mirarla y, en consecuencia, bajó a tal punto la audiencia y la recaudación, que terminó por quedar en un apartado residual.

A los malintencionados que pensaron -con la llegada de valencianos y madrileños a Escandinavia- en grandes bloques de ladrillo y especulación, supresión de las leyes y los servicios sociales de sus países de acogida, destrozos irreparables de las administraciones públicas, malversaciones, chanchullos, amiguismo, pérdidas lamentables de tiempo, chapuzas, enredos y jaranas, el tiempo –poco tiempo- les quitó la razón.

Con un puente entre Dinamarca y Suecia, que en 15 minutos te sitúa en el otro país, valencianos y madrileños compartían apasionadamente las nuevas experiencias.

-Nosotros ya respetamos el tráfico y nos desplazamos por lo general en bicicleta que es muy sano. Y más barato.

-Pues nosotros ya no “ayudamos” a la mujer en casa el día que nos parece. Hemos entendido que los hijos y las tareas del hogar son responsabilidad de toda la familia. Casi a partes casi iguales.

En menos de un año, los españoles regresaron hablando en tono mesurado, pidiendo las cosas por favor y dando las gracias, ni uno solo le decía al camarero: “Oye, pónme unos vinos”, sino “por favor, podría servirme unos vinos. Gracias”. Pensaban en los demás, todos, hasta los dirigentes que no insultaban, ni calumniaban, ni gritaban a sus adversarios políticos. Todo el país se contagió del nuevo talante de tan grandes y decisivas comunidades. Cambió la sociedad, la televisión, el periodismo, el gusto por la cultura. Nunca más se apoyó la corrupción pública.

¿Cómo era posible? Se descubrió que el aire o el agua nórdicos eran los que formaban los criterios y que una vez adquiridos ya no desaparecen. En realidad, no podía ser otra cosa.

Por eso, los nórdicos tampoco cambiaron en España. Ganaron, eso sí, en espontaneidad. Aprendieron, también, el gran arte de la improvisación y a relajar la obsesión por la responsabilidad y el trabajo bien hecho.  Los escandinavos –sobre todo los suecos, algo más parcos en gastos aún que los daneses-, y asimilaron hasta ponerlo en práctica, en efecto, el disfrute de algunos placeres de la vida a los que parecían renunciar –y sin endeudarse (jamás) como nosotros-. Ambas partes, se instruyeron la una a la otra para obtener una media aceptable. Ni racanería, ni derroche.

Por si acaso y para prevenir recaídas, como vacuna de recuerdo, hay siempre disponible en las tiendas españolas agua nórdica embotellada y aire comprimido escandinavo en preciosos –y muy baratos- frascos herméticos de IKEA.

*Hablando de literatura. Esta semana inicio algunas presentaciones de mi libro. Os iré avisando. La primera en Zaragoza.

Invitación Salmones contra percebes - CDL Zaragoza (29 may)

“Salmones contra percebes”, de la roca al mar abierto

Rocío Martínez publica en “La Huella Digital” esta crítica a mi libro.

Rosa María Artal publica nuevo libro: Salmones contra percebes (Temas de Hoy)en el que hace un retrato de la España más actual, sumida en una innegable crisis que no sólo es, ni mucho menos, de carácter económico.

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La temida y perpetuada palabra en tantos discursos que abarca numerosas realidades, crisis, tiene un origen socioeconómico que no todos conocen. ¿Por qué estamos alcanzando, en 2013, tasas inauditas de corrupción política que va de la mano de la ineficiencia más supina de los dirigentes? ¿Es la justicia, más que ciega, inexistente en el país de los EREs, los fusilamientos de periodistas, los desahucios y la precariedad laboral? ¿Sabía usted que los recortes económicos más duros que se han realizado corresponden a las áreas de educación, sanidad y cultura?

Este libro, aunque ameno y delicioso, no es plato que uno se serviría con gusto. Su aparición ha sido propiciada por una situación lamentable que ha hecho ponerse en pie a más de uno. Artal, periodista veterana, le toma el pulso a este circo del “y tú más” que se está resquebrajando, y a través de este análisis asistimos al espectáculo de la desnudez de un país que ni siquiera se molesta en adecentarse para la foto. Haría falta mucho maquillaje para disimular los pelotazos fiscales que se descubren casi semanalmente, la espita de la emigración juvenil abierta de par en par, los ciudadanos ninguneados (¡y criminalizados!) por el aparato político, el “periodismo plasmático” que coloca en ruedas de prensa a una televisión de alta definición, la inoperancia de los medios de comunicación que han sustituido la capacidad de movilizar por la de desinformar… ¿Cómo se puede vivir así? Es evidente que algo falla.

No obstante, no debemos caer en la desesperanza. Casi todo es cuestión de actitud y, he aquí la buena noticia, aunque los sectores más afectados por la crisis están pagando unas circunstancias que no pudieron escoger y que ahora no pueden cambiar, lo positivo es que casi siempre podemos elegir cómo afrontarlas. Pero… ¿de qué manera elegir? Bien, eso dependerá de cómo se tome usted la vida. ¿Es usted un salmón o un percebe? Los salmones, peces valientes y robustos, se caracterizan por un espíritu aventurero e irreductible, que les lleva a buscar nuevas oportunidades en aguas lejanas. Los percebes, crustáceos aferrados a la seguridad de su amada roca, harán lo imposible por mantenerse en suzona de confort, desde la cual evitarán o ignorarán los cambios y la realidad exterior. Paseando por estas páginas, notaremos cómo nuestro autoconcepto se da, en una u otra ocasión, por aludido. ¿Nos resignamos o nos movemos?

