El cierre de cines como síntoma

palaciodelamusica

Fue el primer cine al que acudí en Madrid. Un inolvidable primer viaje con mi padre a la capital. Junto a la puerta de la pensión de la Gran Vía donde nos alojamos también había que eludir a los carteristas a la caza de incautos provincianos, hoy de cualquier turista. Pero Madrid compensaba en su derroche de luz y de vida, en aquella sala de proyecciones que, en efecto, parecía un suntuoso palacio. Una película “para mayores” en la que fui aceptada por mi prematuro desarrollo adolescente. El cine siempre fue para mí y muchos otros el premio, el espectáculo superior, la sugerencia infinita, una ventana abierta al mundo, a las ideas, a las emociones.

Pero los cines fueron desapareciendo. Más de 600 han cerrado en España en los últimos seis años. Ahora hay, en todo el territorio nacional, 563. Uno en Vilanova i la Geltrú, el Bosc, ha sido indultado. El ayuntamiento se ha hecho cargo de él en bien de la población y el antiguo dueño se ocupa del bar. Un cinema paradiso redivivo.

La Gran Vía madrileña, antaño paisaje de esplendor de enormes carteleras, ha echado el cierre. En la zona de Ventas han desaparecido prácticamente todos, incluso el avanzado Canciller pionero del sistema Dolby de sonido. Y así en toda España.

¿Qué les ha sustituido? Tiendas, centros comerciales. Fue en los años 80 cuando llegaron a nuestro país los hipermercados. El primero en Cataluña, el segundo en Zaragoza. Situados en el extrarradio, había que usar coche para acercarse. La cosecha desde entonces ha sido fecunda, desbordante. Cada carretera de salida dispone de su conglomerado de centros. Siempre los mismos. Carrefour, Alcampo, Mercadona, Caprabo, Eroski, Media Mark, todos juntos o en cuotas. Una vez dentro, uno no distingue si se encuentra en Vallecas o en San Sebastián de los Reyes, en Valencia, o en Cádiz. En los cascos urbanos sucede lo mismo. Cada cuatro pasos un Zara, un H&M, un C&A.

Y en las ciudades europeas. Prácticamente todas se han uniformizado. Y no sólo las capitales de país. En Malmo (Suecia) en Colonia (Alemania), Zara, H&M, C&A. Preguntas en cualquier parte adonde viajes, en España y fuera de ella, por el centro histórico. Y la nube de cadenas comerciales, ropa, bisutería, zapatos, bolsos, te envuelve. Todas son iguales. El comercio local, que aportaba alguna diferencia, ha desaparecido prácticamente. Apenas he visto algo en Santander, Salamanca o Girona. Por el momento, pronto llegarán los carteles de “liquidación total por cierre del negocio”.

¿Tan difícil sería caminar, o tomar un medio de transporte, para ir a la tienda buscada?

Sí, la oferta ha de entrar por los ojos, nos han educado para comprar sin tino, aunque no lo precisemos de forma imperativa. La necesidad creada del consumo, del hiperconsumo, es el eje en el que se asienta el sistema. No es nada nuevo, lo sabemos. Muchos tenemos la experiencia –las mujeres más no sé por qué- de ver en el armario prendas que ni has estrenado o has usado una sola vez. Y aún así vuelves a salir a la calle, te inundan las sugerencias y vuelves a caer.

¿La desaparición de los cines ha causado el giro a la derecha del electorado alemán? Se podría rizar el rizo y ver que sí. El capitalismo que fomenta el consumo para mantener y ampliar su negocio no es castigado por sus desmanes. La justicia social se deja al margen, cuando, por la crisis, peligra nuestro propio bienestar. Tenemos que seguir comprando, hasta morir. Más de lo preciso. Como zombis bien educados. Los que se mueren de hambre no son mi problema. Ningún gobierno me quitará el nuevo bolso, la camisa está vez con canesú, el coche, la casa, las vacaciones. Edificantes ambiciones.

Las escasas salas de proyecciones también se alojan ahora en los centros comerciales. Para borrar la magia cruzado el umbral, y volver a comprar lo inútil. Algunos centros, como el Arturo Soria Plaza de Madrid, presenta una oferta en la que todo, absolutamente todo, es accesorio, casi hasta el supermercado de Sánchez Romero –el más caro de España- con exotismos fútiles. Pero Rosa Márquez, acaba de decir tras las noticias, que “Los accesorios que ofrece el Corte Inglés son imprescindibles”. Una paradoja.

