Venciendo al “kippel”



“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” es una novela corta de ciencia ficción, escrita en 1968 por el norteamericano Philip Kindred Dick . Una versión libre de ella dio origen a la imprescindible película Blade Runner, dirigida por Ridley Scott en 1982. Por cierto, la precariedad en la que viven esos androides prefabricados -tan similares a los humanos- que les obliga a huir de su planeta, se parece mucho más al futuro al que nos abocamos que al “Mundo Feliz” de Adouls Huxley y sus contemporáneos.

    Tengo la teoría de que mi casa engulle ciertos objetos. Al vivir más personas en ella, parecería que alguna activara el desagradable mecanismo, pero no, hace poco me explicaron que aquí se me ha instalado el “kippel“. Limpios como los cuidadores de patenas, con todo en apariencia de orden, somos absolutamente inocentes de la ocupación de ese desagradable ente. Termina por no ser basura en sentido estricto, sino mucho peor: cuerpos que han perdido la función que les dábamos y que toman vida propia. A saber:

“Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después que se haya gastado la última, el envoltorio de un chicle o el diario del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce (…) el kippel expulsa el no-kippel (…) nadie puede ganar al kippel, a no ser, quizás, de forma temporal y en un punto determinado” escribieron en su día en www.microsiervos.com citando la novela aludida.

    Pues bien, en este extraño día de lluvia persistente, de intentar no hacer nada en absoluto, parecería que el “kippel” haya sido vencido por el “no-kippel” y han comenzado a aparecer los objetos perdidos. De hecho, yo me encuentro en total relax y me llaman uno por uno, acudo a su voz y allí están. El problema es que esa propiedad de reproducirse subterfugiamente del “kippel“, oculta cosas valiosas.  Y lo mejor es que, como diría cualquier colega de los medios actuales, el prodigio “no ha hecho más que empezar” (les gustan mucho los tópicos). Ahora voy a estar más atenta a los sonidos de lo que queda por volver a hacerse presente.

   Esto me ha llevado a una segunda reflexión, mucho más decisiva. Han vuelto a revivir en consecuencia CDs por ejemplo y, para escucharlos, he conectado, tras mucho tiempo sin hacerlo, el equipo de música, más cerca del sofá reparador. Es un ejemplo. Resulta que los seres humanos somos producto de una trayectoria y, sin embargo, solemos quedarnos con lo último que llega, arrinconando buena parte de lo anterior. Me refiero a las personas que mantienen sus ojos abiertos, no a los del “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Errores y aciertos nos labran y solidifican, multitud de recuerdos renacen para volver a latir y matizar el conjunto. Nefasto mirar sólo a un inicio como suelen hacer en todos los aniversarios, incompleto quedarse únicamente con lo nuevo, somos un todo, y es eso lo que nos sustenta. Debe ser ese error, precisamente, lo que desencadena el “kippel“. Es una teoría no refutada, claro. Sabe uno de este modo que tanto la felicidad como el dolor pasan, ya los conocemos, ocurrió otras veces. Y desde esa altura, se puede usar con igualdad facilidad la firmeza y la condescendencia. Incluso para uno mismo.

   Tengo la impresión de que el “kippel” que se instaló en mundos imaginarios, habita, desconocido, en el planeta Tierra.  Ahí debe estar la raíz de lo que nos ocurre. Hay que apagar los ruidos y encender la realidad para escuchar el orden natural, su contrario, y sacarlo a la luz. Lo está pidiendo, ya os digo.

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8 comentarios

  1. Víctor

     /  10 octubre 2010

    Quizás sea que acumulamos demasiadas cosas. Un bagaje inútil de objetos y experiencias, en que la velocidad de este mundo ultra eficaz hace imposible de asimilar. A veces, tramos enteros de nuestra vida se convierten en un kippel. Mundo complejo en que nos perdemos nosotros mismos….

  2. .. sigo a Victor, pero con la duda de si se puede ir un poco más allá de las cosas. ¿Se puede llevar el efecto no-kippel a políticos que de repente vuelven a pontificar desde el televisor, a ideas que creíamos ya casi enterradas por una práctica democrática anémica, pero esforzadamente constante, a anti-valores que, como la anti.materia, nos destruyen en un abrir y cerrar de ojos? La carta reaparecida de Bob Dylan pidiendo que Yoko Ono y John Lenon no fueran expulsados de los Estados Unidos por un Nixon mentiroso y comprometido con la guerra responderia a lo que planteas… porque los kippel y sus contrarios pueden actuar más allá de nuestras casas, también en las cajas de archivos olvidados de nuestra historia?

  3. Me/te/os pregunto: la ética ¿es kippel o no-kippel? La literatura ¿en qué lado la situamos? ¿Y la política respecto de la economía? ¿Hay algo que sea absolutamente kippel o no-kippel? Si es verdad que nadie puede ganar al kippel, ¿qué consecuencias deberíamos extraer de esto? No me sé responder del todo bien.

  4. Preciosa entrada, todo termina cubierto por una fina capa de polvo hasta quedar en el olvido. Si fueramos capaces de creas espacios diafanos donde rodeados tan solo de lo necesario, nuestras vista alcanzaria a ver mucho más alla, gracias por tan hermosa reflexión. Un abrazo.

  5. Zana

     /  11 octubre 2010

    Según avanza la sociedad (lo de avanza va con segundas) vamos a ser kippels de nuestros nietos. Un día abrirán una puerta de una habitación y saldremos nosotros, cuasi momificados, y dirán: ¡¡¡Mami!!! mira que cosa mais linda hay en la habitación.

  6. Cuando los servidores se quemen, los discos duros se fundan y las copias de seguridad queden inservibles, el único resto de kipel será nuestro cuerpo.
    Bonita reflexión.

  7. Me gusta mucho esta entrada.Somos ,muchos de nosotros,como las ardillas acumulando libros,discos,programas informáticos,prospectos de cualquier cosa,utensilios ,piezas e instrucciones de electrodomésticos que hace años ya no poseemos etc.El caso más grave es el “síndrome de Diógenes”.Las acumulaciones graves se pueden dar a cualquier edad ,aunque siempre sale a la luz algún caso severo que afecta a algún anciano…Tiene que ver con la soledad, y en como vivimos en la sociedad actual.También tiene que ver con la grandísima variedad de productos que están a nuestro alcance y lo rápido que se produce la obsolescencia.Durante siglos el hombre podía utilizar herramientas y artilugios heredados de sus abuelos .Hoy una novedad “pasa de moda” y es rechazada en muy pocos meses .Las cintas de cassette,el video VHS,el télex,el disco de vinilo…Pero también,la máquina de escribir manual o eléctrica, la telefonía y televisión analógicas…pronto CD y DVD etc etc.
    De todas formas, más interesante que el caos material,la acumulación de objetos,electrodomésticos,muebles etc es el caos mental que inevitablemente ,en muchos casos se produce.Si somos lo que hacemos,si somos lo que vivimos,en qué y donde trabajamos,tal vez también somos lo que poseemos…Un saludo.

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