Influida por el recientemente fallecido José Luis Sampedro -con quien colaboró en Reacciona-, Artal examina en este sonrojante libro las “pautas de comportamiento” de cada especie, a las que se suman otras como “tiburones”, “orcas” o los bancos de “krill”… así, entre la etología, la metáfora y sin ahorrar en ironía, podemos hacer un ejercicio de autocrítica repasando la historia de este país –cargada de tópicos inherentes- y asomándonos al continente del que formamos parte, pero que parece habernos olvidado. ¿Qué hacen los percebes cuando se anuncian nuevos recortes, medidas de austeridad, sacrificios? ¿Cómo reaccionan los salmones ante el aumento de la desigualdad social y el atropello de los derechos más básicos de la ciudadanía? ¿Qué les queda esperar a los salmones alevines? La concisión del texto, sumada a su labor de documentación, le hace ganar enteros. Quizá se echa en falta, eso sí, una perspectiva “desde fuera” más pormenorizada: junto con la inmersión en hemerotecas nacionales, un análisis de la prensa internacional que arroje datos sobre cómo se nos ve desde otras partes del mundo, le habría otorgado una tridimensionalidad más acusada. Resultan particularmente estupendos los dos últimos capítulos del manual, en los que se descubren las pautas para blindar nuestro derecho a definirnos (informarse, relacionar, sacar conclusiones, relacionar) y decidir. Que, “con la que está cayendo”, al menos, no nos quiten ese.

La voz de Constantino Romero

Constantino Romero ha muerto a los 65 años. En twitter, donde era muy activo hasta hace muy pocos días, él mismo destacó su lectura de un poema de Leonard Cohen: Cualquier sistema…

Rajoy lo dice… sin ningún ánimo de triunfalismo

Me ha gustado mucho este artículo de Ignacio Escolar, con sus correspondientes enlaces…

Las frases salen todas ellas de su último discurso en el Congreso de los Diputados. Los enlaces son míos. Con ustedes, el presidente del Gobierno, don Mariano Rajoy Brey, en su más absoluta literalidad.

“Estamos realizando la mejor política de empleo posible“.

“Las cosas están cambiando en España, afortunadamente, y están cambiando mucho. Tal vez, el mejor signo de la recuperación lo representa la facilidad con que nos olvidamos de todo lo que hemos dejado atrás“.

“¿Le importa mucho a quien no encuentra un puesto de trabajo que el interés de nuestra deuda haya caído al 4 por 100? Sin duda, señorías, muchísimo”.

“¿Y qué ha cambiado en nuestra financiación exterior? Algo sorprendente, señorías: queEspaña ya no necesita más“.

“No es que estas cosas las imponga Bruselas, señorías; es que las exigimos los europeos porque así queremos que sea Europa.”

“No es tampoco un milagro que nos ofrecieran hasta 100.000 millones de euros para superar la crisis financiera en unas condiciones extraordinarias: un plazo de quince años, al 0,5% de interés, con diez años de carencia”.

“Afortunadamente, gracias a lo que algunos critican la España de hoy tiene poco que ver, poco, con la de hace un año”.

“Afortunadamente, España está ya en una situación nueva, más sólida y con más futuro que hace un año”.

“En suma, señorías, esto empieza a funcionar. Nos queda todavía mucha tarea que atender, pero llegará la cosecha“.

“No estamos en el camino equivocado, ni hemos perdido el tiempo, ni tenemos las manos vacías. Hemos salido de lo peor, hemos detenido la caída, vamos a empezar a mejorar y los resultados llegarán, porque todos sabremos recorrer, con firmeza, el camino que nos falta”.

“Y todo esto, señorías, lo digo sin ningún asomo de triunfalismo“.

*En la entrevista con Pepa Bueno, en la Cadena SER esta mañana, también he hablado de este singular personaje como germen de mi libro Salmones contra Percebes.

 

Entrevista en Onda Regional de Murcia sobre Salmones contra Percebes

Ésta es la entrevista que me hizo Antonio Escolar

Salmones contra percebes

El diario.es publica hoy una entrevista y la prepublicación de mi nuevo  libro. Iremos hablando de él. Inserto la entrevista y no olvidéis pinchar para leer el texto avanzado del primer capítulo.

El mundo tiene muchos matices, pero hay dos actitudes básicas ante la realidad: la de los percebes, amarrados a la roca, conservadores, temerosos y dóciles. O la contraria, la de los salmones, valientes, inquietos, inconformistas. A partir de aquí, Rosa María Artal en Salmones contra percebes (Temas de hoy) analiza la crisis actual, sus efectos en todos los ámbitos de la vida. “A través de la metáfora, la realidad aún es más descarnada”, afirma. Pero, a través de esa descarnada realidad, Artal persigue despertar las conciencias y transmitir la necesidad de pensar, cuestionar el estado de las cosas y, después, actuar.

¿Cómo se le ocurrió la metáfora?