De ver Espartaco salías con ganas de luchar contra la injusticia, de ¡Qué bello es vivir! con la ilusa idea de que el bien hacer obtiene recompensa, de El jardinero fiel decididos a cambiar el mundo actual, de Bambi interiorizando que la realidad puede ser muy cruel. Casablanca, El gran dictador, Cadena Perpetua, La milla verde, Amelie, rotundas en fondo y forma. Obras de arte. El humor inteligente de Willy Wilder, el suspense magistral de Hitchcock, la ya amenazada Luna nueva del periodismo, la España a combatir de El verdugo. De Cantando bajo la lluvia soñando con volar de felicidad posible, aunque diluvie. Era un peligro. Fomentaban la belleza y el espíritu crítico. Hay que verlas ahora en casa, en soledad. El televisor nos inundará después de ofertas, la calle mañana será una adocenadora sugerencia irresistible. Y ahí estamos.

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11 comentarios

  1. Rafa

     /  28 septiembre 2009

    Quizá nos olvidamos que antes de desaparecer los cines del centro de las ciudades, desaparecieron “los cines de barrio”, en los ochenta, y me atrevo a decir que de la mano del VHS. Hoy en día se ve más cine que nunca, sólo ha cambiado el lugar donde se disfruta, ¿eso es bueno o malo? no lo sé. Tendemos a pensar que hoy se ve peor cine que antes. Tampoco sabría decir si eso es cierto. Un ejemplo, ayer compré un dvd, edición coleccionista, del clásico ‘Los caballeros del Rey Arturo’ con Ava Gadner, Mel Ferrer y Robert Taylor. Sinceramente, me pareció una película malísima, noña, además de pervertir la historia original de Thomas Malory (La muerte de Arturo) editada hace unos cuantos cientos de años, donde el incesto y el adulterio se trata de una forma más cruda y sin tapujos, que en una película de mediados del siglo XX.
    Con todo este ejemplo lo que quiero decir es que nos puede la nostalgia, y esta no nos deja ver la nueva realidad, que sus cosas malas tiene pero también las buenas. ¿Echamos de menos ver ‘La túnica sagrada’ en Cinemascope en un cine de la Gran vía? ¿Cuándo ha estado a nuestra alcance tal cantidad de cine clásico, bueno y malo, como ahora?.
    Creo que el problema no está en la forma de ver o desgutar la cultura, sino de ser capaces de buscarla y disfrutarla. En otros países no lo sé, pero en España hace unos años la gente no estaba mejor preparada que ahora. Lo único que destaco, y eso sí me da rabia, es que estamos perdiendo muchísimas oportunidades de ser una sociedad más culta, y esto no tiene ningún perdón.

  2. rosa maría artal

     /  28 septiembre 2009

    Por supuesto que las causas últimas de la desaparición de los cines son varias, y no era un ejercicio de nostalgia. Era un gancho nada más. Sobre lo que quiero llamar la atención es en que han sido sustituídos por tiendas. Y eso es un síntoma. No necesito un Zara cada cuatro pasos. El paisaje urbano modela un tipo de sociedad, y ésta si que es injusta ¿no?

  3. Yo creo que, a día de hoy, la creatividad que antes veíamos a raudales en las pelis made in Hollywood se ha ido, por lo general, a la porra y, salvo excepciones honrosas, el nivel de las cintas deja mucho que desear: persecuciones implacables con multitud de accidentes de tráfico, catástrofes monumentales, peleas imposibles con coreografías espectaculares y mcho efecto digital son los trajes de lentejuela con los que se visten historias flojitas. Salvo excepciones, dije, y excepción es Up, película de animación para niños que a mí, con mis 49 primaveras, me impresionó mucho… Ya podrían los de Pixar trabajarse también el mundo de los adultos., por cierto.

    La creatividad, la innovación, la originalidad de las producciones USA, a mi juicio, se ha decantado por el mundo de las teleseries: A dos metros bajo tierra, Roma, Los Soprano, Carnivale, Deadwood, Madmen, entre otros, son títulos que merecen la pena y trabajos maravillosos que se pueden disfrutar perfectamente en casa. Han sido concebidos para pantalla pequeña…

    Pero ver Up, Gran Torino, Slumdog millionaire o El curioso caso de Benjamin Button en casa, como que desmerece. Hablo de cine de allá, pero el de acá también me gusta (no todo, claro). Y sí, como en el eslogan publicitario yo también digo eso de el cine, en el cine.

    Me da una pena atroz ir al cine y que en la sala haya otras tres o cuatro personas nada más. He asistido con dolor a la desaparición de unas cuantas salas de la calle Fuencarral y alrededores (y eso que compro mi ropa en Zara o HM, que a poco original nadie me gana). El signo de los tiempos.