Lo dijo un día mi hijo. Que Rajoy  tenía la estrategia del percebe, aferrarse y no moverse. Escribí un artículo en eldiario.es este verano, Rajoy y la estrategia del percebe, y a raíz de ahí se me ocurrió que en el mundo no había solo percebes, sino también salmones, un animal que va siempre contracorriente, que remonta hasta la cumbre desde la desembocadura del río. El percebe es la ley del mínimo esfuerzo, y el salmón el esfuerzo constante. El percebe espera que los problemas se resuelvan solos, y el salmón siempre busca cómo solucionarlos. Estamos viviendo una situación con una deriva tan peligrosa que parece un inhóspito océano, en el que sólo impera la fuerza y no la democracia. Es una metáfora que me sirve como excusa para que transmitir el mensaje de lo terrible que estamos viviendo y de cómo hay actitudes distintas que favorecen o perjudican la solución.

Pero también hay esperanza en el libro

Los salmones, a pesar de ser atacados y saber que pueden perder, siguen. Claro, que se puede solucionar el problema: no se puede seguir así. La estrategia de aguantar del percebe cuesta más esfuerzo y los resultados son peores. Acabamos de ver al Gobierno, que no va a arreglar el problema del paro ni ningún otro. La gente que cree que se arreglará la crisis aguantando sacrificios, pero habría que preguntar  a qué precio; sueñan si creen que les van a devolver lo robado.

En el libro se explica que las raíces de estas políticas económicas son profundas.

Todo nace en el consenso de Washington, tras la caída del muro de Berlín. Es una historia que por la que muchos prefieren no interesarse y que he procurado contarla con sencillez. No hay país que haya salido de la crisis por esos métodos. Si acaso Letonia, que ha mejorado alguna cifra económica a costa de que sus ciudadanos sean muchísimos más pobres y sus ciudadanos hayan emigrado. Mira lo que está pasando con los alevines españoles: la mitad de los jóvenes no tiene trabajo. Pero es que el 27% de los españoles está en paro. Lo asombroso es que aquí no se reacciona. Por este camino no hay solución. Pero todo viene del consenso de Washington y de políticas que ya habían ejecutado Thatcher y Reagan: reducir el gasto público, social, sanidad, educación… Esta gente son auténticos depredadores, aunque haya tanto percebe con pocas luces llevando las riendas. Saben lo que es que pocos vivan bien a costa del grueso de la población.

Y usted lamenta que a veces no haya más solución que emigrar.

Es que somos más pobres que otros países. Hay que llevar dinero, hacer amigos… Hay que ir a una zona totalmente extraña. Emigrar es muy difícil. España va a quedar como un balneario para los europeos y aderezado con esas apuestas del PP: casinos y ocio. Las nuevas generaciones han sido mimadas en exceso por lo mal que lo pasaron los antepasados. No están preparados por la precariedad, y ahora, con la crisis, siguen sin enterarse.

Sin embargo, en el libro se cuenta que el 15M evidenció que había descontento y ganas de cambiar muchas cosas

Aparecieron todos los salmones de España. Sí, está el germen, pero la gente no sabe cómo solucionarlo, y las consecuencias de aguantar son peores. El 15M fue mucho más que un hartazgo de la gente. Yo espero que se reaccione, y con este libro intento que la gente reconozca su situación y sus enemigos, sus posibilidades y su potencial. Para ello, la sociedad tiene que marcar unas pautas, cambiar la ley electoral porque con esta no vamos a ningún lado: potencia el bipartidismo y que todo siga igual. Hay mucha gente que le da mucho vértigo pensar que la política tiene que cambiar. Pero es así, tiene que regenerarse. Los políticos no nos necesitan, con que tengan un porcentaje mayor que el segundo, ya les vale. Y solo hablan para su público. Hay gente cuyo voto va a la basura, no puedes tirar tu voto a la basura.

Uno de los asuntos que más preocupan ahora son los casos de corrupción.

Le dedico un espacio muy amplio. Mientras no se erradique, no saldremos de esta. Es una de las características del pueblo español, junto con los toros y la familia. Hemos sido pioneros de muchos avances políticos que otros países siguieron después, incluso desde los reinos medievales y pasando por el motín de Esquilache, señalado como uno de los precursores de la Revolución Francesa. Pero aquí las éltites y la masa social eran muy incultas. El gran problema de España es la falta de educación y la corrupción. Van unidas. Y el proyecto del ministro José Ignacio Wert es educación en el percebismo: se arrincona la filosofía, cuando es el mecanismo básico para el pensamiento lógico.

Además, en el libro se documentan con detalle los efectos de la crisis.

Lo básico es conocer la realidad, para posteriormente llegar al último capítulo donde reivindico el gozo de pensar. A menudo cogemos las ideas como si estuvieran precocinadas, las metemos en el microondas y las engullimos. Los medios de comunicación tienen mucha culpa en lo que nos pasa.

Una situación crítica que tampoco es igual para el hombre y la mujer

Nos educan de una forma distinta y la sociedad nos condiciona a unos y a otros. La mujer está educada para ser percebe, para guardar la piña. Y eso del colchón familiar sólo pasa en los países subdesarrollados. ¿Después de la Segunda Guerra Mundial se podía crear el Estado del Bienestar y ahora no se puede mantener? Esto es un timo. Hay gente que es percebe y su objetivo solo es aguantar hasta que pase la tormenta. Falta mucho coraje. El percebe solo piensa en su bien. Lo peor que puede pasar a un país es tener a un percebe al mando del Gobierno. No hará nada. Es desolador. No sufre como sufre la gente.

Pero hay mucho temor en la sociedad.

Me preocupan las reacciones ante el miedo. Cuando uno cree que el problema lo ocasionan fuera y que fuera lo tienen que resolver, está perdido. Es una reacción que provoca el miedo. Hay mucho miedo, pero, ¿qué más se puede perder? El percebe no se da cuenta de que puede llegar un depredador de su misma especie, de otra especie, o incluso un percebeiro. La sociedad tiene que reaccionar, tomar su papel y conseguir que el percebe reflexione que por ese camino no se va.

*Raúl del Pozo también habla del libro y de la metáfora en su columna: Percebes y salmones.  Y resaltando ideas que me gustan especialmente del contenido. Así concluye su artículo:

“La primera vez que fui a un comedor social sentí tanta vergüenza que tuve que desaparecer, le cuentan a Rosa María Artal. «Muchos preferían morir de hambre antes de pasar vergüenza». Ya dijo Valle-Inclán que sólo creía en las ideas que se podían dibujar. Artal ha publicado Salmones contra percebes, un análisis lúcido de los días peligrosos que vivimos, donde las metáforas son dibujos vivos.

La reportera de TV explica que hay dos formas de afrontar la catástrofe: luchando contra corriente como un salón o quedarse amarrado a la roca. El salmón levanta la cabeza y aguanta la mirada; los percebes, la masa, la audiencia, adoran a los ídolos de la mayoría, aplauden en el plató cuando el animador lo sugiere ante un político de su agrado aunque diga una cosa y la contraria. El salmón huye de la rutina, le espantan los tópicos, es más creativo, más osado.

«La mayoría de los políticos utiliza la estrategia del percebe». En esta irónica metáfora, la nueva fábula de la cigarra y la hormiga con cierto moralismo de izquierdas, dice la autora que entre los periodistas prolifera el espíritu salmón porque siempre andan hurgando en la grava y buscando en las cloacas”.

 

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Hasta que la cultura sea reconstruida

El IVA español a la cultura es el mayor de la Zona Euro. Otros países protegen la cultura. Con Francia a la cabeza, se considera que es un signo de identidad. Noruega no cobra impuesto alguno por la música, por ejemplo. Luxemburgo, Malta, Chipre y Francia son los países con el IVA cultural más bajo (entre el 3 % y el 5,5 %). Finlandia, Eslovenia, Alemania y Holanda aplican entre el 6 % y el 9 %. Grecia se mueve entre el 6,5 % para música y teatro, y el 13 % en el resto de las actividades culturales. Irlanda, otro país rescatado, mantiene un 9 %.  Portugal, que soporta un IVA del 23 %, reserva un 6 % para los libros. La subida al 21 % el IVA de los libros electrónicos en España corta su vuelo que comenzaban a despegar por ser su precio más asequible que el de los impresos. «La cultura es algo accesorio», como dice quien ni la conoce ni la aprecia. O quien parece llevar la idea de cerrar la llave a espíritus más cultivados y más libres”.

Este párrafo corresponde a mi último libro que sale el día 30. Es uno de los muchos temas que abordo con múltiples datos y, aún así, con el tono más ameno que he conseguido nunca. Y una idea bastante original como hilo conductor, que ya veréis. No vengo “a hablar de mi libro” por ningún afán lucrativo, sino porque la realidad nos abofetea con realidades como ésta que destaco, hoy, día del libro, y muchas otras. Escribir en España es casi un acto heroico, vocacional. Y, si cabe alguna duda, ved el desgarrador análisis que hace unos días publicó José Sanclemente. Quien, entre otras cosas, contó:

“El autor se lleva entre el 8 y el 10% del precio de un libro, el 12% son costes de producción (impresión, papel y encuadernación), 2% son los de edición (correcciones de estilo, ortográficas, diseño de portada, etc.) ,  7% los costes de administración y estructura de una editorial mediana (personal, alquileres, suministros , almacenes…),  55% (*) son los costes de distribución y venta (porcentaje que se da al distribuidor y al librero) y  el 3% se destina  a marqueting y promoción (viajes, presentaciones, publicidad en el punto de venta…)  y el margen  que le queda a la  editorial es de un 11%a un 13%.

Dado que el libro no se vende en firme al librero, la devolución  va a cargo de la editorial. Este año pasado las devoluciones, en muchos casos, han sobrepasado el 40% de la tirada distribuída.

He calculado que de un libro cuya tirada haya sido de  3.000 ejemplares (la media) y con un PVP de 15 euros y se haya vendido el 60% (1.800 ejemplares), el autor percibirá 1,5 euros multiplicado por 1800 = 2.700 euros y habrá invertido entre 6 meses y varios años en escribirlo.

La editorial con ese libro tendrá un margen similar (2.970 euros) y se hará cargo de las devoluciones.

¿Saben cual es, según Nielsen, el libro que más ha vendido en lo que llevamos de año? El de Javier Sierra, con 4.900 ejemplares esta semana y algo más de 60.000 en este año.

También les diré que la venta media está en torno a los 1.500 ejemplares. Hay miles de libros, de los más de 30.000 títulos que se editan en España, cuyas ventas son muy inferiores a los 1.000 ejemplares. Solo unos pocos  y escogidos best sellers rompen la barrera de los 100.000 y se cuentan con los dedos de una mano.

El próximo 23 de abril (día del libro) {hoy} se hablará de esos escasos títulos vendedores: los medios de comunicación recogerán la firma de sus autores y harán un ranking de ventas de Sant Jordi, pero solo representarán el 20% de los libros comprados ese día.
Ese día el comprador tendrá un 10% de descuento que asumirá por partes iguales la editorial y el librero.