  4. faqui

     /  28 septiembre 2009

    Anteayer estuve en el cine. En uno de esos que mencionas, ubicado en un conocido centro comercial de gran cúpula. Siendo sincero (y un pelín egoísta), tengo que decir que para mí fue un placer disfrutar de una muy buena película (Gordos), compartiéndola con apenas 30 personas más en la sala, sin ruidos palomiteros ni cuchicheos vecinales. Pero soy consciente de que todo esto no significa más que la lenta muerte del cine de las salas de cine tal y como las hemos conocido.

    A tu post de hoy le va bien una canción.

  5. Soto

     /  28 septiembre 2009

    Hola Rosa Maria y amigos Bloqueros:
    Me gusta la comparación de los cines y la proliferacion de centros comerciales.De acuerdo como dice alguien o algunos de mis compañeros de los comentarios de que el cine se ve en casa ahora;si,pero yo querria ir al cine en compañia de la gente ,llameseme romantico,como se iba antes y no ser sustituidos por la proliferación de centros comerciales.El ir al cine crea un signo de convivencia y algo de romantecismo,en cambio,en los centros comerciales te conviertes en un ser consumidor automatico,en comprar por comprar muchisimas veces lo que lleva a convertir a muchas personas en adictos (de una forma patalogica) del consumo.Esto es el peligro de muchas areas comerciales,por cierto nos convierten en unos subditos de la tirania comercial!Existe esta “tirania”aunque parezca una tonteria!.Tambien me parecia más romantico y convivencial los comercios de antes.
    Apertas agarimosas

  6. El transporte colectivo, sustituido por coches particulares. La educación pública, por clases particulares. Los cines, por TVs de plasma. Etc.
    El cierre de cines como síntoma… ¿de la trampa social en la que estamos?.

  7. MACGO

     /  29 septiembre 2009

    La muerte de un cine supone un poco la muerte de una parte de nosotros. En Salamanca ya no queda ninguno de los cines a los que yo iba de pequeño. Ni siquiera funciona el cineclub al que asistía en el colegio.
    Y en Madrid otro tanto. Cuando era mucho más joven iba a menudo a ver a mis abuelos y siempre me escapaba hacia la Gran Vía a disfrutar de ese ambiente cinéfilo que se respiraba en esa calle. Tengo muchas anécdotas que contar de ese tiempo y grandes películas que disfruté en aquellos cines. Lástima.

  8. La decadencia del cine viene ya desde hace años. En los últimos 80 o primeros 90,creo recordar, hubo una campaña publicitaria en televisión protagonizada por artistas como Ana Belen, que invitaban al ir al cine. Ahora, con los DVDs, los equipos de cine en casa y las descargas en internet los está rematando.
    La última vez que fuí al cine fué a ver un concierto de U2 en 3D, después de algo más de tres años sin pisar una sala. Creo que leí un reportaje en El País, de que el futuro del cine pasaba por el 3D. En cualquier caso, yo soy un clásico, y las películas de hoy son más efectos especiales que otra cosa.

  9. Laura

     /  29 septiembre 2009

    Me encanta el cine, pero en casa. Nunca me ha gustado acudir a salas, donde fijar la vista en la pantalla en la oscuridad hace que me duelan los ojos y el imposible volumen que me duelan los oidos. Por no hablar de la gente que habla, los móviles que suenan y demás…

    En otros comentarios han destacado la mala calidad de la mayoría de las películas actuales. A eso hemos de sumar el precio prohibitivo de una entrada de cine. Las pocas veces que he ido, me ha fastidiado bastante pagar la entrada para salir de la sala absolutamente decepcionada.

    Por otro lado, estoy de acuerdo con #1 en que, aunque los cines hayan sido expulsados del centro de las ciudades, nunca como hasta ahora hemos tenido acceso a tantas películas de forma tan sencilla.

    Aunque, evidentemente, Rosa María tiene absoluta razón: el centro de todas las ciudades son clónicos: las mismas cadenas de ropa, de libros, de comida basura han invadido lo que deberían ser espacios emblemáticos. Pero todos estamos encantados y ciertamente, todos compramos la ropa en Zara.

  10. Pues a mí sí me da penita que vayan desapareciendo los cines de toda la vida, sobre todo para mí que siempre he “estado abonada al entresuelo”.

    A lo mejor soy un poco antigua pero yo prefiero ver una película en sala que en la tele y, desde luego, se me cansa menos la vista.

    Sobre los centros comerciales, reconozco que me gusta curiosear en ellos en días de diario por la mañana, que es cuando más a gusto se puede hacer, pero pienso que ya hay demasiados. En Zaragoza, por ejemplo, tenemos centros comerciales a punta pala y yo siempre me pregunto: ¿Zaragoza tiene suficientes habitantes como para llenar todos estos centros?

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