Animo a comprar libros pero, si es posible, no solo los que figuran en el ranking de mayores ventas”.

La crisis y la España de siempre se enfrentan hoy a un gobierno y un partido que apuesta decididamente contra la cultura, la ciencia y la educación. El momento es terrible. La Asamblea Chamberí (Madrid) del 15M –una de cuyas participantes más activas es Lourdes Lucía- ha elaborado un manifiesto para recoger firmas. Aquí está el enlace. Destaco algunas ideas:

“En este tiempo en que los mercaderes que nos gobiernan predican la resignación, el acatamiento de la miseria decretada, la sumisión. Ahora que nos dicen que lo prescindible son los sueños colectivos, la solidaridad, lo construido con el común esfuerzo, lo público, lo que a todos y todas pertenece: las escuelas, los hospitales, las bibliotecas… todo lo que es la urdimbre necesaria sobre la que edificar un mundo justo y habitable. Precisamente ahora decimos nuestras razones, la dignidad de nuestro trabajo, lo que estamos dispuestos a defender contra viento y marea, contra la tempestad de los recortes y el desprecio a la ciudadanía. Porque hablamos de lo necesario, lo que alimenta nuestra esperanza, un sueño de libertad, un espacio de encuentro que día a día se hace real en las aulas, en los museos, las bibliotecas, los libros, los teatros…

Porque la Cultura no es un adorno, un producto superfluo o decorativo. Es un derecho esencial. Crear aporta una mirada crítica sobre la sociedad y a la vez la certeza de que son posibles una plenitud y una belleza que nos pertenecen y a las que no podemos ni debemos renunciar. La cultura es un espacio de libertad en el que podemos re-descubrir lo real, experimentar el asombro, inventar palabras, formas y gestos que digan la verdad de otro mundo posible.

Es un escándalo que cierren bibliotecas de la Obra Social mientras con fondos públicos se rescata Bankia. Que se haya suprimido el presupuesto para adquisición de libros en las bibliotecas públicas, el despido o la no contratación de bibliotecarios, la situación de nuestros archivos. La consideración del cine, el teatro, la música… no como bienes culturales sino como productos de lujo que deben ser grabados con un IVA que amenaza su propia subsistencia. El abandono de cualquier promoción o interés por la creación artística. Denunciamos la asfixia a la que se somete al mundo de la cultura. No estamos aquí para competir, para enriquecernos con un producto. Estamos para compartir”.

Y hoy es un buen momento para recordar un poema de nuestro Premio Cervantes:

“Hasta que el tiempo fue reconstruido”

Hasta que el tiempo fue reconstruido

bajo tu propia vigilancia, cuántas

residuales versiones de los hechos

fueron depositando su carroña

en papeles, en bocas, en conciencias.

Hombres e ideas tenebrosamente

instalados en la mitología, textos

que suplantaron con abyecta máscara

el rostro de la historia, allí

se conjuraban para hacerte cómplice

de la maquinación contra el fantasma

que recorrió tu juventud

hasta que el tiempo fue reconstruido.

¿Cómo escapar a ciegas, desandar

el camino? ¿Quién que no tú

lo haría, con qué trámites

de acotadas lecciones, testimonios

apócrifos, tenaces simulacros?

Arduo oficio fue el tuyo e inhumanas

las trampas de la vida. ¿Con qué suerte

de antídotos, argucias, imposturas

te preservaste del contagio, mientras

a solas compartías las ruinas

hasta que el tiempo fue reconstruido?

Elegir no pudiste una verdad

distinta de la única, algún medio

de subvertir el orden del pasado,

dirimir lo proscrito, rechazar

el asedio.

Pero tú mismo fuiste

tu testigo: primero un libro,

una mano después, más tarde

una palabra, luego un hombre

y luego otro y otro más, y un año

y otro año, una premonitoria

concurrencia de hombres y de años,

y media vida que concurriría

para que al fin y con tu propia mano

otros nombres pusieras a la historia

mientras que el tiempo fue reconstruido.

 

 

“Debajo de la alfombra” por José Luis Sampedro para Reacciona (2011)

Basta levantar un pico de la alfombra para que inevitablemente surjan preguntas clave:

¿Por qué se atrevieron los bancos a ser tan codiciosos?

¿Por qué lo permitieron los gobernantes en vez de controlar el desenfreno, del mismo modo que controlan los productos alimentarios o las medicinas?

¿Por qué el público ha seguido votando a políticos tan descuidados en la defensa del pueblo?

Y, si seguimos levantando un poco más, tirando del otro pico ya encontramos algunas respuestas:

La primera que se me ocurre es que los actuantes en la crisis (desde el gobierno hasta el que pide el crédito y el desempleado), todos somos piezas de algo mucho más complejo que es nuestra sociedad, nuestro sistema de vida, nuestra cultura europea.

La segunda es que Europa está, pero ya no es. Ni siquiera es el “pequeño cabo de Asia”, como la definiera hace un siglo Paul Valéry. Europa está en coma, como así lo demuestra su apatía ante los grandes problemas. Incluso parece simbólico que siendo Bruselas la capital europea, Bélgica lleve más de medio año sin gobierno.

 (…)

Pero lo más grave y lo más destructivo para una civilización es, en mi opinión, la pérdida de los valores morales superiores y, con ello, de las más altas referencias para la conducta humana. Esa decadencia es la máxima barbarie y es muy perceptible en la situación actual. El alto ideal de justicia, por ejemplo, aparece viciado con frecuencia y, sobre todo, el derecho internacional ha sido violado repetidamente según ocurrió con Irak. El desdén por la difusión de la educación y la sanidad en los países más pobres, la sobreexplotación de los más débiles, como la infancia o la mujer, violan valores, supeditándolos a los intereses materiales. El concepto de libertad es tergiversado irresponsablemente para permitir abusos de los poderosos como ocurre en la desregulación financiera o en la globalización incontrolada. Más que en la economía de mercado vivimos en una sociedad de mercado donde todo tiene su precio en vez de considerarse su valor. El sistema, como expresó tajantemente Marx, lo convierte todo en mercancía. Ejemplo de ello es la corrupción generalizada que, en definitiva, significa que hasta los hombres mismos (y los más responsables por los puestos que ocupan), se ofrecen en venta, con otros dispuestos a comprarlos. Y lo que es peor, ese tráfico ya ni siquiera escandaliza, se toma como algo natural, sin repercusión electoral alguna. La Rochefoucauld afirmaba que “la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud”. Pues bien, actualmente la hipocresía ha sido sustituida por el cinismo y hasta altos dignatarios se pavonean de sus conductas inmorales, se consideran modelos dignos de admiración y de seguimiento por los ciudadanos. ¡¡Y son votados!! He aquí otro descubrimiento debajo de la alfombra que empieza a revelar una maraña de injusticias, irracionalidades, y hasta delitos, impunes o encubiertos, dejando la impresión desoladora de que tanta brillantez de la técnica y la ciencia es realizada por un organismo social vivo, pero cuyas contradicciones internas lo están descomponiendo. De ahí la sensación de ocaso y de barbarie, entre cuyos componentes se encuentra la crisis.

Pero el ocaso no es el fin de la historia, sino el del sistema. porque el mundo sigue adelante. La barbarie no es destrucción sino una mutación, una fase violenta del cambio. El mundo no es un compuesto de innumerables equilibrios, sino de interdependencias desequilibradas que se compensan unas con otras en el funcionamiento, aunque a veces hay distorsiones.

 (…)

La crisis financiera estalló por el abuso de los beneficios, pero el hecho de que los daños no los hayan sufrido los causantes sino sus víctimas (con pérdidas o con desempleo) es consecuencia de la estructura del sistema, cuyas reglas permitieron los atropellos y cuyas autoridades no los controlaron a tiempo. La raíz de los daños no radica en los préstamos mismos, sino en el poder dominante de los bancos, libres para poner condiciones al crédito. Más que un problema económico se trata de una desigualdad de poder, un hecho político que, si no se remedia, provocará crisis ulteriores.

Pese a ello, los gobiernos no han hecho gran cosa para regular mejor el crédito, desoyendo todas las propuestas de reformas importantes. Esa pasividad de las autoridades obliga a reflexionar sobre la jerarquía real de poderes, a darnos cuenta de que si el capital logra evitar los necesarios controles es porque su poder no solo supera al de los clientes, sino que también es más fuerte que el de los gobiernos. Dicho de otro modo, en nuestro sistema quien manda es el capital. También en los casinos las reglas de juego de la ruleta permiten a veces que se enriquezca algún cliente, pero en el conjunto de operaciones siempre gana la empresa. Los gobernantes dependen del capital que, entre otras cosas, financia sus campañas electorales. Las técnicas de ventas se han extendido a la esfera política (recuérdese: todo es mercancía). Publicidad, creación de imagen, manejo de relaciones e influencias y otros medios se adaptan a las competiciones electorales. Con ello la democracia sólo lo es nominalmente. En realidad el poder lo ejercen los grupos dominantes.

¿Democracia?

Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común. Esos votos condicionados por la presión mediática y las campañas electorales, sirven al poder dominante para dar la impresión de que se somete al veredicto de la voluntad popular expresada libremente en las urnas. En ocasiones, como se ha visto, sirven incluso para avalar la corrupción. Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento.

Ya en la primera infancia se inculcan al niño creencias, que la mente infantil no puede sino asumir. Así continúa la formación mental de súbditos, en las sucesivas etapas de una enseñanza orientada a formar productores competitivos y consumidores, que son los que interesan a los dominantes. Fuera de las aulas los medios audiovisuales siguen inculcando las ideas del mando, sugieren preferencias políticas y desvían el interés de las personas hacia los atractivos del consumismo y los espectáculos. Es imposible enumerar la infinidad de argucias contra el pensamiento crítico, sin el cual la famosa libertad de expresión pierde su valor. Con un somero repaso a los programas y resultados electorales de nuestro entorno descubriremos fácilmente bajo la alfombra, etiquetada y vendida como ”democracia occidental”, un sistema oligárquico en manos de las minorías dominantes.

Resumiendo: queda claro que la crisis -en principio problema económico- nace de una dominación política (gobiernos sumisos al poder financiero) en la que influye el problema social de los votantes condicionados por la propaganda. En la degradación de esos tres niveles del suelo bajo la alfombra –económico, político, social- se encuentran las respuestas a nuestras tres preguntas iniciales. En la terna, sin duda, el poder del dinero es el más fuerte.

 (…)

En conclusión: debajo de la alfombra aparece un suelo corroído que no va a mejorar remendando la alfombra para taparlo mejor. Occidente puede correr la misma suerte de otros imperios extinguidos, dejando un vacío bajo la palabra Europa.

Pero la Historia no admite vacíos: imparable la Vida los llena. Todo ocaso ofrece una ocasión. Así aprovechó Carlomagno el de Roma bajo los bárbaros y erigió su imperio, semillero de Europa. Ha llegado el tiempo del cambio, de un cambio que va más allá de la restauración del estado del bienestar en retroceso y de la defensa de los derechos conseguidos por nuestros antecesores. El sistema reclama un cambio profundo que los jóvenes entienden y deberán acometer mejor que los mayores atrapados aún en el pasado.

Este ocaso es el momento de la acción entre todos porque otro mundo no solo es posible, es seguro. Si mejor o peor, dependerá de nuestra reacción. Mi mensaje a los jóvenes es que es llegado el momento de cambiar el rumbo de la nave. Aunque sus líderes sigan en el puesto de mando y al timón, aunque desde allí sigan dando órdenes anacrónicas, los jóvenes puestos al remo pueden dirigir la nave. Solo necesitan unirse y acordar que a una banda boguen hacia delante, mientras en la otra cíen hacia atrás y el barco girará en redondo, poniendo proa hacia un desarrollo humano”.

*Son solo fragmentos de la pieza maestra y tan premonitoria que José Luis Sampedro escribió para Reacciona (Aguilar 2011). Pasados dos años, estamos peor. Y así seguirá en tanto no se detenga el germen y rumbo de este deterioro en cascada. Buen momento para recordarlo hoy, cuando hace tan poco que el gran pensador nos ha dejado.

José Luis Sampedro: … y mejor persona

No por esperado, el mazazo es menor: ha muerto José Luis Sampedro. Ayer, lunes 8 de abril a la una de la madrugada. En su casa de Madrid. En su casa. Esta mañana, tal como él quería, ha sido incinerado sin avisar prácticamente a nadie. En total intimidad. Con la misma discreción que jalonó su vida. Solo después se ha contado.

Un economista –y profesor de economistas- pionero, de los que pensaba que esa disciplina ha de estar al servicio de la sociedad y alertaba de la deriva que estaba tomando desde hace muchos años. Un escritor sublime, lleno de sensibilidad y afán constructivo que deja una inmensa obra. Y, sin embargo, lo que más he admirado de él ha sido, es, su personalidad. Única. Excepcional. Pleno de lucidez, compromiso y una especie de ternura incontaminada. Era alguien que enriquecía en cada aliento de su voz, en sus gestos. Siempre dispuesto a colaborar en las causas justas.

Quiero llorar desde un rincón lo mucho que le quiero pero también me veo un poco impelida a compartir lo que él y su muerte me inspiran. Hace tiempo que él quería irse. Al lado de su mujer, Olga Lucas, de su hija Isabel, de Amaya, su mano derecha, de un reducido grupo de amigos, ha tenido una vejez maravillosa. Una segunda oportunidad de vida, como no dejaba de recalcar. Pero desde hace unos años sus facultades se venían deteriorando. Por eso en uno de sus últimos cumpleaños, 94, en la Cala de Mijas, su brindis fue:

“Esto es la vida. Animaos todos. Porque se puede llegar a los 94 años y más, siendo feliz. Aunque uno se levante y se tenga que poner la boca, los ojos y los oídos. Se puede ser feliz a pesar de los jefes y de que muchas de las cosas que nos rodean nos parezcan impedimentos. Por nosotros mismos. Tenéis una vida. Cada uno la suya. ¡Aprovechadla!”.

Nos despedíamos cada vez que nos veíamos. Si los sentidos fallaban, parecía potenciarse aún más si cabe su enorme talento, su empatía con los demás. Y su mano seguía apretando, con calor y fuerza, en cada hasta luego. En este 1 de febrero cuando alcanzó los 96 que serían los últimos. Siempre daba las gracias. Sinceras. Asombrosa humildad.

Le gustó mucho que le concedieran el Premio Nacional de las Letras 2011, que el Ministerio, presidido ya por Wert, tardó tanto en entregar que ya no era sensato acudir al acto. En su sencillez, le hacía ilusión, de alguna manera inscribirse en la historia de los fundamentales, algo así como tener razón. Que lo uno, no quita lo otro.

En los recuerdos que se le prodigan –muy justos- no faltará el repaso de su obra. En ella tenemos para releer y atesorar su riquísimo pensamiento y debemos hacerlo para afrontar los duros momentos que vivimos y que tanto le preocupaban. Una auténtica guía.

Yo me quedo con la figura de un hombre entrañable, profundamente comprometido, humano. Sus logros le costaron esfuerzos. A los 16 años ya era funcionario de Aduanas por oposición y allí empezó a escribir en el reverso de los partes. Luego la carrera de Economía. La docencia. Los libros. Los puestos internacionales. Se exilió, harto. Alguna vez decía que España se había exiliado de nosotros. Ésta. La que se ha reproducido amargamente, hasta enturbiar el último año de este hombre que veía repetirse los errores por cuya erradicación luchó.

Le gustaba el otoño. Y el mar. Era historia viva. Hasta me contó los avatares de una pionera del periodismo: Josefina Carabias, empleada de camarera en el Palace para obtener información. Le gustaba la música y canturreaba canciones. Un agudo sentido del humor con el que aliñaba cuanto hablaba, porque los atropellos no pueden quitarnos hasta eso. Una especie de fragilidad en su fuerza que invitaba a abrazarle para extraer de él también su ternura.

Lo peor de la muerte es que deja un vacío, una ausencia. Porque José Luis Sampedro ha tenido una vida plena, insobornablemente libre, coherente. Y se ha ido en paz. Y eso nos deja consuelo. Ese doble sentimiento de dolor y conformidad. Sé que quiere que arropemos a Olga, si se deja. A lo mucho que vale. Ha entregado su vida a él. Demasiada densidad para desprenderse de una presencia tan rotunda.

Nos ha dejado frases, ideas, que invitan a no cejar nunca en la lucha. Pero ahora, en este especial momento, lo que me vienen a la memoria son los versos del poeta José Ángel Valente:

De ti no quedan más

que estos fragmentos rotos.

Que alguien los recoja con amor, te deseo,

los tenga junto a sí y no los deje

totalmente morir en esta noche

de voraces sombras, donde tú ya indefenso

todavía palpitas”.

El amor lo tiene, desbordado. Y no dejaremos morir el inmenso ideario que nos ha legado. La búsqueda del pensamiento crítico, de la verdadera libertad.

*Publicado en eldiario.es

*Public

Se va Hessel, es nuestro turno

hessel.sampedro

Sthèphane Hessel y José Luis Sampedro

Acaba de morir Sthèpane Hessel. Tenía 95 años. Su libro ¡Indignaos! ( 2011), 19 páginas, tamaño apenas de cuartilla, editado en Francia en una pequeña editorial y vendido a 3 euros, fue una sacudida que impregnó a medio mundo y caló particularmente en España. Un ataque frontal al neoliberalismo y sus políticas degradadoras, un llamamiento a la juventud para que tomara las riendas. Era un panfleto, el renacer del género y  apareció en España con prólogo de José Luis Sampedro vendiendo varios cientos de miles de ejemplares. Tenían la misma edad, unos meses menor Hessel que no ha llegado a cumplir los 96 en Octubre.

Sin apearse ni de la vida ni de su constante lucha, ambos hombres arrostraron los achaques lógicos de la avanzada vejez para dar una lección de empuje y coherencia. Eran muy distintos. Hessel se crió entre la intelectualidad -hijo de una pintora, mujer singular e inconformista, y de Jules, judío alemán traductor de Proust-, en la familia que dio origen a la película Jules et Jim de François Truffaut. Debido a su origen judío el joven Sthèpane fue detenido y recluido en los campos de concentración de Buchenwald y Dora-Mittelbaus, donde fue torturado. Lejos de salir vencido, siguió su lucha y en 1948 sería uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el anhelo de un mundo mejor. Sampedro, a la par, aspiraba en su niñez otras culturas en Tánger, para comenzar a trabajar a los 16 años ya en España, tras ganar una oposición a funcionario de aduanas, y escribir libros que aguardarían incluso más de cuatro décadas en ser publicados. Casi un siglo ambos de trayectoria plena e insobornable compromiso. La preocupación por la deriva de la sociedad actual les unió.

Juntos estuvieron en un acto en España, organizado por la embajada francesa. Largas colas, sobre todo de compatriotas de Hessel en un día de lluvia. Le veneraban. Estaba por encima de todos. No había otro en Francia como él, decían. “No, en España no sentís lo mismo por nadie”, comentaron.

Hessel nos regaló un pequeño prólogo también para Reacciona (2011), el libro que en España siguió su senda y que apareció casi simultáneamente a Indignaos. España se encontraba mucho peor, cobrábamos –sin ir más lejos- la mitad del sueldo de nuestros vecinos franceses. En aquél texto que coordiné, participaron José Luis Sampedro, Mayor Zaragoza, Baltasar Garzón, Ignacio Escolar, Àngels Martínez Castells, Lourdes Lucía, Juan Torres o Javier Pérez de Albéniz, entre otros. También fue muy influyente. Hessel abría la puerta a la convocatoria a hacer algo ante lo que nos sucedía:

“Frente a los peligros que enfrentan nuestras sociedades interdependientes, es tiempo de acción, de participación, de no resignarse. Es tiempo de democracia genuina.  Tiempo de movilizarse, de ser actores y no sólo espectadores impasibles, progresivamente uniformizados, gregarizados, obedientes”.

Apenas han pasado dos años de aquellos días y parece una eternidad. Muy poco después arrancaría -y no por casualidad- el 15M como una eclosión de ciudadanía, llenando las plazas de España, enarbolando la indignación de Hessel. Luego llegó el cambio político en España, hacia más neoliberalismo. Luego llegó… mucha más injusticia, mucha más desesperación, indignación… dosificada. Decía Hessel que “la dificultad agudiza el ingenio”.

Precisamos mucho del que ahora se va con el gran hombre francoalemán y universal. Sobre todo, el compromiso del que él nunca dimitió. Es necesario tomar el relevo. No son tiempos de desperdiciar la energía ni los terrenos ganados que se están yendo por un sumidero. El final de Indignaos cobra hoy todo su significado: “Una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comuniciación de masas que no proponen otro horizonte para nuestra juventud que el del consumo de masas, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos”. Llamando “a los que harán el Siglo XXI” a la acción porque “Crear es resistir, resistir es crear”. Él descansa ya, es nuestro turno.

*Publicado en eldiario.es

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